4 de febrero, de un fracaso militar a un éxito político

Cuando Hugo Chávez irrumpió en la escena política venezolana, a través de un breve mensaje televisivo, solicitando la rendición a sus compañeros de armas y responsabilizándose por la fallida acción militar, quizás,  al momento se comprendió que no había una plena preparación para asumir el impacto que tendría tal acción, sin embargo, aun en medio de la ineficacia de la acción no se perdía de vista el alcance que tendría en el proceso histórico de la nación y, más aun, el calibre de la envergadura y la significación que a futuro tendría el proyecto que él y sus camaradas emprendieron años antes en el difícil trajinar de una empresa clandestina como lo es una conspiración. A posteriori fue reconocido así. Luego de experimentar tal fracaso, las incertidumbres estaban a la orden del día.

Sin embargo, ante el hecho concreto de no haber conseguido los objetivos que se habían planteado, el hoy presidente de la república, lanzó una frase premonitoria que marcó la línea divisoria entre el antes y el después de la ocurrencia de de los hechos. El “por ahora” enunció que, a pesar de la derrota propinada por las fuerzas de del gobierno de Carlos Andrés Pérez, el proyecto seguiría adelante.

A veinte años de dicha acción política y militar y después de 13 años de gobierno revolucionario, tales dudas parecen hoy lejanas en el tiempo, ya disipadas muchas de sus incógnitas, hasta el punto de estar en presencia de la celebración de una fecha de gran peso en la historia nacional. Puede decirse, una fecha histórica, pues si bien al inicio se interpretó como una simple derrota militar, a lo largo de estas dos décadas transcurridas, se ha afirmado como un proyecto políticamente exitoso.

Puede afirmarse, sin ambages, que para fines de los años 80 y comienzo de los 90 del siglo pasado estaban dadas las condiciones para se produjera una situación revolucionaria. El agotamiento del proyecto betancourista, del bipartidismo puntofijista, el cual se encontraba en pleno agotamiento, con una economía desvencijada y desnacionalizada y un sistema político plenamente deslegitimado; una clase política corrompida, con una total entrega al plan neoliberal, a cual se plegó enteramente el segundo gobierno de CAP.

Por ello, si rastreamos los antecedentes del 4F, no podríamos obviar el 27F de 1989, primera gran revuelta mundial contra el sistema neoliberal en el mundo y señal inequívoca del quiebre de un largo período de la historia de Venezuela.

Quiebre que ya había sido percibido por Alfredo Maneiro, quién, deslindándose de la izquierda tradicional, fundó un partido concebido como un movimiento de movimientos, el cual tenía entre sus propuestas un diseño de “cuatro patas” para el accionar revolucionario: movimiento obrero, popular, intelectual y militar. A Maneiro lo sorprendió la muerte en la construcción de tal empresa, pero, dejó sembrada la semilla en el joven Chávez de fines de los setenta y comienzo de los ochenta.

Si bien los propósitos de Maneiro quedaron truncos con el posterior desdibujamiento de la antigua Causa R, las líneas gruesas de su pensamiento fueron cabalmente interpretadas y continuadas por la oficialidad patriótica de las FAN, quienes en alianza con otros sectores, concretaron el desarrollo del plan revolucionario.

La historia no es lineal, ni las pretensiones o proyectos revolucionarios son o se concretan de la manera como los pensamos originalmente, deben ser inéditos para que se precien de tales. Saramago coloca en boca de Ricardo Reis, heterónomo de Pesssoa, la siguiente y muy elocuente máxima: “Las revoluciones no son todas iguales ni quieren todas lo mismo”, diríamos que ocurren en situaciones muy especiales y muchas veces en lugares y momentos inimaginables. Y esto fue lo que ocurrió el 4F de 1992 y en el período de 20 años subsiguiente a tal aldabonazo de la historia patria.

