La Unión Patriótica un espejo para mirarse

Los asesinatos de Danilo Anderson, Jesús Aguilarte y Eliécer Otaiza, revolucionarios con notoriedad pública, acaecidos junto a decenas de militantes campesinos, obreros e indígenas, victimas del sicariato y transcurridos en estos últimos diez años, hablan de métodos y prácticas que vienen de la otra ribera del rio Arauca y que alcanzaron allá su categoría de genocidio y culminó con el exterminio de la Union Patriótica un partido político conocido por sus siglas, UP.

Fue la respuesta destemplada de la oligarquía cachaca, del bipartidismo, del aparato militar y de fuerzas foráneas, ante la movilización y organización de las agrupaciones progresistas y revolucionarias que en distintos campos, como el de la rebelión campesina o la organización política en las ciudades en donde dieron la pelea a las fuerzas reaccionarias y recibieron el apoyo y el sentir del pueblo colombiano.

Esta solidaridad del pueblo neogranadino manifestada en los resultados electorales fue lo que aterró a las clases dominantes y explica entonces la dimensión desmesurada de su brutal respuesta. Simple y llanamente veían en peligro sus intereses. Entre 1986 y 1990 la UP se vio desmantelada y reducida a nada. Fueron eliminados físicamente dos de sus candidatos presidenciales, 13 de sus 14 diputados nacionales, 70 concejales, 11 alcaldes y un estimado de tres mil militantes de base que conocieron la muerte por violencia

A pesar de que el Partido Comunista de Colombia integraba esta agrupación política la línea ideológica de la Union Patriótica estaba enmarcada en un socialismo democrático en nada diferente al que existe en varias naciones europeas y propugnaba un espacio para la gente de izquierda en una sociedad arcaica e intolerante manejada por grupos conservadores y liberales.

En un comienzo los grupos narcotraficantes acólitos de la godarria, iniciaron el asesinato selectivo de los cuadros políticos de la UP y más adelante los ganaderos y finqueros de las zonas más ricas de Colombia como el Urabá, contando con el apoyo del ejercito formaron lo que más tarde se conoció como las AUC o autodefensas armadas de Colombia liderizados por Carlos Cestaño y los grupos armados como los Convivir, tan estrechamente ligados con el señor Uribe. Una de las primeras tareas de los Paracos fue declarar objetivo militar a la UP. Se dedicaron entonces a los asesinatos múltiples de los miembros de esta agrupación de izquierda para obligarlos a renunciar a sus aspiraciones civiles.

Cuando leemos la plataforma o propuesta de la UP a la sociedad colombiana la encontramos casi idéntica a la agenda que mantienen las FARC y los representantes de Santos en las conversaciones de La Habana. Basta mencionar tres puntos, la Reforma Agraria, el modelo económico nacional y el desarrollo armónico de los recursos naturales amen de la integración de Colombia en los bloques de naciones latinoamericanas.

Aunque un grupo de militantes de la izquierda colombiana asumió en 2013 la refundación de la UP, dista mucho de asemejarse a ese vigoroso y arrollador partido de masas que se llamo la Union Popular y que hizo temblar a la oligarquía cachaca.

Vale la pena analizar las causas del auge y caída de este movimiento social colombiano para extraer la experiencia necesaria para el caso venezolano.



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Hector Agüero


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