Documentos Para el Debate

Folleto: Control Obrero, Cogestión y Cooperativas

PRESENTACIÓN

La revolución y su dinámica es tan exigente, que en la mayoría de las situaciones no permite destinar buena parte del tiempo para reflexionar, intercambiar opiniones, debatir y sacar conclusiones sobre el camino recorrido. O lo que es más dramático, no sacamos el tiempo suficiente para estudiar y comparar los procesos que vivimos en Venezuela, con los acontecidos en otros países en similarse circunstancias.

Debido a ello suele suceder que, en muchas oportunidades, caemos repetidamente en los errores del día anterior, imperdonables, en momentos tan complejos, donde nos estamos jugando buena parte de la revolución y de nuestras vidas.

Conscientes de esta situación, OPCIÓN DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA, ha creído necesario que sus dirigentes, militantes y amigos, además del gran esfuerzo diario que realizan atendiendo sus responsabilidades en sus frentes de trabajo, de estudio o de vivienda, dediquen un espacio para la reflexión y poner por escrito sus vivencias y opiniones, para que sean conocidas y debatidas por los activistas y luchadores.

Sólo de esta manera podremos contribuir a las elaboraciones polìticas y teóricas tan necesarias, en estos momentos de gran disposición del pueblo trabajador a la lucha, la movilización y la profundización de la revolución.

Con estas pequeñas producciones, queremos construir una Serie, la cual denominares genéricamente bajo el nombre de Documentos para el Debate. En esta oportunidad, queremos iniciar con los temas de Control Obrero, la Cogestión y el Cooperativismo, aprovechando que en Valencia, Estado Carabobo, durante los días 14,15 y 16 de abril se instalará la Mesa que discutirá sobre estos aspectos, en el marco del Tercer aniversario del triunfo revolucionario sobre el golpe fascista del 11 de abril de 2002.

Es un aporte elaborado por las camaradas José Boda, dirigente sindical del sector petrolero, quien vivió de cerca los acontecimientos de diciembre 2002 y enero de 2003 en PDVSA y junto a un contingente de luchadores clasistas y revolucionarios impidieron que la acción golpista paralizara por un sólo minuto las actividades normales en Puerto La Cruz; Richard Gallardo, dirigente de la FBT-UNT en el Estado Aragua, quien codirigió las luchas en Plásticos Vinílicos y Prevenca, acompañó a los trabajadores de Textiles Fenix y ha sido baluarte en la construcción de la UNT en ese Estado, y José Joaquín Barreto, coordinador de la UNT del Estado Carabobo, quien estuvo al frente de todas las tareas solidarias con los compatriotas de Venepal y acompaña de cerca el proceso de cogestión en el sector eléctrico.

Acompañamos este documento, con un anexo sobre el Control Obrero, extractado del Programa de Transición elaborado por Leon Trotsky en el año 1938. Esperamos que tanto el documento de los camaradas como el anexo contribuyan a generar el debate y la interacción política.

CONTENIDO

  1. INTRODUCCIÓN
  2. LA LUCHA CONTRA EL GOLPE DEL 11 DE ABRIL Y EL PARO-SABOTEO PATRONAL, ES PARTE DE LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA
  3. LA LUCHA POR ELCONTROL DE LAS EMPRESAS Y LOS SECTORES ESTRATÉGICOS
  4. UN EXITOSO PERO EFÍMERO CONTROL OBRERO
  5. DE LA INSTITUCIONALIZACIÓN DEL CONTROL OBRERO A LA COGESTIÓN
  6. FLORECIMIENTO Y CRISIS DEL COOPERATIVISMO
  7. EL OLVIDO GUBERNAMENTAL DE LAS OCUPACIONES DE FÁBRICAS
  8. EL TRIUNFO EN VENEPAL REAVIVA LAS ESPERANZAS
  9. LA CRISIS DE LA COGESTIÓN
  10. CONTROL OBRERO Y SOCIALISMO
  11. LOS PRIMEROS TROPEZONES
  12. ANEXO - EXTRACTOS DEL PROGRAMA DE TRANSICIÓN DE LEÓN TROTSKY

INTRODUCCIÓN

En la historia del proceso revolucionario bolivariano y en particular en la del movimiento obrero, los meses de diciembre de 2002 y enero de 2003, quedarán marcadas como imborrables fechas de profundo contenido político, en las que los trabajadores y el pueblo, derrotaron una conjura de gran envergadura desatada por el imperialismo y la burguesía local, para contener el avance de la revolución.

En aquella época, la contrarrevolución jugó una de sus cartas fuertes. Confiados en su superioridad económica y en el control hegemónico que poseían sobre PDVSA intentaron desestabilizar el país, derrotar por hambre y desabastecimiento la resistencia obrera y popular y doblegar al gobierno del presidente Chávez.

Fueron dos meses intensos. Las fuerzas de la revolución y la contrarrevolución se vieron cara a cara, midieron sus fuerzas, mostraron sus armas más contundentes y se trabaron en una lucha sin cuartel, dando como triunfador, por segunda vez y en menos de nueve meses, a los trabajadores y el pueblo.

Es preciso reseñar paso a paso, día a día como se desarrollaron los enfrentamientos de esa histórica confrontación. Dimensionar la magnitud de la traición de la dirigencia de la CTV, quien aliada a los empresarios, empujaba para que se paralizara el país, aupaba a que se sabotearan las instalaciones petroleras y en los reportes diarios de guerra, "anunciaba.

que el fin del gobierno se encontraba cerca. Carlos Ortega, el sibarita, hombre de toda confianza de los empresarios, ficha clave del imperialismo e integrante del Comando Mayor de la Contrarrevolución, hipotecaba de manera indefinida la independencia de los trabajadores, pero sin proponérselo, al mismo tiempo escribía el epitafio para la tumba abierta al cadáver de la CTV.

Los empresarios por su parte, echaron sobre la mesa sus mejores cartas. Impedían que los trabajadores pusieran en marcha las máquinas, con la intención de que el músculo obrero reposara mientras ellos cumplían con su papel de hacer sucumbir al gobierno y reemplazarlo, ya no por una caudillo de poca monta como Pedro Carmona que se autoproclamó dictador por 40 horas, sino por una junta de gobierno más "democrática y representativa de la sociedad civil..

De la barricada contraria, el pueblo y los trabajadores, sin resolver aún su problema de dirección política y organizativa que se evidenció con toda crudeza entre el 12 y 13 de abril, pero con conocimiento de causa de lo que le esperaba en caso de que la oposición burguesa triunfara de acuerdo a los acontecimientos y lecciones de abril, no dudó tampoco en colocar a disposición de la revolución, el músculo que la burguesía y el imperialismo pretendía inutilizar. Y en la más grande epopeya de la lucha de clases en Venezuela, el pueblo liderado por la clase obrera y su vanguardia los petroleros, pusieron en movimiento a una nación. Derrotaron al imperialismo y los empresarios, quebraron a la dirección de la CTV e iniciaron la tarea de recuperación de PDVSA, proceso cuyo final aún se encuentra incierto y abierto. El triunfo obrero y popular liberó poderosas fuerzas antiburocráticas que se convirtieron en el cemento y el acero para edificar la nueva central, la UNT.

No puede caber entonces la menor duda, que el paro-saboteo patronal de diciembre de 2002 a enero de 2003, fue la nueva versión del golpe contrarrevolucionario del 11 de abril; sólo que esta vez mejor organizado, más decidido y con mayor contundencia. Mientras que la crisis del 11 de abril se resolvió positivamente en 40 horas, la del paro-saboteo patronal tuvo en vilo la suerte de la revolución por más de 60 días.

Los trabajadores revolucionarios estamos urgidos de poner sobre blanco, matices de gris y negro, las lecciones de ese histórico acontecimiento, que finalizó en un resonante triunfo popular y con una de las más espectaculares movilizaciones que se recuerde, la del 23 de enero de 2003, cuando millones de venezolanos, celebramos en las calles tan magno acontecimiento.

El objetivo de este folleto es empezar a contribuir a saldar esta deuda pendiente con el pueblo y la clase obrera. No es su intención abarcar de conjunto todos los aspectos arriba señalados, sino resaltar un ángulo muy particular del período diciembre 2002 a enero de 2003, que para los trabajadores y la revolución tiene un significado muy especial, el Control Obrero de las empresas, especialmente del sector petrolero y las industrias básicas, la dinámica que abrió de ocupación de nuevas empresas, la cogestión, el florecimiento del movimiento cooperativo, la toma de tierras y edificaciones -que es un fenómeno íntimamente ligado-, y más recientemente la posibilidad de reapertura y reactivación de empresas cerradas.