La condición de lo inédito de la revolución bolivariana se expresa de muchas maneras. La oficialidad patriótica de las FAN ha sido su principal fuerza motriz desde la sublevación del 4F, a diferencia de otras que han tenido su acento en la clase obrera, campesina, o alianzas de clases; de igual manera el método de acción política no fue, en sus inicios,  la clásica insurrección popular o guerrillera. Así como también el que haya tenido un viraje hacia los procesos pacíficos y electorales, casi todos exitosos.

Así mismo, el hecho de apoyarse en la construcción de un cuerpo de ideas cimentado en las raíces del pensamiento patrio, Rodríguez, Bolívar y Zamora, abrió el ampo para la captación de una oficialidad que había sido formada en un recalcitrante anti comunismo.

Luego de estas dos décadas, la gran pregunta que debe hacerse la revolución bolivariana  a 20 años del 4F y 13 de gobierno es hacia dónde va. Sobre todo si se tiene en cuenta que 13 años es una edad de adolecente si se quiere una transformación radical de las relaciones humanas. Hemos logrado importantes cambios en lo político, falta por desarrollar a plenitud los sociales y, sobre todo, los culturales.

Hoy vivimos una etapa de transición cuyo propósito fundamental es deslegitimar el capitalismo mediante otra lógica, otra hegemonía, otra cultura, es el gran reto de la revolución bolivariana. Ya definido el carácter anti imperialista y socialista de la revolución según lo señaló Fanon toda lucha antiimperialista, de carácter nacional-popular, es también anticapitalista. (Fanon, 1961)

Desde que en 1998 asumimos posiciones de gobierno y de poder, hemos buscado trastocar los modelos que impedían la liberación de nuestras potencialidades naturales y humanas y sentar las bases para una democratización plena de nuestra vida política y social. Abrir los espacios para que nuestros ciudadanos asumiéramos el protagonismo de nuestra historia.

A 13 años de haber asumido estas responsabilidades hemos decantado el proyecto. Nos preparamos en este momento para un proceso electoral en octubre de este año a fin de, no sólo salir victoriosos, sino, catapultar las reformas necesarias para colocarnos a  la altura de las exigencias del Socialismo en el Siglo XXI.

Colocamos como centro de éstas el protagonismo y la participación de la gente, podemos decir que se orientan en dos vertientes: por una parte, centrar el papel del Estado en la promoción de la propiedad social de los medios de producción, las empresas de producción social, la cogestión y la autogestión y, por la otra, otorgarle a las Comunas y a los Consejos Comunales, obreros, campesinos, aborígenes, estudiantes y organizaciones populares de toda índole, poderes cada vez más democráticos. Es decir, la democratización plena de Venezuela. Esa es la alternativa.

Dice el filósofo Slajov Zizek: “Pero miren al venezolano Chávez.  Dicen que es populista, demagogo, que no hace nada en el plano económico, que acabará mal. Quizás sea cierto… Pero es el único que ha incluido a los pobres de los barrios en un proceso político.  Es por eso que lo apoyo.  Cuando critican su tentación dictatorial, hablan como si antes de él hubiera existido una democracia equilibrada.  Pero él ha sido el único vector de la movilización popular. El piensa que  para defenderla, tiene derecho a utilizar el aparato estatal”. (Diario Liberación, febrero 2008)

Para entender mejor tal implicación debemos hacer unas referencias previas, de carácter histórico, en relación al impacto del movimiento revolucionario en el proceso político de la Venezuela contemporánea. Sin duda el discurso político que más  ha marcado en profundidad el alma nacional, desde la época de Simón Bolívar, ha sido el de Hugo Chávez, desde el cuatro de Febrero de 1992, cuando, el ahora Presidente incorporó, en una convocatoria sin precedentes en la historia nacional, a los excluidos de siempre en el protagonismo de su quehacer histórico. Se han visibilizado según nos refiere Gustavo Pereira.    

