Panorámica de la Europa oculta tras los discursos oficiales

Programa “Temas sobre el tapete” del 25 de junio de 2008 en RNV 91.1 FM. Transcripción libre de Mariela Sánchez Urdaneta. Especial para Aporrea.org

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(...) la llamada “Directiva de la vergüenza” por quienes se le oponen, normativa aprobada el 18 de junio por la Unión Europea, convierte la inmigración de los pobres, de los sin papeles, en un delito punible hasta con dieciocho meses de cárcel, incluyendo a los menores de edad. ¡Una barbaridad racista y espantosa!

Pero resulta que algunas personas todavía se asombran de que esto ocurra en Europa. No voy a analizar hoy la “Directiva de la vergüenza” porque lo hice hace poco en el canal informativo de RNV. Quiero más bien explicar por qué este tipo de normas no son tan sorpresivas como se dice. Hemos escuchado a algunos dirigentes de izquierda, fundamentalmente latinoamericanos, a representantes y líderes políticos en Bolivia y en Ecuador asombrados frente a la medida. Por fortuna no ha pasado en Venezuela porque el presidente Chávez fue muy claro en su respuesta como lo fueron los presidentes Correa y Evo Morales. Sin embargo, algunos líderes de los cambios que se vienen produciendo en América Latina vinculados a la izquierda, quedaron sorprendidos porque esto se produzca en Europa y siguen repitiendo que es “asombroso que suceda en la Europa de las luces”, porque “Europa es el continente de las luces”, “el continente que ha alumbrado el mundo”, “el continente de los Derechos Humanos” ya que “Europa ha sido una defensora de los Derechos Humanos” ¡cómo es posible que ocurra en la Unión Europea!

Y justamente hoy quiero analizar ese tema para demostrar que no es tan sorpresivo como parece y que lo que ocurre es que nosotros tenemos y hemos tenido –y en buena parte ha sido por obra de nuestras clases dominantes que han influido sobre todos, incluso sobre los sectores de izquierda- una visión bastante sesgada de Europa, limitada, embellecida, una visión luminosa e iluminadora que la convierte en el continente de las luces, del Racionalismo, en el continente del Progreso, el continente de los Derechos Humanos, olvidando así que la historia de Europa contiene muchos elementos que apuntan en otra dirección y que no tiene una historia tan luminosa como se pretende.

Y al mismo tiempo, que nosotros hemos vivido ese mito. No sólo vivimos el mito de Estados Unidos, que es un mito más reciente conformado desde finales del siglo XIX y a todo lo largo del siglo XX, sino que nos han hecho vivir en el mito de la Europa de las luces.

Haré un corto recuento de las tendencias políticas que han ido dominando actualmente a Europa para comprender mejor el contexto en el cual se inscriben y se producen estas recientes medidas tomadas por la Unión Europea y luego haré una reflexión que se remontará al pasado para ver su continuidad con la visión del mito europeo actual.

I. Recuento de tendencias políticas en la Europa actual

La pregunta es: ¿qué ha venido sucediendo en los tiempos recientes en Europa? Para responderla hay que remontarse a los años noventa por lo menos, cuando se empieza a construir la Unión Europea conformada oficialmente con el Tratado de Maastricht en febrero de 1992, la propia década del neoliberalismo y la década en la cual el proceso formativo de esa Europa -que venía desde 1958 y que por lo menos había dado algunos pasos importantes con los acuerdos entre Francia y Alemania, etc.- se materializa en 1992.

NEGACIÓN DEL ESTADO DE BIENESTAR

Y en la misma constitución de la Unión Europea se empiezan a expresar –incluso antes de que entraran los países de Europa oriental después de la crisis del socialismo, de la caída del Muro de Berlín y todo lo demás- los rasgos claramente neoliberales de ese proyecto corporativo, con rasgos de las grandes corporaciones, de las grandes empresas monetaristas y explotadoras que lo caracterizan; un proyecto que había nacido como otra cosa y termina conformándose en un contexto altamente desfavorable para los sectores populares, para los países más pobres, para los trabajadores: el contexto del neoliberalismo.

De tal manera lo que va a caracterizar a esa Europa desde los años noventa no es más que, por un lado, el derrumbe progresivo y sistemático del Estado de bienestar conformado por Europa a raíz de la Segunda Guerra Mundial y que obtuvo logros impresionantes en Gran Bretaña, en Francia, en Alemania y en otros países europeos. El Estado de bienestar comienza a ser desmontado sistemáticamente por la Europa de los noventa. Ya no será la Europa del bienestar, la de los sindicatos poderosos, la de los partidos progresistas, partidos de izquierda, la Europa donde los trabajadores habían conquistado ciertos derechos sino al contrario, la Europa donde los trabajadores van a ir perdiendo sistemática y progresivamente esos derechos en beneficio de los grandes grupos capitalistas, de las grandes corporaciones trasnacionales y del servilismo con Estados Unidos. Es el derrumbe sistemático del Estado de bienestar.

Y la Normativa de las sesenta y cinco horas es uno puntos de llegada hasta ahora de ese derrumbe del Estado de bienestar aunque los dirigentes europeos, esos farsantes, lo sigan negando.

AVANCES EN LA IMPOSICIÓN DEL NEOLIBERALISMO

Otra característica: los avances de la imposición del neoliberalismo, que es justamente la negación de un Estado de bienestar, de una participación del Estado para llevar a cabo equilibrios sociales que redistribuyan ingresos, beneficien en cierta medida a los sectores populares y atenúen la conflictividad de clases. El neoliberalismo es la guerra contra los pobres, la guerra contra los trabajadores, contra las izquierdas, contra los sindicatos; es la imposición abierta y franca de una política beneficiosa para las grandes corporaciones; de tal manera que ambas cosas van ligadas.

