Del país profundo: Berta Vargas y los esclavizados de Cariaco, el libro que imaginamos

En anterior relación hice referencia a lo que venía ocurriendo en el tiempo más próximo a nuestro proceso independentista del siglo XIX, entre las cercanas islas de las Antillas y la porción territorial de lo que es hoy Venezuela. Siempre acudimos a varios autores-testigos que han entregado importantes testimonios sobre la época, y de manera particular a este Dauxion Lavayse, poseido por el impactante paisaje, la gente y la naturaleza del Caribe. El llega a América cuando la revolución francesa estaba en marcha, en 1791. Ya en Haití se reconocían los derechos políticos de los esclavos y sus descendientes de origen africano y en lugares vecinos como Santa Lucía, Martinica, Trinidad, Tobago, Santo Domingo, Guadalupe, documentados por el viajero francés, se vivían momentos históricos de gran importancia, a los cuales no estaba ajena esta parte de la tierra firme. Cuando pasa a Venezuela en 1807, recorre palmo a palmo toda la región de Paria y desde Cumaná, en ese permanente tránsito por el oriente del país, además de estudiar costumbres y comportamiento de los esclavos negros, dedica especial atención al golfo de Cariaco, sus llanuras y costas, su población, sus lagos y pantanos (laguna de Campoma), en cuya superficie asegura haber encontrado petróleo.

“A una legua y media del pueblo de Cariaco y cerca del camino que conduce a Carúpano, hay un lago, o más bien un pantano que tiene alrededor de legua y media de largo por mas o menos el mismo ancho. Es el refugio de innumerables reptiles, sapos, boas, cocodrilos, es allí según el decir de los habitantes vecinos, donde van a beber los gatos-tigres (jaguares). La primera vez que pasé cerca de ese pantano, eran las diez de la noche y exhalaba un olor de hidrógeno sulfurado, extremadamente nauseabundo y fuego fatuo se desprendía de su superficie. Un predicador de la isla de Margarita me aseguró que el horrendo espectáculo de este lago le había inspirado algunas imágenes de un sermón que le vi predicar a principios de la cuaresma de 1807, y de la cual transcribiré un fragmento, al hacer la descripción de la isla. Los habitantes de Cariaco me han hablado de un animal espantoso muy parecido al dragón alado de las fábulas, pero no me atrevo a transcribir aquí su descripción. No vayan los naturalistas a reírse a expensas mías. Sin embargo, muchos me aseguraron haberlo visto a orillas de ese pantano ¿Cuál es ese anfibio?. Quizás una enorme iguana o lagarto, o algún reptil monstruoso del orden de los saurios.
En las orillas de ese pantano recogí petróleo.”

Traigo estos datos a la hora de la entregar un nuevo trabajo dedicado a esta parte del golfo de Cariaco, porque una hermosa mujer y gran amiga que levantó la vida con sus muñecas de trapo en el sitio llamado Cerezal, llegó a narrarme con detalles numerosos sucesos, leyendas y misterios de la gente que ella conoció cuando niña en ese entorno que hace más de dos siglos llegó a visitar Dauxion Lavayse.

Es Berta Vargas, la bella Berta con quien compartí muchas entrevistas entre los años 1986 y 1987, para darle forma a un libro con sus cantos maravillosos, sus cuentos, sus dramas y especialmente sus invalorables testimonios sobre aquel espacio geográfico donde descendientes de esclavos africanos dejaron huellas de encarnizadas luchas. Al menos pude editar su imagen y su voz en un documental de la serie Memoriales que todavía conservo, sin darme por vencido ante la idea que tanto he acariciado de recomponer en muchas páginas todos los testimonios que llegó a confiarme, incluida la mágica caligrafía de su propio puño y letra en las narraciones silenciosas de una vida magnífica de mujer.

EL LIBRO QUE IMAGINAMOS.

“Yo estoy trabajando, a mi se me viene algo a la mente, lo agarro y lo tengo retenido, y si fuera a formar parte del libro, comenzaría explicando por ejemplo, cómo del año 28 para acá, eran las cosas que conocí, que viví, que sentí en carne propia y de allí vendría buscando esa historia hasta llegar a Cerezal, pasando por Sampayo, por Campoma, por los Bajos de San Bonifacio, donde luchó un hombre con un tigre y logró matarlo, Ese hombre se llamaba Nereo Alcalá, no sé si vive. Ese tigre destrozó a Nereo que tenía veinticinco años, le desgarro las carnes al hombre, pero él con un cuchillo de cacería logró darle muerte y los compañeros con los que andaba trajeron a Cariaco a ese tigre, al que le habían cortado una pata y bajaron de la hamaca a Nereo Alcalá lleno de heridas. Sampayo era tierra de tigres. Aquellos lugares eran pantanales, la tierra los cubría, se parecían más a las selvas que a los pueblos y los bosques lo dominaban todo. Uno salía en un burro y tenía que ir doblándose sobre el sillón para que las ramas no le rasguñaran la cara, porque así era, era lo que llamábamos pasos malos...”

BERTA VARGAS ENTRE LOS PUEBLOS DE AGUA.

