Entre semejanzas y desemejanzas de dos ingentes maestros venezolanos

Sus destinos fue enseñar. Los dos se destacaron como preceptores de Bolívar. No se trata de quitarle méritos a uno para colocárselo a otro en gesto de mezquindad. Sería una falta de consideración menospreciar la actitud que tuvieron frente a la hora histórica que les correspondió vivir, ante la situación de una sociedad convulsionada; que no supo entender, ni interpretar sus mensajes con raíces profundas de humanismo. Se llevaban diez años de diferencias. Es bueno asentar que tuvieron desprendimientos de tristezas y paradojas. Las circunstancias de la época, los llevó al destierro; donde a pesar, de no ser profetas en su tierra natal, dejaron marcados legados para otros confines; la historia lo revela así. La pobreza material nunca los alejó del estudio, en lo que siempre estaban ocupados. De ahí, que sus principios nunca lo abandonaron. Aprenden para transmitir el conocimiento. Estudian y crean. Me refiero a: Andrés de Jesús María y José Bello López; y Simón Narciso de Jesús Carreño Rodríguez.

"Grosso modo", voy a permitirme, con la anuencia de mis invisibles Facehabientes, emitir algunas de mis opiniones, entre sus afinidades y disimilitudes. Andrés Bello (1781-1865), destaca y se consagra como el Patriarca de las Letras Americanas. Fue un latinista consumado. Después de estallar la revolución del 19 de Abril de 1810, se le nombra Oficial Primero de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Junto con Bolívar y López Méndez, fue enviado a Londres como comisionado plenipotenciario, para tantear la posibilidad de la independencia de Venezuela. La comisión se disolvió. Bolívar regresa y Bello se queda como expatriado. Permanece –Según, Ramón Azpurúa- "Luchando a brazo partido con la pobreza, hasta 1822". De aquí se traslada a la legación de Colombia por nombramientos de Santander y Bolívar. Es bueno aclarar, que en este ínterin, colabora con publicaciones y periódicos en pro de la Independencia; y que sus escritos se hagan conocer en el mundo Europeo.

Retrotrayéndonos a Londres, con el morral de la pobreza terrenal a cuesta, sin embargo, no baja la autoestima, con tantas cargas negativas y en contra de tantas adversidades que lo agobiaban, perfecciona sus estudios gramaticales. Entre sus obras inéditas: "Alocución a la poesía", "La Agricultura de la Zona Tórrida". A mi modo de ver el asunto, dentro de tantas desventuras, nos hace recordar la piedra de Sísifo. En los avatares, en ese ir y venir de la política activa, en algún momento se tejió el comentario que Andrés Bello había delatado a sus compañeros de jornada del 19 de Abril de 1810, denunciándolos ante el propio Emparan. Argumentos que la historia contradice, en virtud de que el Libertador lo había mandado a llamar para ofrecerle un cargo de buen destino. Bello rehusó. Quizá dentro de las clasificaciones políticas de la época, Bello se mantenía algo conservador, ya que según, algunos historiadores, arguyen que, no creía en la revolución, sino en los métodos de lenta transición. Lo tildaron de pro monárquico.

En 1829, después de cuatro meses de viaje, llega a Chile. Este hermano País, lo designa Oficial Mayor Auxiliar en el Ministerio de Hacienda. Aunado a ello, su pasión por la enseñanza, lo remite a tomar la Dirección del Colegio de Santiago. Aquí imparte clases de Castellano, Literatura; y Legislación Universal. Se hace partícipe en la redacción del impreso "El Araucano". Es significativo señalar, que aquí da a conocer los principios del Derecho Internacional, - a pesar, de que no era abogado titular- que son el fruto de sus profundos estudios realizados en Londres. El Congreso Nacional, por los servicios prestados al Estado, le otorga la condición de "Chileno Legal". Como reza un pasaje bíblico, "Nadie es profeta en su tierra", el Ministerio de Educación de ese país, lo designa Rector de la Universidad de Chile. El gobierno le encarga la reforma judicial de esa Nación. Es tanto su afán por el estudio, que presenta un proyecto de Código Civil que dio a nuestra América un modelo de jurídica sabiduría. Muere en Chile, en 1865.

