Por un nuevo NO a la OTAN

La Unión Europea es el brazo civil de la OTAN, y la OTAN es el brazo militar de la UE. A estas alturas ya no cabe la menor duda, y engañarse es una actitud suicida. Ver a Borrell disfrazado de militar, como le hemos visto, contemplar el espectáculo de un anciano balbuciente como él vestido en traje de campaña, es un mensaje claro; Europa se militariza. El tinglado "europeísta" desvela su intención real desde 1945 que no es otro que asegurar el dominio norteamericano de Europa y enseñar su hocico agresivo y sus afilados dientes, arañando hasta las puertas mismas de Rusia. Pero Europa es como un roedor agresivo ante un oso paciente.

Las anteriores aventuras "europeístas", la tentativas de Imperio continental previas a la tutela norteamericana, dieron en fracaso. Fueron aventuras por naturaleza unilaterales, siempre destructivas. Napoleón fue una gran amenaza al poder de los anglos, tentativa continental, pero su despótico trato a los pueblos ocupados por la Grande Armée a quienes se supone debería unir, y no tiranizar, no podía augurar nada bueno. España y Rusia fueron la verdadera tumba del continentalismo napoleónico: no se puede saquear y engañar, sólo federar. El cetro jacobino de Napoleón chocó con dos pueblos que aún ardían con el fuego de la Tradición. Con el tiempo, los modelos germánicos, el prusiano y el austríaco, tampoco pudieron alzarse como alternativas continentales con las cuales confrontar el poder anglo. En ellos latían las contradicciones no resueltas a la hora de formar un verdadero Imperium pacificador. La dualidad germanismo-latinidad, rota a fines de la Edad Media, por una parte, la cuestión eslava y su encaje con la anterior dualidad, y en general, la cuestión de la multinacionalidad, así como la falta de coordinación con Rusia, que es la "madre" de una verdadera Europa grande, eurasiática, fueron piedras en el camino federativo, frenos a una Europa-Nación. El continente lleva siglos de rodillas ante la Anglosfera, y de nuevo hoy las posibilidades para recuperarse y alzar la mirada frente al eterno enemigo, se agotan y alejan.

La catástrofe definitiva vino con el nacionalsocialismo: un hombre inútil, desde el punto de vista militar, un enfermo, desde el punto de vista moral y psiquiátrico -nos referimos a Hitler- fue el que se hizo con el poder de una Alemania que, desde luego, conservaba el potencial para volver a ser grande, apta para resarcirse de las injusticias de Versalles, y llamada a ser eficaz líder de un continente ya roto por la IGM. Continente podrido por logias, finanzas, saqueadores e insidias de los anglos, que contaba con muy mal pronóstico. Pero el potencial alemán se derrochó absurdamente, y el III Reich no pudo ni supo ser el embrión de un Imperio paneuropeo. Las locuras y crímenes del régimen nazi precipitaron la ocupación norteamericana, que aún perdura. Siglos de civilización tirados por la borda: la identidad de pueblos hermanos, borrada y destruida por el "mito del siglo XX", el mito de la raza.

Los norteamericanos no liberaron a Europa del nazismo. Sustancialmente, la liberación fue obra de los rusos. La propaganda liberal siempre quiso obviar este dato: la nación con más millones de muertos durante la IIGM, Rusia (entre 27 y 37 millones, según los cálculos), fue la que llegó a Berlín y forzó la rendición de Alemania. Un sacrificio inmenso, que hubo de ser "compartido" en la Propaganda con el de los aliados occidentales, absolutamente destrozados de no ser por la tardía y más que sospechosa intervención yanqui. Hasta finales de 1944 (téngase en cuenta que la Gran Contienda arrancó en 1939), no hubo tropas americanas cruzando la frontera alemana, después de haberle vendido petróleo al III Reich durante la guerra y después de haber explotado a obreros en Alemania con la colaboración y permiso de los nazis.

El día "D" fue el 6 de junio de 1944, y con ese desembarco "aliado" (americano) se inician las hostilidades germano-yanquis en el frente occidental, "emparedando" al Reich, cuyo ejército libraba su verdadera batalla en el Este. El frente occidental, sin embargo, sirvió para evitar la perspectiva terrible para los yanquis: que el Ejército Rojo llegara hasta los Pirineos, si no hasta Gibraltar.