LA DESTRUCCIÓN DE LOS SINDICATOS Y EL QUIEBRE DE LAS LUCHAS OBRERAS

Otro rasgo que ha caracterizado a esa Unión Europea es (recuerden a la señora Tatcher y algunos países donde han ocurrido hechos similares) la destrucción de los sindicatos y el quiebre de las luchas obreras. Porque sin destruir esa fuerza sindical no se podía montar un Estado neoliberal como el Estado que intenta ser la Unión Europea. Destruir los sindicatos para poder introducir el trabajo chatarra, el trabajo basura, la tercerización y todos esos mecanismos que van destruyendo la posibilidad de los trabajadores de defender su salario en unas condiciones, además, en las que los avances tecnológicos reducen cada día la importancia de la mano de obra. Y al reducir la importancia de la mano de obra el resultado es la competencia entre los propios trabajadores por obtener trabajo: no hay trabajo suficiente y el que se ofrece es trabajo chatarra y ese trabajo chatarra sólo se puede imponer destruyendo los sindicatos para que los trabajadores no tengan organismos de defensa y para que los trabajadores tengan que calarse esta condición.

Destrucción de los sindicatos y quiebre de las luchas obreras, además de desmontaje de empresas y desmovilización de trabajadores: hemos visto durante esta década y media ese cuadro europeo, acompañado en algunos países de huelgas, de protestas, como ha ocurrido en Francia a lo largo de la última década.

LA MEDIATIZACIÓN DE LAS JUVENTUDES Y DE LAS CLASES MEDIAS

Otro componente de esa Europa neoliberal ha sido la mediatización de las juventudes y de las clases medias, es decir, la penetración por la vía colonizadora, mediatizadora y embrutecedora de la televisión y otros medios de comunicación -dominados por los valores estadounidenses- que ha ido resquebrajando la fuerza de combate, de lucha progresista, de los sectores estudiantiles, de los jóvenes, de las clases medias, simplemente interesados ahora en ver cómo sobreviven empujando y pateando a los otros para ver si logran éxito personal.

Y este tipo de modelo lo conocemos muy bien en Venezuela porque aquí han hecho exactamente lo mismo en los últimos años de la Cuarta República: la mediatización de la juventud, de las clases medias y de los sectores populares para desarmarlos con los valores del individualismo, la competitividad, la eficiencia, en fin, toda esa basura que venden a diario los medios de comunicación dominados por las corporaciones.

EL VOLUNTARIO AUTOCOLONIALISMO DE EUROPA

Y en el fondo de esto se halla la colonización estadounidense, la colonización de Estados Unidos de una Europa que quiere “imitar” los modelos estadounidenses, de una Europa que escoge el autocolonialismo. Porque nuestros países latinoamericanos han sido colonizados a la fuerza prácticamente (y por las buenas también) por los estadounidenses con golpes de Estado, con invasiones y presiones de todo tipo y así nuestros países han estado sometidos a la hegemonía estadounidense.

Pero Europa hubiera podido ser una alternativa e incluso muchos soñaron que iba a ser una alternativa distinta, ilusionados por algunas decisiones de De Gaulle en una época. Muchos soñaron que Europa podía ser un tercer polo. Y quizás en términos económicos sí hay algo de esto -tiene que haberlo- pero desde el punto de vista político, no: Europa es una colonia servil y repugnante de Estados Unidos y vemos a todos los gobiernos europeos arrastrados detrás de Estados Unidos, y ese mismo servilismo ante Estados Unidos es el servilismo ante el sionismo, que cada vez se hace más abierto y descarado para terminar siendo una colonia voluntaria de Estados Unidos, una imitadora de todo el neoliberalismo y el individualismo, negadora de todo lo que había sido el proyecto europeo, que en su inicio tuvo un cierto contenido social (no porque las clases dominantes europeas sean más amplias y más tolerantes que las gringas sino porque los trabajadores europeos han sido más combativos y estaban mejor organizados que los estadounidenses, estaban menos embrutecidos y menos manipulados que los trabajadores gringos y tenían la fuerza para arrancarle concesiones a las clases dominantes, no dejándoles otro camino).

EL DERRUMBE DE LAS IZQUIERDAS

El terrible y desastroso derrumbe de las fuerzas de izquierda, de los partidos de izquierda, unos partidos que perdieron por completo la brújula y que en esa derechización acelerada que ha producido el neoliberalismo (lo he comentado varias veces aquí), en esa derechización los partidos de izquierda dejaron de tener objetivos políticos como la transformación del sistema, la lucha por un nuevo sistema, por un socialismo distinto del capitalismo o, por lo menos, que lo pareciera. Esos objetivos desaparecieron de los programas de los partidos: ahora todos son capitalistas y defienden el sistema; ahora todos son fukuyanistas por decirlo de alguna manera: todos creen que la historia se acabó, que se trata del triunfo definitivo del capitalismo y sólo hacen falta pequeños ajustes; la derecha propone ajustes y, a veces, la izquierda los propone un poquito más grandes aunque ahora los está proponiendo hasta más chiquitos porque cada día se derechiza más, se arrastra más para obtener poder político a cambio de nada y para hacer exactamente la misma política de la derecha pero con blandenguería.

Y así la izquierda termina disgustando a los sectores populares, los cuales en respuesta votan por la derecha, como le acaba de pasar a la tristemente célebre izquierda italiana.

Como he dicho, derrumbe de las izquierdas que terminan convertidas en la izquierda de la derecha y predominio, en consecuencia, de la derecha de la derecha. La derecha es cada vez más reaccionaria en Europa hoy y los avances de posiciones fascistas y de posiciones nazis crecen cada día. El nazismo está reviviendo con otros nombres, con otras etiquetas, pero con las mismas ideas y las mismas características. El fascismo está vivo en Italia y sigue ganando posiciones, y no sólo en Italia.

