Los 10 ecocidios del 2018 en Latinoamérica

Hoy recordaremos los mayores problemas ambientales del año 2018. Una serie de ecocidios que destruyeron los recursos naturales latinoamericanos, tras el paso devastador de doce meses llenos de sangre, dolor y lágrimas.

Cuando el dinero impone sus propias reglas de juego en el planeta Tierra, se establece un desequilibrio ecológico en nuestros territorios latinoamericanos, que se acrecienta con la inacción judicial de los organismos públicos, que son incapaces de aplicar las leyes ambientales vigentes, para castigar con celeridad los hechos delictivos presentados.

La gran delincuencia en contra de la Pachamama, es un problema multifacético dentro de las regiones latinoamericanas, ya que cada empresario, latifundista, guerrillero o político, tiene sus propias ambiciones económicas que deben ser rápidamente alcanzadas, violentando la santidad del Medio Ambiente y fructificando la ignorancia de sus decisiones.

Desde el municipio Loma de Cabrera en República Dominicana, pasando por el Parque Nacional Canaima en Venezuela, y llegando hasta la provincia de Arauco en Chile, existen terribles inconvenientes ambientales que se vienen ocultando en paquetes turísticos, en hoteles cinco estrellas y en enormes centros comerciales, que NO reflejan la realidad socio-ambiental de la geografía latinoamericana.

Por eso, explicaremos los 10 principales ecocidios visualizados en América Latina durante el año 2018, para NO quedarnos calladitos en el abismo de la impunidad, y para alzar la voz de protesta social junto a la ciudadanía.

En el puesto número diez, tenemos el daño ambiental causado a las tortugas marinas en la Isla Salmedina (México), donde una violenta fiesta privada hecha en el mes de agosto, afectó principalmente la zona de anidación de las tortugas Carey, que se encuentran en peligro crítico de extinción, y que fueron pisoteadas y desorientadas por culpa de los drogadictos invitados a la fiesta, quienes al ritmo de la música se divirtieron contaminando con residuos sólidos las orillas de la playa, y produjeron kilos de basura mundana dentro del majestuoso Parque Nacional Sistema Arrecifal Veracruzano, que es parte del patrimonio natural de los mexicanos.

En el puesto número nueve, resaltan los 1.100 litros de hidrocarburos derramados en la comunidad de San Alberto del municipio Caraparí (Bolivia). El rompimiento de un ducto recolector del pozo SAL-X12 a cargo de Petrobras, produjo una elevada contaminación del agua en la quebrada El Manantial, generando una emergencia sanitaria para los pobladores bolivianos, que sufrieron enfermedades estomacales por la toxicidad del agua, y que comprobaron la mortandad de peces y cangrejos en el cauce de las quebradas.

En el puesto número ocho, se hallan los 1000 barriles de petróleo derramados en el río Guarapiche del estado Monagas (Venezuela). Alrededor de 200.000 litros de hidrocarburos, se desbordaron por el afluente del río Guarapiche, siendo el recurso hídrico que permite abastecer con agua potable a miles de monaguenses, pero a causa del incidente ambiental ocurrido en el Complejo Operacional Jusepín de la empresa Petróleos de Venezuela (Pdvsa), los ciudadanos sienten miedo de beber el agua debido al riesgo de intoxicación.

En el puesto número siete, subrayamos los 8000 barriles de petróleo derramados en el distrito de Morona, ubicado en la región amazónica de Loreto (Perú), por la rotura de una tubería del Oleoducto Ramal Norte. Tristemente, la empresa Petroperú culpó a los indígenas de la comunidad nativa Mayuriaga por el derrame petrolero. Petroperú tiene la eterna complicidad de todos los medios de comunicación privados, que utilizaron la desinformación para condenar por el delito ambiental a los indígenas de la comunidad amazónica Mayuriaga, quienes se pronunciaron públicamente para negar la injusta acusación, y recordaron los múltiples derrames petroleros causados por Petroperú en el Oleoducto Nor Peruano, que han contaminado el río Morona, el río Marañón, el río Ucayali y hasta el legendario río Amazonas.

En el puesto número seis, señalamos los 2.000 metros cuadrados de mangle arrasado en la Reserva de Biosfera Ría Lagartos, ubicada en el municipio de San Felipe (México). Por el capricho de construir unas calles innecesarias, se cometió el delito de la deforestación en áreas verdes protegidas, y se perturbó el hábitat y la zona de anidación de aves como el flamenco rosado del Caribe, dentro de un estero que fue declarado Reserva de la Biosfera en el año 1979, y que se considera un lugar privilegiado en la península de Yucatán, por sus manantiales y por la diversidad de especies marinas.

En el puesto número cinco, encontramos la contaminación del agua causada por la transnacional Anglo American, que ensució el río Santo Antônio do Grama, ubicado en el estado de Minas Gerais (Brasil). Por la fractura de un ducto minero que transportaba pulpa de hierro, se produjeron dos grandes vertidos durante el mes de marzo, que filtraron 1100 toneladas de hierro en el suelo carioca, y por desgracia una gran cantidad del residuo ferroso, se derramó en las aguas del manantial que representa el principal recurso hídrico, para los habitantes del municipio de Santo Antônio do Grama.

