200 años del natalicio del Karl Marx

El histórico conflicto entre el trabajo y el capital

Nos acercamos a lo que anteriormente se había mencionado y es la teoría del valor-trabajo de Marx. El autor nos presenta una mercancía particular que se diferencia de las demás mercancías:
“una mercancía cuyo valor de uso posea la peregrina cualidad de ser fuente de valor, cuyo consumo real sea por sí mismo objetivación de trabajo y, por tanto, creación de valor...el poseedor de dinero encuentra esta mercancía específica en el mercado: la capacidad de trabajo o la fuerza de trabajo”

Conviene recordar este concepto de fuerza de trabajo que consiste en “el conjunto de condiciones físicas o espirituales que existen en la corporeidad, en la personalidad viviente de un hombre y que éste pone en movimiento cada vez que produce valores de uso de cualquier tipo”.

El trabajador se presenta en el mercado como una mercancía más, como un poseedor de fuerza de trabajo que la vende a cambio de un salario. Marx señala que para que su poseedor la venda como mercancía, debe ser libre propietario de su capacidad de trabajo. En el mercado se enfrentan el trabajador y quien posee el dinero, vale decir, dos poseedores de mercancías jurídicamente iguales. El propietario de la fuerza de trabajo la vende por un tiempo determinado, ya que de lo contrario, se convertiría en un esclavo lo que significría que su persona sería en su totalidad propiedad del poseedor del dinero. Otra condición de relevancia que debe darse para que el poseedor de dinero encuentre en el mercado la fuerza de trabajo como mercancía, “es que su poseedor, no pudiendo vender mercancías en que se materialice su trabajo, debe, por el contrario, ofrecer como mercancía su propia fuerza de trabajo, identificada en su corporeidad viva” .

El obrero que el capitalista debe encontrar ha de ser libre de disponer su fuerza de trabajo y no debe tener otras mercancías que vender. Marx hace una precisión importante y es que este escenario donde se encuentra el poseedor del dinero y el trabajador libre dueño únicamente de su fuerza de trabajo no es una relación histórica natural ni social, común a todos los períodos de la historia. En un pasaje señala que la aparición de un producto como mercancía requiere de una división del trabajo dentro de la sociedad tan desarrollada que en ella se consuma el divorcio entre el valor de uso y el valor de cambio, que sólo comienza en el trueque directo. Pero tal peldaño del desarrollo es común, desde el punto de vista histórico, a las más distintas formaciones económicas de la sociedad. Esta relación no es, por lo tanto, ahistórica sino que comienza un tiempo determinado, cuando se dan una serie de condiciones que hacen surgir el sistema capitalista de producción. Tenemos entonces en el mercado la fuerza de trabajo que constituye una mercancía particular ya que su valor de uso tiene aquella característica especial que es la de producir valor.

El trabajo presenta una doble utilidad: la de satisfacer una necesidad y la de crear valor. Esto último hace que el trabajo no tenga valor por sí mismo, por lo que hablar de "valor de trabajo" es inexacto, de acuerdo Marx. Una vez que el propietario de los medios de producción ha comprado la fuerza de trabajo, este la posee. Lo que se le presenta al capitalista en el mercado no es el trabajo, sino que el trabajador que vende su fuerza de trabajo. Como escribió Marx, lo que le interesa al capitalista es producir un objeto útil que tenga valor cambiable, es decir, una mercancía. Ahora bien, esta mercancía debe superar el valor de aquellas que fueron empleadas para producirlas, esto es, a los medios de producción y la fuerza de trabajo en que invirtió su dinero. En palabras de nuestro pensador, el capitalista no quiere sólo producir una cosa útil, sino que un valor, y no bastando esto, también un sobrevalor o plusvalia. Por el contrario, si el valor del producto es equivalente al valor del capital adelantado, aquel capital no ha engendrado plusvalía. Tenemos así que el valor que la fuerza de trabajo posee y lo que puede crear son diferentes en magnitud, vale decir, la fuerza de trabajo puede producir en un día mas valor del que ha costado. ¿Cómo se determina el valor de la fuerza de trabajo? Ya lo señalé anteriormente y la respuesta es: como el de cualquier otra mercancía. El valor de la fuerza de trabajo se determina por el tiempo de trabajo necesario para su producción, en este caso, para la reproducción del trabajador. Así, Marx señala: “Para mantenerse, el ser viviente necesita una cierta suma de medios de subsistencia. El tiempo necesario para la producción de la fuerza de trabajo se reduce, por eso, al tiempo de trabajo necesario para la producción de estos medios de subsistencia, o sea, el valor de los medios de vida necesarios para la subsistencia de su poseedor”.

El trabajador gasta una cantidad determinada de músculos, energía cerebral, nervios que debe reponer para realizar el trabajo durante los días que trabaja “Si al capitalista se le ocurriese, por un acto de fantasía, puede resignarse a comprar las mercancías ya listas en lugar de producirlas, ya que tal decisión la podrían adoptar los demás capitalistas lo que tendría como resultado el que los capitalistas no podrían encontrar mercancías en el mercado.
El proceso de valorización. Aquí Marx explica que los valores de uso no se producen porque sí, sino que por ser portadores de valor de cambio. El capitalista persigue por una parte, producir un valor de uso que tenga un valor de cambio, es decir, destinado a la venta, esto es, una mercancía.

Por otra parte el capitalista busca producir una mercancía cuyo valor sea mayor que la suma de los valores de las mercancías requeridas para su producción. En pocas palabras, el capitalista no sólo quiere producir un valor de uso y valor, sino que una mercancía que pueda darle plusvalor. Para responder a la pregunta sobre el proceso de valorización hay que recordar que el valor de una mercancía está determinado por la cantidad de trabajo materializado en su valor de uso o, para ser más preciso, por la cantidad de trabajo socialmente necesario para su producción.

La burbuja especulativa, ésta también tenía su tope. Tarde o temprano las burbujas se desinflan y el caos que queda es peor que cuando comenzó. El objetivo de los capitalistas siempre es obtener el mayor beneficio posible. Si pueden conseguirlo sin producir, mejor.


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Antonio J. Rodríguez L.


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