Ideas para leer más y hermanarnos mejor

Programa “Temas sobre el tapete” del 10 de octubre de 2007 en RNV canal 91.1. (transcripción libre de Mariela Sánchez Urdaneta). Especial para aporrea.org

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El tema que deseo tratar hoy tiene que ver con los libros, la lectura y este proceso de unidad latinoamericana, proceso de creación de una conciencia solidaria, de integración, de unidad y de soberanía (a propósito de la próxima Feria del Libro de Caracas) pues todo esto pasa por conjunto de decisiones y políticas relacionadas con los libros y la lectura. Son algunas ideas que me parecen podrían contribuir a la discusión pero, sobre todo, a dar lugar a decisiones, a transformaciones importantes para seguir marchando en el camino de la unidad latinoamericana y de la recuperación de la lectura.

Comenzaré comentando algo que ha caracterizado la política cultural del gobierno bolivariano, haciendo un excelente trabajo, no cabe duda, desde el punto de vista de la edición de libros y de la difusión de libros, textos y materiales de lectura. El gobierno bolivariano, a través de distintos organismos como el Ministerio de la Cultura, que ha jugado un papel notable, pero también a través de otras instituciones del Estado como el MINCI, diversas alcaldías, gobernaciones, han venido desarrollando una verdadera política editorial. Es impresionante comparar la situación de hoy con el pasado reciente de la IV República por las enormes posibilidades que se han abierto en Venezuela para la lectura, la discusión, la difusión del pensamiento a través de obras escritas de todo signo.

Han crecido las editoriales del Estado al estimular y promover la lectura y la difusión de los materiales escritos como también ha crecido la publicación de libros, se abren enormes posibilidades hoy a la gente en Venezuela para publicar en editoriales a las que antes no tenían acceso. En el pasado, las editoriales privadas que finalmente funcionan como negocio y tratan es de vender libros y las editoriales del Estado -que pueden desarrollar políticas sin que estar movidas por el lucro inmediato- disponían de pocos recursos, no había políticas de edición y la lectura y la difusión del libro era sumamente restringida. Este panorama se ha modificado sustancialmente en los últimos años: se han abierto espacios para que la gente joven publique también; constantemente vemos cómo aparecen nuevos talentos, nuevos escritores, cómo se difunden los libros, en fin, se desarrolla hoy una política de amplitud bien democrática en ese sentido. Muy valioso porque ha significado un cambio rotundo en relación con las políticas restringidas y elitescas y con el desprecio por la edición y los libros que caracterizó a los gobiernos cuartorrepublicanos. Hay un cambio sustancial en ese sentido.

Pero esto no basta.

No basta realmente porque existe una serie de problemas que todavía entorpecen la difusión del pensamiento a través de la lectura, dificultando que las políticas puedan alcanzar los objetivos trazados. Existen varios problemas de fondo y algunos inmediatos, como cierta forma burocrática de desarrollar esas políticas, elemento que ha caracterizado este proceso no sólo en el caso de la lectura o de la cultura sino en otros aspectos también.

I. Hay un problema real, histórico, que consiste en que el venezolano no ha estado acostumbrado a leer nunca.

Las élites de antes (las de ahora son analfabetas y llamarlas élites es mera costumbre porque calificar así a la derecha venezolana sólo devalúa el concepto) que eran verdaderamente cerradas, exclusivas, exquisitas, leían y leyeron durante el siglo XIX y el XX, produjeron libros, transmitieron su pensamiento e incluso manejaron a la población por estas vías. Pero el venezolano normal y corriente, la gran mayoría del pueblo venezolano, nunca fue educado en la lectura. Es un problema histórico asociado a nuestra dependencia, a nuestro sometimiento a las grandes potencias imperiales y a nuestro atraso desde el punto de vista de ese desarrollo capitalista que, de una u otra forma, se vio acompañado por una difusión de la alfabetización, de la lectura y de la difusión de periódicos, materiales escritos, libros.

En los países europeos (y hasta en Estados Unidos, que cuenta con la población más ignorante de este planeta) la gran mayoría del pueblo fue tempranamente alfabetizada. Uno de los elementos que caracterizó el ascenso del capitalismo fue justamente la alfabetización y la lectura. Desde que Gutenberg inventó la imprenta de caracteres móviles a mediados del siglo XV las tasas de alfabetización fueron creciendo particularmente en los países europeos. El capitalismo se acompañó de esa difusión de la lectura para poder manipular a la gente, para hacer negocios y por otra serie de razones que no vienen al caso examinarlas aquí.

