La madre de todas las crisis

La más grave faceta de la crisis por la que atraviesa el sistema capitalista mundial no es financiera, económica, ni político-social. La mayor amenaza a la continuidad del modo de producción capitalista es la crisis ecológica causada por la devastación irracional de la naturaleza, hasta el punto de malograr la capacidad de auto-regeneración de los ecosistemas de los que depende nuestra supervivencia.

Todo el funcionamiento de la economía es indesligable del medio natural en tanto que fuente de recursos, espacio para el despliegue de las actividades humanas y absorción de los desechos. De ahí el absurdo de la lógica depredadora que ha llevado a las sociedades modernas a actuar como serpientes ciegas que se muerden la cola, sin percatarse de que al devorar a la naturaleza se estaban devorando a sí mismas. De ahí también el absurdo de las concepciones del progreso, el desarrollo y el crecimiento que han servido de mitos inspiradores tanto al capitalismo, en sus diversas fases, como al socialismo burocrático del siglo XX.

Se equivocan entonces quienes piensan que es posible dejar atrás el sistema de dominación imperante y construir una sociedad distinta, auténticamente equitativa, participativa y sustentable, utilizando los mismos patrones energéticos, tecnológicos y productivos implantados por el capitalismo, a su imagen y semejanza, durante los últimos tres siglos.

De ahí que un sector creciente de la izquierda latinoamericana y de otros continentes, prefiera hablar de ECOSOCIALISMO para caracterizar los rasgos del nuevo orden civilizatorio que deberemos construir para que la diversidad de la vida pueda seguir existiendo sobre la Tierra.

Los venezolanos, en particular, tenemos por delante el enorme desafío de sentar las bases de un modelo energético post-petrolero, basado en el uso de energías limpias y renovables que nos permitan revertir el calentamiento global provocado por la quema de los combustibles fósiles.

Pero para emprender esta tarea, no podemos dejarnos entrampar en el falso dilema formulado por las corporaciones transnacionales de energía, según las cuales no hay otra alternativa rentable frente al petróleo que la energía nuclear.

Ahora que se cumplen 23 años del accidente de la planta nuclear de Chernóbil, que según la Academia de Ciencias de Rusia dejó un saldo de 200.000 víctimas humanas, es necesario cobrar conciencia de que las energías limpias y renovables, como la solar, la eólica, la geotérmica, la mareomotriz y la hidroeléctrica a pequeña escala, son por ahora las mejores opciones disponibles si aspiramos en verdad legarles a las nuevas generaciones un planeta donde la vida sea digna de ser vivida.

El incremento de los desastres climáticos causados por la acumulación de los gases de efecto invernadero y la extensión de la contaminación radiactiva –con su secuela de muertes, cáncer y mutaciones genéticas- generada por el “uso pacífico” de la energía atómica, son precios demasiado altos que la voracidad capitalista aspira hacernos pagar a todos los seres humanos para mantener a flote el estilo de vida dispendioso de una minoría. Por ende, la transición hacia un modelo energético verdaderamente limpio y renovable, sólo será viable si viene acompañada de una modificación profunda de los patrones de consumo, los sistemas de transporte, la configuración de las ciudades y las técnicas de producción agrícola e industrial desplegadas por el capitalismo a escala global. Se trata, pues, de una transformación socio-cultural de tales dimensiones que el filósofo Edgar Morin ha propuesto calificarla como “metamorfosis civilizacional”.

En otras palabras, ya no podemos seguir barriendo bajo la alfombra las enormes implicaciones de la crisis por la que atraviesa la humanidad en los albores del siglo XXI, ni estamos en posición de dejarnos engañar, una vez más, por los cantos de sirena que el viejo capitalismo ha aprendido a entonar en cada coyuntura para sortear sus crisis y neutralizar los intentos de sustituirlo por un nuevo orden social alternativo, que garantice la sobrevivencia física y espiritual de todos los pueblos del mundo.

*fernandezcolon@gmail.com


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