Todo lo anterior tiene un denominador común, que es el que nos interesa sobremanera resaltar en este primer acercamiento, ¿quiénes son los verdaderos propietarios del petróleo, demás recursos naturales y de la tierra; quiénes son la fuerza motriz fundamental para que el engranaje del sector productivo y de la economía se ponga en movimiento y en consecuencia quienes y cómo se debe controlar y administrar el patrimonio nacional, las empresas y la tierra? He ahí la cuestión y el objeto del presente folleto.

LA LUCHA CONTRA EL GOLPE DEL 11 DE ABRIL Y CONTRA EL PARO-SABOTEO PATRONAL ES PARTE DE LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

Es importante señalar que entre la revolución triunfante del 13 de abril de 2002 que derrotó una dictadura, y el triunfo obrero y popular contra el paro-saboteo patronal de diciembre-enero de 2003, existe un profundo nexo.

Ambas son parte integral de la revolución socialista. Es inimaginable e insustentable argumentar, como lo hicieron algunos teóricos que deformaron el marxismo y el leninismo en épocas pasadas, que estos acontecimientos pertenecen a etapas revolucionarias diferenciadas.

Estas revoluciones tienen algo en común. Enfrentan al mismo enemigo, es decir al imperialismo y a un sector mayoritario de la burguesía local; pero -y esto es lo fundamental-, sin proponérselo de antemano, las masas incons-cientemente con su movilización cuestionan los cimientos del sistema político, económico y social vigente, el capitalismo.

En sentido estricto podríamos decir, como lo planteó León Trotsky en su tesis sobre la Revolución Permanente y la Historia de la Revolución Rusa, que en Venezuela vivimos un proceso de revolución socialista inconciente, en tanto cuestiona el modo de producción capitalita pero no existe una vanguardia organizada en un partido revolucionario que aliente y oriente la movilización obrera y popular hacia la toma del poder político para instaurar un gobierno de los trabajadores y el pueblo, para invertir positivamente la fórmula de la democracia burguesa en la que una minoría explotadora y parasitaria decide por la mayoría, para cambiarla por la de la democracia obrera, en la que la minoría se somete a la voluntad de mayoría de la población.

Esta primera aclaración es válida, por cuanto es preciso saldar cuentas con aquellos que pregonan que en Venezuela se vive una etapa de revolución democrática, donde sólo esta en cuestión la lucha por el gobierno y el régimen, es decir, sólo la superestructura y no se están ni se deben confrontar las relaciones entre las clases sociales y la ubicación de éstas, frente a los medios de producción.

Que los resultados finales de los eventos de abril del 2002 y diciembreenero de 2003, sólo advierta que se mantuvo el gobierno, que los partidos de la burguesía opositora quedaron desechos o que las intenciones del imperialismo fueron derrotadas, ello no puede ocultar, que en el enfrentamiento al golpe fascista o durante el paro-saboteo patronal, las contradicciones de clase se hicieron más antagónicas. Se pudo ver con notable delimitación la existencia de una oligarquía y una burguesía propietaria, acomodada y parásita que tenía como contendores a los sectores más explotados y excluidos de la sociedad, organizados en sindicatos, círculos bolivarianos, asambleas populares y un sinfín de organizaciones con fuerte arraigo en los sectores más pobres de la sociedad.

Pero no sólo esto. En ambas oportunidades, aunque con mayor rigor durante el paro-saboteo patronal, la lucha trascendió las calles de Caracas y de las principales ciudades, y se dio cuerpo a cuerpo en los portones de las empresas y establecimientos comerciales, en su interior, poniendo de manifiesto y entredicho, quiénes eran el los que imponían la voluntad dentro de los centros productivos.

Es decir, en su acción, los trabajadores y el pueblo fueron más allá de las metas y consignas pre-establecidas, que en este caso eran las de defender al gobierno de Chávez atacado despiadadamente por el imperialismo y sus agentes locales. Con toda rigurosidad, la revolución venezolana ratificaba una vez más que nos encontramos en la época de la revolución social, en la que los asuntos neurálgicos de la sociedad, sea de carácter nacional y soberanía; raciales y étnicos; religiosos, de sexo o género, sólo pueden ser resueltos mediante profundas transformaciones revolucionarias, bajo la guía del proletariado y los sectores más explotados de la ciudad y el campo.

Nuevamente en diciembre-enero, el programa y la política de las direcciones burguesas nacionalistas, fueron superadas por las masas. En la defensa del gobierno y enfrentar la contrarrevolución, los trabajadores y el pueblo no repararon en violentar la Constitución que protege la propiedad privada; sacar a la fuerza a millares de empleados y tecnócratas de los campos e instalaciones petroleras, contrario a lo que establece la Ley Orgánica del Trabajo; reabrir a voluntad de los padres de familia y estudiantes los centros educativos reemplazando a los maestros titulares pro-golpistas, por personal surgido del poder ciudadano movilizado, sin ninguna experiencia en docencia y pedagogía, distinto a como lo reglamenta el Ministerio de Educación. Esta "violación del orden establecido" se hizo, con la convicción y firmeza de estar defendiendo los intereses colectivos.

En conclusión los trabajadores y el pueblo pasaron por encima de todo, para mantener sus conquistas y lo seguirán haciendo ya que están convencidos que este proceso revolucionario hay que profundizarlo.

Las clases sociales se enfrentan una y otra vez con mayor vehemencia en la disputa por quién controla la tierra, los colegios, las universidades, los hospitales, las empresas, las industrias básicas, los comercios y todos aquellos sitios donde rige la sacrosanta propiedad privada. Esta es la prueba reina, de que Venezuela vive una auténtica revolución social, así ella sea inconciente por ahora, dada la limitaciones políticas y organizativas de no contar con un partido revolucionario que conduzca a los trabajadores y el pueblo hacia la insurrección y la toma del poder político para sí y en beneficio de la mayoría.

LA LUCHA POR EL CONTROL DE LAS EMPRESAS Y LOS SECTORES ESTRATÉGICOS

En PDVSA, la meritocracia empujada por la oligarquía y el imperialismo, intentó paralizar los sistemas digitales inteligentes, sabotear las tuberías, generar daño y paralizar la refinación, traslado y distribución del combustible. Los muelles, remolcadores y buques también fueron escenario de la lucha encarnizada por su control.

La industria básica, a pesar que desde adentro no tuvo oportunidad de ser paralizada, sí enfrentó la amenaza del saboteo, ante la decisión de la burguesía de suspender el suministro de gas. La movilización contundente de millares de trabajadores y pobladores a los sitios de distribución impidió que esto sucediera. Otro sector estratégico, el de la generación, distribución y comercialización de electricidad, pasó la prueba a favor de los trabajadores.

Ni un solo minuto los golpistas pudieron colocar en riesgo tan emblemático servicio, ni cuestionar el funcionamiento fabril estratégico del país. En muchas empresas los trabajadores no pudieron doblegar la vigilancia armada interpuesta por los patrones, pero no hubo reparo en quedarse día y noche frente a ellas para impedir el saqueo de las instalaciones como justifica-ción para la parálisis laboral. Los empresarios lograron paralizar la produción, pero perdían el control territorial donde se encontraban ubicadas sus cuestionadas "propiedades..

El pueblo se volcó a las calles. Empezaron las guardias frente a los llenade-ros, las estaciones de servicios y preservar la integridad física de los transpor-tistas de la gasolina y sus unidades. Contrario a 1989, no prevaleció el saqueo, como muestra de la hambruna que padecía el pueblo por la aplicación de los planes del Fondo Monetario Internacional. Esta vez, la propia población hacia vigilancia sobre supermercados para evitar brotes de violencia que los provocadores golpistas intentaban una y otra vez, para generar el caos.

Finalmente la patronal, el imperialismo y la burocracia sindical Adecacopeyana perdieron la apuesta ante el embate de los trabajadores y la población movilizada. Todo parecía que era igual a aquella madrugada y mañana del 13 de abril cuando los rostros felices y emocionados de millones de venezolanos, victoriosos acompañaban a Hugo Chávez Frías de regreso a su cargo de Presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

Sólo que ahora flotaba en el ambiente, la esencia de algo nuevo, de algo que echó raíces durante 60 días, mostró sus primeras hojas y flores en medio del desabastecimiento y el hambre, y dibujó el delicioso y anhelado fruto del control obrero sobre las empresas, particularmente en las estratégicas, es decir PDVSA, industrias básicas, Cadafe y otra enorme cantidad de centros fabriles donde millares de obreros y obreras anónimas, pudieron hacer la experiencia de tener bajo su control las instalaciones de la empresas, las oficinas administrativas, tener a mano los libros de contabilidad y controlar la cadena de producción, sin tener que contar con la presencia y orientación de un capataz, de un ingeniero déspota ni mucho menos de los parásitos "propietarios" de las empresas.