La educación formó parte del proceso de lucha contra el feudalismo, contra los sistemas precapitalistas para los cuales la población no existía, no había “ciudadanía” para toda la población, nadie tenía derechos y la lectura era para los conventos o la burguesía; ese fenómeno acompañó el crecimiento de los países capitalistas europeos. La población fue tempranamente alfabetizada, se difundió el gusto por la lectura y la gente se acostumbró a leer.

Algo que ayudó en el siglo XVIII pero sobre todo del XIX, cuando se masifican la alfabetización, la lectura y las escuelas, fue que no existía otra cosa que prensa escrita, folletos y libros. Todo lo asociado con la difusión del pensamiento y de la cultura estaba escrito, había que leerlo. Había que leer los periódicos donde se publicaban las noticias, información, reportajes, etc.; se escribían folletos, panfletos, volantes y libros. Una cultura para la lectura, una cultura para aprender a leer y a través de la difusión de la lectura difundir el pensamiento de distintas formas: el revolucionario, el contrarrevolucionario.

La imagen no dominaba en aquellos siglos la difusión del pensamiento, que ocurre cuando se incorporan los recursos de la imagen a la difusión de la información, del pensamiento. La fotografía, inventada a mediados del siglo XIX, se perfecciona a lo largo de ese siglo; el cine, que aparece en Francia en 1895, se desarrolla en las primeras décadas del siglo XX; la radio, aparecida en la segunda década del XX, se desarrolla a partir de la década siguiente; la televisión, que prácticamente ya estructurada poco antes de la Segunda Guerra Mundial, empieza a difundirse después de la mitad del siglo pasado y esto cambiará todo. Cambiaron nuestros patrones de conducta, de vida, de cultura, de lectura.

Y luego vinieron los derivados del propio medio televisivo: la televisión vía satélite, en vivo y en directo, los mecanismos de difusión de películas y de noticias, el VHS, el CD, el DVD, el celular... Todos esos fenómenos han transformado la cultura (y en buena parte a la incultura disfrazada de cultura que es lo que producen esos medios manipulados por intereses corporativos, comerciales, embrutecedores y manipuladores) y han transformado la lectura en los últimos cincuenta años.

Ese fenómeno ha producido enormes ventajas y podría producir muchas más. Pero también ha echado atrás mucho. La costumbre de la lectura se vio seriamente afectada. Los medios visuales terminaron dominando a los medios escritos. La televisión lo ahora domina todo. Los periódicos se han convertido en apéndices de la televisión y siguiendo el modelo todos los contenidos tienden a fragmentarse, a convertirse en pildoritas, en pequeñas noticias para periódicos repletos de pequeños recuadros, mentiritas concentradas, etc.

Queda poco espacio para lecturas profundas, más largas, para la revisión de conceptos y reflexiones de cierto alcance.

La lectura es golpeada en todo el mundo capitalista. Lo he comentado antes: la manipulación del pensamiento y la manipulación de los pueblos resultan indispensables para poder mantener las falsas democracias, que son básicamente el dominio de las minorías sobre las mayorías disfrazado de lo contrario. Para ello se requiere embrutecer a la gente, disolverle el pensamiento, darle informaciones fragmentadas para que no sean capaces de reconstruir los contextos ni de comprender las totalidades que le dan sentido a lo que ocurre.

En el mundo actual se impone la fragmentación del pensamiento, la disolución de la mente, la superficialidad, la banalidad y todo ello ha ido destruyendo la obra de la educación, el amor a la lectura y la capacidad de reflexionar que genera la lectura.

En el terreno específico de los libros ha sucedido lo mismo con las grandes editoriales que con las televisoras y las empresas productoras de cine. Así como estas dos últimas han ido cayendo en manos de las grandes corporaciones quedando como meros apéndices de ellas, las redes de televisión y las redes cinematográficas dependen ahora de las grandes corporaciones trasnacionales difundiendo su ideología, su política, lo que a ellos les interesa y ocultando lo que no les interesa que se difunda.

