La satanización de América Latina por los grandes medios europeos

La gran prensa europea (y particularmente la española y la británica) se encuentra emprendiendo desde hace algunas semanas, una sagaz y creciente campaña de satanización de los líderes y de las políticas promovidas desde los movimientos sociales progresistas latinoamericanos.

Esta nueva avanzada de desprestigio se hace particularmente visible en el ensañado ataque contra los líderes sudamericanos Fidel Castro, Evo Morales, Hugo Chávez y Ollanta Humala.

Una matriz de opinión que se intenta remachar es que, particularmente a partir de la victoria de Chávez en Venezuela, América Latina ha sido objeto de una premeditada y siniestra campaña de desestabilización contraria a los intereses de todo Occidente, incluyendo, desde luego los mismos intereses nacionales que los lideres presuntamente arguyen defender.

La explicación a este fenómeno, según estos medios y voceros, se explica en que EEUU (y ahora también la UE) han estado involuntariamente forzados a descuidar su “atención” hacia otros aspectos más espinosos de geopolítica planetaria (Irak, Irán, Corea del Norte, Haití, Palestina, Sudan, etc), resultando tal descuido en una suerte de insubordinación del patio trasero de EEUU y, ahora también, del de una de las principales fuentes de negocio energético de las multinacionales promovidas por y desde la Unión Europea.

Se alega así que esta “desatención” estaría desencadenando un efecto dominó de desestabilización general de todo el sub-continente. La corrida habría comenzado con la elección de Chávez en 1998. Fenómeno éste que se estaría artificialmente soportando en una ágil agenda promovida desde Caracas que estaría sembrando con éxito una epidemia de activismos de izquierda, primordialmente soportados en la imprevista bonanza petrolífera venezolana.


El nuevo “thriller” protagonizado por un siniestro líder latinoamericano


“Hollywood no es un lugar, es un estado mental”, perspicazmente reputaba hace años Wilson Mizner, una de las figuras a mi modo de ver más representativas de la floreciente industria cinematográfica estadounidense de las décadas del cuarenta y cincuenta.

El caso es que el redituable objeto fóbico que Hollywood desde hace ya décadas imagina y comercializa en filmes del género catástrofe aparece ahora estar queriéndose aplicar a la realidad misma del legitimo resurgimiento del fervor nacionalista y de corte anticolonial latinoamericano.

Y así como en estos filmes catastróficos se pone en pantalla una tranquila y pacifica población que aparece súbita y caprichosamente trastornada por un funesto fenómeno, así mismo se está queriendo hacer ver a los lectores europeos de diarios y noticieros que América Latina se va constituyendo “ante nuestros propios ojos” cada vez más manifiestamente como un potencial reservorio de peligros para la seguridad energética (y personal) de todo Occidente.

Así, atreverse a ejercitar la soberanía sobre nuestros recursos (naturales, tecnológicos y humanos) va —por vía de este encantamiento pseudos-hollywodiense ahora trasplantado a los medios informativos impreso y televisual— atreverse a esto va representándose, cada vez más no tanto como gesto desafiante al poderío tecno-científico-económico-militar, sino como empeño malévolo de trastornar la armoniosa paz del primer mundo.

Ya es patente cómo la gran prensa europea principia así a calcar buena parte de las estratagemas de representación que habilidosamente utiliza la gran prensa estadounidense para sindicar a los legítimos movimientos en pro de la recuperación de la soberanía de recursos y de la insurgencia nacionalista sudamericana con cofradías terroristas y demás estados forajidos recalcitrantemente rotulados como ejes del mal.

Pero veamos un ejemplo de esto. David Usboirne, articulista del diario The Independent, en su artículo titulado “La gran pregunta: Deberíamos nosotros estar preocupados por el incremento de la izquierda populista en Sur América?” el autor suministra un buen ejemplo de esta tendencia.

Escribe Usborne:

“El patrón es real y tal vez se pueda comprender a partir del ascenso al poder de Hugo Chávez en Venezuela, ocho años atrás, tomando al Fidel Castro como su mentor. Chávez ha hecho un deporte el mancillar a los EEUU por vía de (atacar a) su presidente George Bush, ha flirteado con la posibilidad de cooperar con Irán y Argentina para el desarrollo de tecnología nuclear, y se ha movido ágilmente para tomar control de sobre la inmensa industria de petróleo venezolana. Una vez electo presidente este anos en Bolivia, el Presidente Evo Morales prometió transformarse en “la pesadilla de Washington”. Siguiendo el modelo de Chávez, esta semana él decidid nacionalizar la industria de gas natural de Bolivia y desplegó las fuerzas militares para resguardarlas. Ecuador esta tomando igual camino con respecto a sus fuentes de energía”.

“Las elecciones del próximo mes en Perú pudieran llevar a la victoria a otro ferviente izquierdista, Ollanta Humala, quien ha prometido un gobierno que reasuma las fuentes energéticas. Esto podría no parar aquí. México esta en medio de una campana presidencial, y las encuestas muestran que Andrés Manuel López Obrador (…) está a punto de de ganar. El mapa geopolítico del continente pudiera entonces pintarse enteramente hacia la izquierda, cono apenas Colombia y Centro América resistiendo.”