La burguesía y el imperialismo, cuantitativamente controlaban más empresas, utilizaron el terror para impedir que los trabajadores accedieran a las fábricas; pero la suerte de la confrontación se jugaba en los sectores estratégicos, en petróleos, industrias básicas, energía, servicios públicos y telecomunicaciones. Allí los trabajadores organizados sindicalmente doblegaron una vez el largo tentáculo de la contrarrevolución imperialista.

UN EXITOSO PERO EFÍMERO CONTROL OBRERO

En la historia del movimiento sindical venezolano no era la primera vez que los trabajadores ocupaban una fábrica. Durante horas y horas hemos escuchado de boca de nuestros camaradas Orlando Chirino, Antonio Mogollón, Stalin Pérez el sinfin de anécdotas sucedidas cuando en fechas impensadas por los empresarios, los trabajadores ocupaban las empresas para reclamar el pago de utilidades o el cumplimiento de derechos contractuales.

Noches de navidad, semanas santas o días de carnaval, no fueron obstáculo para que los camaradas orientaran a los trabajadores a la ocupación de las empresas o el inicio de huelgas.

Pero en diciembre 2002 a enero de 2003, era distinto. No se peleaba por utilidades, no se reivindicaba el derecho a la negociación del contrato de trabajo o la existencia misma del sindicato. Esta vez se invertían los papeles, los empresarios querían parar y los obreros trabajar, todo parecía el mundo al revés. Pero lo cierto, es que estaba en juego quien ponía en funcionamiento la producción y la economía del país.

Para resolver esta confrontación sólo había una posibilidad: quien lograra controlar de manera absoluta las empresas y el proceso productivo, ganaba la batalla. Este es desde nuestro punto de vista, el ángulo más importante de los acontecimientos del paro-saboteo patronal. Trabajadores y empleados sin títulos universitarios, reemplazaron en cuestión de horas o de días y con mayor pericia, a los "experimentados meritócratas", que seguían convencidos que eran irremplazables.

Las empresas estratégicas tuvieron un propietario, los trabajadores y el pueblo. El sueño del Control Obrero sobre la Producción se hacía carne en Venezuela y quedaba grabada como marca indeleble en la conciencia de los trabajadores, que lograban convencerse en cuestión de horas que no era utopía de los revolucionarios socialistas la idea de expropiar a los capitalistas, controlar la producción, planificar la economía y poner los bienes producidos al servicio de las mayorías.

Los trabajadores democráticamente escogieron sus autoridades, gerentes, jefes de turno; distribuyeron las horas de trabajo y empezaron a planificar los ritmos y cantidades de producción. Pero había otro aspecto, tan importante como aquél, expresado en lo sicológico-social; por vez primera la preocupaci ón de qué salario se iba a percibir al final del a semana, la quincena o el mes perdía espacio en la mente de los trabajadores, lográndose temporalmente liberarse de la alienación y volviendo añicos la odiosa tendencia capitalista de calificar a los hombres por el valor de su fuerza de trabajo.

Si hubiese un artefacto para medir el "temor" de los capitalistas frente a los acontecimientos y resultados del enfrentamiento durante el paro-saboteo patronal, sin duda, este habría registrado una escala por lo menos 10 veces superior al miedo que sintieron cuando perdieron la batalla del golpe fascista del 11 de abril.

Con seguridad intuyeron que corrían el riesgo de perderlo todo; temían que los títulos de propiedad pasarían a ser documentos de museo; que sus cuentas bancarias fueran vaciadas y sus depósitos pasaran a las arcas del esta-do para suplir las necesidades de la población y que su vida cómoda podría finalizar ya no "dignamente" en cualquier playa o residencia lujosa, sino tras los barrotes de una cárcel para cumplir la pena que merecidamente se han ganado por el daño, dolor y sufrimiento que le han ocasionado a la población.

El resultado concreto del triunfo, se expresó entonces en dos grandes hechos: de una parte, el gobierno de Hugo Chávez se hizo al control de PDVSA y el manejo de los jugosos ingresos petroleros, mientras que los trabajadores, quedamos con la rica experiencia de haber protagonizado el control directo de la empresa durante más de 60 días y la satisfacción de haberle cumplido a la nación y la revolución.

Hasta aquí todo fue exitoso, los trabajadores y el pueblo venezolano, le recordamos al mundo, que al igual que en la Rusia de 1917, o en los países del Este europeo después de la II Guerra Mundial, o en China o en Cuba, era posible expropiar a los capitalistas como base indispensable para iniciar la construcción de otro modo de producción, libre de opresión y explotación.

DE LA "INSTITUCIONALIZACIÓN" DEL CONTROL OBRERO A LA COGESTIÓN

Desconocer lo sucedido durante diciembre-enero, era imposible. Había que actuar rápidamente para evitar que la epidemia del Control Obrero se extendiera por todo el territorio nacional. Las tendencias revolucionarias, dado su pequeño tamaño, a pesar de que habían logrado grandes reconocimientos, todavía no estaban en condiciones de torcer el rumbo de los acontecimientos y generalizar esta experiencia.

La crisis de dirección revolucionaria nuevamente se manifestó de forma dramática, dejando sin mayor posibilidades de acción a los numerosos pero pequeños y desarticulados colectivos revolucionarios que vieron en esta experiencia la apertura de una nueva fase, donde las contradicciones sociales saltaban a la vista de todos y donde el poder ya no sólo se medía por quien estaba en el gobierno, sino por quien ejercía el control de los medios de producción.

Lo que durante el paro fue un ejercicio permanente, la discusión democrática para la toma de decisiones en la industria petrolera y en la industrias básicas, empezó a relajarse, dando pie para que una nueva casta, muy identificada con las concepciones reformistas y alentada por el gobierno, empezara a cerrar los candados y las oportunidades para que los trabajadores siguieran decidiendo su destinoe de manera democrática.

El dedo Presidencial fue decisivo. Dirigentes sindicales de poca aceptación e ingrata recordación, fueron "delegados" como representantes de los trabajadores en la Junta Directiva de PDVSA. En el sector eléctrico, la lucha tenaz de la dirigencia sindical tuvo que batirse en franca lid para concretar que los trabajadores participaran en forma cogestionada con los directivos de la empresa, para determinar la suerte de Cadafe.

A cambio del Control Obrero Directo y Democrático, que se experimentó y demostró viable durante la contingencia, ahora el gobierno presentaba la alternativa de la cogestión; es decir el ejercicio compartido de la administración de la empresa, donde por supuesto la planta directiva mayoritariamente quedaba en manos de tecnócratas, la mayoría de ellos ligados a los grupos económicos locales y defensores de la privatización y las multinacionales, mientras que los trabajadores colocaban 1 o a lo sumo 2 representantes en dichas juntas directivas.

La cogestión, más allá de las intenciones políticas, reflejaba de manera distorsionada el triunfo de los trabajadores y el pueblo contra el imperialismo, los empresarios golpistas y la burocracia sindical. A pesar de sus defectos era una experiencia a encarar, para probar a los trabajadores que esta fórmula tampoco resulta, ni siquiera para las empresas del sector público, como se ha hecho evidente en los últimos meses en PDVSA y el sector eléctrico.

Baste recordar el significado que la cogestión tiene para Carlos Lanz, actual presidente de Alcasa:

La cogestión es una modalidad de participación de los trabajadores en la empresa, básicamente en la posesión de acciones y en el nombramiento de representantes en la directiva de la fábrica. Las tendencias socialdemócratas en el mundo han promovido esta forma de colaboración de clase, sin poner en discusión las relaciones de producción y el control de las empresas. En países europeos como en Alemania, desde hace unas cuantas décadas se vienen ensayando modalidades de cogestión, apareciendo como una manera de comprometer al movimiento obrero en las políticas anti-crisis, paquetes de ajustes, reconversión.

