La política económica antiobrera del presidente Maduro

Entre las innumerables y pintorescas truculencias de este lamentable gobierno está el autodenominarse obrerista y decirse dirigido por un obrero y haber sido en la práctica, de largo y de lejos, el gobierno más antiobrero de los últimos cien años, por lo menos.

Hoy en día, gracias a la política del BCV (no decretada formalmente, pero en plena práctica) de no publicar cifras de inflación, las prestaciones sociales de los trabajadores son una burla, ya que unas cifras sinceras de inflación, por muy impopulares que fueran, garantizarían a los trabajadores que sus prestaciones sociales resistan cualquier embate inflacionario y mediante la indexación el trabajador pueda recuperar parte de lo perdido por el retardo en el proceso judicial y por la misma depreciación de la moneda, ya que es jurisprudencia pacífica que nuestros tribunales, a pedido del trabajador o su apoderado judicial, ordenen la indexación de las prestaciones sociales y cualquier otro monto que se le deba al trabajador.

Y es que el gobierno, ante la dicotomía entre sincerar las cifras de inflación y así medio proteger las prestaciones sociales de los trabajadores por un lado, o callar las cifras y destruir las prestaciones sociales por el otro, prefirió lo primero, porque como buenos goebbelianos creen que así como una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, una verdad callada mil veces se convierte en mentira.

Hoy por hoy el trabajador está desguarnecido frente al también empobrecido patrono, quien en la guerra del hambre que ha sido esta debacle económica, ha salido favorecido por las infelices decisiones de un gobierno irremediablemente taranto. Y es que ante una horrorosa inflación, que el gobierno no reconocerá, con el torpe fin de ocultarla, más un BCV arrastrado a las políticas antiobreras del gobierno, el trabajador sabe que es mejor agarrar mil hoy, así en justicia le toquen diez mil, que esos diez mil mañana, ya que no habrá indexación posible mientras este gobierno “obrerista” desgobierne.

Con un BCV publicando cifras sinceras de inflación, el trabajador tendría ante el patrono fundamento para negociar unas prestaciones sociales justas sin tener que llegar a un proceso judicial, ya que el patrono, sabiendo que después de un más o menos largo juicio tendrá que pagar indexado, más los honorarios de abogados, preferirá llegar a un acuerdo justo; lo que no sucede hoy, ya que el empresario sabe que si el trabajador demanda, aunque este último gane la demanda, en realidad gana el empresario, porque con una inflación tan alta y sin cifras sinceras del BCV al final el pago equivaldrá a mucho menos del monto que pudo haber pagado al principio, aunque la cifra tenga muchos más ceros.

Y es que este gobierno, que en el colmo del cinismo se autodenomina obrerista, ha llevado a cabo una política económica de exterminio de la clase obrera, al atacar y destruir el salario, impulsar el aumento de la inflación y destruir las fuentes de trabajo con su política sorda de aumentos atolondrados de salarios y controles irracionales de precios, lo que llevó a una economía que ya cuando Chávez venía teniendo problemas de inflación y escasez, a esto que tenemos hoy, donde el salario mínimo es poco más de un dólar, con tickets y todo.

La mejor política obrerista sería mandar al BCV a reconocer las verdaderas cifras de inflación de los últimos cinco años, dejar de lado los controles de precios generalizados, mantener el beneficio de la bolsa o caja de comida (ya que se destruyó Mercal) solo para los más necesitados e irla quitando a los que van saliendo de la pobreza extrema, dejar de lado las imposiciones populistas e irracionales (por no fundamentadas en ningún estudio) de aumentos de salarios, apoyar a la empresa privada y estimular el nacimiento de nuevas empresas, como forma de asegurar que el trabajador tenga opciones a la hora de buscar trabajo, que haya suficientes fuentes de trabajo para que sean las empresas las que compitan por los trabajadores y no como hoy, los trabajadores hambrientos dispuestos a vender su esclavitud por los cada vez más escasos puestos de trabajo, o literalmente huyendo del país a trabajar de lo que sea y el tiempo que sea por unos salarios que, siendo bajos en nuestros países vecinos, serían altísimos aquí, por lo que un trabajador mal pagado y explotado en nuestros vecinos latinoamericanos puede mantener muy bien a su familia en Venezuela, a través de las remesas que este torpe gobierno ha saboteado hasta más no poder.

Tal vez la señal más cantinflérica del inmenso fracaso de este inepto gobierno en su política de pretender crear riqueza a punta de aumentos de salarios populistas e irracionales, es el hecho de que ya ninguna empresa paga salarios mínimos, sino que ellas solas, sin que nadie se los imponga, sino como una simple y espontánea respuesta ante la calamidad económica que nos aqueja, pagan salarios muy superiores al salario mínimo.

 

abogadosuceve@hotmail.com

 



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