Usborne termina concluyendo que EEUU y la Unión Europea si bien no pueden detener esta tendencia hacia la izquierda en América Latina, deberían unirse para demostrar una mayor disposición para apoyar a los gobiernos latinoamericanos que sean izquierdistas en sus raíces pero no populistas en sus políticas.

Esto es, para Usborne es comprensible y por tanto está bien que América Latina tenga líderes y gobiernos retóricamente izquierdistas. Eso sí, siempre y cuando no se anden manoseando innecesariamente los fructuosos intereses de EEUU o de la Unión Europea en la región.

Pero mientras “articulistas moderados” como Usborne burguesmente concluyen que hay que “apoyar a la resistencia”, otros articulistas están a cargo de la agenda dura de sindicar a la izquierda latinoamericana con el fantasma sin cara del terrorismo internacional y con los malhechores que “quieren hacerse de poder nuclear para librar una cruenta guerra contra Occidente”.

Los grandes medios europeos empiezan a alinearse con los estadounidenses en la sacrosanta cruzada de defender sus intereses.

No obstante, y al contrario del presunto mal ejemplo izquierdista-populista que estaría dando América Latina al resto del mundo, como afirma este tipo de articulistas, otro es el escenario que acabamos de presenciar recientemente durante este recién presenciado primero de mayo.

Hagamos un mapeo (cinematográfico) del escenario:


Mapeo de la renovada resistencia mundial anti-neoliberal

En toda Europa se reclama la supresión de la precarización laboral y se rechazan los recortes de los beneficios sociales.

En todo Estados Unidos, cientos de miles de personas se unen al boicot convocado en todo el país, con un llamamiento a la inactividad y al no consumo, en favor de una reforma migratoria justa para doce millones de inmigrantes indocumentados.

En Los Ángeles, más de 100.000 acuden a alguna de las dos marchas convocadas, y también fue especialmente profusa la protesta en Nueva York.

Paris protagoniza una de las luchas gremiales más emblemáticas de las últimas décadas en Europa en rechazo al Contrato de Primer Empleo (CPE) para los jóvenes.

En España, millares de almas participan en la manifestación conjunta de los sindicatos CCOO (comunista) y UGT (socialista) en Madrid vociferando el lema “Por la paz. Empleo estable en igualdad“.

En Berlín, los agrupaciones sindicales alemanas protestan el “desmantelamiento pieza a pieza “ de las estructuras sociales adelantadas por el gobierno por parte de de la actual canciller Alemana, Angela Merkel.

Más de 500 mil alemanes impugnan los planes de reforma de la sanidad pública de su país.

En Italia se organiza la manifestación de Milán contra la ministra saliente de Educación Letizia Moratti, por abanderar una polémica reforma del sistema educativo que profundiza la precariedad entre los investigadores.

En Suiza, las organizaciones sindicales y la izquierda exigen un aumento salarial así como la equiparación salarial entre hombres y mujeres.

En Rusia, más de dos millones de personas participan en las marchas en más de ochocientas ciudades bajo el lema de: “Salarios dignos para los trabajadores“.

En México, más de 130.000 trabajadores marcharon para exigir más autonomía sindical. Paralelamente, el “sub-comandante Marcos“, cabecilla del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), protagonizo una concentraron frente a la embajada de EEUU para apoyar el boicot comercial contra empresas estadounidenses.

En Santiago de Chile, se desarrolla un acto convocado por la Central Unitaria de Trabajadores que concluyó con varios manifestantes heridos.

En Argentina, movimientos progresistas, piqueteros y estudiantes marchan contra la “precarización laboral y el trabajo esclavo“.

En Caracas, Venezuela se celebra una marcha multitudinaria de seguidores del presidente Hugo Chávez.

En Brasil se desatan fiestas multitudinarias en Sao Paulo y marchas en otras capitales de provincias.

En Colombia, miles de trabajadores colombianos salen a las calles de las principales ciudades en medio de una monumental vigilancia policial y militar.

En Ecuador se protagoniza una manifestación multitudinaria la de trabajadores en rechazó la ley de migración que se debate en el Senado de EEUU y el Tratado de Libre Comercio con ese país. Además, se exigió la expulsión de la empresa petrolera estadounidense del país.

Miles de obreros centroamericanos se solidarizan con las demandas de los emigrantes en EEUU, aduciendo que éstos contribuyen con una parte crucial de la productividad de EEUU, y además, envían cerca de 10.000 millones de dólares ahorrados en remesas a la región, primordialmente para sostén de sus familiares.

En República Dominicana, centenas de trabajadores manifiestan en Santiago (norte) protestan contra el Tratado de Libre Comercio con EEUU y contra la política abiertamente neoliberal del Gobierno.


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Luis Delgado Arria


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