El segundo de los precitados, nace en Caracas, en Octubre de 1771 (Algunos autores le atribuyen el natalicio en 1769); no obstante, la primera, cobra mayor fuerza. Simón Rodríguez (Samuel Robinson). En palabras de Arturo Uslar Pietri; Rodríguez "Cuando leyó a Robinson se dio cuenta de que su llegada al mundo había sido parecido al naufragio del inglés. Lanzado, abandonado, expelido en tierra desconocida" (1981:20). Se trataba de la obra "La Isla de Robinson". De ahí que haya tomado ese seudónimo. La historia nos narra que fue nombrado preceptor en una escuela municipal, en Caracas. Su interés y el afecto por mejorar la educación, lo condujo a diseñar un proyecto educativo para la población. Sin embargo, esta iniciativa no fue bien vista; ya que las autoridades académicas de la época, la dieron por improcedente; aunado a ello, consideraron que el maestro estaba cargado de ideas antimonárquicas, antagonistas a los intereses de la Metrópoli ¡Qué gran desencanto! Pero continúa con sus principios. Es incólume.

Posterior a este fracaso, se decide a recorrer mundo. Lo acompaña la fortaleza de su inteligencia. Con su cognombre de Robinson, va sin dinero y sin equipaje de valor. Casi que una aventura. Aparece en Jamaica, los Estados Unidos y Europa; hasta el día que le corresponde regresar a Caracas. Es bueno señalar, que antes de iniciar esta travesía, todo se motivó para evitar ser aprehendido por las autoridades españolas, por verse comprometido activamente en los sucesos insurreccionales de José María España y Juan Bautista Picornell. Su norte era la docencia. Nos narra la historia que, además del Inglés y Francés, dominaba el Alemán, Portugués, polaco; algunos autores hablan que conocía el idioma Ruso. Su preocupación por la educación y el arte de enseñar, se deslindó de las costumbres ortodoxas. Empezaron así, a surgir en sus neuronas las ideas sociales en la educación. Hablaba de creación de una escuela social, interés social, de servicio a la comunidad, de conducta social. Por esto lo tildaron de socialista.

Escribe sus obras como "Sociedades Americanas, 1828", "El Libertador y el mediodía de América y sus compañeros de Armas, defendidos por un amigo de la causa social, 1830", "Luces y Virtudes, 1834", "Consejos de amigos dado al colegio de Latacunga". De regreso a la América del Sur, fue llamado por el Libertador Simón Bolívar, para proporcionarle algún cargo en la instrucción pública. Se esmeraba Rodríguez en diseñar una escuela donde se enseñara la teoría y al mismo tiempo la práctica. En este sentido, estando en Chuquisaca (Bolivia), crea un colegio donde se enseñara la artesanía, albañilería, carpintería, herrería; pero no fue bien visto por la sociedad; y todo resultó en un fracaso; como el primero que sufrió en su tierra natal. Contradicciones de la vida; en Francia, abre una escuela para niños y jóvenes franceses, donde tiene gran acogida, se le trata con respeto y altura; lo comprenden y aplauden; inconcebible en su terruño. Sin amarguras, dice: "Nadie es profeta en su tierra". Muere en Perú en 1854.

Como colofón, a los veinticinco años se reencuentran Andrés y Simón, en Londres. Aunque ya, con pensamientos diferentes, desfilan por un paisaje de recuerdos. Ya no tienen nada que ofrecerse. Ambos van por una etapa de pobreza material; pero acaudalados en conocimientos; y sobre todo, con ese bagaje de interés por enseñar; por dejar legados para las nuevas generaciones, dentro y fuera de su territorio. Ideológicamente se distanciaban; no obstante, eran amigos. Con cierta consideración y sin rencores, Bello presentó a Rodríguez la Sociedad de emigrados españoles y a personas refugiadas o remitidos políticos del mundo hispanoamericano. Los dos murieron octogenarios; fuera de su "amada patria" como siempre la recordaban; aún a esa avanzada edad, continuaban aportando sus energías desgastadas para contribuir con la enseñanza, cada uno en sus espacios. La historia absolverá entre sus semejanzas y desemejanzas, a esos dos ingentes maestros venezolanos.

Jjosegarcia5@gmail.com

Fuentes:

1.- Padrón Ferrer, Amasis. HISTORIA Y FILÓSOFOS DE LA EDUCACIÓN, Edic. La Universidad del Zulia.

2.- Romero Martínez, Vinicio. ANDRÉS BELLO. Edic. Panapo.

3.- Rumazo González, Alfonso. SIMÓN RODRÍGUEZ, MAESTRO DE AMÉRICA. Edic. Presidencia de la República.

4.- Morales Gil, Eduardo. SIMÓN RODRÍGUEZ Y SIMÓN BOLÍVAR. Edic. El Perro y la Rana.

5.- Azpurúa, Ramón, BIOGRAFÍAS DE HOMBRES NOTABLES DE HISPANOAMÉRICA. Edic. Mario González.










 



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