Como ya señalamos, la cogestión es un tipo de participación que no apunta hacia el cambio de estructura, sino que originalmente se propone tener algún grado de incidencia en la producción fabril, y es allí donde se coloca su carácter reformista, ya que acepta el status quo preexistente, es decir, no se plantea modificar las relaciones de poder en la fábrica. De esta forma, los trabajadores participan en una gestión productiva, donde no poseen el control verdadero de la producción.

Para evitar paros y conflictos, el capital acepta compartir ciertas cuotas de poder con los trabajadores, pero sin cambiar las reglas de juego [1]. Con esta definición, hecha por una persona que hoy se encuentra al frente del proceso de cogestión en una empresa básica del Estado, es más que suficiente para demostrar las limitaciones de este concepto y el retroceso que significaba pasar del ejercicio directo del control sobre las empresas a ser partícipes minoritarios en una junta directiva.

Es importante anotar, que la cogestión no es sólo una política del gran capital, sino que también es apoyada por la burocracia como mecanismo para mantener el control de las filas del movimiento obrero. Aunque no desdeñamos que los obreros vistan elegante y dignamente, ya era sospechoso que en el acto de juramentación de la nueva directiva de PDVSA, los representantes de los trabajadores nombrados a dedo, presentaran su nuevo look, a imagen y semejanza de los grandes meritócratas supervivientes del paro y de la nueva tecno-burocracia floreciente en la industria petrolera.

Caso contrario ocurría en Cadafe. Los dirigentes obreros Joaquín Osorio y Ángel Navas, eludían el protocolo y se daban a la tarea de colocar por escrito lo que sería la declaración de principios de la nueva empresa, luchando para que en ella se conjurara el fantasma de la privatización; al tiempo que iniciaban un acelerado proceso de organización de las bases sindicales y de los usuarios, el auspicio al movimiento cooperativo y a la fiscalización de las actividades empresariales para denunciar los flagrantes casos de corrupción.

FLORECIMIENTO Y CRISIS DEL COOPERATIVISMO

La política cogestionaria no terminaba de resolver otro problema fundamental. ¿Qué hacer con los miles y miles de luchadores populares que se "vincularon" laboralmente a PDVSA y jugaron un papel destacado para evitar su paralización? ¿Qué proyectos de inserción laboral se podían presentar a los millones de desocupados existentes en el país, ahora que el gobierno tenía el control de los multimillonarios ingresos petroleros? La respuesta no se hizo esperar y por supuesto contó con el beneplácito de millones e mujeres y hombres, que veían en la alternativa de las cooperativas ofrecidas por el gobierno, la posibilidad de lograr un ingreso regular para sus hogares o porque no, la redención económica luego de muchos meses o años de espera por un empleo digno.

Lejos estaban estos trabajadores en pensar que esta forma organizativa socio-económica, sería transitoria, que los grandes empresarios y sus argucias le podrían dar un contenido diametralmente opuesto al planteado por el gobierno y lo que era peor, que esta forma de organización comunitaria para la ejecución de pequeños y medianos proyectos, empezaría a constituirse en un peligro para los derechos de los tabajadores, que facilitaría la tarcerización de la mano de obra y la presión sobre los trabajadores fijos de las empresas, a quienes empezaron a amenazar constantemente con la contratación de cooperativas para que desarrollaran labores productivas o de servicios a salarios bajísimos y sin compromisos prestacionales.

Pero no sólo eso. La maraña burocrática del Estado también contribuía enormemente a decepcionar a los trabajadores que honestamente veían en la cooperativa una alternativa de empleo. El escaso conocimientos de los interesados y el nulo apoyo desde los entes gubernamentales comenzaron a entrabar la legalización de cooperativas. Sin embargo, ello no fue obstáculo para que miles y miles de cooperativas se inscribieran, legalizaran y salieran a disputarse una mínima franja, especialmente del sector servicios.

Por su parte los empresarios hicieron su fiesta. De contratistas pasaron a constituirse en cooperativas y aprovechando sus afamadas mañas, lograban penetrar las empresas, corromper funcionarios y ganar las grandes licitaciones. Ahora todo se les facilitaba y por si fuera poco, contaban con que sus trabajadores, ahora eran "socios", sin posibilidad de reclamar prestaciones, de organizarse sindicalmente o de ampararse bajo el paraguas de la Ley Orgánica del Trabajo.

Lo insólito, es que gobernadores, como en el caso concreto de Aragua, promovieron cooperativas para el sector plástico, presidida por el propietario de una compañía que participó en el paro y despidió a todos sus trabajadores.

Este empresario, por ser presidente de la cooperativa lograba incentivos para producir y subsidios para la adquisición de materia prima. Es decir, se pagaron y se dieron el vuelto.

Cooperativas que lograron contratos en PDVSA, en la industria básica o ahora en las gobernaciones y alcaldías, son presa fácil del abuso, de bajos salarios que no llegan tan siquiera al 80% del salario mínimo o víctimas del clientelismo político que desarrolla la nueva maquinaria electoral de los partidos de gobierno.

Cabe destacar otra vez el papel que positivamente cumplieron los dirigentes del sector eléctrico que contribuyeron a la formación de cooperativas y se constituyeron en celosos guardianes para impedir que cooperativas de fachada de empresarios golpistas se colaran y obtuvieran contratos con Cadafe.

Aunque mantienen una actitud abnegada, el sindicato eléctrico y unas cuantas organizaciones cooperativas, el fracaso de este proceso comienza a hacerse evidente. El sistema cooperativo, en el mar de la competencia libre y brutal del capitalismo no tiene ninguna oportunidad de sobrevivir, salvo contadas excepciones.

EL OLVIDO GUBERNAMENTAL DE LAS OCUPACIONES

Otros trabajadores naufragaron en la experiencia de la ocupación de empresas y distan bastante en ver la orilla de una solución a sus reclamos.

Tal es el caso de los camaradas de Constructora Nacional de Válvulas en los Altos Mirandinos; de Perfumes Cristian Carol en Caracas, Textiles Fénix en San Juan de los Morros, o la Empresa de Plásticos Vinílicos en Villa de Cura (Aragua).

En Constructora Nacional de Válvulas, la solución estaba al alcance de la mano. Esta empresa, proveedora de válvulas para la industria petrolera, propiedad de Sosa Pietro, ex-presidente de PDVSA, cerró las puertas de la compañía y dejó a casi un centenar de trabajadores en el más completo abandono.

Aunque el caso fue tratado por una Comisión Especial en la Asamblea Nacional, hasta ahora nunca tuvo el visto bueno del gobierno para proceder a su expropiación y entregar el control y la conducción de la misma a sus trabajadores. Han pasado dos largos años y sólo un puñado de valerosos trabajadores ha podido soportar el hambre y el abandono.

Las distintas fórmulas presentadas por la UNT no encuentran eco en el Gobierno Nacional. Sólo la actitud abnegada de los trabajadores y el apoyo solidario del resto de la clase obrera podrá imponer la decisión tantas veces temida y postergada por el gobierno de expropiar a este reconocido golpista.

Los argumentos leguleyos de que no se puede violentar la propiedad privada, son más poderosos que los intereses de cien trabajadores que han visto vulnerar su derecho al trabajo y el pago de sus prestaciones. Lo que no saben, o con seguridad si lo saben y muy bien, quienes trancan toda posibilidad de que la expropiación se realice, es que al no hacerlo atentan contra la buena salud de la revolución, de su profundización y chocan contra las enormes expectativas que los trabajadores han depositado en este profundo proceso de transformaciones.

En el caso de Perfumes Cristian Carol, lo trabajadores corrieron la misma suerte que los de CNV. Han quedado abandonados a su propia suerte por el gobierno, con un mínimo de solidaridad de los trabajadores y con el agravante que una legión de destechados, dirigidos por desubicados políticos que se reclaman del campo de la revolución, tomaron las instalaciones de la empresa para vivir.

La infamia también ha hecho carrera desde los gobiernos regionales. Es el caso de 30 trabajadores de Plásticos Vinílicos, cuyo propietario era el presidente de la cooperativa reseñada anteriormente. Este empresario cambiaba permanentemente la razón social de la compañía para evadir la orden de reenganche y contó con el apoto de la Policía del Estado regentado por Didalco Bolívar, quien en más de una ocasión y en altas horas de noche entró a las instalaciones, desalojó y golpeó a los trabajadores.

Al igual que la canción, ciegos, sordos y mudos, estaban los funcionarios del alto gobierno, ante los viles atropellos cometidos contra los trabajadores.

