Capitalismo Ecológico: ¿cinismo o ignorancia...?

Consecuentes con nuestra concepción sobre el papel que debemos desempeñar las y los profesores universitarios en la sociedad, reiteramos la necesidad de fomentar y participar activamente en el debate de los temas que la actualidad nos reclama, allende las funciones delimitadas por el enclaustramiento académico desde la universidad medieval. Así pues, sostenemos que la transformación universitaria nace desde adentro de nosotros mismos, desde nuestra conciencia fortalecida por el conocimiento humanista y científico-tecnológico presumiblemente acumulado, que además desarrollamos en nuestros estudiantes y constituye justamente el “por qué” y “para lo cual” desempeñamos este rol en la sociedad.

De esta manera, involucrarnos con la realidad que nos rodea y sumergirnos en la actual dinámica sociopolítica-económica nacional e internacional convirtiéndola en nuestro objeto de estudio, es una gran oportunidad para que profesoras y profesores nos contextualicemos con la transformación universitaria. Este ejercicio nos permitiría no sólo incrementar nuestro acervo cultural personal, sino dar respuestas a nuestros estudiantes, quienes en algunos casos manejan más información real que nosotros mismos. Nos ayudaría esencialmente a contribuir con ideas y puntos de vista en la aclaratoria de conceptos, a divulgar el conocimiento científico, además de tributar para que nuestro escenario político-electoral tome la seriedad que la inteligencia del pueblo venezolano merece, pues el desmontaje de matrices mediáticas que falsean la verdad nos conduciría a cumplir nuestro rol social más allá de las aulas.

Es que justamente el escenario político-electoral venezolano nos ratifica en este momento lo que en ocasiones hemos referido, basados en los planteamientos de Rigoberto Lanz y O. Varsavsky, entre otros, respecto a que las ciencias, la tecnología y la educación no son políticamente neutras ni asépticas, pues evidentemente tienen una orientación e intencionalidad que se corresponde con los intereses y propósitos del sector político o clase social que detenta el poder en un lugar y momento histórico determinados.

Recordemos así que son varios los conocidos academicistas (que no académicos) venezolanos y extranjeros, quienes en los últimos años se han prestado para defender las teorías del mercado capitalista, la tesis del capitalismo popular, la propiedad privada de los medios de producción, y pare de contar… Son las mismas voces engoladas que hoy hablan del “deterioro ambiental y las aguas contaminadas”, arriando las banderas del capitalismo ecológico y el “pensar verde”, usando teorías cientificistas (que no científicas) e intentan confundir a la población, apoyando con el más descarado cinismo politiquero el hundimiento en la ignorancia de algunos ciegos oposicionistas.

Por ello debemos aportar información para desmontar tales matrices y contribuir con las luces del conocimiento a disipar la oscurana de la ignorancia. Así pues, sin pretendernos dueños de la verdad absoluta, por ahora tributaremos al necesario debate esbozando que:

1. Por definición el sistema capitalista se fundamenta en la máxima explotación de los recursos naturales como vía expedita para la maximización de la ganancia, razón por la cual cualquier inversión para reducir los efectos negativos derivados de la actividad económica, ya sea agricultura, minería, industria o los servicios, se considera un “gasto”, en consecuencia preservar el medio ambiente minimizaría las ganancias o pudiese generar pérdidas. Precisamente por eso USA no suscribe ni ha dado cumplimiento al “Protocolo de Kyoto” destinado a reducir la emisión de CO2 y otros cinco gases contaminantes por parte de sus industrias;

2. El concepto temporal del sistema basado en el capital es el “cortoplacismo”, desestimándose las consecuencias dañinas de mediano y largo plazo que causan los agroquímicos usados para incrementar el rendimiento de los cultivos, sin importar que se acelere la degradación del suelo, el agua y aire, o los efectos nocivos sobre la salud humana y otras especies, descalificando los procesos químicos naturales bajo el pretexto de que son “muy lentos”. Por esta razón se impulsó la fatídica revolución verde: para ampliar rápidamente la frontera agrícola y la mercantilización de los alimentos bajo la óptica del agronegocio;

3. En procura de la máxima e inmediata ganancia, el capitalismo debe acudir al uso de tecnologías, procedimientos y sustancias peligrosas para disponer o destruir los desechos derivados de la actividad económica industrial, orientado siempre bajo la premisa de los “resultados rápidos y baratos” aún para el proceso de eliminación de residuos tóxicos, liberando no sólo CO2 y otros gases a la atmosfera, sino además lanzando sustancias químicas al agua o enterrando restos radiactivos resultantes de la industria militar, farmacéutica, minera y metalmecánica, entre otras. Son abundantes los casos mundialmente difundidos sobre buques cargados con material radiactivo, depósitos de desechos tóxicos o vertederos industriales, situados en los llamados países del tercer mundo, incluyendo Venezuela, que han sido utilizados cual patio trasero de los países industrializados del capitalismo dominante.

En función a esto, es necesario comprender que:

a) La sustentación teórica y la base práctica del capitalismo es, por antonomasia, absolutamente ANTI-ECOLÓGICA, por lo tanto más que una contradicción dialéctica es un gran cinismo pretender que un sistema deshumanizado e inmediatista pueda tener algún viso de preocupación real por el futuro colectivo de la humanidad, cuando históricamente sólo se ha ocupado del lucro individualista.

b) Resulta verdaderamente ilógico, además de un claro derroche de ignorancia, afirmar que la contaminación crónica de las fuentes de agua, los suelos y el medioambiente en general puedan producirse de un día para otro, a no ser por accidente involuntario como algún derrame petrolero, fuga de gas entre otros, o que obedezca a una acción criminal premeditada, cuyas consecuencias inmediatas tienen asimismo mecanismos de control en el corto plazo. 

albanozam@hotmail.com

(*) Economista Agrícola.

Profesor de la UPT “Argelia Laya”

“Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o  mediante cualquier otra forma de expresión, y de hacer uso para ello de cualquier  medio de comunicación  y difusión, sin que pueda establecerse censura. Quien haga uso de este derecho asume plena responsabilidad por todo lo expresado…”.

(Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, Artículo 57.)



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Albano A. Zambrano*

Economista Agrícola. Profesor de la UPT ?Argelia Laya?

 albanozam@hotmail.com

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