Los fenómenos estadounidense y europeo son típicos. Las corporaciones han ido comprando y fundiendo diversas editoriales, incluso las pequeñas que tenían una tradición más o menos crítica, de cierta libertad en lo que publicaban; las corporaciones han montado unas grandes productoras de libros, verdaderas mafias que corresponden a las grandes mafias televisivas y producen (exactamente como pasa en televisión) basura; producen exclusivamente basura escrita. Dan premios literarios, por lo general chimbos o banales porque lo que estimulan es basura. Es su forma de dominar. Además esos premios permiten comprar a los autores, ponerlos al servicio del sistema y convertirlos en seres importantes y famosos que venden libros y ganan mucho dinero, y que saben que para vender libros y ganar bastante dinero tienen que cuadrarse ideológicamente con las editoriales que los promocionan y financian. Igual pasa con los actores y actrices de televisión que deben responder a los intereses del canal, que a su vez responde a los intereses de la corporación dueña del canal. En fin, un dispositivo de dominación mundial.

También las editoriales censuran y bloquean a los autores cuyo pensamiento no les interesa difundir porque son críticos, polémicos. Sobreviven en la actualidad dificultosamente algunas pequeñas y medianas editoriales críticas, tratando de pelear contra la avalancha que irremediablemente se las va tragando para montar las grandes redes de edición. Además esas redes controlan su propia televisora para difundir lo que han editado. Además montan redes de librerías y lo que venden ahí es fundamentalmente la basura que ellos mismos producen. Son dueños del sistema completo que abarca hasta las redes de las librerías. Se trata de la globalización de la banalidad, la globalización de la destrucción del pensamiento crítico.

Frente a la situación que confronta el mundo de la cultura escrita, el mundo editorial y la difusión del pensamiento escrito, la única alternativa que surge es que el Estado y la propia sociedad, los lectores, las universidades, los grupos asociados a la difusión de la cultura, enfrenten estos asuntos.

Pero ¿quiénes lo van a enfrentar si los Estados son casi todos neoliberales y forman parte de ese proceso de embrutecimiento y de masificación? ¿quién más? ¿las sociedades banalizadas y embrutecidas sistemáticamente durante varias décadas ya? Difícil que puedan hacerlo. Los ejemplos de lo ocurrido con las grandes editoriales en Estados Unidos, Francia, España y Alemania son típicos. En España por ejemplo la mayor parte fueron compradas por editoriales alemanas que las concentraron e integraron. De la enorme riqueza editorial y cultural de Francia, por ejemplo, muchas quebraron y otras terminaron siendo absorbidas por grandes editoriales como Hachette, hoy verdadero consorcio editorial que controla la mayor parte de lo que se escribe, se edita y se vende en las librerías francesas.

Frente a esta situación la única alternativa son cambios políticos importantes como el dado en Venezuela. Y justo porque aquí se ha dado un cambio político, porque aquí la mayoría está asumiendo el poder y defendiendo sus intereses, porque hay un gobierno que responde a eso, aquí hay la posibilidad de que se desarrolle una política editorial como la que hemos tenido. Y probablemente esto pase en alguna otra parte. Pasó en Cuba hace casi cincuenta años. Es impresionante lo que Cuba ha hecho en términos de edición, difusión de ediciones, difusión del pensamiento y análisis. La sociedad cubana es una sociedad de lectores que reflexionan, que piensan, y ese es uno de los grandes productos de la Revolución cubana.

Pero Cuba es una excepción en América Latina y el Caribe. En general, lo que domina en el mundo es el panorama apabullante de la globalización, de la banalización, de la destrucción, de la cultura. Y muy particularmente, de la destrucción de la capacidad de leer y reflexionar.

Otro problema agrava la situación de la lectura y la reflexión en el caso de las jóvenes generaciones europeas y estadounidenses porque una vez que la gente a través de varias generaciones se ha acostumbrado a mirar y no a leer, y a mirar sin pensar, es decir, a ver por la televisión, el cine y otros medios audiovisuales (que son sobre todo visuales), y se ha acostumbrado a oír lo que dice la voz en off en la pantalla comentando las imágenes haciéndole creer al televidente que está viendo pero lo que hace es que está oyendo; es decir, el televidente está oyendo una imagen, oye lo que la voz en off le dice que está en la imagen y no ve porque no están probablemente y porque al loro en off le interesa (para eso le pagan) repetir lo que desea la corporación dueña de la televisora.

