Sobre el diálogo y los dialogantes

Cada generación reclama para sí el protagonismo que le parece vivir
como determinante que define las épocas vividas, marcar distancias y
ser referentes de la historia contemporánea. Los cambios y las
acciones se magnifican a la luz de la cercanía con los hechos y ha
sido y , aun cuando no es únicamente la clase política quien
construye ese relato, si es quien en algunas circunstancias le imprime
mayores efectos donde el presente continuo de cambios se hagan
posible en un tiempo determinado.

Hoy , en los finales del año 2016 la mayoría de los venezolanos
estamos expectantes de las conductas que definirán las acciones donde
se concretaran los resultados del dialogo que los sectores de la
oposición que participan en la mesa de la unidad democrática y los
representantes del gobierno Bolivariano llevan a cabo, dialogo
promovido por buenos oficiantes internacionales (Ex Presidentes de
Panamá, Republica Dominicana y España, Unasur y el representante de la
Iglesia Católica Romana que es de observar que no incluyó a
jerarquía católica nacional alguna).

Para algunos el dialogo necesario languidece, cálculos y conductas
impropias con el interés de las mayorías lo niegan por ahora, para
otros lo mejor siempre será lo que definitivamente ocurra en el
entendido que el dialogo estará presente en cualquier circunstancia de
acuerdo con la responsabilidad de los actores.

Por entender que este hecho nos compromete a todos, quiero hacer
pública unas reflexiones que pudieran ser útiles para aquellos que
representan a quienes apostamos a que ese espacio de dialogo genere
los resultados a los que fue convocado y aceptado, en un principio,
por las partes.

La primera consideración es que la responsabilidad de llegar a una
acuerdo es mutua y lo define el deseo de millones de venezolanos de
conocer una agenda que comprometa la acción para atender , en
distintas instancias, los delicados problemas por los que transitamos;
negarlo tendría costos humanos, materiales, ambientales y sociales,
para los individuos y la familia, para el sector productivo, para la
institucionalidad del país y en general para la sociedad toda
difíciles de revertir en el corto y mediano plazo. Es hacerse
responsable de las acciones y sentires propios y de quienes
representan en una lectura que exige la ética política.

Por ello partir de lo constitutivo que somos, en tanto seres humanos
lo biológico-cultural se presenta como una oportunidad para conocer,
entender y comprender las condiciones operacionales de nuestra
existencia como tales. Existimos en la convivencia, en el compartir en
la solidaridad. Es esa nuestra condición de existencia la cual puede
ser abordado desde la reflexión del ser que somos en armonía con la
condición cultural del existir siendo. Ello incluye en lo concreto
disminuir la incertidumbre, la agresión verbal, y en consecuencia ,
recuperara el deseo de la convivencia.

Es desde allí que actuamos, allí construimos nuestros espacios para el
entendimiento desde el conocer y el sentir lo que somos; desde allí
interactuamos. Reconocernos en la capacidad de escuchar en una
respetuosa interacción como ser humano con otros seres humanos, y
entender que en esas interacciones se dan condiciones en las que se
puede actuar con distintas modalidades de procederes que van a
depender de cómo se entienda que:

No hay una construcción exclusiva de la realidad que conduzca a la
verdad única e inmutable, aceptemos que el Otro es legítimo en la
diferencia porque su verdad también es construida desde la aceptación
de teorías y argumentos previos , por lo que toda teoría que usamos
para justificar lo que hacemos, los propósitos que asumimos o las
intenciones que declaramos definen nuestro hacer, y las aceptamos
desde premisas fundamentales de manera apriorísticas en nuestro
emocionar, vale decir, de manera no racional sino estamos atentos a
su evocación, para lo cual una escucha educada y un interrogarse de
modo reflexivo es el camino que puede conducir a una expansión del
conocer, como requisito para entendernos.

Que cada uno de nosotros traemos de la mano el mundo que construimos,
y por ello existimos en el lenguaje que en su dinámica recursiva nos
permite coordinaciones de coordinaciones conductas consensuales en el
lenguajear, de modo tal, que alcancemos la posibilidad de llegar a
acuerdos y de producir, solo si queremos, cambios de conductas dado
que asi valoramos la inteligencia no como una recopilación de datos
para enfrentar al Otro, sino por la plasticidad conductual exhibida en
el espacio cambiante donde actuamos .
Que, la base de toda diferencia tiene fundamentos culturales, está en
la forma y manera de percibir la realidad y de relacionarnos , en el
operar en dominios disjuntos que imposibilitan el entendimiento y en
la condición que implica el cambiar la cultura solo cuando nos
propongamos cambiar el entendimiento desde la construcción de redes
conversacionales distintas que permitan ampliarla mirada al dar cuenta
de lo que conservamos cuando cambiamos, y por tanto, aceptemos como
fundamental de cualquier sistema de pensamiento teórico o formal, el
ámbito sensorial-operacional-relacional reflexivo del vivir-convivir
propio y del Otro desde donde, como hemos dicho ya, provienen las
premisas básicas que definen su hacer y que hacen muy particular a
cada uno de nosotros, a cada uno de los dialogantes y que solo en un
conversar respetuoso y legitimo podemos acercarnos.

Que todos somos seres amorosos como aspecto constitutivo de lo
humano, y por tanto disponible para vivir en el amor lo que implica
reconocer y valorar al Otro, también en su condición humana de ser.
Que la otra o el otro como seres humanos universales, en lo
particular es una legítima persona en sus demandas, emociones,
temores, deseos, gustos y preferencias, que definen o explican el
razonar y generan las conductas con las que actuamos.

Que frente al presente cambiante continuo podemos siempre preguntarnos
qué queremos conservar en el cambio, como visualizamos las posibles
consecuencias de las teorías si las coherencias
operacionales-relacionales de su ocurrir se conservan y que tan
dispuestos estamos a revisar las premisas fundamentales con las que
construimos nuestros argumentos, en este caso del dialogo que
adelantan ustedes y que la inmensa mayoría de los venezolanos
saludamos y deseamos que lo lleven a feliz término, que este proceso
cuenta con espacios institucionales que sirven de marco para la
legitimación de los consensos para el entendimiento del vivir y
con-vivir generando un continuo de transformación en la convivencia,
convertido en aprendizaje en coincidencia o en oposición a su vivir.

Que la pregunta reflexiva por el hacer nuestro y del Otro nos conduce
a entender el vivir desde el desapego sobre lo que vivimos como
trascendente y por una mayor comprensión del espacio donde se convive,
que el sentido de urgencia tensiona las relaciones hacia expectativas
y exigencias, desconociendo los procesos y cegando el presente
pudiendo impedir el reconocernos desde la emoción en la que operamos,
dado que uno nunca no está en un sentir o en una emoción con la cual
pautamos nuestras relaciones que son, estas relaciones, fundamentos
para un sano convivir o fuentes de los problemas que enfrentamos y
que en este caso nos compromete a todos. Escoger la dinámica de la
plena convivencia o la dinámica del agravamiento de los problemas es
la opción sobre el modo de relacionarnos que decidamos.

Que debemos tener claridad que se es responsable de lo que decimos
en el momento cuando lo expresamos, no de lo que el Otro escucha, y
eso puede hacer la diferencia entre las expectativas y los resultados
deseados; y si estamos atentos a ello podemos asegurarnos hacer las
distinciones que permitan que el dialogo que transitan tenga sentido.
Y es que, al decir del Profesor Humberto Maturana, “después que se
sabe lo que se sabe que se sabe, es imposible permanecer
indiferente.”

munozromar@gmail.com


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