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Premio Nóbel consuelo de Obama

Fue que en los pocos meses en la Casa Blanca ya le habían quitado hasta el modo de andar. Empezaron por arrebatarle la credibilidad del pueblo que le dio el voto. Lo lograron en mínima proporción. No así la confianza de la clase obrera heredera de la pujanza que ayudó a ese país a fortificar la industria, después de la segunda guerra, provocada por los mismos que hoy cercan al primer presidente negro para que ignore la ruta por donde están sacando los grandes capitales, producto del pillaje de esa guerra.

Le echaron el vao de la boa pentagonal, mientras se llevaban los inmensos capitales y luego lo conminaron para que sacara, “de donde sea”, una buena tajada para repontenciar las arcas bancarias; la “caja chica” que siempre fue Wall Street, de donde giran al Banco Mundial, de manera que tenga sonido para que “llame” el dinero de estos países. Por algo le dejaron como “asesor” el experto en finanzas de la misma cofradía.

Claro que estamos conscientes en cuanto a que esta humilde conclusión opone al análisis de los expertos que concluyen que Obama vino “maleao”, por su compromiso anterior con algunos intereses no muy santos. No nos consta. Al contrario, es deducible que no fue el pueblo norteamericano el que tuvo esa apreciación de “maleao”, si fue el de la decisión de ir a votar por el abogado negro y no por el aviador catire, obediente a los Bush y masacrador del pueblo heroico de Vietnam. Y que no se nos venga con el cuento que sólo votó por Obama el pueblo de la negritud minoritaria. A esa avalancha con la que ganó el negro se sumaron blancos y latinos que sufragaron por la paz y el equilibrio de la naturaleza y, sobre todo, para salvar a la juventud en peligro por el incremento del consumo de la droga maldita en ese país.

Ahora bien, aunque no para Obama. El capitalismo, pedestal de los imperios, sigue con su mordaza, con ahinco diabólico, en los círculos del embeleso. Por eso su odio al socialismo. En ese tenor, intrigaron con la vanidad, a la que aprovecharon para el canje del diploma por buena intención del Obama Presidente, por el premio Nobel al Obama dubitativo que fue por quien preguntó el Presidente venezolano de una sola pieza, Hugo Chávez Frías.

Dicen que Obama, con su gato-mascota en las piernas, quedó sorprendido por el anuncio del Nobel. Pero también que el quinteto de la mordaza, en el que incluyeron como mesero a Uribe, le enfatizó: “o lo tomas, o lo tomas”. Amaneció, y aprobó compartir con la enemiga número uno de la paz en Irán.

Mientras tanto, por acá bajo el Río Grande, millones de ojos bolivarianos vigilan por si se atreven a derribarnos las cien mil bases por la paz, que son las mismas que el “pacifista” Oscar Arias quiere “derribar” en su país. Es que el costarricense prefiere las de Uribe.

Patria, Socialismo o barbarie.

*pedromendez_bna@yahoo.es


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Pedro Méndez*


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