La peor causa de la inseguridad policial

Sociólogos, criminólogos y otros expertos asocian el desempleo, la pobreza, el hambre y la miseria, al estímulo delincuencial, sin embargo, vemos que a estos aspectos se suma uno más preocupante todavía: una total indolencia de la plana mayor de las policías.

En Maracaibo tenemos un ejemplo. Sabemos por la prensa de la corrupción en los diferentes organismos de seguridad. Sobre eso no creo que haya dudas, pero existe una institución digna de destacar dada la manera como experimenta un penoso deterioro progresivo: la Polimaracaibo.

La Policía de Maracaibo se nos desplomó de la noche a la mañana. Aún tenemos fresco en la memoria como esta institución se convirtió en modelo nacional. Así lo reseñaban los medios de comunicación social. Ante la novedad, sus creadores, instructores, entrenadores, eran llamados de diversas regiones para hacer un organismo bajo los estándares de la marabina.

La Polimaracaibo logró reducir el miedo y la desconfianza al policía en la calle. Minimizó la imagen del efectivo represor, tosco, analfabeta y gatillero. La gente llegó a conservar en la memoria a ese oficial amigo, educado, con aires altruistas, llevando de la mano a una viejita, cargando a un niño y trasladando a un enfermo sin ninguna vergüenza, porque llegaron a entender que un gendarme más que un pistolero es un servidor público.

Lamentablemente, todo eso se vino abajo. Da tristeza ver cómo estos uniformados en las alcabalas lo que menos hacen son labores de prevención. No orientan, no advierten sobre causas que pudieran evitar delitos. El objetivo del funcionario se reduce a encontrar cualquier falla, para hacer la boleta y enganchar el vehículo en una grúa de manera arbitraria. Son operaciones generadoras de dinero. Retenes en los que través del pago de multas, recaudan fondos y engrosan las arcas de la Alcaldía.

No nos extrañaría que en cualquier momento los veamos con la pistola a un lado y un pote hecho alcancía del otro. Indudablemente, cumplen órdenes superiores (ningún policía se manda solo, salvo que esté al margen de la ley), pero lo grave es que esas acciones desmoralizan al funcionario y deterioran las instituciones.

Desconozco si la Polimaracaibo se pueda volver a rescatar. Antes, como dije, era ejemplo, ahora compite con la PR a ver quien se implica con mayor frecuencia en hechos delictivos. Y la competencia está reñida.

Hay algo más: no concibo a un cuerpo uniformado en plena vía deteniendo vehículos, si a escasos metros, dentro del barrio, los delincuentes amparados en la inseguridad arremeten impunemente en contra de la gente indefensa. No sé si ustedes, amigos lectores, entienden eso, yo no.


albemor60@hotmail.com


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Alberto Morán


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