Hablemos de inmunidad humana

I.

En el clima de pandemia por covid-19 que se mantiene desde comienzos del año 2.020, la palabra inmunidad se ha hecho común en la conversa popular. Eso es lógico que ocurra, pues se entiende que inmunidad y pandemia son las dos caras de una misma moneda con que se apuesta la vida.

Como en otras pandemias, la inmensa mayoría solo toca superficialmente el tema de la inmunidad al relacionarlo únicamente con las inyecciones anticovid (candidatos vacunales) que se están aplicando en el mundo, mientras que una minoría aborda conceptos y vocablos como: sin inmunidad, nueva inmunidad de rebaño, inmunidad semestral, inmunidad natural y superinmunidad.

Siendo la inmunidad una palabra posicionada en la opinión pública, es pertinente y conveniente, trascender en su significado y profundizar en la importancia que tiene el sistema inmune para la especie humana. Todo para mantenerse en la dirección estratégica de promover, proteger y defender nuestra inmunidad.

II.

El cuerpo humano tiene un sistema inmunitario, constituido por células, sustancias y mecanismos inteligentes que nos defienden automática y eficientemente de virus, bacterias, hongos, microbios, parásitos y otras toxinas que no son parte del organismo o cuando, producto de deficiencias corporales o excesos en el ambiente, estos elementos superan la cantidad que nuestro organismo tolera para mantener el equilibrio que llamamos salud.

Esta defensa se expresa en inflamaciones, dolores, tos, fiebre, diarreas, vómitos, erupciones, manchas, ardor y dolor de cabeza, según sea el desequilibrio, hasta volver a la normalidad. De allí que estos trastornos no deben suprimirse, porque estaríamos debilitando nuestra defensa y favoreciendo el desequilibrio.

Es importante conocer todo sobre el sistema que garantiza la inmunidad.

Que está constituido por dos subsistemas: el innato y el adaptativo.

El sistema inmune innato se tiene desde el nacimiento, es el primer anillo de seguridad contra las bacterias y los virus que pueden causar desequilibrio. Se ubica en las vías de entrada (la nariz, los pulmones, boca y la piel) y produce las moléculas llamadas citocinas para comunicarse entre las distintas partes del organismo.

El sistema inmune adaptativo se desarrolla con el tiempo, de dos maneras: la natural por contacto con el agente (infección) y la artificial por vacunación. Está constituido por dos tipos de leucocitos conocidos como linfocitos T y linfocitos B que detectan los causantes de desequilibrio, los marcan y ayudan a eliminarlos. Cabe cuestionar que, en octubre 2020, la OMS cambió el concepto de Inmunidad Colectiva (Inmunidad de rebaño) para indicar que "la única forma de alcanzar la inmunidad colectiva es a través de la vacunación", poniéndose en contra del proceso social y la realidad histórica, puesto que, como dice el reconocido Dr Mercola, "la inmunidad que se desarrolla por una infección previa es la forma en la que los humanos han sobrevivido desde que se tiene uso de razón".

Otra cosa que hay que tener clara, es que la inmunidad dura para toda la vida, independientemente que el sistema inmune se debilite. Por eso, a los adultos mayores, cualquiera sea su realidad inmunológica, no les repiten el sarampión, ni la lechina, ni la parotiditis, entre otras.

Conocer mas de inmunidad significa, abordar varios Objetos de Estudio como Estilo de vida saludable, Sueño reparador, Alimentación Sana y Nutrición Celular.

También hay que abordar el deterioro del sistema inmunitario, al que nosotros le adjudicamos dos grandes causas: el envejecimiento y la medicalización exagerada. En esto último, los fármacos inmunosupresores son causantes que se genere poca o ninguna inmunidad, ya que bloquean las respuestas del sistema inmunitario, es decir, que eliminan o frenan a los linfocitos B, los linfocitos T y las citocinas. Generalmente estos inmunosupresores se utilizan en tratamiento de: a) enfermedades autoinmunitarias: la artritis reumatoide, en la esclerosis múltiple, la colitis ulcerosa, la psoriasis, la miastenia grave y b) la prevención del rechazo en el trasplante de riñón, corazón e hígado.

III.

Para hablar de inmunidad humana tenemos que:

  1. Saber cómo y con qué se mide la inmunidad de cada persona. (Potencial inmunológico)
  2. Suministrar la cantidad de vacuna según el potencial inmunológico de cada persona.
  3. Desarrollar los protocolos para promover, proteger y defender nuestra inmunidad.
  4. Valorar la inmunidad natural.
  5. Descolonizar la salud del yugo farmacéutico.
  6. Mirar hacia la naturaleza humana y sus leyes.
  7. Hacer el Foro Abierto y Permanente: "Hablemos de Inmunidad Humana".


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Alexis Adarfio Marín


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