Ya no se trata únicamente de los partidos de derecha que pasaban por democráticos (como el partido PP que es puro franquismo reciclado o disfrazado) sino que ya son partidos abiertamente de derecha. Cuando Jörg Haider ganó elecciones en Austria hubo un escándalo porque era un tipo comprometido con posiciones nazis. Sin embargo, eso ya no asombra a nadie porque forma parte del dinamismo retrógrado que padece la evolución de la sociedad europea: cada vez más de derecha, cada vez más reaccionaria y a la par crecen el individualismo, el egoísmo y el racismo.

Crece el racismo más abierto y el desprecio más profundo, particular-mente por los africanos negros, el odio profundo por los árabes y los turcos, odio por todo lo que huela a Islam o a religión musulmana y el desprecio por los latinoamericanos (los pobres llamados sudacas). Y crece toda esa carga de rechazo y odio contra unos países que intentan cerrarse prácticamente en sí mismos, porque recordemos que hasta hace una década a los europeos les interesaba atraer a trabajadores extranjeros para hacer los trabajos más difíciles, duros e incómodos que ellos mismos no querían realizar, y también porque había espacio, porque había crecimiento para ellos.

HAY DESCONTENTO SORDO Y CRECIENTE

Ahora no. Ya no hay crecimiento. Hoy las diferencias sociales crecen sin parar. Está creciendo la pobreza en los sectores populares, sólo que no se movilizan porque están absolutamente embrutecidos, porque no tienen organismos de defensa, porque no tienen sindicatos, porque no tienen partidos que sirvan para algo y los que tienen dejaron de ser de izquierda: pero hay un descontento sordo y creciente en esa Europa. Hay trabajadores mal pagados y además en años recientes hay trabajadores miserables que vienen del Este de Europa y esos trabajadores que vienen de los países ex-socialistas ahora son la mano de obra barata que los europeos de la Europa occidental contratan y a quienes igualmente desprecian (rumanos, húngaros, polacos, albaneses) pero esos trabajadores son blancos y son europeos; no son mulatos ni morenos ni negros ni musulmanes (aunque están los musulmanes albaneses y los musulmanes de Kosovo porque sirven a los intereses europeos y de Estados Unidos).

Y en ese cuadro de la Europa actual es muy difícil no darse cuenta de que estas medidas recientes no son ninguna sorpresa. Habría que ser idiota o cómplice, marciano, despistado o lunático. Tales medidas forman parte de un proceso que se viene perfilando en esa Europa neoliberal desde hace diez o quince años y que cada día se radicaliza más hacia la derecha, hacia el racismo, hacia el egoísmo, hacia el neoliberalismo y hacia el desmontaje de todo lo que pueda oler a crítica u oler a izquierda.

Europa va camino del fascismo y va camino del nazismo nuevamente, va camino del triunfo de presidentes de la derecha. (Los países bálticos son países nazis o pro nazis y tienen vergüenza en proclamarlo. Su odio principal continúa siendo el odio contra los rusos y el desmontaje de todo lo relacionado con la Unión Soviética y con las luchas revolucionarias del pasado. Ellos son nazis y se defienden como nazis). ¿Por qué sorprenderse de que la Unión Europea produzca estas últimas medidas?

FRACASO DE LA CONSTITUCIÓN EUROPEA Y DEL TRATADO DE LISBOA

La Constitución Europea ha fracasado dos veces: hace tres años cuando trataron de hacer referendos en varios países y fracasaron en el referendo del pueblo francés y en el del pueblo holandés porque sus mayorías votaron contra la Constitución. Decidieron entonces no continuar haciendo consultas populares. Asimilaron el golpe. Empezaron a reformar, a hacer pequeños ajustes y montaron el tal Tratado de Lisboa, que querían hacer aprobar sólo por los parlamentos (dominados por la derecha o por una izquierda que es igualmente derecha, pero light) y se tropezaron con el obstáculo de Irlanda, porque por razones constitucionales en Irlanda había que someterlo a referendo. A pesar de todas las presiones que se hicieron allí para que el referendo dijera Sí, la mayor parte de la población irlandesa –a la que ahora insultan y descalifican- votó No y eso les creó un problema.

(Algunos como Sarkosy -uno de los jefes de la derecha europea más reaccionarios y sionistas- trató de disminuirlo llamándolo “el incidente irlandés” como algo sin importancia, y el presidente de Portugal dijo que ese tipo de problemas no se le podían plantear a los pueblos, o sea, la democracia es buena simplemente para embrutecer a la gente, para ponerla a votar por ellos y luego ellos pactan con las corporaciones y resuelven las cosas por arriba sin consultarle a los pueblos, como hacen en Estados Unidos, que es el modelo que Europa quiere seguir).

LA APROBACIÓN DE LA JORNADA DE SESENTA Y CINCO HORAS

¡La jornada será de sesenta y cinco horas, que incluso puede llegar en algunos casos a setenta y cinco y hasta setenta y ocho horas semanales! O sea, una jornada más o menos equivalente a la jornada de la Revolución Industrial a comienzos del siglo XIX. Está además la llamada con toda razón Directiva de la vergüenza, la cual convierte la inmigración ilegal en un delito, lo que representa un racismo abierto y agresivo contra los inmigrantes provenientes del Sur: de Asia, África y América Latina.

