Fidel vivo y multiplicado

El pensamiento ilustrado de la burguesía concibe la libertad, la igualdad y la fraternidad como atributos sociales de su clase. Una larga, y autentica lucha le había concedido la victoria sobre los señores feudales. El capitalismo se construye enarbolando las banderas de un mundo libre, igualitario y hermanado; pero estas tres premisas fundamentales de su ser histórico no incluyen al proletariado que sufre una moderna esclavitud de tener que vender su fuerza de trabajo para comer y vivir.

La burguesía en el poder, envaina su espada libertaria, y esgrime el mismo látigo del amo esclavista y feudal para azotar con saña y crueldad las espaldas de sus esclavos negros, blancos, amarillos y mestizos; de la clase más revolucionaria, se ha convertido en la más reaccionaria y cruel para hacer prevalecer sus capitales industriales y financieros por encima de cualquier consideración a la vida, al medio ambiente y a la libertad social.

La libertad ya no es un atributo de la burguesía, ya que su naturaleza y su función no es la de liberar a la clase obrera, sino la de esclavizarla, hasta el martirio y el crimen. En Inglaterra conoció Marx, y su amigo Engels los rigores de la explotación sobre la mano de obra fabril y textil; veían como reventaban de cansancio de frío y de hambre los hombres, pero sobre todo las mujeres, y los niños expoliados por el capital industrial.

Históricamente, la condición revolucionaria, libertaria solo es posible enfrentando a la burguesía para despojarla del poder de su capital, y ponerle fin a la moderna esclavitud, fundada por ella. En este plano se ubican los Partidos Comunistas del mundo, las mujeres y los hombres capaces de conducir una revolución verdadera, es decir, para derrotar a la Historia capitalista, y construir la nueva historia socialista, hacia el comunismo; y entonces se levantan los adelantados de la historia futura: Simón Bolívar, al frente de una constelación de héroes de la lucha antiimperial en la América meridional; al libertador le nacen hijos discípulos por todas partes, uno de ellos es José Martí; y ese es el tronco, de donde surge al frente de un Pueblo de héroes, que hoy es Cuba, un libertador de nuestro tiempo: Fidel.

Con el heroísmo y el internacionalismo proletario, Fidel conduce a la Cuba revolucionaria en la lucha por la liberación de la madre África, sometida por el capitalismo y el apartheid.

El heroísmo es contagioso, es invasivo en el trance histórico: Yo soy Fidel; y ese grito de ocupación plena, no sólo del hombre, sino de una historia social de liberación, nos impregna el consciente y el inconsciente de los revolucionarios de todo el mundo. Entonces ya no es una consigna, sino una realidad material insoslayable que se multiplica, y se agiganta.

Los niñas y las niños pioneros, y los que todavía no lo son, están al frente de su Cuba, pueblo padre y héroe, en las aceras de la caravana de la libertad que transporta las cenizas de una simiente, de donde ha surgido vivo para siempre Fidel, como paradigma de la libertad de los pueblos que habrán de levantarse pronto en contra de la tiranía capitalista para construir definitivamente el socialismo científico.

Fidel no resucita, se levanta de su invicto ejemplo, junto a Bolívar, Martí, Marx, Engels y Lenin, para insuflar nuestro valor y conducir desde adentro de nosotros las batallas que tenemos que dar para conquistar nuestra libertad plena frente al enemigo histórico: la burguesía, y su repugnante capitalismo.

Si creía el enemigo imperialista que con la desaparición física del comandante en jefe, Cuba ya iba a caer en sus manos como una fruta madura, según su profecía, la realidad material de yo soy Fidel, pulveriza sus sueños del fin de la historia.

¡Hasta la victoria siempre, Cuba!

roblerojoiau@gmail.com



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Eduardo Mármol


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