Expertos


Prolifera en los medios de comunicación impresos del país la calificación de “experto” a ciertas personas que son requeridas para una declaración, una información, una opinión sobre un determinado tema de la vida nacional o internacional. En este sentido, uno de los ámbitos donde con más frecuencia se encuentra esta connotación es en el área de la economía. Los reporteros que cubren esta fuente suelen identificar como “experta” a la persona requerida, para que emita opinión o suministre información; y es en este sentido donde cabe hacer algunos señalamientos.

En primer término, un "experto" es una persona reconocida como una fuente confiable de un tema, técnica o habilidad, cuya capacidad para juzgar o decidir en forma correcta, justa o inteligente le confiere autoridad por sus pares o por el público al cual va dirigido en un dominio especifico. De manera más general, un experto es una persona con un conocimiento amplio en un área particular del conocimiento. Los expertos son requeridos para dar consejos sobre su tema de especialización, aunque no siempre coinciden en sus apreciaciones con las opiniones aceptadas sobre ciertos temas específicos de su tema de estudio. Un experto (del latín experiri = comprobar), conceptualmente, es una persona con experiencia comprobada en el asunto requerido, por lo que debe poseer una forma de conocimiento o habilidad derivadas de la observación, de la vivencia de un evento o proveniente de las cosas que suceden en la vida. Esta palabra, auscultando su procedencia, se alinea con el concepto de experimento.

De lo anterior se desprende que un experto es alguien que se emparenta con el científico, sin llegar a serlo, porque éste controla un área determinada del conocimiento. Si suponemos este conocimiento como una realidad en sí, puede generalmente estar formalizado y considerarse como algo objetivo, verídico, comprobado. En otros términos, el científico está al servicio de su conocimiento. El experto en cambio es más bien didacta, docente de un conocimiento, que integra naturalmente elementos de conocimiento, pero que tiene en cuenta una experiencia y saberes transmitidos de modo no formalizado. De allí que debe tenerse mucho, pero mucho cuidado, para calificar como experto a un “opinador”, de los cuales abundan ejemplos en nuestros lares.

Para muestra un botón. Hace varios meses, en un diario venezolano, un “experto” suministró varias declaraciones, entre las cuales recordamos una en especial sobre el tema petrolero que llamó nuestra atención: “un pozo del Campo Junín de la Faja petrolífera del Orinoco contiene –dijo el ‘experto’- reservas de 31.000 millones de barriles”. No se necesita ser experto para considerar tal expresión como un “barbarazo”. Sea propicia una comparación al respecto: recientemente se cumplieron 30 años del inicio de la producción del yacimiento Cantarel, el más grande del mundo costa afuera, a partir de lo cual México despegó como productor y exportador de petróleo.

Bien, para ilustración de los neófitos en la materia, en un yacimiento, que es un campo o área de centenares o miles de metros cuadrados, se perfora una cantidad variable de pozos. A lo la largo de esos 30 años, Cantarel, succionado por una cantidad de pozos, ha producido poco más de 13.000 millones de barriles (2/5 partes de 31.000) y ya se encuentra en franca declinación.

Queremos decir con esto que el “experto” es portador de su conocimiento y es bajo este título como él exhibe su conocimiento. Lo anterior significa que un experto puede, gracias a su entrenamiento, educación, profesión, trabajos realizados o experiencia, tener un conocimiento sobre un cierto tema que excede el nivel de conocimiento de una persona común, de manera tal que otros puedan confiar en la opinión del individuo en forma oficial y legal. No es condición suficiente, por lo ya dicho, ostentar una cátedra en la universidad para erigirse en “experto”.

A raíz de la actual crisis financiera internacional, algunos catedráticos universitarios “expertos” opinaron, en un foro, afortunadamente escaso de auditorio, donde nos encontrábamos, que la misma había sido provocada por una serie de manejos desacertados. Mostraron láminas en inglés extraídas de páginas de Internet; mostraron la variedad de operaciones que provocaron esta debacle del mundo capitalista. Ya hoy el mundo ha sido informado, suficientemente, de que esta “crisis” se ha tragado más de cinco billones de dólares (US$5.000MMM) de los ahorristas, de los pequeños y medianos empresarios y comerciantes, de los socios minoritarios de compañías y entidades bancarias. ¿Y los propietarios de los grandes consorcios, de las transnacionales del petróleo, de los bancos afincados en ciertos territorios privilegiados y protegidos? Ésos, esos capitales, gozan de buena salud en los paraísos fiscales y engordan con los aportes de los bancos centrales.

Asumimos el compromiso de señalar que, sólo como parte de un plan perfectamente planificado, es como se puede entender la pirámide mundial (conocida como PWS, Ponzi Wall Street) montada y desarrollada por el capital financiero internacional, donde los paraísos fiscales y la legalización del lavado del dinero sucio juegan un papel de primer orden; y es uno –entre otros- de los objetivos del actual reacomodo mundial del capitalismo. ¿Quién puede creerse a estas alturas que los bancos estadounidenses no sabían de las consecuencias de prestarles dinero para comprar casas y otros gastos a los NINJA, o sea, ciudadanos sin empleo, ni ingresos propios, ni trabajo y sin garantías. Sólo analizándolo dentro de un plan, continuación del golpe mundial del 11 de septiembre del 2001, es posible entender lo que hoy sucede.

Dicho lo anterior, se desprende que el experto debe tener ciertas cualidades, algunas de las cuales deben ser: 1) Poseer un conocimiento que no esté excedido por el del científico; 2) Tener la capacidad, dada su experiencia y una integración de conocimientos variados, de expresar juicios que se estiman pertinentes; y 3) Revelarse apto para comunicar y para participar en debates abiertos, tanto con responsables como con no expertos.

Por eso, señores reporteros, cuidado con el uso de ciertos términos para cualificar a sus entrevistados.

*Economista – Investigador

cepo39@gmail.com


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César Prieto Oberto

Profesor. Economista. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Económicas del Estado Zulia. Candidato a Dr. en Ciencia Política.

 cepo39@gmail.com

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