Kid Nicolás

Primer round

Hace unos días atrás en uno de sus consuetudinarios discursos, escuché a Nicolás decir que él era como aquel legendario boxeador norteamericano de los años 60 y 70 del siglo pasado Muhammad Alí, quien fue admirado, idolatrado, por el mundo entero dentro y fuera del ring. Adentro del ensogado por sus indiscutibles habilidades pugilísticas, por su inteligencia y destreza, afuera por la entereza con la que asumió y defendió sus posturas progresistas y antibélicas que incluso le costaron la cárcel y la pérdida del título mundial de los pesos pesados.

Tal vez nuestro Presidente esté en lo cierto y de lejitos -muy a lo lejos- tenga cierto parecido con el legendario pugilista. Al menos peso pesado es.

Maduro en su alocución se refería a una expresión inventada por el mismo Alí para definir su depurada técnica boxística y que se resumía en la frase: "pica como una avispa, vuela como una mariposa", slogan con el que el ya no tan joven Muhammad conquistó a las masas y atrajo sus miradas hacia el centro de la lona.

Pero no, realmente el accionar de Maduro ha sido todo lo contrario a esa descripción. A pesar de contar con la fidelidad de la Fuerza Armada (la mayoría de ella al menos) y con el apoyo de una importante proporción del pueblo venezolano, sus movimientos son más que paquidérmicos -sin alusiones personales-, tan lentos que se detectan a lo largo de las eras y el dejar hacer a sus adversarios ha sido la norma más sobresaliente de su gobierno.

Segundo round

El más grande -"The greatest"-, como él mismo se denominó, logró recuperar su título de campeón indiscutible de la categoría máxima del cuadrilátero (el cual le habían arrebatado en 1967 luego de haberse rehusado a participar en la guerra de Vietnam, negativa por lo que además lo mandaron derechito a la chirola) en 1974, cuando libró una épica batalla contra su archirrival el también afroamericano George Foreman, pelea titulada por la prensa deportiva como "Rumble in the jungle".

Y en realidad retumbó la jungla. La contienda se libró entre un Foreman joven de apenas 25 años y un ya mayorcito Alí de 32 con fama de ser un "Bocazas" (como le llamaban sus detractores) y con la reputación de realizar combates vertiginosos y fulminantes gracias a su velocidad y a la contundencia de puños. Sin embargo, desde el comienzo de la refriega Alí se acuarteló en las sogas y fue Foreman quien tomó la iniciativa, sometiendo a su rival a una andanada de golpes de la que parecía imposible que Cassius saliera de pié. El retador (Muhammad Alí), había decidido cambiar de estrategia y esto confundió no sólo a Foreman sino también a los miembros de su esquina que, confiados conminaban a George a seguir dándole la paliza de su vida al aparentemente indefenso Alí.

Aquella coñoiza continuó hasta llegado el octavo round, cuando en una inesperada reacción un sorprendentemente fresco y rozagante Muhammad volteó el encuentro y apabulló a un extenuado George Foreman cambiando el hilo de la historia y abriéndole de par en par las puertas del Olimpo para que Alí se convirtiera en leyenda.

Cassius Marcellus Clay Jr. quien transcurrió su vida respondiendo a ese rimbombante apelativo (hasta que luego de convertirse al islam le dio -como al fallecido cantante Prince o a otros tantos artistas-, por cambiarse el nombre intentándolo en varias ocasiones; primero asumió por alias el de Cassius X y luego el de Muhammad Alí, y así permaneció llamándose luego juntarse con La Nación del Islam -secta religiosa dirigida por Elijah Muhammad, hijo de un pastor bautista que se autodenominaba "El único mensajero de Allah"-, hasta su muerte), había patentado, con esa inolvidable jornada, una nueva estrategia para los anales del box: el "Rope-a-dope", táctica que consiste en soportar todo el castigo posible recostado contra las cuerdas con aire de vencido mientras el adversario se cansa, para luego remontar la cuesta y finalizar la pelea imponiéndose ante el enemigo.

Tercer round

Políticamente muy bien asesorado, Nicolás comenzó esta batalla lanzando un gancho al hígado de la oposición: ¡la convocatoria a elecciones de una Asamblea Nacional Constituyente!, pero la tibieza con la que ésta Institución ha actuado le ha restado contundencia a la mayoría chavista que se obtuvo en la misma.

Sin embargo, fue ella, la ANC, la que convocó para mayo de 2018 las elecciones presidenciales anticipadas. Obviamente la superioridad oposicionista dentro de la AN -en desacato-, se negó a aceptar esa convocatoria y saboteó la participación de sus seguidores, restándoles toda posibilidad de triunfo a los candidatos del bando opositor.

Pero inmediatamente Maduro cogió hacia las cuerdas y de allí no ha logrado zafarse, poniendo su gran humanidad a llevar palos, pero condenando a su vez a los que lo apoyamos a sufrir una golpiza que nos tiene el cuerpo molido y la moral abatida.

Desplazándose alrededor de Nicolás la oposición logró apabullar la moneda y pulveriza el Bolívar Fuerte, llevándolo en un dos por tres al camposanto. Riposta el Presidente poniendo en circulación el Bolívar Soberano y en menos de lo que se pestañea los billeticos de dos, cinco y hasta los de diez no valen un carajo. La moneda de un Bolívar no la llegamos a ver mucho menos a tocar.

