Vamos a unas elecciones con el sistema agroalimentario en condiciones deplorables. El pueblo hace todo lo posible por sobrevivir

Hemos hecho todo lo posible para sobrevivir, dijo una señora que hizo la cola de seis horas para adquirir productos regulados en un supermercado de Aragua. Esta es solo una de las miles de expresiones que se pueden lograr incursionando en las colas por lograr alimentos de bajo costo. En efecto, desde el 2013 cuando comenzó la fatiga alimentaria, las personas recibieron orientaciones estratégicas diversas sobre la sustitución de rubros energéticos, lo cual promovió el consumo de yuca, batata, auyama, cambures y otros alimentos de precios muy bajos. En poco tiempo la demanda fue muy alta y los precios fueron al alza por fallas en la suplencia o inventarios. A esta fecha los precios del 2013 se multiplicaron por mil. A manera de ejemplo, hoy en algunos sitios la yuca se cotiza hasta en 36 mil Bs/Kg en lugares que se paga con tarjeta de débito; y en 20 mil Bs/kg en los expendios donde se paga en efectivo. La otra recomendación que tomó cuerpo fue la de hacer las arepas con maíz en grano, cocinado y molido en casa, como otrora se hizo, antes de aparecer las harinas precocidas de Luis Caballero Mejías. La estrategia funcionó por un tiempo, diría que exitosamente se incrementó la cantidad de personas que hacían su propia masa a partir de maíz en grano; tanto fue que, se desarrolló una pequeña artesanía en la producción de masa de maíz que se comercializaba en aquellas casas que lograron mejorar sus capacidades de cocimiento y molienda. Nuevamente, la suplencia de maíz disminuyó, su preció viajó a la estratósfera y todo se vino abajo.

La aparición de los CLAP fue un paso importante en la organización social para lograr productos de alta prioridad para la alimentación, que vinieron a sustituir a los mercados en cielo abierto y a disminuir las largas y penosas colas frente a los supermercados y bodegas. Sin embargo, las fallas en la oportunidad de suministro, generó desconfianza y la gente nuevamente copa los supermercados con largas colas. Hoy día se producen trancazos de avenidas y carreteras por la falta de entrega de las cajas o bolsas de los CLAP. Pero lo más grave de esta estrategia es que la letra "P" de Producción no se desarrolló.

Desde el 2013 hasta la presente, la producción nacional de alimentos se ha visto muy comprometida; la importación de alimentos ha estado sometida a diferentes presiones internacionales en el ambiente de la guerra económica, las capacidades de distribución lucen desmejoradas, los Abastos Bicentenarios fenecieron o están trabajando a muy baja escala, las bodegas populares son relictos de su importancia en otros tiempos en que se consideraban el abastecimiento de contigüidad. Después de un recorrido por supermercados (la estrategia capitalista del consumo de toda vaina) ubicados en Aragua, nos percatamos que los espacios físicos de estantería se han reducido en casi 70 %, y en los estantes visibles solo se evidencian productos de baja prioridad para la alimentación. Los alimentos que permanecen en estanterías son inexplicablemente tan costosos que la gente de bajos ingresos (90 % de la población nacional) solo los mira de reojo. Arroz y pastas alimenticias a 200 mil Bs/kg. Los espacios para las frutas y hortalizas igualmente dan grima.

Si a esto le sumamos que la oposición ha logrado colocar en la opinión pública el discurso de la corrupción en las importaciones agrícolas para la agroindustria, alimentos procesados para empresas distribuidoras nacidas al calor de la crisis, y las dudas que se han sembrado sobre los negociados con los productos importados para los CLAP, el desaliento no puede ser mayor para la gran mayoría de los compatriotas.

Se estima que una sociedad como la nuestra el promedio de gasto en alimentos del total que percibe la familia debe significar entre el 40 al 60 % del ingreso, de manera que el remanente cubra otros gastos de de la canasta básica no alimentaria. Nosotros hemos rebasado con creces el 100 % del ingreso familiar. Recurrimos a la magia para explicar lo que aquella señora dijo: hacemos todo lo posible.

Sin duda, es el momento de realizar estudios científicos sobre los efectos de esta crisis transitoria sobre la seguridad alimentaria medida como acceso a los alimentos y sus repercusiones en la salud, calidad de vida y dignidad. Nunca olvidemos el viejo proverbio Chino que dice: "La dignidad de la gente la puede afectar quien controla los alimentos", y en estas circunstancias son el gobierno, los burócratas, los importadores, los comerciantes inescrupulosos, los bachaqueros…

Así, en este contexto se abren las expectativas de las elecciones, con gente que tiene muchas necesidades de alimentos. Maduro, nuestro Presidente y Jefe del Estado sobre quien recaen las culpas de todo lo imaginable e inimaginable que ocurre en el país, está lanzado. Sobre su precandidatura a ser validada el 4 de febrero, pesa la cruz del desabastecimiento alimentario.

La masa no está pa´bollos. .



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Miguel Mora Alviárez

Profesor Titular Jubilado de la UNESR, Asesor Agrícola, ex-asesor de la UBV. Durante más de 15 años estuvo encargado de la Cátedra de Geopolítica Alimentaria, en la UNESR.

 mmora170@yahoo.com

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