Pasado, presente y futuro

Y siguen las colas

No cabe duda de que el actual fenómeno de las colas es producto de un plan golpista por parte del sector burgués en contra del Proyecto Bolivariano.

Esto no es un plan nuevo, por el contrario, es un viejo formato aplicado incluso en otras latitudes del planeta, solo que como cualquier fenómeno social se adapta a las nuevas condiciones del momento.

En Venezuela, y precisamente en estos últimos años este plan se ha recrudecido, siendo el único afectado el pueblo noble, porque los sectores de alta burguesía por ser los causantes, y los altos dirigentes políticos y militares del Gobierno Bolivariano por hallarse económicamente acomodados, resultan ilesos de tan sucia política.

No obstante, todo parece indicar que los responsables de resolver tan asfixiante problema no le encuentran solución. Es más, el concepto "guerra económica" parece haber desaparecido de los discursos del Gobierno. Ahora se habla de otros temas sin que este aún esté resuelto.

Yo soy de los que piensa que aún estamos en guerra económica, y que ese fenómeno de las colas es su expresión más directa.

Pero también soy de los que piensa que el impacto que la misma ha causado sobre nosotros los pobres es gracias a la ineficiencia de algunos dirigentes políticos, ministros y directores o gerentes de instituciones públicas, los cuales, a pesar de todo el esfuerzo realizado por el comandante Hugo Chávez, no lograron consolidar un robusto modelo económico productivo cónsono con la lógica de nuestro socialismo bolivariano del siglo XXI.

Sus voraces apetitos por enriquecerse con el erario público han hecho quebrar un sinnúmero de empresas estratégicas garantes de llevarle la comida a la mesa al pueblo venezolano, traicionando con estos actos el principio bolivariano y por consiguiente la esperanza del pueblo.

El presidente Nicolás Maduro, en su momento, intentó resolver el problema del "desabastecimiento por falta de producción" sentándose con la burguesía, acordando con ellos la aprobación de miles de millones de dólares para que esta reactivara su producción. No obstante, tal producción parece haberse evaporado y en consecuencia el pueblo aún sigue haciendo larguísimas colas por tratar de comprar comida, cosa que en lo personal me duele en el alma y me llena de indignación.

Creo que la solución está en dejar de ser cómplices con todos aquellos que le niegan la comida al pueblo, y paralelamente en apoyar económica y financieramente a las Comunas productivas, porque le duela a quien le duela, "¡solo el pueblo salva al pueblo!".



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Héctor Abache

Escritor. Trabajador socio-comunitario.

 hectorabache@gmail.com

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