Capitalismo vs Socialismo, entre guerras y treguas

La raza humana por naturaleza tiende a la dominación y la guerra, primero por supervivencia y luego por ambición, para Darwin la "selección natural" o "supervivencia de los más aptos" es aquella que preserva la diferencia y variación individual de todo ser vivo, que lo conduce al mejoramiento en sus condiciones de vida y lo orilla a destruir todo lo que lo perjudique (1). Tales preceptos parecieran justificar no solo la variación constante del entorno para adaptarlo a nuestras necesidades, sino que también muestra la inclinación evolutiva de destruir la competencia, esto supone que los seres humanos agotarán los medios por asegurar su propia existencia a costa de la vida de terceros.

En tal sentido, el hombre se sirve de las herramientas más diversas y hace del conocimiento un instrumento para la dominación, empleando parte importante del esfuerzo transformador productivo y experiencia tecnológica en la fabricación de armas de guerra. La historia se encuentra saturada de eventos que ilustran dicha aberración, propia de la miseria humana suscrita al egoísmo y deseos infames por alcanzar posiciones privilegiadas. Destinar recursos para la investigación con fines bélicos es una práctica común en nuestros días, es mayor la cantidad de dinero que se destina a la industria militar, que en salud, educación, vivienda y alimentos.

En el mismo orden de ideas, sumaremos un axioma no menos importante, el cual afirma que quien maneja la información tiene el poder, quedando al descubierto la práctica sistemática de los medios de comunicación, al servicio de pequeños grupos acaudalados, diseminados por todo el mundo, quienes de forma macabra llevan adelante la ingeniería social, persiguiendo perpetuar un sistema económico subyugante y abrasivo de la conciencia, erigiéndose entonces como amos y señores del mundo, mientras el resto de la humanidad es empujada a la servidumbre y miseria, hasta encontrarnos en un gran punto de inflexión histórica, propio del despertar de la conciencia y los deseos renovados de emancipación de los eternos oprimidos.

A partir de ese momento, la ruptura ocasiona grandes sismos sociales, desde simples confrontaciones en el campo de las ideas, hasta choques armados curtidos de injusticia e intolerancia, pareciera entonces que esta constante puja por la dominación no tiene remedio alguno, en efecto estamos frente a una enfermedad incurable donde solo se puede buscar puntos en común para la convivencia y por consiguiente la tregua. Un aspecto significativo relativo a la confrontación en la librada en el campo político, según Marta Harnecker la lucha política puede darse en forma legal y pacífica, a través de un proceso electoral, por ejemplo, o puede darse de forma violenta, a través de una insurrección armada, de guerrillas rurales o urbanas, de una popular prolongada, etc. (2) Por cuanto es irreductible la aparición de algún tipo de confrontación, bien sea a través de la concertación, dialogo y/o negociaciones, o la armada con participación de diversos actores y escenarios.

En consecuencia, las tensiones sociales, así como las confrontaciones bélicas son directamente proporcionales a la distancia entre ricos y pobres, mientras existan poderosos y desposeídos tendremos guerras, expansión, ocupación y conquista, las civilizaciones de manera inexorable serán arrastradas a la aniquilación. Dos grandes modelos representan una parte importante de la realidad que vivimos, Socialismo y Capitalismo. Para que estos sectores mantengan un equilibrio relativo se necesita voluntad política, dichas treguas solo se logran por espacios de tiempo reducidos, pero al final del camino, el choque de estos modelos políticos, filosóficos y de pensamiento es inevitable, trayendo consigo hambre, destrucción y muerte.

Cada día, las armas creadas para la guerra son más efectivas, su poder de destrucción es aterrador, las grandes potencias poseen la posibilidad de aniquilar a quienes representen amenaza para sus intereses, en nombre de la libertad, han borrado ciudades enteras de la faz de la tierra y estimulan la desaparición sistemática de poblaciones disidentes. El sistema capitalista practica la explotación del hombre por el hombre y no puede sobrevivir en ausencia de los pobres, explotados y serviles, en cambio el socialismo tiene por objeto la justicia e igualdad social, teniendo la posibilidad de existir en una estructura ausente de elites esclavistas, donde las riquezas se distribuyan de forma coherente, mientras prevalecen las oportunidades de progreso para todos. La raza humana presenciará la desaparición de este modelo excluyente, de lo contrario estaría condenada a la extinción, no siempre podrán coexistir entre guerras y treguas, aunque nos disfracemos con ropajes de tregua para invitar al dialogo y negociación, entendamos que solo se trata de un reajuste, incluso las retiradas estratégicas forman parte del proceso dinámico de la guerra. El espíritu no conoce fronteras ni permite ataduras de ninguna especie, la naturaleza humana también ama la libertad, es preferible morir en una batalla que vivir en esclavitud.

Referencias

1 Darwin, Charles, El origen de las especies. La selección natural o la supervivencia de los más aptos (trad. del inglés por Santiago A. Ferrari), Diana, México, 1953, pp. 89-137.

2 Marta Harnecker, Clases sociales y lucha de clases, Las formas de la lucha de clases. Akal Editor, España, 1979, p. 25

Profesor universitario Wilman Bernal (Lcdo. Administración, organización y sistemas)

 

wilmansanz@gmail.com



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Wilman Bernal

Lcdo. Administración, organización y sistemas. Profesor universitario

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