Oro y hambre en Venezuela: un referendo por la bio-sociodiversidad

"La edad de oro retorna a los hombres cuando, aunque sólo sea momentáneamente, se olvidan del oro"

(Gilbert Keith Chesterton)

Desde tiempos de la conquista hasta nuestros días, la percepción sobre el territorio venezolano ha estado marcada por dos visiones encontradas, ambivalentes y paradójicas: la visión de una "tierra de gracia" conformada por paisajes paradisiacos y de abundantes recursos naturales, que a veces se vuelve agreste y generador de enfermedades y pestilencias y, socialmente, conformada por gente alegre e indómita, cuyos deseos de superación se expresa en el trabajo (para algunos el trabajo sin esfuerzo).

Aunque estas visiones puedan ser consideradas simplistas y estereotipadas, realmente esconden prácticas y discursos que se reproducen en el imaginario de muchos actores políticos y también de amplios sectores de la sociedad, como aquella persistente confrontación de las leyendas: la leyenda negra y la leyenda de "El Dorado", ésta última operaba como símbolo y premisa de la riqueza fácil.

Oro, diamantes y piedras preciosas constituían y (aún constituyen) el fin último que movía a muchos expedicionarios, viajeros, empresarios y mineros en su codicia y en su falsa felicidad. La composición y el brillo del oro, no sólo era visto como capital, sino que remarcaba una condición de prestigio social para aquellos que lo poseían. A partir de su búsqueda surgió la primera globalización que impulsó a las empresas pre-capitalistas (mercantilistas) en la ocupación de vastos territorios cuyas riquezas minerales eran extraídas sin contemplación a la madre tierra. Y hoy derivada en empresa transnacional cumple con los mismos propósitos. Amparadas por acuerdos entre sectores poderosos, estas empresas que operaban en Guayana desde el siglo XIX, se erigieron como explotadoras de mano de obra de diverso componente étnico-cultural, particularmente de los pobladores indígenas.

La imagen que los pueblos indígenas tuvieron del europeo del pasado, corresponde en la actualidad a la imagen referente a algunos "criollos", que empecinados en una búsqueda mercantilista en los hábitats-tierras indígenas, introducen cambios culturales en sus modos de vida. La posesión de bienes que eran destinados en el intercambio de mercancías transforma a la naturaleza y a todos sus seres en objeto de explotación y le confiere un signo de uso. Esto responde a una lógica de dominación no superada y a una mentalidad depredadora.

Las consecuencias de ello, se constata en los visibles estragos de la actividad minera aurífera que se ha instaurado en Guayana, ya sea por las empresas transnacionales, nacionales y pequeña minería, provocando efectos perjudiciales para la bio-sociodiversidad, así como la permanencia de conflictos sociales entre diferentes actores. Enumero algunos y aclaro algunos puntos:

  1. El denominado "Arco Minero" situado espacialmente en Guayana-Oriente y parte de los llanos centrales de Venezuela NO escapa a la política de planificación ambiental y ordenación del territorio, la cual exige estudios de impacto ambiental, por los efectos que sobre el ambiente y las sociedades genera. La actividad minera, en el marco de la integralidad de los planes de ordenamiento, debe contemplar como referente fundamental la protección de todos las cuencas hidrográficas, como el Caroní (en dónde se encuentra la represa del Gurí, generadora de energía eléctrica), Cuyuni (Reserva Forestal de Imataca), Caura (éste es una de las pocas reservas forestales prístinas en el mundo) y el río Orinoco. Es decir, todo convenio, proyecto o tratado que afecte los recursos naturales, debe respetar todas las leyes que rigen la materia y, particularmente, debe contener los principios de un "ecodesarrollo" (sustentable y sostenible) hoy expresado por los pueblos indígenas como el "buen vivir" con sus respectivos "planes de vida".

El oro del presente es la miseria del futuro. Ningún espacio en dónde se han instalado las empresas mineras, así como la operatividad de la pequeña minería (similar a las hordas) ha impulsado esta noción de "buen vivir". Al contrario, si se recorren los centros poblados que se originaron alrededor de la actividad minera, se observan aspectos caóticos de planificación urbana y un incremento de la violencia-inseguridad, especulación y precariedad de los servicios, incluyendo los servicios en la prestación de salud (presencia de malaria, accidentes, entre otros).

  1. No existe la "minería ecológica", eso es un invento discursivo macabro y criminal de las mentes capitalistas y la denominada "minería sustentable" se refiere al tratamiento de los desperdicios dejados por la actividad. Bajo el enfoque del "Capitalismo Verde" se esconde una estrategia de poder de las empresas por el control de los recursos a través de los "servicios ambientales". Por lo tanto, se trata de imponer y catapultar con estudios de poca rigurosidad científica (quizás pagadas por las mismas empresas) la cuestionada actividad extractivista-mercantilista con "servicios", ofreciendo al público espejitos por oro. La ecología es conocimiento subversivo que implica la valoración de la vida y, por lo tanto, se contradiría en su objetivo primordial que es el estudio de los ciclos de vida en los ecosistemas al asociarla con una actividad depredadora. En cambio, la actividad minera (metálica y no metálica) siempre conlleva una amenaza explícita e implícita sobre la bio-sociodiversidad.

  2. Existen innumerables informes y bibliografía científica sobre los efectos perniciosos de la minería aurífera en la salud humana por el consumo de peces contaminados con mercurio, la contaminación de los cuerpos de agua y la deforestación (ésta última afecta a los pulmones del planeta y sus ciclos) por lo que el "Fenómeno del Niño" aparece incrementado como consecuencia de las actividades antrópicas (aumento de la temperatura, sequía, sedimentos suspendidos en las aguas) y causa graves problemas en la infraestructura hidroeléctrica.

  3. Las concesiones mineras afectan a los territorios de los pueblos indígenas (la mayoría de los pueblos indígenas aún esperan la entrega de sus títulos de demarcación de tierras y hábitats) y se viola el principio de consulta pública (no cooptada por dirigentes partidistas) sino que ésta debe ser legitimada por amplias asambleas comunitarias que son ejercidas plenamente como poder popular constituido y reconocido por la Constitución y por la OIT.

Ante estos hechos, en dónde fulgura "Golden Reserve" (transnacional canadiense que fue expulsada en el 2009 y reaparece por un arbitraje que obliga al gobierno venezolano a pagar) se requiere de una posición contundente, pues parece que en el discurso de los altos funcionarios del gobierno hasta del propio Presidente, las pepitas de oro pesan más que la conciencia y la coherencia revolucionaria a través de sus acciones.

No se puede permitir estos atropellos porque ello compromete la "soberanía nacional" (no es vista como frontera) y viola los principios, valores y garantías democráticas, contradiciendo los principios bioéticos: el derecho a la vida y a existir en la pluralidad de ideas y cosmovisiones. Propongo varias ideas: la unificación de criterios para realizar un referendo por la bio-sociodiversidad y la derogación de la concesión a "Golden Reserve" (pues es la empresa la que nos debería indemnizar, no al revés); formar y capacitar aquellos "cuadros políticos" hacia una ética ambiental (como principio activo de lucha y de reconocimiento de la alteridad humana y de otras especies) e impulsar la agroecología (ya que el gobierno expropió tierras y empresas) éstas deberían funcionar como unidades para la defensa de la vida en el planeta y los "cuadros políticos" deberían ser capaces de apoyar técnica y moralmente hacia la construcción de una verdadera conciencia ciudadana que se comprometa con la paz.

(Antropóloga e Historiadora)

tensmar@yahoo.es



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