Regreso entonces a lo que sostenía al comienzo sobre la actitud de las élites latinoamericanas. Me refiero no sólo a nuestras oligarquías (aquí llamamos élites a las oligarquías piropeándolas gratuitamente) sino que muchas veces incluye la visión que tienen las propias izquierdas. Y vemos así a la oligarquía guardando silencio sobre las noticias que no les sirven o seleccionando otras inteligentemente para comentarlas tergiversándolas: por ejemplo, el gobierno de Chávez inaugura una urbanización de trescientas casas pero hay una casa que tiene una perilla de puerta floja, entonces sale de inmediato Globovisión a decir: El gobierno chavista inaugura casas con perillas flojas; o simplemente guardan silencio. Difunden lo que les interesa y el resto de las informaciones que los perjudican o no les convienen, las silencian. De ahí que conocen pero poco difunden lo que ha ocurrido en Europa.

Pero las izquierdas sí se asombran y se sienten doloridos por estas decisiones europeas ¡cómo es posible que la Europa de las luces, el continente que ha iluminado al mundo, haga cosas como éstas! Y justamente ese es el tema que voy a comentar: el mito de la Europa de las luces, el mito del continente que ha iluminado el mundo.

Las élites europeas son las que han difundido esa visión de la Europa de las luces y han logrado que la compartan incluso hasta los sectores más importantes de la izquierda.

Algunas veces se ha contrapuesto este mito europeo de una Europa luminosa al mito de Estados Unidos, porque de Estados Unidos –incluso para quienes adoran y se arrastran frente a ese país- no pueden menos que reconocer que la sociedad estadounidense es una sociedad mucho más pragmática y es un poco ignorante cuando se la compara con la culta Europa. Aún para los cipayos más serviles de Estados Unidos siempre los gringos son un tanto incómodos, no son tan educados ni tan finos; es más, a los propios gringos les encanta tratar de parecer europeos para dárselas de cultos. De manera que existe el mito de esa Europa culta que rebasa luces, que ilumina por todas partes (¡no necesitan comprar bombillos porque ellos son unos bombillos andantes!).

Por cierto, el mito estadounidense está tan golpeado, tan de capa caída en el presente que hasta a los sectores más serviles de las oligarquías les resulta difícil defenderlo.

Pero el mito europeo sigue perfectamente vivo y tiene en particular una gran importancia en nuestros países del Sur porque una de las tragedias de nuestros países es el ser un poco europeos y sentirnos de alguna manera como europeos. Esto es un problema que genera una crisis de identidad permanente. Los latinoamericanos somos probablemente los únicos pueblos que a diario se preguntan quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos y nunca sabemos ni para dónde vamos ni quiénes somos y si acaso, de dónde venimos. Los musulmanes, los árabes, nunca se preguntan si ellos serán europeos; los indios y los chinos tampoco se están preguntando acerca de su identidad: simplemente son indios y son chinos; y los africanos tampoco. En cambio los latinoamericanos, por esa historia del mestizaje y de sometimiento cultural y religioso, son víctimas de esa visión de que ellos también son Europa y terminan sintiéndose doblemente afectados cuando Europa los humilla y los llama sudacas, porque se sienten europeos y los europeos no los reconocen como europeos, ¡después de que pasaron cuatro o cinco siglos saqueando este continente!

EL MITO DE LA EUROPA COMO CUNA DE LA CIVILIZACIÓN SURGE CON EL MITO DE QUE LOS GRIEGOS LO CREARON TODO

Este mito viene de muy lejos, particularmente desde la visión de Grecia y la visión del milagro griego, aunque sería largo desarrollar el tema ahora. El mito viene de esa idea -que se continúa repitiendo en las universidades y que se repite a lo largo de toda la enseñanza en nuestros países- de que los griegos son los creadores de todo: que los griegos crearon la democracia, que los griegos crearon la ciencia, crearon la filosofía, crearon el arte, crearon todo; ¡prácticamente una especie de extraterrestres que generaron la cultura y que, antes de ellos, no había absolutamente nada!

Y eso es necesario para Europa porque es el punto de partida del mito europeo. Una vez que se admite el mito griego (no como mito sino como realidad), una vez que se admite que la civilización arranca de Grecia, luego de Grecia se pasa a Roma, de Roma se pasa a la Edad Media, de la Edad Media se pasa a la Modernidad europea y así Europa va difundiendo por el mundo los valores de la Libertad, del Humanismo, de la Belleza. De aquí arranca todo y este sería un tema interesante conversarlo en otra ocasión.

Lo cierto es que en esa visión se encuentran unos componentes míticos sumamente grandes y poderosos y, si se estudia realmente la historia griega y la historia antigua, se descubre que los griegos no inventaron todo, que perfeccionaron algunas cosas, que existe una continuidad histórica y que la influencia de Egipto sobre Grecia y la influencia del mundo semítico –particularmente de los fenicios- sobre Grecia, es notable y era reconocida por los propios griegos que se consideraban ellos mismos discípulos e imitadores de los egipcios.

Ese mito fue forjado por una Europa racista, colonialista e imperialista en el siglo XIX que necesitaba deslindar campos para no parecerse en nada a los egipcios ni parecerse a los semitas. En el siglo XIX Europa era profundamente antisemita y no sólo antijudía sino antisemita: lo que no oliera a ario, pasaba a ser despreciado.

Es la Europa del siglo XIX la que monta ese gran mito de que todo venía de Grecia y que las civilizaciones anteriores no tenían valor, no significaban nada.

Incluso, fue una Europa que trató de convertir a los egipcios en blancos y para eso dividieron la historia de África en dos partes: el África negra, del desierto del Sahara hacia el Sur, habitado por negros inferiores que no tenían cultura. Pero como la cultura de los egipcios no se podía negar porque ahí están las pirámides y los templos, ¿cómo reconocer esa cultura? ¡ah! poniéndolos blancos, el África blanca, diciendo que los egipcios eran blancos y, al ser blancos, ya por lo menos eran parientes menores de la cultura europea (que tiene que ser blanca) y de Egipto para abajo negros, afirmando que los negros no tenían cultura, no existían.

