Los estándares de construcción de la Casa Sucre de Cumaná

Los espejitos de los conquistadores nos continúan persiguiendo

  • "No me desagrada el amor de la gente por su ciudad, cuando no se trata de obtuso CHOVINISMO" (CONGET MUJERES [ESP. 1989]).

REFLEXIÓN

La norma sísmica venezolana ha sido actualizada luego de algunos años de revisión e investigaciones, y finalmente ha sido aprobada en mayo de 2020, aunque no se ha impreso oficialmente. Las modificaciones han sido radicales en esta nueva norma sísmica y se ha generado un cambio total en el procedimiento de cálculo del espectro sísmico de respuesta y la adición de nuevos factores de cálculo, de los cuales ya hemos hablado en el artículo anterior - www.aporrea.org/regionales/a329771.html-, así como algunas efectos en la ejecución de proyectos civiles en Venezuela.

La nueva norma ha traído avances importantes en la actualización de Ingeniería Sísmica en nuestro País, quedará ver en el futuro como se aplica y que debates traerá; por lo pronto, y por legalidad y curiosidad, me he apresurado a aplicarla a un proyecto que ya ha comenzado, en el cálculo de una estructura de 2 pisos, por supuesto respaldado con la respuesta espectral de la norma anterior -supongo yo-, por lo que, si no es la primera ciudad de Venezuela, está entre las primeras en diseñarse con esta nueva respuesta espectral (Verbigracia):

  • "Los "estribos" son barras de acero dobladas que se colocan perpendicularmente a la armadura longitudinal y deben colocarse alternados sus solapes en forma de espiral apuntando al centro de masa (...)" y la separación entre ellos no debe mantenerse constantes a lo largo de los "nodos" o la unión de dos o más elementos estructurales (…)".

Con esta reflexión obtusa –chauvinistas por demás- sobre los estándares de construcción de la Casa Sucre de Cumaná, espero que la observación sirva de referencia para que señor gobernador, la extinta Comisión de Sustentación Histórica, el contratista de obra, el proyecto arquitectónico e ingeniería, el visado del Colegio de Ingenieros del Estado Sucre y, fundamentalmente, sin inspectores, residentes y responsables de la obra, puedan comprender y aplicar la nueva norma sísmica.

LO QUE TODA FOTOGRAFÍA TRAE CONSIGO

En estos días, observando el avance de la obra de la construcción de la Casa Sucre de Cumaná, iluminado por algunas fotografías publicitarias de la oficina de relaciones públicas de la gobernación del estado Sucre -a manera de fogonazos sincopados-, reflexionaba sobre lo difícil que resulta a los cumaneses, resistirnos al relumbrón inicial que toda fotografía trae consigo. Es como si la leyenda de los espejitos delos conquistadores nos continuaran persiguiendo a través de los siglos.

Estos pensamientos me distraían en momento en que, en esos estándares penumbroso de la construcción de la Casa Sucre de Cumaná, los fogonazos de que hablaba, mostraban imágenes de un, muy indigno, edificio natal del Gran Mariscal Antonio José de Sucre, un esperpento logro de diseño de un sacerdote aficionado a la arquitectura y a la restauración de edificaciones religiosas, que era quién, con suave voz y a la usanza de los padres jesuitas de la época, nos respondía por esa imagen fotográfica de la obra alegórica de pintor Felipe Meneses.

Me intranquilizaba constatar que tanto imágenes como discurso, hilvanados con claro sentido sacerdotal, se estaban desperdiciando en una obra sin proyecto arquitectónico e ingeniería, sin los estándares de construcción, sin el visado del Colegio de Ingenieros del Estado Sucre y, fundamentalmente, sin inspectores, residentes y responsables de la obra.

Me preocupaba la ausencia de comunidad, pues era una buena oportunidad para escuchar como un impulso perceptual sobre el contexto urbano, terminara exigiendo la reparación del tanque de agua potable del Barrio El Mirador -con la fuerza de la ortogonalidad geométrica que reflejaba su alzado-, y el muro de contención de las once (11) casas de El Barrio del Cementerio Español.

Y definitivamente, me molestaba la situación de "lo que toda fotografía trae consigo", porque recordaba la imagen fotográfica de la pintura de Felipe Meneses, desarrollada esa vez, en un ambiente repleto de curiosidad y franca admiración por las imágenes de una arquitectura que, desde el sur del continente y totalmente descontextualizada, recogía todo el arsenal de la de la postmodernidad norteña del siglo XVIII.

No me interesa entrar a cuestionar, y menos por mampuesto, la postmodernidad arquitectónica, nacida y fundamentada en la decadente ociosidad ideológica del "sacerdote" jesuita del mundo desarrollado. Tampoco quiero discutir la pretensión de una arquitectónica -sin mayúscula-, que ella tiende a considerarse, así misma, como la corriente que llenó el supuesto vacío dejado por la modernidad. Ni tan siquiera manifestar mi oposición, por razones políticas y prejuicios tercer mundistas, a que ella sea copiada por los "supuestos arquitectos" de esta parte del tercer mundo cumanés. Bienvenida sea si alguien le parece adecuado tenerla como referente.

Lo que me perturbó de esa perspectiva ortogonal de la pintura de Felipe Meneses, que nos certificó la Comisión de Sustentación Histórica de la Casa Natal de Antonio José de Sucre, acompañada con su fluido verbo, el pastor evangélico, era que, su padre Cronista Oficial de Cumaná, poseía los documentos fotográficos de sus últimas intervenciones, a expensa de su propio bolsillo, hablaba, de manera mucho menos engañosa que la pintura de Felipe Meneses, de una arquitectura extrañamente inmaterial, más bien sin consistencia –en su acepción de firmeza, densidad, cohesión-.

Demasiado parecida a una escenografía o a las propuestas bidimensionales del propio Felipe Meneses. Una arquitectura que, como el mismo lo expresara, en su discurso, está saturada del sincretismo occidental mezclado con el mestizaje ideológico del realismo mágico y surrealista.

Pero, tal vez, para detener estas cosas, y para entender estas palabras, en su verdadera vacuidad, haya que superar el encantamiento provinciano o tal vez releer los cuatro disparos de fuego cruzado en el sitio La Jacoba, en la montaña de Berruecos, 80 km al norte de Pasto, que terminaron con la vida de Antonio José de Sucre, héroe de Pichincha.

 

Casa Sucre, maqueta


Esta nota ha sido leída aproximadamente 3070 veces.



Servando Marín Lista

Arquitecto - Autor de los libros: 1.- La Geometría de los Afectos (2007). 2.- Desde la Comunidad (2010). 3.- La Ciudad Comunal (2013). 4.- El Caserío de Altagracia de Cumaná (2016). 5.- El Caserío de Santa Inés de Cumaná (2017). 6.- Cumaná: La Otra Ciudad (2019). 7.- Más allá de Tierra Firme (2022). 8.- Más allá de La Mar (2023).

 tetralectica77@gmail.com      @chevan2

Visite el perfil de Servando Marín Lista para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes: