En Venezuela se habla de dictadura como en Africa del hambre

Es cotidiano hablar y condenar dictaduras en América Latina y hasta en el mundo entero poniendo como el ejemplo más digno y acabado de la democracia a Estados Unidos; es decir, en éste país –según sus apologistas- no se conoce la dictadura, por lo menos, desde que conquistó su independencia del dominio inglés y francés.

Quienes se ofuscan y se empecinan en catalogar a todo régimen o gobierno anticapitalista como una dictadura y defendiendo al régimen o gobierno burgués o antisocialista como la verdadera expresión de la democracia política sin dictadura pareciera, si en verdad así lo creen, que viven en un mundo construido –por la imperfección del pensamiento humano- en la luna metidos en cráteres donde la lluvia no es capaz de romper los techos de la imaginación.

Lo primero que debemos tener presente es que vivimos en un mundo de lucha de clases como motor de la historia, que el Estado tiene carácter de clase, que la democracia política tiene carácter de clase, por lo cual todo gobierno no es más que un intermediario que se mueve y ejecuta sus funciones más a favor de los intereses económicos de una clase que de otras, y que tiene el deber de garantizar el orden público establecido que favorece a un determinado modo de producción. Para eso se cuenta con la policía, el ejército, organismos de seguridad y la burocracia. De allí es que debemos partir para que la síntesis tenga una relación dialéctica y correcta con el análisis.

Si vivimos en una sociedad de clases sociales contradictorias, con intereses generales –especialmente económicos- antagónicos, es de suponer y así lo determina la lógica que todo gobierno es una dictadura y todo presidente, primer ministro, rey, príncipe, emperador o quien ejerza la máxima magistratura del Estado, es un dictador a favor de una clase y en contra de otra u otras. No puede ser de otra manera. Pensar lo contrario, en las realidades del mundo actual, es ficción, es utopía, es fantasía política que choca con todas las concepciones políticas o históricas, por lo menos, venidas desde Maquiavelo hasta la actualidad para no andar regateándole nada al pasado anterior.

La historia humana, desde que se dividió la sociedad en clases diferentes y opuestas en intereses para la vida y de concepciones del mundo distintas, ha sido la historia –valga la redundancia- de una dictadura tras otra dictadura de clase que en no pocos casos ha llegado a convertirse en una dictadura autocrática, es decir, de una persona por encima de las clases pero sujeto –fundamentalmente- a los intereses económicos de una en específico. Ejemplos sobran: Hitler, para no ir tan lejos del pasado.

Juzgar y condenar, en política, sin ton ni son por el simple hecho de considerar un régimen como una dictadura o a una persona como dictador, no es propio de políticos conocedores de la historia humana y sus necesidades como tampoco de los historiadores que precisan las fases del desarrollo históricos en los factores objetivos e independientes de la voluntad de las personas; es como desconocer las leyes de la historia, las características de los modos de producción, el papel de las clases y del Estado y hasta de los partidos políticos, las revoluciones y la misma evolución de los fenómenos sociales o históricos. En fin, es no dominar el abc de la sociología y creer que la psicología es simplemente una ciencia para determinar un particular síntoma de atrofia mental.

El marxismo educa, forma con argumentos y ejemplos de hechos históricos irrefutables, con verdades ya comprobadas en la práctica social o en los laboratorios de la lucha de clases. Quien eso niegue tendrá perdón de Dios pero no de Marx. Maldecir, por ejemplo, el esclavismo –como modo de producción-, porque sometió al esclavo como una herramienta sufrida que sólo hablaba y sin derecho a pensar ni a gozar de ningún otro derecho democrático de la política que fueron inventados o creados en Estados Unidos para joderse en el mundo entero, no es científico, no es dialéctico, no es dinámico ni correcto para investigar, analizar, estudiar, contemplar, meditar y reflexionar sobre el desarrollo o progreso de la historia o del mundo. Sin esclavismo la humanidad tendría miles de años atrasada, fuera terriblemente inculta, nos devoraríamos unos a otros como animales irracionales, la violencia sería por parcelas, careceríamos de verdadera organización social y no hubiese habido feudalismo y sin éste capitalismo, y sin éste nadie, absolutamente nadie, se hubiese imaginado y menos luchado por el socialismo, amén del comunismo propiamente dicho. Precisamente, no sólo en Marx y Engels encontramos aportes valiosísimos e irrefutables de esa gran verdad histórica, sino también en escritores como Víctor Hugo que no era marxista, quien analiza a la revolución como una brutalidad que maltrata a la sociedad pero sin la cual no marcha, no hay progreso, no hay desarrollo económico-social. Que Colón, al descubrir lo que llamó América, le haya dado vida al esclavismo que ya había desaparecido en Europa, es otra cosa, pero nadie podría negar la gran influencia que tuvieron los descubrimientos y conquistas (que por cierto costaron miles de miles de vidas humanas de los esclavizados) sobre el desarrollo industrial, y sin éste el mundo sería una esfera girando sin futuro alguno dependiendo, exclusivamente, de los molinos de viento ligando que no existiera un loco Quijote internacionalista que los destruyera confundiéndolos con gigantes de manos largas.

Bueno, ahora vayamos, con el mismo criterio anterior y sin justificar lo injustificable como los genocidios o exterminios innecesarios y atroces, por ejemplo, a lo que se denomina dictadura. No perdamos tiempo en buscar ejemplo, razones o argumentos en dictaduras de otros países y limitémonos exclusivamente a Venezuela por ser hoy día, un epicentro de acusaciones constantes y sin descanso sobre Chávez como dictador. En Venezuela se habla y se escribe, ahora durante el gobierno que preside el camarada Chávez, de dictadura y dictador como en el Africa se habla y se escribe del hambre por los que viven en marginalidad, pobreza y sufrimiento humano.

Para los políticos debería ser de obligatoriedad el estudio (no menciono el marxismo que sí lo es aunque se empecinen en negarlo) de las obras de don Mario Briceño Iragorry. Nos dice ese ilustre venezolano de la literatura política, que “Desdecir de la época colonial para hacer más brillante la epopeya de la emancipación; desconocer los valores del caudillismo conservador para ameritar los avances del ciclo liberal; negar los hechos positivos de la dictadura andina (integración demográfica de la nacionalidad, pago de la deuda exterior, supresión del caudillismo cantonal, creación de la sanidad pública), para que brillen más las conquistas cívicas logradas después de la muerte de Gómez; achicar la Universidad antigua para sólo dar estimación a la Universidad de Ernst y Villavicencio, es manera inadecuada de interpretar y valorar nuestro pasado. Unos y otros períodos son signos de una misma existencia colectiva, influida por el curso del progreso universal. En la investigación y valorización de los hechos históricos, urge buscar no las circunstancias que parece que dividieran la trama de los sucesos, sino las razones que permitan ver los acontecimientos que al bulto se contradicen, como expresiones de la continuidad de la vida de los pueblos”.

Agrega el eminente historiador que “Pretender fabricarnos una historia a la medida de nuestras preferencias actuales, desdeñando, al efecto, los hechos y los personajes que contradicen nuestras inclinaciones ideológicas; es tanto como ir contra el propio sentido de la nacionalidad… Por eso, sin conciencia histórica no hay, como dije antes, sensibilidad para distinguir lo que atente contra los intereses colectivos”.

Don Mario Briceño Iragorry pone, entre sus ejemplos, el de Negro Primero conocido históricamente por unas palabras de despedida que dijo a Páez, su jefe, segundos antes de morir, siendo aquel analfabeto y cultivador de la violencia vegetal. Juzgarlo y condenarlo por eso último sería terrible sin apreciar su fe primitiva en la libertad. Bueno, vamos al grano: la oposición y el gobierno de Estados Unidos –entre otros- acusan al régimen político venezolano de dictadura –en general- y a Chávez de dictador –en particular-. La porción de pueblo que apoya al gobierno venezolano y el mismo Chávez, sostienen que su régimen no es una dictadura ni él (como presidente) un dictador. Creo que la oposición venezolana y el gobierno estadounidense tienen razón en la acusación y la parte que apoya al gobierno venezolano y el presidente Chávez no la tienen. En la ciencia política todo gobierno es una dictadura como todo mandatario es un dictador. Chávez es, ciertamente, un dictador como dictador es Obama, lo es Fidel, lo es Uribe, lo es el primer ministro inglés, lo es Zapatero, lo es Berlusconi, lo es la canciller de Alemania, lo es el presidente de Irán pero también de Israel, lo es Evo pero igualmente el Papa; es decir, lo son todos los presidentes de países, todos los reyes, todos los príncipes, todos los primer ministro, todas las reinas, todos los jeques como son explotadores y súper egoístas y tramposos casi todos los empresarios en sus industrias o fábricas o monopolios. En la política el término dictadura o dictador no tiene regla de excepción como algunos términos o categorías históricas en otras ciencias.

¿Qué es lo más importante de una dictadura o de un dictador?

Sin duda: saber a cuáles intereses de clase sirve su gobierno y su persona. Nadie puede tener razón si llega a decir que Bush, por ejemplo, fue un dictador que se puso de lado de las políticas que crean real bienestar y satisfacción a las clases y sectores populares de Estados Unidos. Todo el mundo sabe que sirvió incondicionalmente a la economía de los grandes monopolios que predominan en la vida de Estados Unidos y del mercado mundial. Por eso atacó a Irak, Afganistán y otras regiones del planeta. La democracia para Bush es el derecho que tiene la minoría a disfrutar de los beneficios del poder político en perjuicio de la mayoría, como la libertad es el derecho del imperialismo para poner el mundo de rodillas antes sus pies, explotarlo y oprimirlo. Esa es la misma idea que guiará al presidente Obama en su mandato. No quede duda de ello. Ese, igualmente, es el sentido de la democracia y de la libertad para el gobierno inglés y su primer ministro, para Francia y su presidente, para Japón y su emperador, para Rusia y su presidente…y así sucesivamente

Ahora, Fidel, por ejemplo, fue un dictador siendo el vocero fundamental de la dictadura del proletariado cubano. Eso no se discute. Pero lo que no se puede negar es que todas sus políticas –de cualquier género y especialmente económicas- estuvieron destinadas a favorecer al pueblo cubano, al ejercicio de la solidaridad internacionalista y del impulso de la revolución en otros países. Eso es una grandeza histórica, un mérito de un dictador al completo servicio de la verdadera democracia política, de la libertad, de la igual social, del socialismo.

Conclusión: lo importante es que el gobierno bolivariano y el presidente Chávez estén al servicio de la aplastante mayoría del pueblo venezolano, de la solidaridad con otros pueblos de América Latina y el mundo, de denunciar constantemente al capitalismo y su neoliberalismo como políticas atroces contra la humanidad. Eso es lo que vale para los explotados y oprimidos. Que Chávez no pueda tomar o aplicar, por ahora, una serie de medidas de política económica que desea, es otra cosa, lo cual debe ser entendido en base a las circunstancias internacionales que vive el mundo actual y –luego aunque no se crea deba ser así- de la nacional.

Toda dictadura y todo dictador que esté incondicionalmente al servicio de su pueblo para alcanzar un modo de vida diferente, con verdadera justicia social, hay que decir: ¡Viva esa dictadura!, y ¡Viva ese dictador! Amén.



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Freddy Yépez


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