 ¿Por qué  el discurso de Chávez ha calado tan hondo en el pueblo venezolano, ha trascendido nuestras fronteras y hoy es  tan significativo para los pueblos de América Latina y del mundo? ¿Por qué Venezuela se ha convertido en una referencia obligada al plantearse los procesos de cambio en Nuestra América?

Creemos que parte de las respuestas  a tales cuestiones son las que pueden ayudar a explicar el impacto histórico del 4F.  Entre las razones que podemos mencionar podemos enumerar las siguientes:

Venezuela ha venido señalando un camino de lucha por la democracia y la liberación de los pueblos, dándole continuidad al pensamiento independentista y soberano de Simón Bolívar.     Chávez ha demostrado que si es posible, apoyándose en la fuerza del pueblo, y con éste asumiendo un papel protagónico, intentar construir una sociedad alternativa,  de contenido profundamente democrático, distinta al capitalismo voraz y salvaje.

De igual manera ha demostrado que el pensamiento antiimperialista de Simón Bolívar está  vivo. Utilizando estas herramientas ha enseñado que la “hoja de ruta” de la liberación pasa por enfrentar a las fuerzas de dominación, de cualquier signo, que opriman nuestras patrias y, al mismo tiempo, enfrentar a las oligarquías locales que le hacen el juego al colonialismo foráneo.

En Venezuela hemos logrado unificar, en un gran movimiento de sujetos sociales, a los trabajadores, formales e informales, los campesinos, los aborígenes, las comunidades, las Fuerzas Armadas Nacionales, los intelectuales, las corrientes religiosas, a las mujeres y a los jóvenes, constituido en un vasto instrumento liberador. Un movimiento nacional-popular.

Se ha venido impulsando y construyendo, apoyado en estos movimientos, un modelo propio, endógeno, como lo es la revolución bolivariana, el cual ha sido consagrado mediante un poder constituyente (1999) que sancionó la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la cual establece los principios de la democracia participativa y protagónica como rectores del ejercicio democrático.

Simultáneamente hemos definido una estrategia para constituir un espacio de poder autónomo en América Latina. Se trata de la ALBA, proyecto que comenzó sólo con Venezuela y Cuba y que ahora ya suma a Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Planteando mecanismos de integración entre los pueblos y Estados de América Latina  sobre la base de los principios de la integración solidaria, la cooperación, la complementariedad y la equidad. También asistimos a la constitución de UNASUR, mecanismo sur americano de consultas políticas, de gran importancia a la hora de las decisiones regionales.

Recientemente se fundó  la CELAC, el cual agrupa a todos los países de la región, incluido el Caribe. Una fundación a tono con la celebración bicentenaria de las independencias.

Sin embargo, los avances de la revolución no han estado libres de obstáculos y enemigos. Las fuerzas del oscurantismo y  sus aliados de la oligarquía criolla han tratado en varias oportunidades de derrocar al gobierno de Venezuela y detener los avances del proceso. Han recurrido al golpe de Estado como ocurrió en abril de 2002; igualmente, otro intento entre diciembre y enero de 2002-2003, cuando ejecutaron  un golpe petrolero, paralizando PDVSA, la principal empresa nacional, y, finalmente, accionaron el mecanismo del referéndum revocatorio en agosto del 2004. Donde Chávez les dio una paliza electoral.

El  tres de diciembre de 2006 el pueblo venezolano re-legitimó al presidente Chávez, con más del 60% de los votos, lo cual le confirió el piso político suficiente para  emprender la fase socialista de la revolución. Durante el proceso electoral Chávez habló claro e identificó al imperialismo americano del norte como el enemigo principal del proceso venezolano, pero, además, habló directamente al pueblo, señalando que la única alternativa que tenemos en Venezuela y, casi se puede decir, en América Latina es el socialismo del siglo XXI como modelo de sociedad a construir. Esto hay que recalcarlo, el socialismo es la única alternativa, no hay otra vía posible. Por supuesto, ajustado a las particularidades de los pueblos y las naciones americanas.