Y este ha sido uno de los mitos hegemónicos -si acaso no es un mito fundante es por lo menos un mito reforzador- de la visión de una Europa de la Libertad, del Humanismo y de todos los valores que Europa pretende encarnar.

La historia europea, esa historia que siempre se nos presenta como una historia de luces, es una historia como la de cualquier país, pueblo o sociedad en la que hay contradicciones de clase, hay dominación, hay minorías explotadas y en las que hay proyectos de dominación: una historia que tiene luces y que tiene sombras. En general, hasta los seres humanos somos una combinación de luces y de sombras: hacemos cosas valiosas y también hacemos cosas feas. Eso sí, hay pueblos o personas en los que dominan más ciertas cosas luminosas que oscuras y otros en los que domina lo contrario. De hecho, las mismas expresiones de luminoso, oscuro, etc., son simplistas y maniqueas pero en todo caso como Europa se autodefine como el continente de las luces a uno no le queda otro camino que valerse de esa terminología.

Lo que sí es importante aclarar es que en la historia europea las luces son muchas menos que las sombras. Y no sólo las luces sirven para tapar las sombras porque finalmente ese era su objetivo: tapar las sombras (¡aquí se trata más bien de reflectores: luces pequeñas pero poderosas!) sino que esas mismas luces están manchadas por sombras.

II. Paneo de la Europa de las luces y... la Europa de las sombras

Veremos las sombras que llenan la historia de Europa, sombras ocultadas o minimizadas por la Historia Oficial, sombras olvidadas por la complicidad y el servilismo de muchos, y no sólo de nuestras élites latinoamericanas cómplices y serviles sino también por ignorancia de algunos sectores de la propia izquierda.

Empecemos este recuento con esas dos lumbreras, esas verdaderas obras del iluminismo europeo que son, a saber, las Cruzadas y la Inquisición medieval.

Sólo voy a mencionar las Cruzadas, aquellas expediciones masivas de pillaje, de asesinatos, de genocidios, de racismo de todo tipo, promovidas por la Iglesia y el Papado ¡qué raro! La justificación religiosa cristiana autorizó esas monstruosas expediciones que comenzaron masacrando judíos por el camino y después terminaron masacrando poblaciones enteras de árabes y de judíos; recordemos la Toma de Jerusalén en julio de 1099, masacre criminal contada por los propios cruzados cometiendo atrocidades, matando mujeres, niños y degollando judíos y árabes (por ese entonces los europeos los asesinaban juntos mientras que ahora se especializan en matar a los árabes con la alianza de los judíos, ¡para eso están la historia y los cambios!). Las Cruzadas, terribles expediciones de pillaje y genocidio envueltas en la justificación que le daba la intolerancia religiosa.

Sin olvidar el otro mito de que la religión de Europa –siendo éste el continente superior por supuesto- es la única y la verdadera religión, y esa es el cristianismo. Todas las demás son inferiores. No se olvide que uno de los componentes de la historia de Europa ha sido el aplastar a sangre y fuego a todas las otras religiones, como característica básica de la tolerancia y luminosidad europeas!

Aunque estrictamente hablando el cristianismo no es una religión europea porque no nació en ese continente, se llegó a convertir en la religión de Europa y los europeos la han impuesto por el mundo no precisamente a través de predicadores sino a sangre, fuego y cañonazos, con conquistas, genocidios y violencias de todo tipo, violencia que todavía no para, por cierto.

¡Después vino esa otra extraordinaria institución europea que fue la Inquisición! Una de las instituciones más monstruosas que haya podido generar sociedad alguna: una institución de crimen institucionalizado, crimen legalizado y legitimado, de paso, para terminar de imponer la propia religión cristiana dentro de Europa.

La Inquisición es el primer ensayo de imposición del Pensamiento Único y en ese sentido es precursora del neoliberalismo, precursora de Pinochet y Videla, entre otros personajes latinoamericanos. Sangre, torturas, delaciones, hogueras, expropiación (porque de paso aprovechaban para robarle los bienes a los acusados de ser herejes).

En síntesis, una institución verdaderamente ominosa que en general se olvida, se pasa por debajo de la mesa cuando se habla de la historia europea. Nadie se acuerda de las Cruzadas y de la Inquisición. Pero no quiero detenerme más en estas dos sombras sino comenzar con el siglo XVI, que nos toca directamente a los latinoamericanos porque ahí se produjo el genocidio más grande que se conoce en la historia de la humanidad.

  • EL SIGLO XVI, SIGLO LLAMADO DEL RENACIMIENTO

Ciertamente el Renacimiento empieza antes en Italia; puede haber empezado en el siglo XV o quizás a fines del XIV y más tarde, en otras partes de Europa, en el siglo XVII, pero su centro es el siglo XVI. La arquitectura, la escultura, la pintura: ¡El Arte! Tenemos a Bramante, Palladio, Miguel Ángel, Rafael, Leonardo de Vinci, Tiziano, Tintoretto, Velázquez, en fin, una muy larga lista de arquitectos, escultores y pintores que por supuesto realizan una obra extraordinaria, no se trata de negarlo. Esa es la Luz. Pero detrás de esa luz hay justamente varias sombras. Detrás de esas luces que impiden ver algunas sombras, hay varias sombras. Y de esas sombras quiero hablar.