Caso similar se presentó con ciento cincuenta trabajadores de la empresa Prevenca ubicada en Cagua, que cerró sus puertas. Como respuesta los trabajadores la ocuparon durante varios días, desarrollaron gestiones ante la Asamblea Legislativa Regional, pero ello no fue suficiente. Un comando de Asalto de la Policía de Didalco Bolívar, gobernador chavista, arremetió a las tres de la madrugada, hirieron a varios trabajadores y contribuyera a derrotar a los trabajadores. Hoy las puertas de Prevenca están abiertas con nuevo personal, sin derecho a organización sindical ni negociación de contrato de trabajo.

Industrias Fénix, fue la experiencia más particular, toda vez que los trabajadores además de ocupar la empresa la hicieron productiva, comenzaron a vender sus productos, contaron con un restringido apoyo del gobierno local, pero nunca encontraron la inyección política y financiera del gobierno para concretar esta rica y extraordinaria experiencia.

EL TRIUNFO EN VENEPAL REAVIVA LAS ESPERANZAS

Así como no todo ha sido color de rosa, también es justo decir que la resistencia obrera y la solidaridad de clase, rompen trabas y obliga a que quienes se oponen abierta o veladamente a las expropiaciones tengan que acceder al justo reclamo de los trabajadores. Esa es la experiencia de Venepal, hoy Invepal.

En un largo conflicto, dividido en tres períodos de ocupación, vuelta a la producción y una nueva ocupación, los trabajadores han obtenido la más colosal conquista política. Casi seis mil hectáreas de un inmenso complejo industrial que cuenta con molino para la pulpa y la producción de papel, planta generadora de electricidad suficiente para seis municipios, pista de aterrizaje, escuela, centro clínico, hotel, urbanizaciones de viviendas, lagunas de sedimentación y vastos terrenos aptos para el cultivo y la ganadería, fueron expropiados luego de una tenaz lucha de sus trabajadores.

Los trabajadores lo hicieron todo. Se movilizaron en Morón, llegaron hasta Caracas al Ministerio del Trabajo, el Palacio de Miraflores y la Asamblea Nacional. Recorrieron los portones de las empresas más importantes de Valencia solicitando la solidaridad. Hicieron actos políticos y festivales, desarrollaron cursos de formación, apelaron a la denuncia internacional, presionaron a los candidatos afectos a Chávez y luego de seis meses de ocupación, la Asamblea Nacional dejo el terreno expedito para que el Ejecutivo Nacional decretara la expropiación basado en el interés nacional.

Ante este resultado, los ojos de la clase obrera se volvieron hacia Morón, los trabajadores de CNV recibieron un nuevo aliento y muchos trabajadores, prueban, al igual que en diciembre de 2002 a enero de 2003, que es posible ocupar las empresas, ya no sólo de manera temporal, sino de lograrlo hasta en el difícil terreno jurídico, a pesar de que la legislación vigente sigue siendo la de la IV República.

Es preciso resaltar esta victoria e inscribirla en los anales de la historia del movimiento obrero venezolano, como una de sus más importantes conquistas. Sin embargo, mal haríamos si no avisoramos y sopesamos el alto precio que se puede terminar pagando por esta espectacular conquista, sino se hacen correctivos de forma inmediata.

Los trabajadores han debido recurrir a la forma de la cooperativa para enfrentar la reapertura de la empresa, cosa que significa la posibilidad de la pérdida de los derechos consagrados en el Contrato de Trabajo y de su organización sindical. Sus prestaciones tienden a volverse acciones, con el grave riesgo de perderse ante la eventualidad de un fracaso empresarial. Y la participación de los trabajadores en los destinos de la empresa es muy limitado, hecho que puede llevar a que la cogestión llegue a puntos muertos, como hoy se vive en el sector eléctrico.

De todas formas, estas preocupaciones no pueden hacer desmayar a la clase obrera y a su vanguardia aglutinada en la UNT. Esta perspectiva, aunque traumática, es el camino luminoso que nos puede conducir a un nuevo modelo de sociedad. Por esa razón nuestros camaradas de OIR en Valencia y en el Estado Carabobo se jugaron a rescatar la solidaridad de clase colectando importantes cifras de dinero para impedir que el hambre doblegara a los luchadores y nuestros dirigentes Chirino y Stalin, acompañaron permanen-temente a los directivos del sindicato para presionar ante las instancias del gobierno, con la convicción de que esa era la única alternativa posible.

Como dato curioso, un sector de la FBT-UNT, cuestionó públicamente días previos a la expropiación de Venepal, que los militantes sindicales de OIR éramos extremo-izquierdistas y que equivocadamente estábamos contribuyendo a abortar el proceso revolucionario por estar reclamando la expropiación de las empresas. Nos disponíamos a responderle política y teóricamente al compatriota Eduardo Piñate, dirigente de la Liga Socialista, que revolución que no avanza, se congela, retrocede y se paga con sangre y miseria como aconteció en Chile o en Nicaragua. Sin embargo, la expedición del decreto de expropiación por parte del gobierno, fue la mejor respuesta que la realidad le dio a estos obtusos y rancios reformistas, que creen que la salud de la revolución descansa en la conciliación con los empresarios, mientras éstos atacan brutalmente a la clase obrera y desconocen sus derechos.

LA CRISIS DE LA COGESTIÓN

Simultáneo al triunfo alcanzado por los trabajadores de Venepal y la clase obrera venezolana, la otra cara de la moneda mostró la agudización de la crisis del proyecto de cogestión. El matrimonio de conveniencia estalló en Cadafe. Los tecno-burócratas que mayoritariamente conforman la Junta Directiva aprovechando la estructura de la empresa y sus estatutos quieren limpiar el camino para iniciar el proceso de privatización.

La respuesta de los trabajadores ha sido significativa. Asambleas de delegados, asambleas nacionales y movilizaciones multitudinarias hasta Caracas. Se ha roto la supuesta "armonía. y el ejemplo de cogestión que se predicaba existía en el sector eléctrico. El sindicato sintió el ahogo y consecuentemente se puso a la cabeza de la lucha, enarbolando las banderas de la cogestión, como premisa fundamental para evitar la privatización.

Sus peticiones al Gobierno se sintetizan en los siguientes puntos:

1. Solicitamos del Ejecutivo Nacional a través de los accionistas, Ministerio de Energía y Minas, que conjuntamente con una representación de Fetraelec, procedan de inmediato a la modificación de los estatutos de la empresa, que definan y establezcan el nuevo marco cogestionario.

2. Solicitamos que previa consulta con los trabajadores se proceda a la modificación inmediata de las normas, procedimientos y estructura organizacional de la empresa y que en el marco del respeto a los derechos de los trabajadores y la estabilidad laboral se desmonte la actual estructura burocrática ineficiente y diseñada para la privatización. Proponemos un modelo cogestionario cuyos fundamentos son la participación de los trabajadores, a través de sus representantes democráticamente electos, en la toma de decisiones en todos los niveles de la empresa, así como su participación en las modificaciones de todos los instrumentos organizativos, de toda la estructura organizacional y de todo cambio que afecte de forma sustancia a la empresa. Además solicitamos:

  • Conformación paritaria entre los representantes del Estado y los representantes de los trabajadores de la Junta Directiva de la empresa.
  • Establecimiento de mecanismos formales, democráticos que permitan a los trabajadores una vez cumplidos los extremos establecidos en las normas, la remoción de todos aquellos funcionarios de la empresa que incumplan con sus funciones requeridas para sus cargos [2].

No es cualquier petitorio de los que normalmente los trabajadores le presentan a los patronos y el gobierno. El reclamo se fundamenta en cambiar nada más ni nada menos que la estructura y el régimen de la empresa y colocar en igualdad de condiciones a los trabajadores y los representantes del Estado en la dirección de la empresa, para avanzar en la cogestión.

Los tecno-burocrátas no dudaron en responder iniciando una campaña de desprestigio; acusando a los líderes sindicales de estar cercanos al golpismo porque anunciaban conflicto laboral con posibilidad de paralizar el suministro de electricidad. Pero también en el terreno práctico, cuando los representantes de los representantes de trabajadores solicitaron una desvinculación temporal de la Junta Directiva de la Empresa, para cumplir con su papel de dirigentes sindicales en los reclamos de los trabajadores, esto fue aprovechado por los tecno-bucrócratass de la empresa para removerlos definitivamente de sus cargos en la Dirección de Cadafe.

