Formación para la transformación del hombre y el plan Guayana socialista

Cuando se trata de una revolución, transformación social, desarrollo de las fuerzas productivas, salir de la dependencia tecnológica o del problema central del capitalismo como lo es el individualismo y la competencia, estamos hablando de la TRANSFORMACIÓN DEL SER HUMANO en su dimensión individual, colectiva y social desde el punto de vista dialéctico.

Para el abordaje de la formación para la transformación, se asume la siguiente metodología:

1. Cualquier proceso de transformación o construcción de una nueva realidad exige dos condiciones mínimas indispensables.

1.1. Conocimiento de los elementos de la realidad a transformar o problema que se va a resolver (Tiene implícito el ámbito de acción.)

1.2. Conocimiento de la realidad o solución deseada (Tiene implícito que tipo de transformación que se quiere, o alcance deseado).

2. Saber con qué TRABAJO es que se transforman los elementos de la realidad, sean estos materiales, individuales, colectivos o sociales.

En nuestro caso, donde la transformación se refiere a la transformación de los trabajadores en su dimensión humana, partimos que el contexto o realidad actual en la cual nos hemos desarrollado es el capitalismo, generador de la cultura sobre la cual debemos intervenir, para lograr la transformación deseada.

Desde el enfoque de la economía política, e interpretando el modo de producción capitalista en el cual aun nos desenvolvemos, todos los días, vemos al trabajador como la parte más importante de las fuerzas productivas, convertido en un objeto de trabajo, cuya conciencia está condicionada por la normativa, las leyes o la manera como se organiza el trabajo. Veamos al trabajador que queremos transformar, en sus dimensiones del hacer, del convivir, del ser y del sentir. Las mismas por su condición humana, no pueden entenderse ni mucho menos intervenirse de manera separada, solo es posible entenderlas de manera dialéctica, como un todo.

Vemos allí al trabajador, con un hacer vinculado a su conocimiento de mecánica, electricidad, instrumentación, operación, o otro. El mismo de manera fragmentado entre una práctica, una teoría, un planificar y un tomar decisiones. Esta fragmentación del conocimiento o del hacer dentro de una disciplina (mecánica por ejemplo), se extiende entre las otras disciplinas, consolidando parcelas del conocimiento e impidiendo la unidad sistémica del mismo. Todo este fraccionamiento, esta estructurado a través de descripciones de cargos, lo que nos convierte desde el punto de vista tecnológico en mantenedores y operadores de procesos, equipos y máquinas de los imperios, a tal punto que ante cualquier falla, sino llega el repuesto del exterior, se para la máquina. Esta debilidad se extiende incluso a los niveles de investigación donde a lo máximo, la investigación es dirigida al campo de los materiales, fortaleciendo nuestra condición de país productor de materias primas más limpias, para que las transnacionales sigan haciendo y vendiéndonos procesos, equipos y máquinas.

En la dimensión del convivir o del cómo se relacionan los trabajadores entre sí, vemos a la organización en la cual se establecen relaciones de horizontalidad o verticalidad entre mecánicos, entre estos y los supervisores, entre estos y los gerentes, es decir un convivir condicionado por una estructura jerarquía y discriminatoria, cuya esencia o principio fundamental es la competencia entre todos y la obediencia a la jerarquía, estructurada por los famosos tabuladores de cargos, las normas y procedimientos. Es en la organización, donde se moldea la conciencia de los trabajadores, cuando la comida, vestimenta y juguetes de sus hijos, las cervecitas que el trabajador se toma, e incluso sus vicios, están amarrados a un salario cuyo monto depende del cargo que ocupe en el tabulador, pero que a su vez, para poder escalar en dicho tabulador, debe competir por el nuevo cargo con su compañero de trabajo. Esta condición impuesta dentro del modo de producción capitalista, impide que entre los trabajadores puedan compartir experiencias y conocimientos de manera natural, consolidandose el valor del individualismo en el trabajador, ya que esta en juego la posibilidad de tener el aumento de salario vinculado al escalafón superior dentro del tabulador, el cual se ganará compitiendo con su compañero de trabajo.