Una vez que la población se acostumbra a la televisión comercial fragmentándolo todo, a cataratas de pequeñas informaciones incomprensibles; una vez que va al cine y encuentra prácticamente la misma banalización de todo; una vez que la gente pierde la capacidad de razonar, que se le reblandece el cerebro a los jóvenes de quince (los viejos ya no interesan para el “marketing”) a la población se le dificulta mucho aprender a pensar y a razonar. Y una vez que la población se acostumbra a verlo todo en televisión, a ver puras imágenes y a recibir pildoritas informativas que reducen lo complejo a lo más sencillo, falseando por completo la realidad, en fin, se pierde la capacidad de razonar y teorizar a la gente se vuelve difícil seguir un argumento complejo, coherente, seguir un texto denso, leer una novela de cuatrocientas páginas. Al contrario, les interesa una versión resumida rápida del libro en siete páginas preferiblemente con recuadros, gráficos y fotos para que uno no pueda imaginarlo. Todo montado y descrito ahí. En serio, una vez que se han perdido esas capacidades de razonar y teorizar se hace muy difícil seguir un argumento complejo, se hace difícil conceptualizar, y teorizar.

La televisión vende basura. Pudiendo ser un extraordinario instrumento de educación y formación, en manos de quien está sólo sirve para vender basura. Los argumentos televisivos no tienen coherencia y han sido concebidos justamente para ser incoherentes convirtiendo a la gente en incoherente e incapaz de pensar para seguirlos manteniendo como borregos y poderlos manipular políticamente.

Lo mismo pasa en el cine. Efectos audiovisuales, tomas espectaculares, zoom y cuando se sale de ver la película que ha sido un éxito comercial, no queda absolutamente nada salvo incoherencias históricas, espaciales, etc., y esos disparates argumentales pasan porque la gente no está pensando sino viendo las imágenes y no se ocupa del argumento.

Ha pasado también con la literatura de drugstore, estación de tren o de metro, supermercados, aeropuertos. Novelas rápidas, desechables, con argumentos incoherentes cargados de lo que más vende: violencia, sexo, suspenso. Argumentos que se puedan seguir con interés por ejemplo en una novela policial -que atrae con facilidad- están repletos de contradicciones, incoherencias, disparates pero, la persona se pone a pensar en eso porque la han enseñado a no razonar desde pequeña. Y después de leídos, los libros se botan en esta cultura del olvido, la banalización y lo efímero.

Y el desastre que domina el mundo intelectual actual es el único instrumento que permite la dominación de las minorías sobre las mayorías embruteciéndolas, manipulándolas, dañándoles el pensamiento para que se vuelvan borregos y para que esos borregos además crean que están bien informados y tomen decisiones políticas en contra de sus propios intereses. Ese es el modelo.

En la Europa que aprendió a leer, que difundió la lectura y la educación durante el siglo XIX hasta la segunda mitad del siglo XX, momento en el que comenzaron a desmontar todo lo que se había alcanzado antes. Y ello viene de Estados Unidos, que es el país con la población más ignorante del planeta, ha convertido ese modelo en un modelo mundial, globalizado.

Pero de alguna forma, entre culturas que de cierta manera participaron de la lectura, de la reflexión, de la capacidad de pensar, hay todavía funcionan en dirección de una buena literatura, de una buena posibilidad de leer, discutir, analizar, reflexionar acerca de las cosas y no simplemente depender de las cataratas de imágenes que vende la televisión.

(Conste que no estoy en contra de las imágenes; soy más bien un fanático de las imágenes en fotografía, cine, pintura y todo lo demás. Hablo de otra cosa que llamada manipulación de las imágenes).

Y este es un fenómeno mundial. Pero el caso latinoamericano es peor porque nuestros países fueron subdesarrollados, dependientes, y en la mayor parte lo siguen siendo, al de aquella Europa y aquel Estados Unidos hegemónicos: nuestras poblaciones, nuestras gentes, no aprendieron a leer a tiempo. Salvo esas minorías élites del pasado que leían y escribían para ellas mismas porque el pueblo era analfabeta. En Venezuela no se difundió la educación. Los intentos para salir del analfabetismo fueron fallidos porque se quedaron siempre al principio del camino. De tal manera que las tasas de analfabetismo eran enormes y siguen siendo enormes en Latinoamérica. Las tasas de Brasil (que se pretende una potencia mundial) son graves: hacia 30% de la población es analfabeta, si no me equivoco. Y no incluye a los analfabetas funcionales, que forman una masa impresionante. Venezuela por fin logró salir del analfabetismo con la Misión Robinson creada por este proceso revolucionario y basada en el proyecto y en la solidaridad de los cubanos; ahora se intenta una experiencia alfabetizadora masiva en Bolivia y Nicaragua.

De tal manera que a los latinoamericanos nos cayó la maldición completa porque a los europeos les llegó la televisión cuando ya sabían leer y escribir, cuando ya tenían costumbre de leer. La lectura genera reflexión, capacidad de teorizar, capacidad de conceptualizar, de imaginar. Una novela leída no es lo mismo para efectos del pensamiento que una novela televisada o llevada al cine. En el cine solamente nos sentamos a ver. Y es hermoso ver las imágenes, colores, cuadros pero ahí está todo. En una novela leída uno debe imaginarse cómo son los personajes, reconstruir mentalmente las situaciones, es decir, construir el paisaje dentro de la propia cabeza. Hacer la película dentro de la propia cabeza. Una vez que la novela se convirtió en película y vimos la película, cuando vamos a leer la novela ya estamos condicionados por las imágenes que vimos en la película. Por ejemplo Pasaje a la India, la extraordinaria novela de Edward Forster, si uno ve primero la también extraordinaria película, queda condicionado luego al leer la novela a las imágenes que vio en la película. La casi protagonista de la novela es una inglesa sosa y fea. En la película aparece una joven hermosa que no tiene que ver con la de la novela. El que escribió la novela fue Forster y él decidió que era fea y sosa. Pero el director de la película no podía poner a una protagonista así y puso a una bella. Quien vio la película primero se quedó con la versión de la bella.

Nuestros pueblos eran fundamentalmente analfabetas cuando nos cayó brutalmente la televisión, que logró niveles de difusión mucho mayores en países como los nuestros precisamente por el analfabetismo. Una manera de informarse sin saber leer. Antes para informarse había que saber leer un periódico, a menos que un vecino le contara qué dice. Esto hizo que la televisión se difundiera agresivamente en Latinoamérica. Bolivia, por ejemplo, en una época era el país con más canales de televisión de América Latina teniendo una de las tasas más altas de analfabetismo.

Nos llegó la televisión antes de aprender a leer y tener una cultura de lectura y ello ha hecho mucho más cuesta arriba que nuestras mayorías pudieran, frente a esa avalancha facilista y disolvente de la televisión, desarrollar una política de lectura. Y si a esto sumamos los gobiernos complacientes y entreguistas, enemigos de sus pueblos, sirvientes del imperialismo norteamericano, partidarios del embrutecimiento para dominar a las mayorías y saquear sus riquezas, ¡qué interés iban a tener en la difusión de la cultura y de la educación! ¡qué interés podían tener en que la gente aprendiera a pensar y a razonar!

Porque cuando se aprende a pensar y a razonar la persona es capaz de defender sus intereses y no ir como un borrego a votar por el que lo va a explotar, a someter y a seguir saqueando.

De tal manera que esa ha sido uno de los componentes centrales de nuestra dominación, de nuestra sujeción. Esa tragedia cultural de que por ser países atrasados, dependientes de la tecnología europea y de la estadounidense, nuestros pueblos no fueron alfabetizados a tiempo y la televisión y los medios audiovisuales (destaco visuales) crearon una cultura disolvente, de banalización, superficialidad, factor entorpecedor de la lectura. Y si sumamos lo que ocurre en Europa hoy, que ya dos o tres generaciones no aprendieron a pensar ni a razonar, se hace mucho más difícil enfrentar ese bloqueo, ese embrutecimiento masivo. Nuestro caso es peor en el sentido de que ellos aprendieron a razonar por lo menos un siglo con la lectura pero en nuestros países sólo aprendieron las elites y el pueblo fue mantenido en la ignorancia de no saber leer, escribir ni asistir a la escuela.