El discurso de la cogestión del gobierno nacional ha llegado a una encrucijada y sólo será la lucha decidida y el acompañamiento del conjunto de la clase obrera, la que evitará que la nueva burocracia enquistada en la empresa se salga con la suya. De todas formas, lo importante a rescatar, es que en la conciencia de los trabajadores del sector eléctrico comienza a tallarse la idea de la imposibilidad de avanzar hacia una cogestión verdaderamente democrática y mucho menos al control obrero de la empresa, en el marco del capitalismo y de una limitada política nacionalista burguesa.

A manera de balance, el dirigente sindical Joaquín Osorio, explicaba en un acto en noviembre del año pasado que "Desde el primer día que nosotros nos incorporamos en la Junta Directiva de Cadafe no nos engañamos, no creemos que la cogestión se limitaba a nuestra presencia en dicha Junta, eso por sí solo sería parecido a la vieja y gastada figura de los Directores Laborales, los cuales eran otra fuente más de corrupción y perversión del movimiento sindical. Nosotros no somos la cogestión, la cogestión es el protagonismo de los trabajadores, no es la cogestión de sindicalistas repartiéndose cuotas de poder junto a los administradores de turno de la empresa del Estado" [3].

Y eso fue precisamente lo que aconteció en PDVSA. La crisis no llegó por la agudización de la confrontación entre representantes de los trabajadores y del Estado, sino por la cooptación que la empresa hizo para sus intereses, para el reparto burocrático y para el festín de la corruptela, a uno de los representantes de los trabajadores, quien ha variado su condición de presidente del sindicato para convertirse en patrono defensor de los intereses del gobierno, mientras que el otro sigue de manera ambivalente cumpliendo su rol de dirigente sindical y de patrono.

Los representantes sindicales no soportaron el discreto encanto del reparto burocrático. En medio de la reciente negociación del contrato se esforzaron para que no se modificara la cláusula 69 que habilitaba a la dirigencia sindical a traficar con los puestos de trabajo y hacerse millonarios de la noche a la mañana al cobrarle peaje a quienes "ayudaban. a vincular temporalmente a la empresa.

Lo preocupante de esta situación no es la suerte corrida por los delegados elegidos a dedo. Ya por su trayectoria, buena parte del movimiento sindical tenía certeza de cómo iban a finalizar. Lo verdaderamente desastroso, es que durante este período, PDVSA aceleró la ejecución de su portafolio de negocios y desde el Gobierno Nacional se ha abierto de hecho una nueva apertura petrolera, tras la cual las multinacionales hacen cola para participar.

La inversión extranjera que en PDVSA en el 2003 fue del orden de 4.500 millones de dólares, se multiplicó por 5, llegando a finales del 2004 a 23.000 millones de dólares. Se renegociaron concesiones extendiéndolas a 50 y 60 años; hay abiertas nuevas licitaciones aceptando hasta un 35% de capital extranjero para la exploración y explotación del gas natural; mientras que empresarios de Repsol, Total, multinacionales suecas, italianas, chinas, iraníes y por supuesto norteamericanas tienen asegurada su participación en la repartición de la renta petrolera.

La voz de los trabajadores no se hizo sentir. Muy por el contrario, los delegados de éstos se sienten más cómodos en su papel de empresarios, que de representantes de los trabajadores. Ante esto, José Boda, dirigente clasista y revolucionario de nuestra organización, advertía sobre "la necesidad de revisar los acuerdos, ya que son estratégicos pero para las multinacionales, debemos luchar por la unidad sindical, por elegir desde la base a los representantes de los trabajadores en la dirección de PDVSA y movilizarnos para imponer una Constituyente Petrolera Democrática donde los trabajadores y el pueblo puedan decidir de manera libre y soberana qué hacer con el principal recurso de la nación" [4].

Equivocado sería afirmar que la experiencia de la cogestión ya está agotada. Incluso, nuevamente se abren expectativas por el devenir de la iniciativa de coadministración de Alcasa. Las experiencias en el sector petrolero y energético han servido para que algunos dirigentes sindicales estén pre-dispuestos a no repetirlos. Pero para nadie es un secreto que algunos sectores sindicales más ligados al gobierno, no ven con buenos ojos el desarrollo de este proceso, lo que ha llevado a que se presenten los primeros enfrentamientos políticos entre diversas corrientes existentes y por supuesto acusaciones veladas o abiertas contra Carlos Lanz, quien encabeza en nombre del gobierno la cogestión.

El desafío en este sector es un poco más complicado, porque incluso está en entredicho la viabilidad económica de la empresa y las dificultades econó-micas de algunas plantas. Hay quienes cuestionan que se le otorgue permiso remunerado a los trabajadores para que participen en cursos de capacitación y formación ideológica, mientras la empresa tiene dificultades laborales. "A costa de eso, estamos dispuestos a privilegiar ese camino. a dicho el 5 de abril Carlos Lanz en una reunión de conformación de Red de Escuelas de Formación Ideológica en PDVSA, ya que es preciso ".que los trabajadores tengan plena conciencia de lo que se está jugando., "...acabamos de finalizar el proceso de elección por parte de los tabajadores de todos los gerentes. Sin duda, en Oriente y en las empresas básicas se puede comenzar a escribir la nueva historia del movimiento obrero venezolano.

CONTROL OBRERO Y SOCIALISMO

La discusión sobre Control Obrero ahora es más pertinente que nunca. El Presidente Chávez en reiterados discursos dentro y fuera del país ha planteado la necesidad de trascender el capitalismo, planteándose la necesidad de avanzar hacia el socialismo. Ha hablado de construir un socialismo de nuevo tipo, del siglo XXI.

Si al proponer esto, el Presidente trata de señalar que hay que corregir los errores del pasado, particularmente los que tuvieron que ver con la degeneración burocrática de los partidos comunistas que controlaron de manera totalitaria los estados obreros del Este europeo o la adaptación de la burocracia del Partido Comunista Chino a las necesidades del empresariado y las multinacionales o de la ausencia de una auténtica democracia obrera en Cuba; estamos totalmente de acuerdo en que es necesario construir un nuevo paradigma superador de ese frustrado modelo ofrecido por la burocracia stalinista.

Pero parece ser que por ahí no vienen los tiros. Por ejemplo el MVR y demás partidos de gobierno no se declaran como organizaciones que luchen por la construcción del socialismo. Muchos de los integrantes del alto gobierno tampoco comulgan con la idea de avanzar hacia el socialismo y muchos de ellos claman más bien para que el modelo a desarrollar sea uno capaz de conciliar los intereses antagónicos de empresarios y trabajadores, es decir entre explotadores y explotados.

Es la vieja receta, la misma cantinela disfrazada con traje nuevo. Ya Allende nos habló de la "novedad" de la transición pacífica al socialismo con los empresarios nacionales honestos y los partidos políticos de la burguesía en Chile. En Nicaragua, fue la "audaz" política de integrar a la oposición burguesa al Gobierno de Reconstrucción Nacional, para demostrarle al mundo que se podía convivir en santa paz y reconciliación nacional con los representantes de los explotadores y el imperialismo.

Es más de lo mismo. El gobierno y en particular el Presidente Chávez no plantean ir al centro del problema como lo acota Carlos Lanz en su nota citada. Para avanzar hacia un nuevo modelo es preciso romper la estructura de relaciones sociales de producción y el control de las empresas. Sólo a partir de tener claridad sobre esta definición es posible avanzar hacia el socialismo.

Vale decir, que esa vía no será pacífica. No habrá empresarios dispuestos a entregar de buen agrado los títulos de propiedad al Estado y las empresas para que pasen a control directo de los trabajadores. Será una revolución, esta vez más profunda, política, económica y social como las que se operaron en la Unión Soviética entre octubre de 1917 y enero de 1919.

Tiene que haber un cambio profundo en el Estado, en el régimen y en el gobierno para poder avanzar hacia el socialismo. Ello contradice la práctica diaria del gobierno, que no deja de sorprender por su política discrecional de apertura petrolera, de devaluación de la moneda en detrimento del salario de los trabajadores y el constante empeño por incentivar económicamente a los empresarios, mientras estos atacan sin piedad a los trabajadores, sus derechos y conquistas.

Quienes hemos expresado consecuentemente el apoyo a los trabajadores que han ocupado fábricas y hemos defendido la expropiación, nacionalización y administración obrera o aquella que democráticamente defiendan los trabajadores, estamos plenamente convencidos que existe una indisoluble unidad entre expropiación, control obrero y socialismo.