La dimensión del ser o de la conciencia del trabajador, es en si misma un tema bastante polémico, y sólo podrá entenderse, si se analiza de manera dialéctica con su conocimiento como hacer y su convivir condicionado por la organización. Ya explicamos cómo el modo de producción capitalista condiciona la conciencia individualista de los trabajadores, entendiendo por conciencia a la capacidad humana de sentir e identificarse con sus semejantes, con la realidad y sus elementos. Entender la dialéctica de la conciencia, el conocimiento y la organización de los trabajadores, nos permite responder dos grandes preguntas vinculantes, la primera es ¿porqué todo el mundo esta de acuerdo, en que en la unidad está la fuerza y todo el mundo se la pasa peleando?, y la segunda es, si Jesucristo es un líder amado, respetado e incluso temido por la humanidad y todos sabemos lo que dicen sus enseñanzas, ¿porqué no lo hacemos?, respuesta definitiva, la relación dialéctica de la conciencia, el hacer vinculado al conocimiento y el convivir normado por la organización en la cual estamos inmerso.

Finalmente, el sentir vinculado a la motivación que mueve al trabajador. Evidentemente la opresión y la jerarquía reinante en el modo de producción capitalista, establece al dinero como el objetivo supremo, así como a la jerarquía de poder, como instrumento para manejarlo y conseguirlo.

La importancia de conocer la realidad que debemos transformar, exige y facilita a su vez la propuesta del cómo transformarla, una vez que nos hallamos planteado lo que queremos lograr.

QUE CLASE TRABAJADORA ESPERAMOS DE LA TRANSFORMACIÓN?

1. Su unidad del saber y el hacer, logrando un conocimiento integral en lo técnico productivo, socio político y de gestión de equipos, máquinas y procesos.
2. Una organización del trabajo horizontal y transdisciplinario, con visión sistémica de procesos productivos, de país y de unidad Latinoamericana.
3. Un trabajador convertido en el sujeto transformador de la sociedad, que sienta la necesidad del colectivismo y de la solidaridad.
4. Un ser HUMANO que tenga como valor el ser útil, al prójimo, a la patria y a la humanidad a la que pertenece.

CÓMO LOGRARLO?

1. La profesionalización integral de los trabajadores, para lo cual ya tenemos la Universidad Bolivariana de los Trabajadores “Jesús Rivero” (UBTJR), cuya tarea principal es la de convertir cada centro de producción en un centro de profesionalización integral donde se logre el absorber, empoderarnos y desarrollar tecnología para el ejercicio de la soberanía. Ya la clase trabajadora ha desarrollado dentro de SIDOR, una metodología de absorción tecnológica, probada en la construcción de más de 30 máquinas de mediana y alta complejidad. En la UBTJR, se asume la formación, como la integración de la formación técnico productiva, socio política y de gestión en equipos, máquinas y procesos.

2. Transformando de manera Estructural las empresas: Estatutos, Normas y Procedimientos, misión y visión donde se contemple la inclusión y el Protagonismo de los trabajadores y la comunidad, donde el Control Obrero y Popular a través de los Consejos de Trabajadores, permita el ejercicio de la Democracia Directa. La propuesta de convertir cada centro de producción en un centro de profesionalización integral para absorber, empoderarnos y desarrollar tecnología para el ejercicio de la soberanía, tiene dos grandes ventajas estratégicas. En primer lugar, se rompe con la cultura y excusas de la sociedad de la dependencia y el servilismo al imperio, de que las empresas son solo para producir hierro, aluminio o petróleo, como lo es la misión actual de las mismas. Esto se logra ya que el proceso de empoderarnos y desarrollar tecnología, tiene implícito los sub-procesos de operar, mantener y medir las variables de equipos, máquinas y procesos, lo que garantiza que además de tener la mejor producción en cantidad y calidad, la misma estará inmersa en un proceso superior de liberación conciente de la patria. En segundo lugar, se logra como sociedad, romper con la fragmentación que el sistema capitalista mantiene entre los sub sistemas de educación, investigación y trabajo; el Estado estaría materializando el mandato constitucional de unificar la educación y el trabajo como bases para la liberación y estaría orientando la investigación hacia el ejercicio de la soberanía, dándole un objetivo estratégico a la construcción de máquinas donde la investigación de los materiales está contemplada y sumada a la investigación social, como construcción permanente de la sociedad. En fin, estaríamos rompiendo con la educación academicista y reproductora de la fragmentación de la sociedad, rompiendo con el trabajo explotador y con una investigación al servicio de las transnacionales.