Luego de la derrota del 2 de diciembre de 2007, cuando se presentó la propuesta de reforma constitucional, el siguiente escenario político fue el de las elecciones regionales y municipales del 23N de 2008, con los resultados favorables al proceso bolivariano que ya conocemos, los cuales abrieron el camino para la aprobación de la enmienda constitucional que permite al presidente  postularse de manera inmediata y continua a los procesos electorales por venir.

Lo otro tiene que ver con la gestión de gobierno, es decir, la calidad de ella. Si el propio Presidente reclama persistentemente a sus funcionarios, tanto el marcado burocratismo como la ineficacia en el cumplimiento de los objetivos, ello debe ser motivo de gran preocupación entre todos aquellos quienes apostamos al futuro y a la consolidación de la revolución. En el año 2004 se hizo un taller de alto nivel para producir las ideas y objetivos del salto adelante; está uno pendiente, por efectuarse, éste es uno de los escenarios para una evaluación, ampliación y corrección de políticas públicas. Escenario apropiado para la elaboración de criterios políticos refinados como lo hemos subrayado en otros escritos. Por razones de espacio no podemos analizar con detalle este tema, sólo queremos decir que, en materia de agenda política, la evaluación de la calidad de gestión del gobierno es primera prioridad. Honraremos con ello la herencia política de Maneiro.

En relación  a ello queremos hacer referencia al  documento: Ante la situación nacional y el desconcierto de la izquierda, de factura maneirista en 1974, sólo queremos acotar lo siguiente. Si en aquella oportunidad Maneiro retrató al país, resaltó su condición petrolera y, sobre todo, vaticinó la debacle económica, política y moral de la república como consecuencia de la bonanza petrolera, alertándonos acerca del espejismo que representaba la riqueza fácil, y, en especial a los revolucionarios acerca de la difícil circunstancia para emprender el camino de la revolución, hoy, más que nunca está vigente este alerta. Por una doble razón. En primer término, porque estamos en una posición de gobierno, en una circunstancia donde se está repitiendo una coyuntura de gruesos excedentes petroleros y, si bien es cierto que se ha reiterado que ellos serán utilizados como palancas para la transformación social, también lo es el que los peligros del envilecimiento del proceso están al acecho, vale aquí el “ojo pelao”, tan mencionado por el presidente. La superación del rentismo petrolero luce como un gran objetivo a superar.

En relación a lo político y organizativo, creo que estamos en una situación donde debemos valorar lo que tenemos, como gran saldo político-organizativo del pueblo y del liderazgo del presidente, para retomar como primera gran tarea el diseño y la construcción de una organización que, no sólo aglutine a los revolucionarios, sino que permita lo que en otra oportunidad el propio Maneiro llamó un “movimiento de movimientos”, más allá de la circunstancia electoral, ampliamente participativo y democrático, pero a la vez con criterios de calidad y eficacia política que sólo los dará la claridad de objetivos y la selección de los liderazgos como resultado de un proceso.

Si bien esto puede durar años, comenzar desde ya, con la fuerza y el empuje que reclaman los tiempos, podríamos avanzar rápidamente. En tiempos de Maneiro tal empresa se concibió sin tener posiciones de gobierno. Ahora, con las posiciones de gobierno y de poder alcanzadas, la tarea luce obligante.

La prefiguración de un nuevo Estado, ampliamente democrático, participativo y protagónico, está en relación directa con la herramienta de dirección a construir, pero, a la vez, con la calidad y la eficacia de la gestión gubernamental.

Así, podemos concluir que si bien el “imperio” ha golpeado y que, además, se cometieron serios errores, es ahora cuando, en el marco de las reflexiones necesarias, puede ser posible el afinamiento de las herramientas político-organizativas que nos acerquen a la consolidación de lo ya logrado y la profundización de lo soñado. Ello requerirá de una gran disciplina y un talante democrático a toda prueba.

wladimiruiz_t@hotmail.com



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Wladimir Ruiz Tirado


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