Salud pública en Venezuela: reflejo de un país en decadencia

Enfermarse en Venezuela es un costosísimo lujo que el ciudadano común no puede darse, pues incluso si éste asiste a un centro de salud público le costará bastante dinero, bien porque allí no se cuenta con lo necesario para solventar las necesidades del paciente o bien porque lo poco que llega se "pierde" en la "nada"; por lo que, éste debe igualmente comprar todo lo que le soliciten; es decir, "buscarlo como pueda", aun cuando es obvio que la mayoría de personas que allí asisten no cuentan con recursos para tratar sus padecimientos, pero eso ¿a quién le importa? ¿a quién le duele?

En ese sentido, si usted ha tenido la surrealista experiencia de ser "atendido" en un hospital público, seguro vivió alguna de estas situaciones, ¡claro! si logra salir sano de allí, porque posiblemente se pueda contaminar, le corten la energía eléctrica mientras lo operan, fue por un "dolorcito" y terminó con un problema mayor, hubo negligencia médica, no tuvo atención inmediata y eficiente o simplemente no consiguió el dinero para todo lo que le pidieron y claramente no le colocarán tratamiento, porque ¿cómo? En fin… si logró la proeza de salir con vida es muy probable que recuerde amargamente que:

Al ingresar al área de emergencias; por ejemplo, en el hospital central de San Cristóbal, o en cualquier Estado, primero que todo debe estar en un estado de salud bastante deplorable para que decidan atenderlo, luego, si no hay disponibilidad de camas lo sentarán en un pasillo, quizá en una silla, de repente en una camilla (a veces llena de sangre y nada higiénica) o incluso en el piso, pero si tiene "suerte" y hay alguna cama vacía lo acostarán allí a esperar un largo tiempo para preguntarle ¿qué tiene? y procederán a llenar papeles y papeles (así usted vaya agonizando, debe esperar), luego vendrá otro y otro personal para preguntar lo mismo y usted ya sin aliento, sin querer volver a explicar por tercera o cuarta vez su dolor, seguirá esperando.

Al fondo, posiblemente escuchará a un (a) portero (a) que grita eufóricamente a todos los acompañantes que desalojen el lugar, oirá llantos de familiares, caos y confusión… usted sigue allí, esperando en medio de una multitud de pasantes o estudiantes de medicina y enfermería de unas más o menos 5 universidades que hacen vida en estos centros asistenciales, quizá esté presente el médico residente (que se ocupa más de los pasantes que de los enfermos) y en algunos momentos uno que otro especialista, si la ocasión y el día lo permite. Todos éstos van, vienen, hablan, se ríen, meriendan en medio del sufrimiento evidente de los pacientes, toman café, echan cuentos, planean actividades, se toman sus respectivas "selfies" para las redes sociales, donde hablan de sus "duras" guardias y llenan y llenan informes, que se asume, les solicita su institución, pero y a usted ¿cuándo es que le prestan real atención? ¿cuándo lo atienden? ¿cuándo lo escuchan con preocupación, amabilidad y respeto?, incluso si usted se queja duramente, tampoco será atendido, es que parece da igual, allí está sumido en su dolor, en su impotencia y pues si se muere (que pasa cada rato en la emergencia), habrá otra cama vacía y el que está en el pasillo podrá pasar, posiblemente a correr con la misma suerte, y así transcurren las horas, pasan los días y es más de lo mismo, porque su vida no cuenta, porque esas personas allí no cuentan, para muchos de esos pasantes, para muchos de esos médicos de guardia, para la gerencia de esos hospitales, incluso para el país y su nefasto sistema de salud, ninguno de ellos cuenta.

Lamentablemente, parte de estos pasantes, incluso los médicos, al parecer, no están tan comprometidos con su juramento hipocrático y es más importante que prevalezca su status quo a su vocación y entrega por un ser humano que acudió a ese lugar porque realmente lo requería, pues en este país los ciudadanos no están acostumbrados a la cultura de la medicina preventiva, sino a asistir cuando ya es estrictamente necesario, y es que tampoco es que el Estado disponga de buenos métodos para que sus habitantes gocen realmente de un sistema de salud, no sólo preventivo, sino permanente, y este ciudadano asiste porque está obligado a hacerlo, porque no soporta más su dolor, su enfermedad, su molestia, su emergencia, porque para ser honestos, no se asiste a un hospital público en este país porque se quiere ¿verdad?. De hecho, es muy probable que se tema hacerlo, que se tema estar allí, porque se sabe que las condiciones no son las más óptimas, ni las respuestas las más asertivas o eficaces y la vida de estos pacientes, que para estos entes no vale nada, estará en completo riesgo.

