La moralidad en la revolución bolivariana

En algún comentario que le escuchamos a alguna persona percibimos como la matriz de opinión sobre los comentarios referidos a la moralidad actual en los componentes sociales adscritos a la Revolución Bolivariana se habían instalado en la siquis del grupo social donde compartíamos las típicas conversas cotidianas que transcurren actualmente en la "Sultana". Esas opiniones aunque las hemos denominado como "moralidad", en los diálogos referidos en sus desarrollos nos parecían más cercanas a la "inmoralidad" y a la "amoralidad".

Expresábamos que considerábamos que era "la matriz de opinión" que se había venido desarrollando desde, prácticamente, el mismo momento del triunfo de la Revolución en aquel ya lejano diciembre cuando fuera declarado vencedor, Hugo Rafael Chávez Frías. Un desarrollo paulatino pero constante que ha abarcado diferentes señalamientos considerando que se han profundizado desde el mismo momento del triunfo electoral del Presidente Nicolás Maduro Moros; es decir, que no importaría quién es el Presidente en ejercicio de la revolución sino la revolución es el principio y fin de la contrarrevolución.

¿Cuáles serían las supuestas y/o reales causas para que esa matriz de opinión se haya establecido en permanencia en el seno de la sociedad caraqueña? En alguna oportunidad un buen amigo se mostró muy preocupado en su opinión sobre cómo habían cambiado, radicalmente, los componentes sociales cuando los comparaba con sus tiempos en revolución. Debo aclarar que mi amigo es uno de los que me he permitido conceptualizar gracias a mis estudios históricos como "revolucionario tardío", es decir, de la década de los años 70 del siglo próximo pasado. Como lo observábamos algo "depre" no nos atrevimos a exponerle la moralidad que sustentaba la mística de aquellos estudiantes de ingeniería y de matemáticas de la UCV que aún en los finales de la década de los años 60 estaban, militantemente, comprometidos con "el concepto Revolución" que se expresaba como continuación objetiva de la moralidad y la mística de los "revolucionarios primarios", es decir, de aquellos, estudiantes y pueblo de los barrios caraqueños que alcanzaron niveles de sacrificio personal para proteger la vida de los camaradas. Algo, definitivamente, ha cambiado real y objetivamente en la política venezolana. Ello nos recuerda, también, una conversa por aquellos aires norteños europeos cuando alguien nos comentaba sobre el "nuevo proceso revolucionario" de participación en los paradigmas establecidos por la Constitución vigente de "Democracia Representativa".

En ese marco de ideas, leyendo el libro: "Los cuatro libros del Emperador Amarillo", traducido por Iñaki Preciado Idoeta, (Pliegos de Oriente. Serie Lejano Oriente. Trotta. Madrid, 2010, pp. 177), nos topamos con el capítulo titulado: "Las leyes permanentes" (Idem, pp. 75-112) cual nos llamó la atención en algunas consideraciones sobre el Poder según lo expone en forma introductoria el traductor: "…El Emperador Amarillo es uno de los personajes míticos más importantes de la cultura china…Los cuatro libros del Emperador Amarillo son los textos fundamentales de una teoría política que permitió consolidar el primer gran imperio chino…de la dinastía Han…" (Idem). Es de toda lógica que no es extrapolable aquella tradición con las realidades históricas conocidas, vividas y vivientes actualmente en el proceso revolucionario venezolano pero, en considerándolo como teoría política, es decir, en función del Poder y su permanencia, las ideas traspasadas por Iñaki Preciado permiten y obligan a la lógica en dialéctica de la reflexión tan cual lo expresara en su libro Tirso Pinto ya referido en anterioridad.

Somos más claros; así como es imposible traspasar el ideario que permitió el proceso revolucionario que se diera en la Revolución Bolchevique como, de ninguna manera, copiar la NEP ("Nueva Política Económica". E.H. Carr. El socialismo en un solo país, 1924-1926. Alianza Editorial. Madrid, 1975, pp. 493) siempre es importante la lectura para la reflexión tal cual permanentemente lo hiciera y mencionara nuestro Comandante en Jefe, Hugo Rafael Chávez Frías.