No se puede hablar de socialismo, sin pretender romper con la lógica perversa del capitalismo, sin atacar de manera radical la propiedad individual, ni hablar de democracia, sino son precisamente los trabajadores y el pueblo los que directamente decidan mayoritariamente el qué hacer. Por ejemplo, para el gobierno y la administración de Cadafe los trabajadores fueron claves para la impedir que el servicio de suministro de electricidad no se interrum-piera a finales del 2002 y comienzos del 2003. Sin embargo, ahora argumentan que los trabajadores deben desconocer ciertas cosas, por seguridad de Estado.

Hay que decirlo con toda claridad: los únicos que pueden garantizar plena seguridad de Estado es la clase obrera dirigiendo al conjunto de la sociedad y en el terreno militar será basado en las milicias obreras y populares, democrá-ticas y no ejércitos basados en estructuras jerárquicas permeables a los intereses de la burguesía y el imperialismo. ¿Acaso no se demostró así en la crisis del paro-saboteo patronal o en el golpe fascista de abril de 2002?

¿De qué cogestión entonces estamos hablando?. ¿Será acaso esa donde la participación democrática y protagónica del pueblo se reduce a un simple slogan para capturar incautos, mientras las grandes decisiones que afectan al conjunto de la población siguen siendo tomadas por un reducid grupo de notables, alejados del las necesidades y vivencias de los trabajadores y el pueblo?.

Parafraseando al Ché Guevara podríamos decir que el socialismo será con expropiación, será internacionalista, será con democracia obrera y con control obrero sobre la producción y la economía o será un vulgar remedo de revolución social.

LOS PRIMEROS TROPEZONES

A manera de un primer balance sobre estos dos años y medio de experiencia en Control Obrero, Cogestión y Cooperativismo, podríamos decir que hasta hoy han prevalecido las piedras que en el camino han interpuesto aquellos que no quieren profundizar la revolución.

Ha florecido una tecno-burocracia, que pretende enajenar a los trabajadores y al pueblo de sus conquistas políticas, económicas y sociales y planean convertirse en los nuevos caballeros de la industria, el comercio y la administración de los bienes de la nación. Se ven favorecidos por una política de gobierno bastante limitada, que porcentualmente dedica mucho más recursos para los proyectos económicos de los empresarios, sacrificando urgentes necesidadees de la población. Que sigue sin decidirse a avanzar en el proceso de expropiación y confiscación de bienes de los grandes empresarios y terratenientes, para atender las demandas populares.

Y que a nombre de no aislarse diplomáticamente del contexto internacional, cede a las pretensiones de los gobiernos de los países imperialistas y sus multinacionales.

Sin embargo ello en nada desdice, la urgente necesidad de que los trabajadores encaremos con plenitud de conciencia esta tarea, sabiendo su complejidad, obstáculos y peligros. Estos primeros ejercicios son los que nos irán conduciendo en el camino de la dirección socialista de la economía, luego de que logremos expropiar a los grupos empresariales, a los terratenientes y tengamos el control de la banca y el comercio exterior y hayamos logrado imponer un gobierno de los trabajadores y el pueblo.

Hasta hoy sólo hemos llegado a un control obrero temporal por 60 días en PDVSA y a una disputa en inferioridad de condiciones en las juntas directivas de algunas empresas del Estado. La batalla continúa y debemos precisar cuáles son las consignas a levantar en el futuro inmediato.

Los compañeros del sector eléctrico marcan el camino. Están planteando la revisión de la estructura y los estatutos de Cadafe para despejar cualquier sorpresa privatizadora y como premisa para asegurar una verdadera cogestión, donde sean los trabajadores y los usuarios los que definan el rumbo de la empresa. Solicitan paridad en los organismos de dirección, para evitar burlas.

A eso deberíamos agregar la exigencia de apertura inmediata del "secreto comercial" de la empresa y de todas aquellas que están en proceso cogestionario. Conocimiento por parte de los trabajadores de la contabilidad, las ganancias, cómo se destinan y cómo se invierten. ¡Abajo el cínico argumento de que son problemas de seguridad de Estado!, rechacemos el desconocimiento que los representantes del Estado hacen de los representantes elegidos por los trabajadores democráticamente.

Para el caso de PDVSA el rompimiento del tabú del "Secreto Comercial" es más urgente que nunca, por cuanto la política petrolera se encamina por senderos que alejan al pueblo del control soberano de su recurso. Discusión abierta sobre el Portafolio de Negocios, Constituyente Petrolera Libre, Soberana y Democrática, para acabar de liquidar los residuos de la meritocracia y para impedir que una nueva tecno-bucrocracia ocupe su lugar.

Que los delegados de los trabajadores sean elegidos democráticamente, así como los gerentes, jefes de personal y plantilla media de dirección de las empresas del Estado.

Avancemos hacia una Planificación Centralizada y discutida democráticamente por la población. Que los delegados de los trabajadores en PDVSA, el Sector Eléctrico y las Industrias Básicas constituyan un Comité Nacional por la Cogestión y presenten un proyecto de Planificación Económica para estos sectores estratégicos, elaborado, discutido y aprobado por los trabajadores en asasmbleas de base.

Celeridad al inicio de operaciones en Invepal. Que el gobierno asuma el pago de los salarios dejados de percibir desde agosto por los trabajadores y pague una bonificación mientras dure la espera para el arranque de actividades. Los trabajadores de Constructora Nacional de Válvulas, Perfumes Cristian Carol e Industrias Fénix no pueden eesperar más.

Expropiación del empresario Sosa Pietri de CNV y procesamiento penal por estafa y robo a todos los empresarios que cerraron sus puertas y despidieron trabajadores.

Ante la posibilidad de reactivación de varias empresas que fueron cerradas por los patronos, levantemos la exigencia de que no se favorezca a esos empresarios ladrones dándoles nuevos créditos para que sigan explotando y expoliando a los trabajadores. Control Obrero Directo y Democrático sobre toda nueva empresa reactivada. Denunciemos los vicios burocráticos de aquellos dirigentes sindicales que hoy claman por la reactivación, pero siguen militando en la CTV en contubernio con los patrones, como acontece con el caso Sudantex. La primer exigencia para hacer en esta empresa es el pago de la indemnización a los trabajadores que fueron despedidos arbitrariamente con el aval de la burocracia sindical La UNT debe hacer suya la consigna de expropiación de los grandes grupos económicos comenzando por el Grupo Polar, la exigencia de nacionalización de la banca y control absoluto sobre el comercio exterior para evitar la fuga de capitales que desde hace años vienen desarrollando los empresarios.

El camino apenas empieza. La lucha será larga y en consecuencia debemos ser tenaces y persistentes para sortear los obstáculos que el imperialismo, los empresarios, las políticas gubernamentales, los reformistas, la tecno-burocracia, los corruptos y los nuevos burócratas sindicales quieren colocarnos para impedir que avancemos en dirección de la coronación definitiva de la revolución socialista en Venezuela.


Notas:

1.- Carlos Lanz Rodríguez. La cogestión como cambio en las relaciones de producción (el nexo entre cooperativismo, cogestión y autogestión). Pág. 3-4. Subrayado nuestro

2.- Fetraelec. Boletín Informativo. Noviembre " Diciembre 2004 / Año 1 No. 4. Pág. 5. El resaltado es nuestro.

3.- Ob. Citada. Página 7

4.- José Bodas. Desgrabación de intervención en acto de fundación de Opción Clasista de los Trabajadores, el 2 de abril en Puerto La Cruz, Estado Anzoátegui.


Extractos del Programa de Transición escrito por León Trotsky

EL SECRETO COMERCIAL Y EL CONTROL OBRERO SOBRE LA INDUSTRIA
 
El capitalismo liberal basado en la concurrencia y la libertad de comercio se ha eclipsado en el pasado. El capitalismo monopolizador que lo reemplazó, no solamente no ha reducido la anarquía del mercado, sino que, por el contrario, le ha dado un carácter particularmente convulsivo. La necesidad de un "control" sobre la economía, de una "dirección" estatal, de una "planificación" es reconocida ahora -al menos verbalmente- por casi todas las corrientes del pensamiento burgués y pequeño-burgués, desde el fascismo hasta la social-democracia. Para el fascismo se trata sobre todo de un pillaje "planificado" del pueblo con fines militares. Los socialdem ócratas tratan de desagotar el océano de la anarquía con la cuchara de una "planificación" burocrática. Los ingenieros y los profesores tratan de convertirse en tecnócratas. Los gobiernos democráticos tropiezan en sus tentativas tímidas de "reglamentación" con el sabotaje insuperable del gran capital.

