Carabobo (III)

Hoy se ve como normal por ser otra hazaña de Bolívar, pero era una tarea titánica que por sus dificultades y sobre todo por su inevitable improvisación parecía ser una locura. Se trataba de que, encabezada por él y Santander, con un mediano ejército de llaneros venezolanos y neogranadinos y una compañía de soldados británicos, ese ejército atravesase en pleno invierno los extensos llanos de Casanare, lluviosos, empantanados, llenos de ríos crecidos y caimanes, y luego, sin ropas adecuadas, sin previa preparación ni suficientes provisiones, cruzase los Andes neogranadinos, montañas altas, frías, varias nevadas, sin ser descubierto por los españoles; y luego de pasar los páramos, recobrado, vestido, reorganizado y rearmado, desembocase por sorpresa en la llanura boyacense para derrotar en batalla a las tropas españolas, dando así a Nueva Granada la prometida libertad y convirtiendo en realidad territorial a la Colombia bolivariana.

La primera fase, cruzar el llano inundado lleno de caimanes, afecta en algo a los británicos, que lo superan, y en nada a los llaneros, acostumbrados a cruzarlo. Los altos picos andinos son otra cosa. No afectan a los británicos, pero sí, seriamente, a los llaneros, que no han visto montañas tan altas y nevadas, y que ahora, con la escasa ropa que llevan, deben trepar a ellas y cruzarlas en medio del viento, la lluvia, el frío y la nieve. Lo hacen. Pero la hazaña se logra a un costo enorme, tanto en vidas humanas (caídos al vacío, enfermos, muertos de frío o de hambre) como en caballos, mulas, armas y provisiones. Lo que sale al fin del páramo de Pisba, más que un ejército, parece una triste y enferma banda de mendigos.

Falta lo principal, pero la solidaridad del pueblo neogranadino y el dinamismo de Bolívar seguido por Santander arreglan todo. Los campesinos ofrecen alimento, ropas, calzado, sombreros de paja, ruanas. Bolívar consigue armas, caballos, mulas; y recluta y entrena a jóvenes dispuestos a luchar por su libertad. En cosa de días los mendigos vuelven a ser soldados y a formar un ejército. Dirigidos por Barreiro, los españoles han aparecido y ha habido enfrentamientos. Gámeza, choque poco claro, para los patriotas es victoria pues conservan el terreno. En Pantano de Vargas, a punto de derrota, Bolívar pide al llanero Rondón salvar la patria. Rondón la salva con su heroico ataque y Barreiro se repliega. La moral está en alto, bajan a la planicie boyacense, toman Tunja, enfrentan a Barreiro el 7 de agosto en el puente de Boyacá, y lo derrotan. Capturan a todo el alto mando español, y al enterarse, el virrey Sámano huye. Así, la victoria de Bolívar en esa batalla, modesta, pero esencial por su enorme resultado que es lo que más importa en las batallas, causa el inmediato derrumbe del poder español, logra la libertad de Nueva Granada; y como república libre, Colombia se hace al fin realidad en el terreno. No fue poca cosa.

Aclamado como Libertador, Bolívar entra en triunfo a Bogotá, deja el gobierno a Santander y empieza a organizar el nuevo poder republicano y a obtener apoyos y recursos para este, recorriendo el país y haciendo que jefes de su ejército y otros jefes neogranadinos liberen varias provincias. Se lo logra a corto plazo y casi sin costos. Sólo liberar el sur queda pendiente. Nueva Granada, libre del poder español, se integra a Colombia; y en noviembre, Bolívar, dejando al frente a Santander, regresa a Venezuela con su tropa a retomar el mando.

El año 1820 es clave para definir las cosas. Y con el liderazgo de Bolívar, todo resulta favorable a la causa de la Independencia. En enero, Morillo, confiado en su victoria, está a la espera de 3.000 soldados españoles que Fernando VII tiene listos en Cádiz para ser enviados a Venezuela. Pero los soldados y sus jefes, Riego y Quiroga, se rebelan, proclaman la Constitución liberal de 1812 y se la imponen a Fernando. España se declara liberal, harta de esa ruinosa guerra colonial y dispuesta a negociar una paz honorable con los rebeldes sudamericanos. La noticia llega a Caracas en marzo. Morillo entiende de inmediato que la lucha está perdida y decide renunciar, pero antes debe hacer cumplir las decisiones reales.

