Las fotos de la infamia

Desde el siglo diecinueve a la invasión de Ucrania, las guerras han dejado a la posteridad imágenes del horror como testigos de la infamia

Acaban de cumplirse doscientos años del nacimiento de Mathew Brady, el primer fotógrafo que cubrió una guerra como profesional del periodismo. Aunque pioneros como Roger Fenton y Felice Beato habían estado en las de Crimea en 1855 y China en 1860, no eran profesionales del fotoperiodismo como Brady, quien cubrió la guerra de Secesión americana, la primera que convocó a fotógrafos de numerosos medios.

Brady fotografió desde la primera línea de fuego cadáveres y paisajes desolados arriesgando su vida y conmocionando a la sociedad americana. A Brady se deben las fotografías de la batalla de Bull Run, con las que publicó La historia fotográfica de la guerra civil, que colaboró a su ruina, pues había pagado la edición de su propio bolsillo y no consiguió el éxito perseguido. La fotografía más icónica de esta guerra, «Cosecha de muerte», la tomó su discípulo Timothy O’Sullivan, quien lo acompañaba en el frente.

A partir de este momento los fotógrafos se dieron cita en los conflictos de Abisinia, la Comuna de París, la guerra franco-prusiana y la de Cuba contra España en 1898, en la que la prensa norteamericana contó con fotógrafos de prestigio como James Hare, William Randolph o James Burton y empresarios como Hearst y Pulitzer que iniciaron una campaña de manipulación con imágenes trucadas, descontextualizadas e incluso inventadas.

En el siglo veinte la Primera Guerra Mundial consagró el fotoperiodismo como actividad profesional y la fotografía fue utilizada como material de propaganda. Se tomaron imágenes de edificios reducidos a escombros, cadáveres y prisioneros de guerra, paisajes devastados, restos calcinados de armamento pesado, fortificaciones y búnkeres…

Se hicieron populares fotógrafos como Donald Thompson y James Hare, quien había estado en Cuba y en la revolución mexicana. Jean-Baptiste Tournassoud, comandante del ejército francés, tomó unas tres mil fotografías, algunas de ellas ya en color. En el bando alemán destacaron Wilhelm von Thoma y el filósofo Ernst Junger. Ambos participaron también en la Segunda guerra Mundial.

Se dice que el fotoperiodismo moderno nació durante la guerra civil española con fotógrafos extranjeros huidos del régimen nazi como el húngaro Robert Capa, su novia Gerda Taro, quien murió en la batalla de Brunete, David Seymour ‘Chim’, Jean Moral y mujeres como Edith Tudor y la mexicana Tina Modotti.

Ente los españoles destacaron Agustí Centelles, Alfonso, Pepe Campúa, Díaz Casariego, José Lombardía, Jaime Pacheco, José Longueira, Josep Brangulí, los hermanos Mayo, Ramón Marín, Luis Escobar, Santos Yubero… unos desde el bando republicano y otros desde el nacional. Algunas fotografías como la del miliciano de Robert Capa y los de Agustí Centelles protegidos tras los cadáveres de caballos se convirtieron en icónicas de aquella guerra.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial los países en conflicto eran conscientes del valor estratégico y propagandístico de la fotografía y organizaron unidades dedicadas a captarlas y distribuirlas para estos fines.

Bill Brandt y Hans Wild cubrieron los bombardeos de la aviación alemana sobre Londres y sus fotografías fueron enviadas a Washington para convencer a Estados Unidos de que participase en la guerra. Edward Steichen formó una unidad especial de fotógrafos para documentar el papel de la Aviación y la Marina estadounidenses. Capa estuvo con los marines en el desembarco en Normandía, Ralph Morse cubrió el bombardeo de Tokio y Mark Kauffman se apuntó en los marines con el único objetivo de fotografiar la guerra. Hans Wild y John Florea fueron testigos de la liberación de los campos de concentración de Bergen-Belsen y Breendonk. El español Francesc Boix, prisionero en Mauthausen, hizo allí algunas de las fotografías que se mostraron en el juicio de Nurenberg para inculpar a dirigentes nazis.

Algunos fotógrafos soviéticos se integraron en el ejército, como Dimitri Baltermants, cuya fotografía Ataque dio la vuelta al mundo. Con «La bandera roja en el Reichtag de Berlín», de Yevgueni Jaldéi, los soviéticos intentaron crear un icono que contrarrestase la fotografía de los marines norteamericanos izando su bandera en Iwo Jima tomada por Joe Rosenthal.

Destacaron también Margaret Bourke-White, Alfred Eisenstaedt, George Rodger, Lee Miller, Cecil Beaton… todos ellos con una brillante trayectoria como fotoperiodistas una vez terminada la Guerra.

Desde el lado nazi Walter Frentz y Heinrich Hoffmann, fotógrafo personal de Hitler, fotografiaron toda la parafernalia del nazismo. También Hans Ertl, amante de la cineasta Leni Riefenstahl, muchas de cuyas fotografías se descubrieron en 2008 en un barrio de casas baratas de La Paz (Bolivia).

Algunos participantes en la guerra de Corea como David Douglas Duncan y Malcolm Browne estuvieron también como fotoperiodistas en Vietnam, una guerra que proporcionó algunas de las fotografías más estremecedoras. Horst Faas fue el responsable de divulgar las dos más conocidas: la de Eddie Adams en la que un general survietnamita ejecuta a un prisionero del Vietcong de un tiro en la sien y la de la niña corriendo con la espalda abrasada por el napalm tomada por Nick Ut. Ambas ganaron el Pulitzer.

Don McCullin y David Halberstam fueron autores de fotografías que causaron impacto en la sociedad norteamericana hasta el punto de que el presidente John F. Kennedy llegó a pedir a Arthur Ochs Sulzberger, propietario del New York Times, que sustituyera a Halberstam en la corresponsalía. Las fotografías de Philip Jones Griffiths, de una gran carga emotiva, conmovieron al mundo. Cartier-Bresson llegó a decir que desde Goya nadie había retratado la guerra como él.

Después de la Segunda Guerra Mundial no han dejado de producirse en todo el mundo conflictos bélicos que son puntualmente documentados por fotógrafos como Steve McCurry, Susan Meiselas, James Nachtwey, Larry Towel,… o los españoles Gervasio Sánchez, Javier Bauluz, Sandra Balsells, Manu Brabo, Emilio Morenatti… quienes exponen sus vidas en Yugoslavia, Líbano, Nicaragua, Somalia, El Salvador, Líbano, Afganistán, Irak, Chechenia, Afganistán… y ahora en Ucrania, que ya ha proporcionado algunas de las imágenes más dramáticas y conmovedoras de la historia del fotoperiodismo de guerra.

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*Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa.

 

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