El verdadero nexo entre explotadores y "controladores" democráticos se revela en el hecho de que los señores "reformadores" poseídos de una santa emoción, se detienen en el umbral de los trusts con sus "secretos" industriales y comerciales. Aquí reina el principio de no intervención.

Las cuentas entre el capital aislado y la sociedad constituyen un secreto del capitalismo: la sociedad no tiene nada que ver con ellas. El "secreto" comercial se justifica siempre, como en la época del capitalismo liberal, por los intereses de la "concurrencia". En realidad los trusts no tienen secretos entre sí. El secreto comercial de la época actual es un constante complot del capital monopolizador contra la sociedad. Los proyectos de limitación del absolutismo de los "patrones de derecho divino" seguirán siendo lamentables farsas mientras los propietarios privados de los medios sociales de producción puedan ocultar a los productores y, a los consumidores la mecánica de la explotación, del pillaje y del engaño. La abolición del "secreto comercial" es el primer paso hacia un verdadero control de la industria.

Los obreros no tienen menos derechos que los capitalistas a conocer los "secretos" de la empresa, de los trusts, de las ramas de las industrias, de toda la economía nacional en su conjunto. Los bancos, la industria pesada y los transportes centralizados deben ser los primeros sometidos a observación.

Los primeros objetivos del control obrero consisten en aclarar cuales son las ganancias y gastos de la sociedad, empezando por la empresa aislada, determinar la verdadera parte del capitalismo aislado y de los capitalistas en conjunto en la renta nacional, desenmascarar las combinaciones de pasillo y las estafas de los bancos y de los trusts; revelar, en fin, ante la sociedad el derroche espantoso de trabajo humano que resulta de la anarquía del capitalismo y de la exclusiva persecución de la ganancia.

Ningún funcionario del estado burgués puede llevar a cabo esa tarea, cualesquiera que sean los poderes de que fuera investido. El mundo entero ha observado la impotencia del presidente Roosevelt y del presidente del consejo León Blum frente al complot de las "60" o de las "200" familias de sus respectivos países. Para quebrar la resistencia de los explotadores se requiere la presión del proletariado. Los comités de fábrica y solamente ellos pueden asegurar un verdadero control sobre la producción llamando en su ayuda como consejeros y no como tecnócratas a los especialistas honestos y afectos al pueblo: contadores, estadísticos, ingenieros, sabios, etc...

En particular la lucha contra la desocupación es inconcebible sin una amplia y atrevida organización de "grandes obras públicas". Pero las grandes obras no pueden tener una importancia durable y progresiva, tanto para la sociedad como para los desocupados, si no forman parte de un plan general, trazado para un período de varios años. En el cuadro de un plan semejante los obreros reivindicarán la vuelta al trabajo, por cuenta de la sociedad, en las empresas privadas cerradas a causa de la crisis. El control obrero en tales casos sería sustituido por una administración directa por parte de los obreros.

La elaboración de un plan económico, así sea el más elemental, desde el punto de vista de los intereses de los trabajadores y no de los explotadores, es inconcebible sin control obrero, sin que la mirada de los obreros penetre a través de los resortes aparentes y ocultos de la economía capitalista. Los comités de las diversas empresas deben elegir, en reuniones oportunas, comités de trusts, de ramas de la industria, de regiones económicas, en fin, de toda la industria nacional, en conjunto. En esa forma, el control obrero pasará a ser la escuela de la economía planificada. Por la experiencia del control, el proletariado se preparará para dirigir directamente la industria nacionalizada cuando la hora haya sonado.

A los capitalistas, especialmente aquellos de pequeña y mediana importancia que, a veces, proponen ellos mismos abrir sus libros de cuentas ante los obreros - sobre todo para demostrarles la necesidad de reducir los salarios - los obreros deberán responderles que lo que a ellos les interesa no es la contabilidad de los quebrados o de los semi-quebrados aislados, sino la contabilidad de todos los explotadores. Los obreros no pueden ni quieren adaptar su nivel de vida a los intereses de los capitalistas aislados convertidos en víctimas de su propio régimen. La tarea consiste en reconstruir todo el sistema de producción y de distribución sobre principios más racionales y más dignos. Si la abolición del secreto comercial es la condición necesaria de control obrero, ese control representa el primer paso en el camino de la dirección socialista de la economía.

LA EXPROPIACIÓN DE CIERTOS GRUPOS DE CAPITALISTAS

El programa socialista de la expropiación, vale decir, de la destrucción política de la burguesía y de la liquidación de su dominación económica, no puede, en ningún caso, constituir un obstáculo en el presente período de transición, bajo diversos pretextos, a la reivindicación de la expropiación de ciertas ramas de la industria, vitalísima para la existencia nacional de los grupos más parasitarios de la burguesía.

Así, a las prédicas quejumbrosas de los señores demócratas sobre la dictadura de las 60 familias de los Estados Unidos o de las 200 familias de Francia nosotros oponemos la reivindicación de la expropiación de esos 60 o 200 señores feudales del capitalismo.

De igual modo reivindicamos la expropiación de las compañías monopolizadoras de la industria de guerra, de los ferrocarriles, de las más importantes fuentes de materias primas, etc.

La diferencia entre estas reivindicaciones y la consigna reformista demasiado vieja de nacionalización consiste en que:

1. Nosotros rechazamos la indemnización;

2. Prevenimos a las masas contra los charlatanes del Frente Popular que, mientras proponen la nacionalización en palabras, siguen siendo, en los hechos, los agentes del capital;

3. Aconsejamos a las masas a contar solamente con su fuerza revolucionaria;

4. Ligamos el problema de la expropiación a la cuestión del poder obrero y campesino.

La necesidad de lanzar la consigna de la expropiación en la agitación cotidiana, por consecuencia, de una manera fraccionada, y no solamente desde un punto de vista de propaganda, bajo su forma general, es provocada porque las diversas ramas de la industria se encuentran en un distinto nivel de desarrollo, ocupan lugares diferentes en la vida de la sociedad y pasan por diferentes etapas de la lucha de clases. Sólo el ascenso revolucionario general del proletariado puede poner la expropiación general de la burguesía en el orden del día. El objeto de las reivindicaciones transitorias es el de preparar al proletariado a la resolución de esta tarea.

LA EXPROPIACIÓN DE LOS BANCOS PRIVADOS Y LA ESTATIZACIÓN DEL SISTMA DE CRÉDITOS

El imperialismo significa la dominación del capital financiero. Al lado de los consorcios y de los trusts y frecuentemente arriba de ellos, los bancos concentran en sus manos la dirección de la economía. En su estructura, 105 bancos reflejan bajo una forma concentrada, toda la estructura del capitalismo contemporáneo: combinan la tendencia al monopolio con la tendencia a la anarquía. Organizan milagros de técnica, empresas gigantescas, trusts potentes y organizan también la vida cara, las crisis y la desocupación. Imposible dar ningún paso serio hacia adelante en la lucha contra la arbitrariedad monopolista y la anarquía capitalista si se dejan las palancas de comando de los bancos en manos de los bandidos capitalistas.

Para crear un sistema único de inversión y de crédito, según un plan racional que corresponda a los intereses de toda la nación es necesario unificar todos los bancos en una institución nacional única. Sólo la expropiación de los bancos privados y la concentración de todo el sistema de crédito en manos del Estado pondrá en las manos de éste los medios necesarios, reales, es decir materiales, y no solamente ficticios y burocráticos, para la planificación económica.

La expropiación de los bancos no significa en ningún caso la expropiación de los pequeños depósitos bancarios. Por el contrario para los pequeños depositantes la banca del Estado única podrá crear condiciones más favorables que los bancos privados. De la misma manera sólo la banca del Estado podrá establecer para los campesinos, los artesanos y pequeños comerciantes condiciones de crédito privilegiado, es decir, barato. Sin embargo, lo más importante es que, toda la economía, en primer término la industria pesada y los transportes, dirigida por un Estado mayor financiero único, sirva a los intereses vitales de los obreros y de todos los otros trabajadores.

No obstante, la estatización de los bancos sólo dará resultados favorables si el poder estatal mismo pasa de manos de los explotadores a manos de los trabajadores.



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José Bodas, Richard Gallardo y José Joaquín Barreto - OIR

Secretario General de la Futpv y dirigente nacional de la Corriente, Clasista Unitaria, Revolucionaria y Autónoma CCURA.

 @J_Bodas

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