Sin embargo, la mayor responsabilidad, claramente no está en estos jóvenes aprendices, pues, en la mayoría de casos, fueron lanzados al ruedo sin las herramientas necesarias para atender esta dura realidad social, no sólo desde el conocimiento científico, sino desde la relación humana, de la empatía, la humildad, reciprocidad, solidaridad y respeto por el otro, por su paciente. Esta situación, sólo resume, entre otras cosas, la baja calidad organizativa y educativa en la actualidad, que no sólo arropa las escuelas primarias o el bachillerato, sino a las universidades, que no están exentas del acelerado detrimento de la educación en Venezuela, sobre todo en las nuevas universidades del Estado, que sólo tienen el objetivo de graduar en cantidad, para tener presencia en actos masivos y televisados de miles de egresados "profesionales" del país, sólo para el necesario proselitismo político que busca proyectar una Venezuela que no existe, una realidad efímera que solo socava al país y por ende, a sus ciudadanos, su calidad de vida, su bienestar y felicidad; en síntesis, este escenario sólo es un reflejo de la caótica gerencia gubernamental venezolana, de un país en decadencia.

Y es que para nadie es un secreto la crisis del país en múltiples aspectos; sin embargo, la salud es un derecho prioritario que el Estado debe, obligatoriamente, garantizar, de hecho está contemplado en su Constitución, específicamente en el Capítulo V - De los Derechos Sociales y de las Familias:

Artículo 83. La salud es un derecho social fundamental, obligación del Estado, que lo garantizará como parte del derecho a la vida. El Estado promoverá y desarrollará políticas orientadas a elevar la calidad de vida, el bienestar colectivo y el acceso a los servicios

Artículo 84. Para garantizar el derecho a la salud, el Estado creará, ejercerá la rectoría y gestionará un sistema público nacional de salud, de carácter intersectorial, descentralizado y participativo, integrado al sistema de seguridad social, regido por los principios de gratuidad, universalidad, integralidad, equidad, integración social y solidaridad. El sistema público nacional de salud dará prioridad a la promoción de la salud y a la prevención de las enfermedades, garantizando tratamiento oportuno y rehabilitación de calidad (...) (CRBV, 1999:17).

Como pueden leer, son artículos en papel, teoría sin praxis, pues muy bien se sabe que los derechos del venezolano se han violentado de muchas maneras, no sólo en materia de salud, sino en otros temas como educación y economía, aunado a la elevada, creciente y descontrolada hiperinflación, la exigua calidad de vida, sueldos irrisorios que en nada suplen las necesidades básicas de alimentación y vivienda, mucho menos de salud, que como ya se dijo, es un lujo que pocos pueden darse… y en definitiva, estos "derechos" ya no aguantan más resquebrajamiento, no aguanta más transgresión, es realmente insostenible la situación.

Al respecto, el sentimiento de impotencia parece ser ya una norma en el venezolano de a pie, ese que no pertenece a la pequeña élite gubernamental, que no es "enchufado", ese que no encuentra donde alzar su voz para ser escuchado, porque ¿a quién le dice?, ¿a quién le comenta?, ¿a quién acude?, ¿a quién le importa? acaso ¿existe una instancia del gobierno preocupada por esto? cierta y lamentablemente no, y lo que es un gran problema social, en este caso específico de la garantía de la salud física del venezolano, se convierte en un problema individual de salud mental, espiritual, que agrava en gran medida todo el sistema nervioso, el sistema inmune, pues diversos estudios aseguran que el estrés, la ansiedad, la depresión y las excesivas preocupaciones generan sin duda grandes consecuencias en el organismo, para la Dra. Ainhoa Anuzita, especialista en medicina interna:

La relación entre el sistema inmune y el sistema nervioso es muy compleja, pero existe una conexión evidente entre ellos. De hecho, nuestra mente tiene tanta relevancia en nuestro estado de salud que en psicología se asocian tipos de personalidades con determinadas enfermedades. Por ejemplo, las personalidades tipo A (aquellas con un nivel alto de estrés y ansiedad), suelen padecer enfermedades cardíacas, mientras que las personalidades tipo C (poco asertivas, que reprimen sus sentimientos y tienden a la autocrítica) tienen mayor predisposición a la depresión y a enfermedades autoinmunes (2022:s/p).

Ante este panorama, ¿cómo no se va a enfermar una persona que no cuenta con los recursos, métodos, ni formas necesarias para salvaguardar su vida y la de sus familiares? porque quien lo ha vivido en carne propia sabe que no hay nada más angustiante que no poder ayudar a un familiar o amigo enfermo, que no poder asistirle como se debe, que no se pueda y que el sistema de salud de su país tampoco se lo provea. En este sentido, seguir con esta dramática e inhumana dinámica no debería ser una opción para este país, continuar con la permisividad, el abuso, atropello y negligentes políticas sociales tampoco, y entonces ¿qué hace falta para comenzar la necesaria transformación social que Venezuela urgentemente requiere?

 

taniadeporte@gmail.com



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