La tarea cultural y educativa es verdaderamente fundamental porque la educación de todos los países latinoamericanos -a excepción de Cuba- es un desastre. Y la educación venezolana es un desastre porque precisamente esos poderes mediáticos disolventes han terminado convirtiendo a una buena parte de los estudiantes en una especie de analfabetos funcionales. Si alguien por definición tiene que leer y estudiar son los estudiantes. Por eso son estudiantes. Pueden hacer muchas cosas pero básicamente son estudiantes. En los últimos meses de protestas estudiantiles de derecha (que se pretenden elitescos porque estudian en universidades privadas) hemos visto la pobreza mental, la incapacidad para razonar, para manejar dos o tres conceptos abstractos que poseen. No pueden porque se han formado en una cultura disolvente.

(Por eso llama tanto la atención y tienen tanto valor los estudiantes revolucionarios por la capacidad que tienen de razonar, analizar y teorizar y al mismo tiempo por la capacidad que tienen de vincularse con los sectores populares, de no olvidar que ellos son parte del pueblo y de luchar por esa transformación que está convirtiendo a Venezuela en otro país diferente del país corrompido y de la basura que tuvimos durante tantas décadas. ¡Estos jóvenes revolucionarios que fueron a la Asamblea Nacional son una excepción!).

Pero lo que uno sabe como profesor universitario es que la poca lectura ha terminado casi desapareciendo en Venezuela. Cierto es que hay pésimas bibliotecas públicas; particularmente las bibliotecas de las universidades no sirven. Sé que en la Biblioteca Nacional se hace un esfuerzo desde hace años en ese sentido pero no hay cultura, ni siquiera, de tratar con cuidado los libros (frecuentemente los estudiantes rompen o arrancan el capítulo que necesitan y después de utilizado lo botan sin importarles nada los próximos lectores).

Los estudiantes se han acostumbrado a estudiar con fotocopias, lo cual es muy dañino. En buena parte porque no hay suficientes libros en las bibliotecas o porque están muy atrasadas en sus catálogos. Los estudiantes a veces ni saben quién es el título del libro porque trabajaron con las fotocopias del capítulo V del autor equis. Copian pildoritas de la internet, donde se pueden conseguir informaciones serias, sin embargo la mayor parte de lo que se consigue forma parte de esta misma concepción pildoritas, resúmenes rápidos para tener una idea general de los temas, como la Enciclopedia Encarta y la Británica, tan famosa antes se ha vuelto un bodrio. Se ha perdido –o no se la tuvo- la capacidad de conceptualizar, de resumir las ideas de un texto, de hacer una composición, como se hacía antes: tomar un tema y desarrollarlo, leer un libro de doscientas páginas y poder hacer un su resumen en diez.

En síntesis, resultado de que solamente se ve televisión basura, que solamente se lee pildoritas y que solamente se juega con celulares, la perspectiva que tiene cualquiera de nuestros países, y Venezuela en particular, es la de estar formando los Homeros Simpson de la próxima generación. Esto es un problema serio, grave, en el que la política de difusión del libro y la política de lectura, reflexión y discusión de las ideas tienen un papel fundamental.


II. ¿Qué puede hacer este proceso revolucionario y democratizador para que la gente lea y razone, para que la población pueda adquirir la capacidad de leer y razonar?

Diría de entrada que tenemos una tarea gigantesca. Necesitamos otra televisión. Entiéndase que no se trata de proscribir la televisión o quemar los televisores, etc. La televisión es un instrumento extraordinario. Lo que sucede es que está en manos de los enemigos de los Pueblos y utilizan el instrumento para embrutecer. El problema no es el instrumento; es quién lo maneja. La televisión puede ser un gran instrumento de educación, de formación, de entretenimiento. Necesitamos otra televisión distinta de la basura que tenemos fragmentándonos el cerebro permanentemente.

Hay que desmontar en los medios (y en los del Estado también: hoy estos medios tienen un pequeño espacio que no saben utilizar en la mayor parte de los casos al repetir y reproducir el modelo televisivo del enemigo) el modelo CNN en los noticieros, en el estilo, en los cortes, etc., que reproducen la fragmentación y banalización del pensamiento. Hay que desmontar ese modelo televisivo mediático. Es urgente. (He comentado esto en otras oportunidades y no me queda tiempo de ampliarlo).