  • ES EL SIGLO DE LAS GUERRAS DE RELIGIÓN

En el propio territorio de Europa ocurren dos atrocidades que se olvidan cuando se habla del siglo del Renacimiento: la primera atrocidad, las guerras de religión. El siglo XVI europeo se caracterizó por ser un siglo de guerras de religión. Los cristianos se dividieron entre católicos y protestantes y se mataron unos a otros a lo largo de todo el siglo XVI y de buena parte del siglo siguiente, hasta mediados del XVII. Matanzas de católicos contra protestantes; matanzas de protestantes contra católicos, degollaciones de mujeres, asesinatos, genocidios, atrocidades y torturas, cuyo símbolo más conocido –que más bien tratan de no recordar mucho- fue la Noche de San Bartolomé o Matanza de San Bartolomé en agosto de 1572, pero que no fue el único ejemplo. Siglo y medio de espantosas matanzas, de intolerancia, de crímenes violentos y odios religiosos caracterizaron a esa Europa del Renacimiento y de las luces renacentistas.

  • ES EL SIGLO DE LA CAZA DE BRUJAS

Y el otro elemento atroz característico del siglo XVI que no se menciona es la caza de brujas. El siglo XVI es el siglo de la cacería de brujas. (En la actualidad, la gente todavía sigue echándole la culpa a la Edad Media -que sí tiene suficientes cosas negativas que señalar- sosteniendo que la caza de brujas fue un fenómeno medieval. No. Comenzó a fines de la Edad Media).

La cacería de brujas es un fenómeno característico del Renacimiento, de los siglos XVI y XVII. Aquella locura espantosa de quemar a miles y miles de mujeres acusadas de ser agentes o instrumentos del demonio, mujeres torturadas, mujeres ahorcadas, mujeres quemadas con el sadismo más atroz. Hace unos años en un congreso de Historia, los historiadores europeos propusieron llamar al siglo XVI el siglo del Renacimiento, y un historiador soviético presente les replicó que por qué no lo llamaban más bien el siglo de la caza de brujas. ¿O es que no hubo caza de brujas?

Se trata siempre de mostrar lo luminoso y de ocultar lo siniestro que fue ese siglo XVI. Por cierto, un siglo de hambre, de gente muerta de hambre, un siglo de canibalismo europeo: los europeos que se asombraban de canibalismo aquí en América también practicaban el canibalismo en medio de sus matanzas, sus hambrunas y sus epidemias.

Un ejemplo a destacar es Jean Bodin. Bodin es un personaje conocido en cualquier historia del pensamiento político como un brillante teórico político, como uno de los precursores del pensamiento político moderno, autor de Los seis libros de La República. ¡Personaje luminoso, encarnación del Progreso, de la Modernidad!

Pero pocos saben que este abogado del sur de Francia, Jean Bodin, era un cazador de brujas que, en sus ratos de ocio, escribía Los seis libros de La República. Bodin tenía como tarea predilecta la caza de brujas ¡y se sentía muy orgulloso de haber llevado a la hoguera a miles de mujeres! Este es un caso preciso de la Europa que vende la Luz y oculta la Sombra: vende el Bodin autor de La república y oculta el Bodin cazador de brujas, asesino en serie de mujeres.

  • ES EL SIGLO DE LA CONQUISTA DE AMÉRICA

¿Y qué pasaba en el territorio americano? En América el siglo XVI es el siglo de la Conquista. El siglo XVI es el siglo del saqueo de nuestro continente; es el siglo del genocidio más espantoso que se ha cometido en la historia humana porque allí murió casi la cuarta parte de la humanidad de entonces, asesinada por los españoles y los portugueses o víctima de las epidemias que trajeron a este continente. Destrucción de culturas, quema de templos, asesinatos, torturas, en fin, toda la terrible historia que fue la Conquista, justificada también por la Iglesia cristiana que divulgaba su religión a sangre y fuego y, ¡otra cosa! traer la lengua española como si los españoles hubieran hablado otra lengua... ¡apenas chapuceaban el español los españoles que vinieron a nuestra tierra!

  • EL SIGLO XVII, SIGLO LLAMADO DE LA MODERNIDAD

Es el siglo de Descartes, Spinoza, Locke, del desarrollo de los Estados nacionales y todo lo demás. Pero detrás de eso hay algo que se olvida intencionalmente: la trata de negros.

  • ES EL SIGLO DE LA TRATA DE NEGROS

La trata de negros que había empezado en el siglo XVI se desarrolla sobre todo durante el siglo XVII y son la luminosa Inglaterra, la luminosa Holanda, el luminoso Portugal y otros países luminosos porque hasta los suecos participaron en ese tráfico de personas, los países que destrozaron África, sacaron a millones de jóvenes, hombres y mujeres pero sobre todo hombres, para convertirlos en esclavos en este continente americano.

Y de esa trata de negros, de ese llamado comercio triangular nace en buena medida el capitalismo porque una parte importante de esa acumulación originaria que permitió reunir los recursos para que países como Inglaterra se convirtiera en país capitalista: el caso de Liverpool. Liverpool lo conocemos por los Beatles pero fue con exactitud uno de los centros de la trata de negros y una de los sitios donde se acumuló más riqueza precisamente esclavizando y vendiendo personas negras como carne humana para las plantaciones esclavistas que otros europeos habían instalado aquí en América.

Trata de negros, acumulación originaria de capital e inicio del capitalismo con la sangre y con el sudor de los africanos negros explotados. Esto en general no se recuerda ni menciona. Al contrario, destacan a Descartes, a Locke...