“… Yo recuerdo una vez que pasó Rubí, un gran serpientón. El río echó ese día tres crecientes, eran las siete de la noche y el río estaba creciendo como la primera vez y en los arrabales el río daba en el centro de las casas y en la cintura de la gente. Yo recuerdo que en mi casa gritaba mi hermana María: ¡auxilio, auxilio, auxilio!. Y el río tan hondo dentro de la casa y nosotros los pequeños trepados en la troja de la cocina, donde se guardaban las cosechas de maíz. De las casas sacaban a la gente con botes. Por ejemplo, para ir de una casa a otra que estaba pegada culata con culata se iba por medio de estacas, las casas estaban unidas por estacas altas, rellenas con tierra, formando un modelo de acera. Entonces uno iba por encima de esas estacas. Cuando pasaban esos crecientones así, decían que eran culebras que pasaban. Pasó Mariquita hace tanto tiempo y ahora pasa Rubí. Un gran culebrón con unas grandes crecientes. Se decía que esas culebras pasaban para El Placer de Campoma, que salían del Cerro Negro, por los lados de Caripe del Guácharo, donde nace el río, en los yacimientos del río, según. Realmente yo recuerdo las grandes crecientes que echaba el río Carinicuao, y eso era una cosa exagerada. En el río Carinicuao se navegaba en botes, aun nosotros mismos aquí para pasar de un lado al otro lo hacíamos en bote porque se le temía a las grandes babas. Las babas relinchaban a la vista, uno empujaba el bote con el remo y las babas se apartaban, porque el mal de la baba está en que le toquen un babito o que la pisen.”

CUANDO LAS PELEAS DE CAIMANES ERAN COSTUMBRE DE SEMANA SANTA.

“A el caimán lo conocí yo entre los pueblos de agua, en Guacarapo y en Chiguana. Todavía en los años 50 había muchos caimanes allí donde llaman Punta de Cachipo, allí donde llaman La Peña. Agarraban a los caimanes y los ponían a pelear en Semana Santa, sitio donde iba la gente a ver la diversión. Los caimanes tienen una característica muy distinta a la baba. La gente confunde a la baba con el caimán porque los dos tienen la cabeza larguísima, pero el caimán la tiene muy desproporcionada, demasiado larga. A los caimanes los peleaban como gallos el viernes santo y el sábado santo. Un señor llamado Eduvigis, el papá de Victoria Jiménez, era el encargado de echar a pelear esos caimanes. Venía la gente de todas partes a ver esa lucha de los caimanes. Una vez estaba yo buscando huevos de caimán, una caimana iba a poner y yo estuve perseguida por esa caimana. Ellas cavan la tierra para poner sus huevos, distantes de la orilla del río. Ellas ponen sus huevos y los tapan con espinas, tunas y cardones, pero yo preparaba unas varillas de cuchate, íbamos puyando la tierra, donde se hundía aquella varilla, allí estaba y a sacar huevos. Eso es en el mes de abril. Ocurre que los caimanes están atentos para cuando vayan a salir las crías del huevo. Entonces los caimancitos son devorados por los caimanes, que se comen a los machos y dejan a las hembras. Los que no son devorados y logran llegar al agua son los que se salvan. Estos son caimanes de mar, tremendos caimanes, en cantidad. Se les ve muy tranquilos y uno cree que son carreras de piedras. Los huevos de los caimanes son muy sabrosos y aquí había la costumbre de cazarlos. Esos huevos son grandotes, más grandes que un huevo de pava, algunos comían las carnes del caimán, pero lo que más se aprovechaba era la piel. Por eso fue que desapareció el caimán de estos lugares, los atacaron demás para sacarles el cuero. Las peleas de caimanes eran costumbre de Semana Santa. Todos los años se hacían grandes apuestas y después que murió el señor Eduvigis, todavía echaron a pelear algunos caimanes en el muelle de Cariaco, en un lugar llamado Curaguaca, eso no duró mucho, pero quedó la costumbre de agarrar el colmillo del caimán y prepararlo con secretos, le metían la piedra de ara, le metían el manto de la virgen, gente que cree en eso, le metían el azogue y el imán, de modo que la gente de secretos echaban a pelear sus colmillos, eso era una pelea de secretos que la gente podía ver.”

HISTORIAS DE AMOS Y ESCLAVOS.

“ Así fue la vida natural que yo conocí, una vida que también contenía largas historias de amos y esclavos que comienzan con un canto que a mí no me gustaba cantar porque me daba dolor y rabia. Antes se hablaba de cuentos de esclavos. Yo cuando abrí mis ojos me encontré escuchando la historia de los esclavos, había un señor que llamaban Ño Cachicamo, había una señora llamada Ña Micaela y de ellos cantaba la gente:

Se murió Ño Cachicamo
Y también Ña Micaela
Y queda Ña María del Carmen
Que ésa es la que regenera.

Yo conocí a Ño Cachicamo, me acuerdo de muy niña verlo doblado, muy viejo con las manos torcidas y a esa negra vieja Ña Micaela, yo le vi sus espaldas marcadas totalmente, eran cangrios que tenía en su carne, como si le hubieran pasado candela y yo le pregunté a mi mamá por qué aquella mujer estaba tan maltratada y mi mamá me respondió: ¡Fueron los látigos y los hierros calientes, porque ella fue esclava!…”.

Berta Vargas con sus muñecas de trapo en Cerezal. 1980
Credito: Rafael Salvatore



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Benito Irady

Benito Irady. Escritor y estudioso de las tradiciones populares. Actualmente representa a Venezuela ante la Convención de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial y preside la Fundación Centro de la Diversidad Cultural con sede en Caracas

 irady.j@gmail.com

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