Día mundial de la libertad de prensa

El 3 de mayo de  1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó esa fecha como el Día Mundial de la Libertad de Prensa. La ONU satisfacía así la “recomendación” adoptada durante la 26ª sesión de la Conferencia General de la UNESCO, en la Declaración de Windhoeck-Namibia, en 1991, sobre la “promoción de medios de comunicación independientes y pluralistas”. Una vez más, la inefable institución del orden mundial capitalista para la reproducción de la dominación imperial norteamericana en la ciencia, la cultura, la información y la comunicación imponía, a través de su matriz, el poder económico de los dueños de los mayores diarios del mundo, en el marco de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 19).

Desde entonces, cada año la omnímoda institución con sede en París, rinde tributo a quienes desde el poder de la prensa, aseguran la hegemonía del mercado y la propiedad privada en el mundo, la extensión de la ignorancia y el analfabetismo en África y América latina, la ideologización del terrorismo, la violencia y el crimen organizado, al servicio de la seguridad nacional norteamericana.    

Por esto, cobra importancia y es pertinente recordar lo que el general Velasco expresara en julio de 1974*, respecto de cómo entender “una auténtica libertad de prensa”, distante del metalenguaje de “los derechos humanos”.

Una idea central en el pensamiento de Velasco, a la que toda mediana inteligencia no puede sustraerse es que no existe “prensa mundial”. La prensa debe y tiene que ser nacional. Sólo de este modo puede cumplir con la responsabilidad que le es ineludible: “defender los intereses y la soberanía de la Patria…ser auténticamente independiente de todo poder que lo desnaturalice o prostituya; firme y responsable en su crítica y en el señalamiento de su necesaria discrepancia; forjador de una conciencia nacional de veras libre y culta; abierto a todas las corrientes del pensamiento, de la ciencia y del arte; consciente de su inmensa responsabilidad educacional e informativa; antidogmática, tolerante y ajena a todos los sectarismos; impulsora permanente del desarrollo cultural de la nación; constante paradigma de honradez, fiel expresión de lo que siente y piensa el pueblo; defensora de todas sus causas de justicia y guardián infatigable de su verdadera libertad, pero no del lucro de sus dueños y empresarios”.

Una prensa así nunca hubo en el Perú (salvo en el tránsito de su transferencia a las organizaciones sociales de base en 1974). En el Perú, decía Velasco, evidenciando la realidad de entonces y como si atestiguara la del presente, “jamás existió genuina libertad de prensa; lo que el país conoce es apenas libertad de empresa y voceros de familias y grupos; nunca del pueblo, jamás de la nación; la voz auténtica del pueblo no llegó (ni llega) hasta las páginas de los grandes diarios para plantear sus problemas y defender sus reclamos de justicia (…); esa ‘prensa grande’ siempre defendió (y defiende) intereses foráneos, siempre fue baluarte del viejo poder tradicional, instrumento político al servicio de grupos nacionales y extranjeros empeñados en detener el desarrollo real del pueblo, ajeno a las causas populares y los intereses del Perú”. Esto es, lo que define el carácter mundial de la prensa y el carácter mundial del día de su celebración. La prensa mundial es del mundo, es “global”. Mejor dicho, de quienes lo manejan y manipulan.

Dando cuenta de la realidad de entonces, hace ya 38 años, Velasco se preguntaba, como si lo hiciera hoy: “¿Puede hablarse de verdadera libertad de expresión cuando los grandes diarios sólo están en manos de los poderosos, de los mismos que siempre controlaron todo en nuestra Patria? En el Perú, los diarios son de banqueros, de exportadores, de grandes comerciantes, de latifundistas, de pesqueros. Y cada uno de ellos sirve para defender los intereses de sus dueños y grupos dominantes. ¿Puede ser esto libertad de prensa?” Y agregaba: “¿Puede hablarse de libertad de expresión cuando los campesinos, los profesionales, los obreros, los educadores, los auténticos empresarios nacionales, los intelectuales, los artistas, los empleados, no tienen manera alguna de exponer sus puntos de vista ante todo el país?” 

Dentro de este enjuiciamiento, celebrar el “día mundial de la libertad de prensa”, puede tener sentido para quienes responden a los intereses “globales” del orden judeo-cristiano, pero no para quienes sintiéndonos nacionales del Perú, quechua y aymara, amuesha y ashaninka, aún nos resta el rescate de una prensa libre y soberana que siente las bases de una información y una cultura pluralista, democrática y creadora.

*Referencia bibliográfica: ramos, rubén (2012) Velasco: el pensamiento vivo de la revolución. EAE, Publishing, Alemania. Morebooks.


uby_7872@yahoo.es



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Rubén Ramos*

Sociólogo y educador peruano, postdoctorado en Filosofía, Política e Historia de las Ideas en América latina por la universidad del Zulia-Venezuela

 ruby_7872@yahoo.es

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Rubén Ramos Alizorojo

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