En el puesto número cuatro, visualizamos los 24.000 barriles de petróleo derramados en el corregimiento "La Fortuna", dentro del municipio Barrancabermeja en el departamento de Santander (Colombia). Por culpa de la fuga de hidrocarburos de la empresa Ecopetrol, murieron más de 2400 animales debido a la fuerte contaminación del agua en las quebradas La Lizama y Caño Muerto, que abarcó un área de 20 kilómetros donde la mancha petrolera terminó llegando al río Sogamoso, y donde centenares de personas quedaron desprovistas de alimento, por el capitalismo de las transnacionales y por la inoperancia de sus esclavos.

En el puesto número tres, denunciamos la masiva muerte de animales en Argentina durante el 2018, por culpa del negocio de los agrotóxicos que produce un foco de permanente polución en toda su geografía. Se confirmó la muerte de 57 cóndores andinos por envenenamiento químico, siendo una especie en peligro de extinción y un símbolo cultural. Miles de peces murieron en los cauces del río Paraná por el uso de agrotóxicos. Mientras que 72 millones de abejas murieron por el uso de pesticidas, que tanto los pobladores rurales como las grandes industrias agrícolas y ganaderas, vienen utilizando para fumigar y proteger sus cultivos y sus rebaños, sin considerar el grave deterioro que sufre el Ambiente.

En el puesto número dos, destacan los 720.000 litros de petróleo derramados en el sector de Cullen en Tierra del Fuego, cuyo territorio se ubica en la Región de Magallanes (Chile). La empresa argentina YPF, fue la culpable del exagerado vertido de hidrocarburos, y resulta difícil saber cuáles serán las consecuencias ecológicas a largo plazo, por un tremendo derrame petrolero que alcanzó los 6000 metros cuadrados de superficie, y que podría perjudicar la cadena alimenticia y el ciclo reproductivo de la biodiversidad austral.

Y en el puesto número uno, brilla el voraz incendio que destruyó 6300 hectáreas de bosque, en la Reserva Biológica Indio Maíz ubicada en Nicaragua. Aunque se especuló que un incendio de causas naturales había originado la tragedia, luego se confirmó que el desastre fue ocasionado por un campesino de la comunidad "Siempre Viva", quien ilegalmente utilizó el método de la quema agrícola, para arrasar con los árboles de la selva y así poder sembrar arroz, dentro del gran pulmón vegetal nicaragüense, que pertenece al Corredor Biológico Mesoamericano.

La pesadilla ecológica en Indio Maíz, se mantuvo encendida durante diez días de agonía, y el gobierno de Nicaragua tardó cuatro días en abrir los ojos y declarar la alerta amarilla, cuando el fuego ya había quemado más de 3000 hectáreas de bosque tropical.

La llamada "ola de colonización" que sufre la Reserva Biológica Indio Maíz, ha permitido que mafias ganaderas, traficantes, familias invasoras y delincuentes prófugos de la policía, aprovechen los fértiles terrenos de una vasta selva, para realizar clandestinas actividades comerciales sin requerir los permisos ambientales necesarios, lo cual acrecienta el riesgo de ecocidio en caso de maltratarse los recursos naturales.

Las leyes ambientales nicaragüenses, representan el gran humo de la inacción procesal y judicial, porque el fuego del incendio solo pudo ser silenciado, gracias a los aviones extranjeros y gracias a las gotas de lluvia, que terminaron apagando la rojiza y calurosa historia sufrida en Indio Maíz.

Pero las cenizas del desastre en la Reserva Biológica Indio Maíz, también nos demostraron la incapacidad del gobierno de Nicaragua, para penetrar las tierras de su propia selva nacional, en aras de controlar las llamas del sofocante incendio, y en aras de frenar a las manos irresponsables que producen tales delitos ambientales, los cuales amenazan con repetirse en el futuro cercano de Nicaragua, debido a la pasividad en solucionar la problemática social latente.

Recorrimos la hermosa geografía de América Latina, y sufrimos el dolor de una cicatriz en la Amazonía, que arde con la sal enrojecida del planeta Tierra.

Es imposible soñar con la sustentabilidad de un Mundo claramente insostenible. Vimos que el capitalismo salvaje compra las mejores licencias ambientales, compra el silencio de los corruptos entes gubernamentales, y compra la desenfrenada barbarie genocida que impera en el siglo XXI.

Usted y yo conocemos muchísimos más ecocidios perpetrados en el año 2018, pero si nos quedamos callados y no denunciamos los problemas ambientales de nuestras comunidades, pues estaremos siendo cómplices de las corporaciones nacionales y extranjeras, que se dedican a polucionar los territorios latinoamericanos que habitamos a diario.

Con el poder de las redes sociales en nuestras manos, ya NO hay excusas para evadir el compromiso ecológico a favor del planeta. Denunciemos los delitos en Facebook, en Twitter, en Instagram y en WhatsApp. Utilicemos las herramientas tecnológicas para el bienestar del Medio Ambiente, olvidando la eterna indiferencia y despertando una nueva conciencia.

De enero a diciembre y de lunes a domingo, la Madre Tierra exige respeto, amor y voluntad de cambio en los Seres Humanos, para convertir la amarga pesadilla ambiental del año 2018, en una luz de esperanza positiva que ilumine los caminos del 2019.



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Carlos Ruperto Fermín

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso. Egresado de la Universidad del Zulia en Venezuela.

 carlosfermin123@hotmail.com

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