Bolívar también se entera; y entiende a su vez que la lucha independentista, cuyo apoyo popular crece, tiene por fin a su alcance el triunfo final. El año se va en negociaciones, maniobras políticas, escaramuzas y forcejeos por territorio. Morillo intenta negociar con los jefes militares patriotas, pero estos le dicen que su líder es Bolívar y es con él que debe hacerlo. Al cabo, entre los representantes de Morillo y los de Bolívar se negocia un Armisticio en el que cada parte mantiene el control de los territorios que su ejército domina, y se firma un tratado de Regularización de la Guerra para liquidar la ya repudiada Guerra a muerte. Se lo inicia declarando que "la guerra entre España y Colombia se hará como la hacen los pueblos civilizados." Sucre tiene un papel central en ambos. Las negociaciones concluyen a fin de año con el famoso encuentro de Bolívar y Morillo en el pequeño pueblo trujillano de Santa Ana. Abrazos y brindis sinceros también civilizados. Morillo se marcha a España y deja a La Torre al mando del ejército español. Termina 1820 y el Armisticio que se firma es por los primeros 6 meses de 1821.

Entre dos ejércitos en espera de la batalla final que definirá todo, un armisticio solo puede ser algo inestable. Hay diálogos, propuestas, disputas territoriales, esbozos de planes de batalla y búsqueda del campo más favorable al logro de la victoria que se espera. Coro y Maracaibo seguían siendo tercas provincias realistas. Urdaneta logra que Maracaibo se alce pidiendo su anexión a la república. La Torre protesta pues se viola el armisticio, pero Bolívar replica con un argumento irrefutable: no puede impedirse a un pueblo ser libre. Coro sigue después. El triunfo patriota se acerca, y La Torre, que controla el centro del país, elige como campo de batalla la llanura de Carabobo y allí se instala.

Ante eso, Bolívar conforma un plan estratégico brillante. Participarían todas las fuerzas republicanas, que controlaban Guayana, los llanos, oriente, Margarita y ahora Coro y Maracaibo. De oriente, Bermúdez debe amenazar Caracas para que La Torre saque parte de sus tropas a fin de defenderla. La tarea, que Bermúdez cumple a perfección, es solo amenazar buscando dividir el ejército realista. De complicarse las cosas, Arismendi acudiría de Margarita a desembarcar en el litoral central, lo que no fue necesario. De occidente acudiría Urdaneta al frente de sus tropas para unirse a Bolívar al iniciarse Carabobo. No fue posible: Urdaneta no llegó. Así el ejército que combatió por la liberación de la Patria en Carabobo, dirigido por Bolívar, con Mariño como jefe de estado mayor, estuvo integrado por 3 divisiones: la primera al mando de Páez con la Legión Británica que le sirve de respaldo; la segunda, también llanera, al mando de Cedeño; y una tercera al mando del joven coronel venezolano Ambrosio Plaza, que estuvo en el paso de los Andes y combatió en Boyacá.

La causa republicana vence. Carabobo nos independiza del dominio colonial español.

Caracas es al fin libre. Bolívar llega cinco días más tarde, aclamado, la noche del 29 de junio. Pero después de tanto luchar por libertarla, permanece poco en ella. Se va a San Mateo, a su vieja y ruinosa hacienda, y pasa días allí paseando y meditando. Luego define con sus hombres un plan militar para acabar de liberar el país, deja a Soublette a cargo de Venezuela y parte para Nueva Granada, porque su lucha continental apenas comienza. No hay descanso. La lucha sigue; y desde Bogotá empezará a organizar, contando para ello con Sucre, el nuevo combate que libertará a Ecuador para unirlo a Colombia.

Tomado del diario Últimas Noticias.



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Vladimir Acosta

Historiador y analista político. Moderador del programa "De Primera Mano" transmitido en RNV. Participa en los foros del colectivo Patria Socialista

 vladac@cantv.net

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