Sindéresis

Aclara tu rollo, Nolia

Es verdad que Alberto Nolia aparece en altos ámbitos comunicacionales de la revolución apenas en los últimos tres o cuatro años. Uno se acostumbró a verlo incisivo y pulsátil en sus apreciaciones que a veces exageraba.

A ratos caían mal sus expresiones con una obscenidad exagerada y sin ningún rubor se le encimaba a cualquier cristiano exento de un recato que siempre al referirse a una dama, un revolucionario debe mantener. En varias oportunidades calificaba de “mujerzuela” a cualquier banal opositor sin percatarse que ofendía la nobleza de la mujer.

En lo particular de muchos que comparten esta revolución, eso les es desagradable. Aunque a parabién, a ratos lucia también gracioso. Cuando estuvo con Tania deslucía frecuentemente.

Pero Nolia con su particular embrollo pudo ir desvaneciendo esas contrariedades. Lo que si era fácil darse cuenta, fue que impulsaba una crítica altamente sesgada. Hilvanada diría cualquiera, con personalidad insidiosamente direccionada hacia lugares preestablecidos.

Eso lo hizo con su famoso “bobolongo”, que algo menos a lo mejor no merece. A la doctora Ortega Díaz, la enganchó mucho tiempo aunque cualquier televidente veía aquello por lo menos con desagrado. Y últimamente no ve nada bueno entre las acciones anti delincuenciales de la revolución.

Hoy se publica un artículo que denuncia unas andadas de Nolia para nada reconfortantes. Dicen que era un predilecto comunicador entre los adecos. Y Nolia no dice nada. Dicen y desdicen que dirigía aquel impreso de Poleo que llamaron Zeta y que al parecer aun es su colaborador en ámbitos internacionales. Y ni siquiera escribe pizca sobre eso.

Dicen allí que aun, hoy es compinche del traidor Poleo y su hija. Y nada que ha dicho Nolia. Dicen que viaja cual ricachón turista por Europa y Usa. Y nada que explica Nolia.

Es necesario que Nolia aclare esas menciones públicamente hechas si se considera hijo leal de esta revolución. Que haya pertenecido a algún estrato socio político en la vieja concepción del poder político, no importaría si de eso está suficientemente alejado. Pero si Nolia no es capaz de aclarar, como hombre público esos conceptos que de él se han emitido, el declive definitivo de su credibilidad está cercano. Su paso fugaz entonces, por los caminos de una revolución que pudo abrazarle, se convertirían en la sombra que lo hostigaría hasta el último de sus días.


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Neri La Cruz


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