Necesitamos definir una verdadera política coherente y más eficiente de lo que se ha hecho, con los libros y con la lectura. No basta con editar libros ni siquiera con regalarlos. ¿Cómo se sabe si los libros se leen? ¿cómo se garantiza que esos libros editados masivamente que se reparten o se ponen al alcance de la gente se utilizan realmente? ¿cómo hacer para que la gente lea, razone, aproveche los libros y, a partir de las lecturas, descubra la necesidad de hacer nuevas lecturas. Porque ese es el camino a la lectura: leer un libro sugiere la necesidad de leer otro libro. Y el otro sugiere otros y la persona se convierte en un lector o lectora, dedicando parte de su tiempo a leer y reflexionar nuevas lecturas. ¿Cómo hacer que se amplíe el campo de la lectura? Una idea básica en ese sentido es promover y organizar la lectura. No basta con editar los libros y ponerlos al alcance de la gente. Eso es bueno pero insuficiente y burocrático porque el problema requiere, como todo gran problema, la participación y el protagonismo de la gente.

Hay que promover y organizar la lectura. Hay que crear espacios y estímulos. Que no sea de feria en feria anual. Debe ser una feria permanente al crear espacios y estímulos a la lectura. Promover el análisis participativo de los textos en la escuela, el liceo, la universidad, la calle, en los comités, en las comunas, en las mesas técnicas, en los batallones, en la Reserva: que la gente lea y que pueda discutir lo que lee, intercambiar ideas sobre lo que lee, comunicarse. Porque hoy la gente se comunica por la televisión: todos vemos la misma basura y le comentamos al vecino o al amigo la basura que vimos creyendo que nos estamos comunicando de verdad. Si tuviéramos muchos libros que nos leyéramos todos nos comunicaríamos entre todos y eso nos enriquecería a cada uno y al pueblo.

Colectivizar la lectura. Que la lectura se convierta en una operación cotidiana de todos los venezolanos. Que estemos leyendo, analizando y discutiendo las lecturas permanentemente y que, compartiendo y socializando, necesitemos hacer nuevas lecturas y así seguir aprendiendo para sacarle provecho, autonomía en el pensamiento.

Hay que recuperar algo del viejo sistema educativo que enseñaba a leer, enseñaba a analizar un texto, a redactar una composición, enseñaba a hacer lectura crítica y, ahora, incluso, con el apoyo de los aparatos audiovisuales. Que los enormes recursos enriquezcan y no que empobrezcan. Que se utilicen imágenes que sirvan para enriquecer nuestro conocimiento y no para reducir el conocimiento a esas pildoritas o a esas cataratas inútiles de imágenes que anonadan y embrutecen.

(Han aparecido dos temas realmente importantes que no he desarrollado hoy: el tema de los medios de comunicación, la televisión concretamente, y el tema de la educación, del sistema educativo. Porque la lectura está relacionado con los dos).

En tercer lugar, necesitamos ya acceso a una enorme diversidad de libros. La difusión de la cultura supone su universalidad. Aunque todavía no tengo una visión clara al respecto que seguiré investigando, planteo que en materia de libros no puede haber “sustitución de importaciones”. Debemos desarrollar una política de desarrollo endógeno, de sustitución de importaciones, en rubros que importamos pero que pudiéramos producir como leche, carne, azúcar. En cambio, nosotros no podemos producir todos los libros que necesitamos. Producimos libros y tenemos que seguir produciendo libros, dando oportunidades para que la gente escriba y produzca pero hay libros que no vamos a producir nunca porque no tenemos por qué producirlos nosotros. ¿Es que los alemanes tienen que producir todos los libros que se ocupan de Venezuela o de Tanzania? No. La cultura es universal y hay cosas que necesitamos de otros países como sus lecturas, estudios y análisis.

Esto es clave. Podemos leer mucho sobre Venezuela, leer a mucho venezolano pero no podemos ser lectores exclusivos de lo venezolano ignorando el resto del mundo. Estaríamos cometiendo un profundo disparate. Tenemos que estimular nuestra producción de libros y de lectura, pero debe estar abierta al mundo. Abierta para dar y abierta para recibir. Y como el mundo es más grande que nosotros, es mucho más lo que podemos recibir que lo que podemos dar. Es decir, no puede impedirse, dificultarse o sabotearse la llegada de libros de otras partes. Ni podemos creer que podemos producir todos los libros que necesitamos.

