La corrupción consentida

La suerte de los venezolanos y las venezolanas, pareciera estar puesta en las manos de la corrupción consentida de las entidades del Estado, y los que las representan. Basta acercarse, alguna de las entidades gubernamentales u organismos encargados de suministrar y garantizar los derechos humanos, y sociales de la población.

Si nos acercamos al SAIME del Centro Simón Bolívar del Silencio del centro de Caracas, encontramos que siempre está cerrada, y con unos cuantos personajes que representan la seguridad, desde, camisas azules, uniformes verdes y de policías. En ocasiones, no les basta con todos los anteriores, sino que, mandan desde, adentros unos cuantos hombres grandes, tipo comando vestidos de negro, y generalmente de piel oscura o afrodescendientes, lastimosamente porqué, uno se pregunta, a quien defienden nuestros afrodescendientes, al pueblo o a sus esclavizadores. Nos seguimos preguntando, hasta cuándo, los hombres de tamaño y fortaleza de piel oscura, terminan siendo usados por su fuerza y presencia, para reprimir al pueblo.

En esta entidad gubernamental, uno observa los siguientes hechos: hay una cola de privilegiados, que seguramente tienen un padrinazgo adentro, que manda cada cierto tiempo, a llamar por su nombre, alguno de esa cola, para que entre sin reparos, pero, para los demás está cerrado y no hay información. Uno se acerca a preguntar, a los de la seguridad por debajito, uno se pone pequeñito, casi que se arrastra, para poder recibir la ansiada información. Pero, la persona de seguridad, con cara de molestia, te responde, no sé nada, vengase de madrugada a ver si la atienden. Y uno, con una profunda indignación, se queda parado ahí, a ver si en algún momento, alguien sale y puedes conseguir la información. Algunos de los que ya están acostumbrados te dicen, a veces sale alguien y te dice algo, como para salir del paso, cosa, que cuando llegas a tu casa, resulta que la página web no abre, ni da opción de nada.

Cuándo, ya no quieren ver gente en la puerta, mandan a los de uniforme negro, unos hombres grandes que te dicen, vamos retírense de aquí, no queremos gente aquí esperando, esperen después de la cuadra, y comienzan a caminar hacia uno, por su puesto, uno se aterra que un hombre de esos le golpee, y la gente comienza a recular hasta la esquina subiendo hacia Plaza Caracas.

No sabemos, quién consiente este maltrato, y estos niveles de violación a los derechos humanos de los ciudadanos a recibir información oportuna. Tampoco, sabemos a quienes da ganancias, esta tranca impuesta, por todos los que se encargan del SAIME, pero, estamos seguros que, sí funcionara, como deber ser, nadie estaría matraqueando al pueblo desde adentro, para sacar un pasaporte o una visa.

Ahora hablemos, de la Zona Educativa del Distrito Capital, cada día más carrada, y más ineficiente. En la entrada te consigues una persona que no te deja pasar, y te hace dirigir a una cartelera, donde está escrito un correo Gmail, para solicitar una cita para la legalización de notas y títulos. Pues, uno llega anota su correo y se va a su casa. Confiando, ingresa todos sus datos, pero, resulta que pasan tres meses, y nada que llega tu cita para llevar tus papeles a legalizar

En consecuencia, nos preguntamos, a quienes les interesa que la gente pague dólares por un trámite que es obligación del estado garantizar, y que, además, es un derecho humano de todos los venezolanos y venezolanas, obtener sus documentos personales legalizados y apostillados.

Es un derecho humano, ser atendido por las instituciones del estado. Para qué los venezolanos y las venezolanas, necesitamos instituciones, que no funcionan, y que, si funcionan es para la corrupción, y para qué varios de los que trabajan ahí, se valgan de la necesidad humana, para, llenarse sus bolsillos, con la vista cómplice y consentida de los de arriba.



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