Finalmente podemos asegurar, que no lograremos transformar al ser humano que queremos, sino establecemos un proceso de aprendizaje que intervenga de manera dialéctica al hacer, al ser y al convivir.

Se trata de enfrentar la segregación que el sistema capitalista a hecho de la humanidad, al separarla de su condición de ser HUMANO, vista desde la cultura Oriental como la unidad del sabio, el monje y el guerrero para referenciar nuestra condición material, intelectual y espiritual, que vista desde la cultura Occidental, pudiéramos hacer una analogía de el conocimiento como intelecto, la conciencia como expresión espiritual y la organización como estructura material de la sociedad. Se trata de reconocernos como fruto del capitalismo que nos ha llevado incluso a jactarnos de obreristas, de intelectuales, de científicos, de deportistas, de militaristas, de espiritualistas, en fin como “mochos humanos”.

En este contexto histórico se construye el plan Guayana Socialista, bajo la consigna del presidente de la República, Hugo Chávez Fría de la tercera gran oleada de la revolución bolivariana, signada por el protagonismo del pueblo y los trabajadores. Dicho plan, el cual como proceso social expresa las contradicciones naturales de un proceso de transformación, presenta por una parte, la necesidad de los trabajadores de tener el control obrero, que ha mi juicio personal, es la expresión del cansancio histórico contra la corrupción e ineficiencia restregada en el rostro de los trabajadores, permanentemente por la administración jerárquica establecida en el modelo capitalista, que aun persiste. A sí mismo como parte de la contradicción natural a resolver, mientras el presidente de la República, da apertura a las mesas de trabajo con la visión de sector hierro y acero y de sector aluminio donde los trabajadores deberíamos haber presentado propuestas y proyectos, con un orden de prioridad, que considerara a las diferentes empresas como parte de un todo que es el sector, son aprobados recursos financieros para dar respuesta a problemas prioritarios de cada empresa, pero presentados con la visión parcelada de la cultura capitalista de la fragmentación y la representatividad, donde los presidente de empresas y sindicatos marcaron la pauta en la decisión. Paralelo a esta decisión y como parte del avance y retroceso de los procesos sociales, el presidente de la República establece correctamente que los recursos asignados sean administrados por los trabajadores bajo control obrero y decreta la creación de las corporaciones.

Situación similar ocurrió con la creación de los tres institutos para la formación, el Instituto de Formación Ideológica y Política, el Instituto de Tecnología Popular “Luís Sambrano” y el Centro de Estudios de Alta Tecnología Metalúrgica. Acá se resalta la necesidad presentada por los y las trabajadoras, por lo cual es plausible su aprobación, mas sin embargo, de nuevo el llamado a nosotros mismos de no dejarnos atrapar por la cultura capitalista de la dominación y dispersión, y a sucumbir a ella.

El gran reto para la dirigencia sindical y los trabajadores de Guayana es comenzar el ejercicio de la democracia directa, decidiendo cómo se utilizarán los recursos aprobados y cómo se organizará la formación.

Si no entendemos, que el proceso de liberación de la clase trabajadora, y el lograr que de manera consiente se ponga al servicio de la humanidad, amerita una formación integral, continua y permanente que unifique la educación, la investigación y el trabajo, donde el proceso de absorción, empoderamiento y desarrollo de la técnica, la tecnología y la ciencia vinculado a equipos, procesos y plantas industriales, esté complementado con la formación socio política, en gestión de los procesos y en principios y valores socialistas, todo ello, dentro de una organización incluyente, democrática, horizontal con un funcionamiento donde la transdisciplina prevalezca, con una misión de soberanía, estaremos arando en el mar.

La transformación humana del capitalista fragmentado o “mocho humano” al HUMANO individual, colectivo y social, solo será posible con una formación integral, continua y permanente que intervenga dialécticamente el conocimiento integral, la conciencia y la organización donde nos relacionamos cotidianamente.

Ratificando lo que Albert Einstein señalaba de los resultados: Si buscas resultados distintos nunca hagas lo mismo.

En nuestro caso, Solo haciéndolo diferente, seremos diferentes.


(*) Centro de Formación UBTJR- CVG Alcasa.
Ciudad Guayana, 11 de agosto de 2009
marpasaed@gmail.com


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Elio Sayago (*)


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