¿Cómo hacer que funcione la globalización?

…muchos de los problemas de la globalización
son el producto de nuestras actuaciones…

Joseph E. Stiglitz (2006)


Si hay algo que me hace salir de mis casillas, es cuando un compañero de pensamiento y acción progresista, trata de descalificar el capitalismo sin conocerlo ni tomarse el tiempo para entender sus mecanismos para luego fundamentar la crítica. Karl Marx con “El Capital”, precisamente hizo eso: conoció en lo profundo el pensamiento capitalista del siglo XVIII y XIX, y propuso una crítica fundada en la economía política, como nuevo punto de vista para apreciar la realidad del mundo industrializado.

Lo mismo ocurre con la globalización; hay artículos que profesan su papel destructor de las sociedades menos favorecidas, pero por ningún lado hay una lectura, una indagatoria que nos permita comprender por qué la globalización no puede cohabitar con el socialismo. El hecho de que el capitalismo neoliberal se autocalifique de global, no le da la potestad de ser el único que puede integrar los avances tecnológicos en comunicación con el interés ideológico de los pueblos a organizarse políticamente. La internacionalización de la revolución, eso es socialismo global… ¿o no?

En este aspecto, valga hacer unos comentarios acerca de uno de los últimos libros de Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001; quien con el título “Making Globalization Work”, 2006 (la traducción sería “Construyendo el oficio de la globalización”), propone una serie de esquemas teóricos y de escenarios económicos-políticos, para hacer que la globalización tenga éxito en las sociedades, en razón del interés particular que cada sociedad tenga.

Amado Diéguez y Paloma Gómez Crespo, traductores de la editorial Taurus-España, publicaron la versión española, también en el 2006, con el título “¿Cómo hacer que funcione la globalización?”. En esta traducción se observa muchas alteraciones en contraste con el texto original en inglés, y es donde la frase “traductor traidor” toma más importancia; porque Stiglitz en ningún momento le da un sentido de respaldo incondicional al capitalismo neoliberal, sino que por lo contrario lo presenta como una opción en un abanico de alternativas de organización que tiene la sociedad moderna, entre las cuales está el socialismo democrático como una vía de construcción de ese pensamiento global.

Ahora bien, enfoquémosno en lo que dice Stiglitz y dejemos a un lado cualquier cuestionamiento técnico a su escrito; los problemas de la globalización, según Stiglitz, parten de un régimen de comercio global injusto que impide el desarrollo; un sistema financiero global inestable que resulta en crisis recurrentes, donde los países pobres se encuentran, una y otra vez, agobiados por una deuda insostenible; y un régimen de propiedad intelectual global que niega el acceso a drogas accesibles que salvan vidas, incluso cuando el Sida está azotando al mundo en desarrollo. En una palabra, se ha asumido la globalización como una propiedad privada de quienes tienen el poder de los modos de producción modernos, cuando su verdadera razón es ser propiedad social, de colectivos que, a modo global, le van dando el uso adecuado a las necesidades de cada pueblo o grupo social.

Hace falta, expone Stiglitz, una reforma y un plan más amplio de la globalización; ésta lleva consigo una mayor integración de todos los países del mundo. Esta mayor integración implica, léase bien, mayor interdependencia y estimulo a la supremacía de la acción colectiva sobre la individual. Es decir, la búsqueda de un bien público global, donde todos se beneficien y tengan ventajas: “Esas ventajas incluyen, por ejemplo, la sanidad (encontrar una vacuna en contra de la malaria o contra el sida) y la protección del medio ambiente (reducir las emisiones de gases invernadero, mantener la biodiversidad y los bosques tropicales). Esas deberían ser las prioridades de la gestión de fondos.”

Es evidente que el sistema de reservas internacionales y modos de organización del capital mundial no tengan las vías inmediatas para resolver todos los problemas financieros del bien público, pero al menos un replanteamiento de las bases morales y éticas de la globalización, demostrarían el compromiso de la comunidad internacional con la justicia global.

A todo esto, valga responder parte de la incógnita: ¿Cómo hacer que funcione la globalización? Según Stiglitz, es necesario acometer una serie de cambios, a largo plazo, para reducir el déficit democrático: Cambios en el sistema de votación del FMI y del Banco Mundial, que den más peso a los países en vía de desarrollo; Cambios en la representación de cada país, es decir, propiciar mayor participación de los representantes de las carteras económicas de los gobiernos en el juego económico mundial; y Construir un equilibrio en el poder económico global donde las grandes potencias, a través de procesos de negociación, apoyen iniciativas de desarrollo para los países menos desarrollados.

A su vez, los organismos internacionales han reformar sus modos o formas de operar: Aumentar transparencia; mejorar las normativas en razón del manejo de los intereses; mayor apertura y diversificación de mercados; permitir opinar y hacer valer sus argumentos, a los países menos desarrollados en temas relacionados con sus modos de producción; aumentar la responsabilidad empresarial y desplegarla al plano social; hacer expedito los procedimientos judiciales; rechazar la imposición de criterios internacionales sectorizados o influidos por ideologías políticas; y crear condiciones para un equilibrio económico-social y no económico-financiero.

Resumiendo, la globalización significa que lo que sucede en una parte del mundo tiene consecuencias en todas las demás, puesto que las ideas y el conocimiento, los bienes y los servicios, el capital y las personas atraviesan las fronteras con mayor facilidad. Estemos anclados en un país capitalista de derecha o capitalista de izquierda, siempre vamos a interactuar, en esta realidad histórica, con mecanismos de conexión en tiempo real y global, lo cual nos convoca a integrarnos, siempre manteniendo nuestro horizonte de identidad y de particularidad cultural que nos hace independientes, soberanos y autodeterminados. Para cambiar el uso que se le ha dado a la globalización tenemos que asumir la globalización desde nuestro centro de interés: lo social.

ramonazocar@yahoo.com

http://socialismotuyo.blogspot.com


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Ramón E. Azócar A.

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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