Y a propósito de las luces y las sombras, John Locke es otro ejemplo de la duplicidad porque en cualquier libro de historia del pensamiento político o del pensamiento filosófico aparece un capítulo sobre Locke que lo presenta como uno de los creadores y defensor del liberalismo político moderno y defensor de los derechos del individuo. Pero resulta que Locke defendía los derechos de los individuos, pero de los individuos europeos blancos y justificaba en su segundo Tratado sobre Gobiernos Civiles (léanlo porque aparece con toda claridad), la masacre de los indios norteameri-canos por los colonos, porque los colonos representaban el progreso y la civilización y los indios constituían un obstáculo. Y ese mismo Locke defensor del Progreso y de los derechos individuales era tratante de esclavos. Locke era accionista de una empresa que traía personas del África. Pero no van a encontrar en los libros de filosofía y de pensamiento político a Locke como tratante de esclavos sino a Locke como defensor de la Libertad y del Individualismo. Otra vez las luces y las sombras: las luces que se proyectan y las sombras que se ocultan.

  • EL SIGLO XVIII, SIGLO LLAMADO DEL ILUMINISMO

El siglo XVIII es ya el orgasmo intelectual de los colonizados. El siglo del Iluminismo, el siglo de la Enciclopedia, el siglo de las Luces (de donde viene la Europa de las Luces), Montesquieu, Buffon, Voltaire, Rousseau, Kant, Diderot, en fin, una pléyade de intelectuales y creadores. El siglo XVIII es el siglo del Racionalismo, el siglo del Laicismo, el siglo de la Ciencia, el siglo de la Filosofía, y de paso, el siglo de la Revolución Francesa (que por cierto a las clases dominantes europeas no les gusta mucho la Revolución Francesa: esas chusmas y multitudes pobres desplazándose por las calles, ¡esos sans culottes andando libremente y cortándole la cabeza a las princesas! Por favor, seriedad, orden, mucha disciplina. La revolución que a ellos les gusta es la revolución norteamericana, que no fue ninguna revolución y que se hizo sin cambiar nada en el fondo porque siguieron matando indios y explotando esclavos; revolución tranquila y serena sin pueblo en la calle. En cambio, en la Revolución Francesa hubo mucho tiempo demasiado pueblo en la calle. Y todavía hoy a los europeos les gusta más María Antonieta y Luis XVI que Marin o Robespierre, considerados siempre los malvados de la Revolución).

  • ES EL SIGLO DEL COLONIALISMO

¿Y qué hay detrás de ese siglo de las Luces? Dos asuntos oscuros: el colonialismo y el racismo. No sólo continúa la trata de negros y sigue la esclavitud –incluso hasta en la Revolución Francesa porque la Libertad y la Igualdad eran buenas consignas para los blancos europeos. Por ejemplo, cuando los haitianos –y Haití era la principal colonia de Francia en este continente- se alzan en nombre de esa misma Libertad, los franceses mandan tropas a masacrarlos porque la Libertad era para los blancos y también porque el derecho de propiedad priva sobre el derecho de libertad. Si usted compra negros el derecho de propiedad suyo no se lo quita nadie y los negros tendrán que seguir como esclavos porque usted los compró.

Pero aparte de que continúan la trata de negros y la esclavitud está el hecho de que se conforma la ideología colonial europea. Es en el siglo XVIII cuando Europa se convierte en gran potencia colonial y sistematiza el pensamiento colonialista: una Europa llamada a dominar prácticamente el mundo en nombre del Progreso.

  • ES EL SIGLO DEL RACISMO

Y el otro componente profundamente asociado con lo anterior es el racismo, que ha empezado antes que pero en la Europa de las luces se convierte en teoría científica: la teoría de la inferioridad racial de determinados pueblos.

¿Otro ejemplo? Se llama Enmanuel Kant, uno de los grandes filósofos de la historia –sin duda-, pensador de la Razón, de la Moral, de la Libertad, de la Justicia, de la Paz Perpetua, pero Kant es un racista; y no es el único, lo son también Voltaire, Buffon y buena parte de los pensadores de la Ilustración, racistas que proclaman la superioridad de la raza blanca (que es el modelo de perfección) y todas las otras razas quedan por debajo pero las razas realmente inferiores son los negros y sobre todo, los indios americanos, despreciados como seres no humanos, relegados a una categoría casi no humana. Se podía compaginar la filosofía de la Razón con el racismo más profundo. De nuevo, luces y sombras.

  • EL SIGLO XIX, SIGLO LLAMADO DEL PROGRESO

El siglo de la Revolución Industrial, los altos hornos, los ferrocarriles, el carbón, el acero y el ferrocarril que atraviesa un campo echando humo como símbolo del Progreso. ¿Y que hay detrás?

  • ES EL SIGLO DE LA EXPLOTACIÓN DE LOS TRABAJADORES

En Europa, la explotación más espantosa de las masas de trabajadores: campesinos y artesanos arruinados convertidos masivamente en obreros industriales que trabajaban sin derechos, sin sindicatos, en condiciones inhumanas, en jornadas de catorce, dieciséis y hasta dieciocho horas, incluyendo a niños pequeños que trabajaban en las minas porque las galerías eran chiquitas y era más fácil que entrara un niño que un adulto; niños de cuatro, seis y siete años sacando carbón de las minas, trabajadores que vivían en unos tugurios escalofriantes y morían de tuberculosis. Basta leer el texto de Engels y los Informes de Marx que están en El capital o las novelas de Charles Dickens para que uno encuentre aquella horrorosa Europa ¡que la Unión Europea de hoy quiere reconstruir con ese tipo de jornada de trabajo!.

  • ES EL SIGLO DE LAS GUERRAS COLONIALES

¿Y qué se encuentra fuera de Europa? Las guerras coloniales porque hay que defender el colonialismo. Como todas las guerras de España por tratar de impedir la Independencia de nuestros países, sino las guerras de Francia, de la propia España, de Inglaterra y otros países europeos por imponer su dominación neocolonial en nuestro continente. Guerras coloniales, masacres y cañonazos por todos lados, la Guerra de los Pasteles, la Guerra del Opio (en nombre del libre comercio los ingleses le impusieron el consumo de opio a los chinos), bombardeos de puertos, asaltos a países, la conquista de Argelia, de Indochina, la del Medio Oriente, el reparto de África como si fuera un pastel por las potencias europeas, el reparto y desmenuzamiento de China, todas las amenazas contra América Latina, ¡un panorama absolutamente luminoso pues!