El imperio yanqui, que desde el siglo XIX había prohibido toda intervención europea en Iberoamérica -la doctrina Monroe, "América para los (norte)americanos"- ya había mostrado impunemente su política internacional terrorista en la guerra contra España (1898), una agresión ante un Estado europeo estúpidamente consentida por las demás potencias de nuestro continente, unos países europeos que nunca supieron adivinar lo que les venía encima: el yugo anglosionista que iba a coocer en los USA su gran relevo. Pero el III Reich le dio la excusa perfecta al imperio yanqui, el "IV Reich": no ya sólo atar las manos europeas fuera de su tierra nativa, sino invadir directamente nuestro continente.

Las atrocidades cometidas sobre la población alemana quedaron vilmente "justificadas". Desde la cabina de un bombardero, no se distingue al nazi convencido del inocente, se dijo, así que ¡al diablo con todos ellos! Se difundió la especie de la "culpabilidad nacional" de todos los alemanes. Un pueblo es absolutamente responsable de lo que su Régimen perpetra. Bajo esa misma lógica, hoy el Estado sionista comete genocidio con todos los palestinos, pues, para los israelitas, todo palestino "es culpable" de la violencia de Hamas. Violaciones y bombardeos atroces (Dresde, p.e.) fueron vistos como justo castigo por atrocidades enormes cometidas por el Reich. Hoy, casi 80 años después, la República Alemana es un eunuco, de rodillas ante el anglosionismo, a consecuencia de todo ello. La mitad de las bases yanquis en Europa (unas 250 de las 500 que se calculan en total), están en el país germano. Su ejército, de reforzarse en el futuro por causa del belicismo creciente de la OTAN y de la rusofobia, será una especie de filial del ejército yanqui, pagado con los impuestos de los alemanes, como sucede con todos los demás países atlantistas.

La ocupación yanqui de nuestra Europa es un hecho muy real. La elección del enemigo, prioridad número uno de la Soberanía, no existe en Europa. Ha sido una elección hecha desde fuera. El Pentágono quiere que Rusia sea "nuestro" enemigo. A falta de Soberanía, a falta de ejércitos y gobiernos verdaderamente propios, sólo nos quedan los pueblos. Los pueblos de Europa somos los que debemos decidir.

Debemos proceder la creación de todo tipo de comités de amistad y colaboración con Rusia, así como grupos de presión a favor de la paz y la cooperación multipolar. Los pueblos de Europa, el de España incluido, corremos un grave peligro sometidos a esta colonización y secuestro de la Soberanía. Hay una Europa neoliberal, racista (el "jardín de Borrell", fuera del cual se supone que todo es jungla), prepotente, agresiva, que aniquila las patrias, consiente y comete genocidios y se somete a la religión del Sionismo y del Mercado. Pero hay otra Europa de pueblos que labran la tierra, trabajan por sus hijos y preservan sus tradiciones: es la Europa del Arado, de la Fábrica y del Taller, la Europa de la profesión honesta y de la familia, la Europa de las patrias, de la religión cristiana, de la Filosofía griega y racional, y de la identidad. Esa Europa es la que hoy tiene el deber santo de rebelarse, de decir ¡basta! a sus élites-basura. El silencio y la aceptación de este secuestro de la Soberanía va a salirnos a todos muy caro: seremos corresponsables de los genocidios cometidos a mayor gloria del Capital. Trituran vidas humanas y destrozan países con el fin de que las tasas de ganancia de unas exiguas minorías, no europeas ya en su mayoría, llenen la bolsa.

Debemos despertar ante la trampa creada desde 1945: toda la retórica pacifista de los norteamericanos era exclusivamente la retórica de quien puso sus botas y sus tanques sobre suelo ajeno. Siempre el conquistador quiso una paz: su paz, la paz de los corderos sumisos y vencidos, y la paz silente de los cementerios. Hemos de salir a la calle y organizarnos. La OTAN no es nuestra, no la queremos. La OTAN es basura criminal que ya ha agredido a pueblos inocentes, europeos o no. Ahora, al degolladero iremos nosotros si nos callamos.



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Carlos Javier Blanco

Doctor en Filosofía. Universidad de Oviedo. Profesor de Filosofía. España.

 carlosxblanco@yahoo.es

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