Seguidamente la estrategia opositora ha sido darle palo, mordisco, patá y kung-fu sin cuartel al pueblo para así ir minando la popularidad del Kid Nicolás. Llevamos porrazos con el precio de las medicinas, nos dan empellones con la carestía de los alimentos. Nos dan hasta con el tobo cada vez que necesitamos ir al banco a retirar nuestro propio dinero. Sentimos los latigazos de la inflación en la espalda en cada ocasión en la que requerimos un repuesto. Nos duelen los escobazos que nos parten en el lomo cuando nos urge resolver un problema de salud. O la impotencia despiadada cada vez que un "colega" del presidente nos aumenta el pasaje en sus narices. Esos leñazos no los recibe Kid Nicolás… los llevamos sus simpatizantes, sus fanáticos, sus secunds, los que lo aupamos desde su esquina, los que le colocamos el banquillo para que tome aliento, los que le refrescamos el semblante y le enjugamos la sangre.

Cuarto round

Cómo no, unos cuantos de esos golpes francos si los recibe el Presidente. Un dronzaso de derecha literalmente le estalla en la cara y el vuelve al refugio de las cuerdas; un jab a la Carlota, un uppercut al SEBIN, un zurdazo al plexo solar de la "marea socialista", un golpe bajo justo en la FANB, que es donde más duele. Pero ese ataque despiadado se lo debe a sí mismo, eso le pasa por no renovar si séquito. En vez de refrescarlo cuando llega a su esquina los ayudantes le dan con el tobo.

Maduro les suelta un swing y los muy infelices lo esquivan, le hacen la bicicleta, liberan a Leopoldo, se van para Altamira y en un amague desaparecen a la vista de los cuerpos de "seguridad" del Estado, aunque todos los opositores y chavistas del este los hayan visto pasearse por Caracas de embajada en embajada como gato por los techos y los escucharan en la plaza Francia -bastión secular de la "resistencia al rrrrrégimen"-, sitio a donde cualquier "tombo" con dos dedos de frente hubiese ido a esperar, tomándose un refresco, a que llegaran. Y capturado el prófugo y con él el "interino" se acababa la guachafita.

Quinto round

Ahora trata el Kid Maduro de enmendar las fallas, confesando entre súplicas de ayuda su ignorancia acerca de hacia dónde conducir el destino de la Patria. Nos convoca a los venezolanos apaleados como estamos, a indicarle qué hacer -a él y a su equipo-, en estos momentos en donde la botija está vacía, cuando se encuentra enredado entre los cabestros, con los ojos cerrados por la hinchazón del bloqueo, con los pómulos amoratados por la felpa que le han propinado los empresarios, con la nariz sangrante de tanto trancazo directo que ha recibido en los combates anteriores versus Sugar Ray Lorenzo Mendoza, con el decoro y el pundonor por el piso después de los combates de micrófonos contra Donald Trump. Ahora, cuando debido a la corrupción que existe en su gobierno y que él por estar apostando al rope-a-dope ha permitido que se desate, amén a las malas escogencias a la hora de colocar sus piezas en los diversos ministerios, sin recursos y bloqueado, cada vez se encuentra con menos "amigos". Ya ni Cilia lo acompaña, lo que evidentemente despierta las suspicacias de los afectos.

Sexto round

Desde el mismo momento en que fue electo presidente para su segundo periodo la humanidad política de Maduro ha estado recibiendo un castigo franco. Golpes nobles al rostro fueron dados por varias naciones y organismos internacionales (OEA, Unión Europea, Grupo de Lima, etc.) que anunciaron sin pensarlo dos veces, que desconocían esos comicios y mucho menos aceptaban sus resultados, todo bajo el argumento de que ellos consideraban que no habían sido plurales y que no se había respetado la imparcialidad con la que deben ser ejecutados los procesos democráticos.

Así es, cuando Nicolás asumió su segundo período, ya llevaba un golpe en el ala. Su gobierno comenzó a perder reconocimiento no sólo fuera sino también dentro del país.

El presidente de la Asamblea Nacional -muchacho de mandado del gobierno de los Estados Unidos-, francamente sublevado soltó un puñetazo que, aunque Maduro pudo esquivar subiendo la guardia, no evitó que este tipo se autoproclamara "presidente encargado". Sin recibir castigo alguno se envalentonó de inmediato.

En ese momento la gente le pedía a gritos: "¡Bomaye, Alí!" y erróneamente todos los no congoleses entendimos que decían "Muhammad Alí!". Pero no, los alaridos encolerizados, hartos de esperar a que el campeón que ellos apoyaban, cansados de verlo aguantar vergajazos, coreaban en lingalés el dialecto predominante en la Kinshasa de 1974 digamos que… "Elimínalo Alí". Pero el Kid Nicolás nuevamente rehuyendo el combate se acerca peligrosamente hasta los límites del ring.

Séptimo round

No sabemos cuándo, pero aún tenemos fe en que nuestro campeón reaccione, que abandone el rope-a-dope y nos saque de este atolladero en donde el mismo por pusilánime y sus colaboradores por ineptos nos han metido y nos salve de esta zaparapanda e’ coñazos que nos están propinando. Esperemos no verlo tirar la toalla. Esperemos no tener que llegar hasta el octavo asalto.



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Carlos Pérez Mujica


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