Esto es historia de Europa encubierta por el Progreso y las Luces.

  • EL SIGLO XX

EN EUROPA: DOS GUERRAS MUNDIALES MÁS NAZISMO Y FASCISMO.

¿Y qué hizo Europa en el siglo XX? Nada más que dos Guerras Mundiales. La Primera Guerra con unos quince millones de muertos, muertos del pueblo porque eran los trabajadores los que iban a morir en defensa supuestamente de sus países para que los capitalistas de su país justamente dominaran el mundo y no lo dominaran otros capitalistas; en la Segunda Guerra Mundial unos cincuenta o sesenta millones de muertos, pueblos enteros desaparecidos y, por encima de esto, esas dos grandes construcciones que fueron el Fascismo y el Nazismo, obras de esa Europa luminosa.

Campos de concentración nazis, millones y millones de muertos, judíos asesinados en masa, asesinato en masa de comunistas, de socialistas, de revolucionarios de todo tipo, de gitanos, en fin, todo lo que se opusiera a esas monstruosidades del Nazismo y el Fascismo.

Conquistas, matanzas, asesinatos, ensayos criminales de cualquier orden. Entendamos esto bien. Hablamos sólo de Europa, aquí únicamente me he referido a la Europa luminosa y buena; no hace falta hablar de Estados Unidos, de VietNam, de Hiroshima, de Nagasaki. Aquí hablamos de la Europa luminosa y buena.

Europa ha sido la autora y la responsable de todos esos crímenes contra la Humanidad.

Y si hubo un relativo paréntesis en esa marcha hacia lo que está sucediendo ahora, que fue el Estado de bienestar, recordemos que el Estado de bienestar no fue una concesión de las clases dominantes europeas. El Estado de bienestar fue una conquista de las clases populares europeas que venían de la Guerra Mundial, donde se habían destacado los socialistas y sobre todo los comunistas luchando y organizando y tenían fuerza: fuerza en los sindicatos, en los partidos de izquierda, había partidos y sindicatos de izquierda poderosos.

¡Y se olvida un detalle: la Unión Soviética! En la Unión Soviética había un sistema alternativo distinto que, con todas las fallas que se descubrieron después y pudieran atribuírsele (y con razón buena parte de ellas), representaba una ventaja para los trabajadores, un mundo donde los trabajadores tenían derecho a la salud, a la educación, a la vivienda, a la vida social que no tenía en esos países europeos. El Estado de bienestar es producto de esto. No es casualidad que, una vez caído el socialismo, empieza a desaparecer el Estado de bienestar en Europa.

Y sin embargo, en medio de ese contexto de la segunda mitad del siglo XX, Europa se caracterizó por guerras coloniales asesinas y espantosas al tratar de salvar las colonias que se estaban rebelando y no querían continuar siendo colonias. ¿O es que la Guerra de Argelia fue un ejemplo de luminosidad y de defensa de los derechos humanos por parte de los europeos? En la Guerra de Argelia se cometieron crímenes atroces. ¿Y los espantosos crímenes de la Guerra de Indochina antes de que llegaran los gringos cometidos por los franceses? La guerra de los holandeses en Indonesia, la agresión de Francia e Inglaterra -ya aliados con Israel- por lo del Canal de Suez, las conspiraciones y los golpes de Estado en el Medio Oriente, y pare de contar.

Aquí no he puesto el énfasis en la Luz porque no hace falta, a cada rato con la Luz nos encandilan como si fuéramos unos conejos; es sobre esta otra dimensión oculta, dimensión muchísimo más importante y más constante de la historia europea y además esta dimensión es inseparable de cualquier proyecto de dominación mundial, de hegemonía mundial, cuando un grupo de países se propone ser dueño del mundo, apoderarse de otro país (ser dueño de Argelia, ser dueño de VietNam o de cualquier país africano), ¿cómo se hace eso? ¿cómo se hace si no es por la violencia? ¿cómo se hace si no es por el racismo, si no es con la imposición brutal y por la violación de los derechos humanos?

Esa Europa -un poco envejecida, habiendo perdido ya todas sus colonias- se refugió demagógicamente en la defensa de los derechos humanos para tratar de crear un componente aglutinante y prestigioso, pero ahora ese componente se les está cayendo.

Esa Europa envejecida y decadente ha terminado por convertirse ella misma en una colonia de Estados Unidos y esa misma Europa marcha rápidamente hacia la más abierta derechización, hacia un renacimiento del nazismo y del fascismo y hacia un recrudecimiento de un racismo que es cada día más ostensible y repugnante.

De tal manera que es importante la panorámica sobre esta historia de Europa para comprender mejor la situación actual y para que no nos asombre tanto que en Europa estén pasando cosas como éstas y para que dejemos de soñar con una Europa irreal, con una Europa fabricada por las propias clases dominantes europeas para presentarse a sí mismas como la expresión de las Luces, la expresión del Racionalismo, la expresión de la defensa de los Derechos Humanos, lo que evidentemente ha sido componente de la historia europea pero un componente (que no es precisamente el que han difundido las clases dominantes) profundamente ensombrecido por una historia europea repleta de crímenes de todo tipo y de proyectos de hegemonía.



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Vladimir Acosta

Historiador y analista político. Moderador del programa "De Primera Mano" transmitido en RNV. Participa en los foros del colectivo Patria Socialista

 vladac@cantv.net

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