Gramsci, el Partido y el PSUV

El gran pensador y militante italiano, escribía en sus escritos políticos (1917-1933) algo que es aplicable perfectamente a la disyuntiva en la que se encuentra el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) , fundado por Hugo Chávez. Decía Antonio Gramsci: “Los partidos nacen y se constituyen en organizaciones para dirigir las situaciones en momentos históricamente vitales para sus clases; pero no siempre saben adaptarse a las nuevas tareas y a las nuevas épocas, no siempre saben adecuarse al ritmo de desarrollo del conjunto de las relaciones de fuerza (y por ende de la posición relativa de sus clases) en un país determinado o en el campo internacional…La burocracia es la fuerza consuetudinaria y conservadora más peligrosa; si ella termina por constituir un cuerpo solidario y apartado y se siente independiente de la masa, el partido termina por convertirse en anacrónico y en los momentos de crisis aguda desaparece su contenido social y flota como en las nubes” (Observaciones sobre algunos aspectos de la estructura de los partidos en períodos de crisis orgánica).

El PSUV experimenta una crisis en términos de la hegemonía electoral que había construido a través del liderazgo de Chávez. El escaso triunfo alcanzado por el presidente Nicolás Maduro en abril de 2013, a poco más de un mes de la desaparición física de Chávez, colocó a la estructura burocrática del PSUV en una situación extrema, como la indicada por Gramsci en sus textos. La salida de esa crisis, planteada en términos de continuidad y profundización por un lado, y por el otro, de claudicación y retroceso no ha sido muy clara. La ausencia de Chávez se ha traducido en una especie de abandono total de la discusión sobre el ritmo y el alcance de los cambios en la democracia revolucionaria en el país. Y cuando hablamos de democracia revolucionaria, lo hacemos para expresar la superación del carácter delegativo de la democracia representativa y del impulso “vital”, establecido a través del concepto de Enrique Dussel de “mandar-obedeciendo”. Ese abandono de esta práctica, que obliga al funcionario – burócrata por excelencia- a mantener la vinculación “obediente” con las bases sociales que eligieron la direccionalidad política a través del partido, ha desaparecido prácticamente. El ritmo de lo “político” se ha caracterizado por un dejar hacer, dejar pasar, dónde la discusión acerca de la profundización en la construcción democrática del poder popular ha sido desplazada por la “obediencia debida”, por la conformación de facciones carentes de debate ideológico y que lamentablemente, parece estarse filtrando hacia la convocatoria del Congreso ideológico.

La experiencia de la elección de los voceros en el Zulia parece demostrar la veracidad del triunfo de la burocracia sobre el carácter impulsor de la democracia revolucionaria. Con excepciones – muy pocas que no señalaré- quienes fueron propuestos para ser seleccionados como voceros, son en su mayoría funcionarios burocráticos de la estructura estadal del PSUV. Es decir, hay en ellos una polivalencia o multifuncionalidad, pues son responsables de la burocracia del Estado, como miembros del Gabinete Regional, o responsables de algunas oficinas del Estado Zulia. Muchos de esos que fueron propuestos, han sido absorbidos por la responsabilidad burocrática y han perdido toda capacidad de análisis acerca de las funciones de un partido revolucionario. Sufren de un mal, que bien podemos llamar o definir como pragmatismo. Han perdido el impulso revolucionario y han sucumbido al “tareismo”, al hacer burocrático y clientelar diario y que en el caso del Zulia, parece dibujar un proceso de asociación con la burguesía regional, con tendencias muy fuertes hacia el secesionismo y su carácter anti-bolivariano.

Son pocos, los dirigentes con responsabilidad que cumplen funciones burocráticas y que a pesar de ello, han mantenido la crítica acerca del clientelismo que se filtra o el reformismo en las actuaciones del Gobierno regional. Ello indica, que en estos momentos el burocratismo se impone en la elección de los voceros para el Congreso ideológico. Esos funcionarios, no han ejercido ni discursivamente ni en la práctica una acción revolucionaria, acerca de lo delicado del momento de crisis coyuntural que se experimenta. Por el contrario, se han dejado arrastrar por el “tareísmo”, que es la peor forma del pragmatismo anti-revolucionario y capitalista. Bajo la sombra del tareismo, han ocultado la traición a la profundización de la democracia popular, a la disolución de las formas de dominación y control burocrático, que son propias de las lógicas de un estado Capitalista y contra-revolucionario. Por ello, esos funcionarios que cumplen múltiples tareas (responden a tendencias no ideológicas, sino clientelares; desarrollan planes y programas sin participación del poder popular) no son capaces de entender la difícil coyuntura que debe afrontar el PSUV para no fosilizarse (burocratizarse) y con ello, perder todo el impulso revolucionario que pudo plantearse en un momento histórico. Por supuesto, nunca han leído (ni entendido) a Gramsci.

*Historiador/politólogo


juane1208@gmail.com


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Juan E. Romero

Dr. Mgs. DEA. Historiador e Investigador. Universidad del Zulia

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