En el capítulo en referencia sobre "El Tao y las leyes", el traductor nos expone que "…El Tao engendra las leyes. Las leyes son el criterio para medir lo que se gana y lo que se pierde, y el fundamento para distinguir con claridad lo recto de lo torcido…" (Idem, pág. 77). Es de obligación precisar que el Tao es "todo y nada", es decir, el principio y el fin. Para que los cristianos puedan tener una referencia nos permitimos citar al Apóstol San Juan: "…En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios…". (Evangelio según San Juan) y es desde Dios que nos vienen las leyes naturales cuales serían profundizadas por Jesús de Nazareth. Es decir, las leyes naturales están en perfecta sintonía con el "ser creado" quien se expresa, cotidianamente, como "ser social". Por tanto, existe un diálogo permanente entre el Tao, llamémoslo Dios, entre El y el Otro creado. Ello significa, obligatoriamente, que los comportares de los ciudadanos deben estar en perfecta sintonía con su propia natura en transmisión de conciencia moral.

Es en ese orden de ideas que "…quienes aferran el Tao generan leyes y no osan violarlas; una vez establecidas las leyes, no se atreven a ignorarlas…" (Ibidem). Ello significa que el regidor es regido por su propia conciencia; es, en última instancia, su propio juez siendo por ello que en el denominado como "Juicio Final" se establecerá un diálogo directo y personal entre el Creador y el individuo juzgado. Pero ello no implica que debamos esperar al "Juicio Final" para que el acto bien sea inmoral, bien amoral, no sea juzgado por la sociedad cuando las leyes no son aplicadas con las severidades contenidas en sus contenidos.

Es evidente que la moralidad se juzga por los actos y es por ello que en el texto se expone que "…en la vida lo más dañino son los deseos, el no sentirse nunca satisfecho. En la vida es menester trabajar, y lo más dañino en el trabajo es no respetar los tiempos…[es] contravenir las normas, no mantener un justo equilibrio, ignorar el fin que con ellas se persigue. Cuando se llevan a cabo las diversas actividades, es menester usar de la palabra, y en su uso lo más dañino es faltar a lo prometido, no respetar a los demás, engañarse a sí mismo, exagerar los hechos, decir que sobra cuando es que falta…" (Idem).

Es demostrable que los actos significan al Otro lo que permite a la sabiduría popular juzgar con referencia a su conciencia natural y es de allí que viene ese popular dicho que reza: "…los pueblos son sabios, no se engañan…". Algún Presidente de la Cuarta República expresó en alguna ocasión cuando se refería a las votaciones que "…el pueblo nunca se equivoca…". (Rafael Caldera Rodríguez dixit).

Es por ello que en China cuando un emperador no conjugaba su moralidad con las leyes, perdía los favores del Cielo, se producían alteraciones sociales y eran derrocados por la vía de las armas. Curiosamente, las rebeliones en China siempre salieron del campesinado y/o bien fueron consecuencia de violaciones territoriales de extranjeros como, por ejemplo, los mongoles, los manchúes, los británicos, los franceses, los estadounidenses, por mención.

En ese orden, en el capítulo: "El Orden del Estado" (Idem, pp. 82-85) se expone que "…si un Estado pierde el orden legal, el caos se apoderará de todo el país…sí se conquista un Estado sin cumplir cabalmente con el principio del Cielo, el conquistado, ahora débil, hallará en el futuro la ocasión de prosperar de nuevo. Sí las campañas militares y las prohibiciones no son justas, se obtendrá un resultado, contrario al deseado, de propias desgracias y males…" (Idem). Es evidente que se expone una objetiva correlación entre el párrafo precedente y las tesis expuestas por Sun Xu en su texto: "El Arte de la Guerra" (Sun Tzu on the Art of War. The oldest military treatise in the world. Traducción de Lionel Giles. Taibei, Taiwan, pp. 205). Nos permitimos sugerir la lectura de la traducción de Albert Ganvany titulado: "El arte de la guerra." (Sun Zi. Trotta. Pliegos de Oriente. Serie Lejano Oriente. Madrid, 2006, pp. 236). Es posiblemente la mejor traducción directa y explicada del texto. En inglés está la traducción contemporánea de R.L. Wing. "The Art of Strategy". (A Dolphin Book. New York, 1988, pp. 174).

En ese orden discursivo el texto referido al Emperador Amarillo nos comunica que "…por eso el sabio, cuando emprende la conquista de otro Estado, derriba sus murallas, destruye sus campanas y tambores, reparte sus riquezas…[y es por ello que] a los que tienen prisa por triunfar, el Cielo…castigará con desastres…" (Ibidem, pág. 83). Y es por ello que en el capítulo: "De la rectitud del Soberano" (Idem, pp. 85-87) nos señala que "…el Cielo tiene sus tiempos de morir y de nacer, y también el Estado tiene sus políticas de morir y de nacer…" (Ibidem).

Es probable que el equilibrio necesario que se debe mantener entre el Poder y la moralidad sería la base fundamental de la permanencia del Tao.



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Miguel Ángel Del Pozo


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