El tema de la importación de libros y de acceso al libro, es tema para el Estado venezolano en el siguiente sentido. ¿Por qué no se importan suficientes libros en Venezuela? ¿por qué en este proceso revolucionario importamos carros, güisquis, hummers y cuanta cosa de lujo parasitario existe y se hace tan difícil importar libros? ¿por qué las librerías venezolanas –que siempre han sido pocas, ya ahora parecen más pocas- están casi todas vacías? ¿por qué cuesta tanto conseguir libros españoles y de otras partes, traducciones? ¿por qué los libros resultan tan caros? ¿no puede haber una política de subsidio a los libros que fomente la entrada de libros al país al mismo tiempo que producimos libros? ¿por qué no se venden los libros a precios más adecuados? ¡Cómo es posible que las librerías de Caracas se encuentran casi vacías! ¿es una revolución de la cultura? Producimos mucho pero no recibimos prácticamente libros de otras latitudes y nuestras librerías tienen pocos libros.

¿Qué pasa con la importación de libros? ¿por qué el Estado –que ya produce bastante- no garantiza la lectura de libros extranjeros?

El último punto que tocaré (veo posibilidades de resolverlo y no se hace nada en esa dirección) es que en el caso latinoamericano necesitamos la integración latinoamericana en materia de lectura, en materia de libros. Luchamos por la unidad suramericana construyendo el Banco del Sur, Telesur, la Radio del Sur, las Librerías del Sur (con poca dotación y básicamente venezolana).

Pero tenemos que comunicarnos e integrarnos sobre todo a través de la lectura, no sólo a través de la imagen o el sonido. Debemos comunicarnos a través de la lectura. En la Venezuela actual como en la de antes, es imposible conseguir libros publicados en países latinoamericanos y caribeños hermanos. Busquen en una librería venezolana libros sobre Ecuador, Bolivia, Perú, Honduras o El Salvador... ¡Y sabemos que estos países hermanos están editando mucho! Y no se consiguen, no trascienden. Seguimos aislados cada país produciendo sus propios libros y leyéndolos (si es que los leemos) pero esos libros no salen de sus fronteras. De tal manera que un país hermano no puede conocer al otro porque no tiene acceso a los libros que se producen en el otro país, igual que pasaba antes.

¿Dónde se pueden conseguir libros de historia sobre Guatemala, Ecuador o Jamaica? En las bibliotecas de Europa y de Estados Unidos, y hasta ocasionalmente en sus librerías. En cambio, nuestros países viven completamente aislados sin integrarse ni unirse: no conocemos a nuestros hermanos latinoamericanos y caribeños porque no somos capaces de leer ni tenemos a disposición lo que se está produciendo en esos países, y en algunos de ellos por cierto se están produciendo ideas bien importantes. Sólo llegan los libros que vienen de los países que históricamente han tenido grandes editoriales: Argentina y México y un poco de Colombia, aunque se consigue poco de todo lo que se publica hoy ahí. Por ejemplo, ¿qué sabemos de Brasil? Claro, está la supuesta barrera del idioma. Pero, ¿por qué los brasileños entienden y se preocupan por entender español y los que hablamos español de este lado de América Latina no nos preocupamos por aprender portugués? Hay una gran barrera: del país más grande de Latinoamérica con el cual necesitamos establecer una relaciones especiales, no podemos leer lo que ahí se escribe y se edita. Es un problema serio. Porque necesitamos comunicarnos con los países hermanos, desarrollar una integración de librerías latinoamericanas y caribeñas para intercambiar lo que se produce y podamos encontrar en Venezuela libros sobre Panamá, Nicaragua, Belice, Paraguay y que los libros publicados aquí se encuentren en todos los países de Latinoamérica.

La integración y la unidad latinoamericana pasa por el conocimiento de todos nosotros, el reconocimiento mutuo. Sólo así podremos reconstruir esa Patria Grande con la que soñamos otra vez.

Una televisión y una radio del Sur son importantes. Pero los libros son lo que queda. Los libros son los que más enriquecen. Los libros son los que se pueden consultar cuantas veces uno quiera. Los libros se pueden regalar, generar discusiones, abriendo siempre más posibilidades para examinar las cosas. Sobre todo si se pueden combinar enriquecedoramente los recursos audiovisuales con la lectura.

Necesitamos verdaderas librerías latinoamericanas y una real libre circulación de lo que producimos en nuestros países sobre nuestros países para finalmente comprender que todos somos una gran nación nuestroamericana y podamos construir sobre bases más sólidas este proyecto de unidad e integración por el cual luchamos.


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Vladimir Acosta

Historiador y analista político. Moderador del programa "De Primera Mano" transmitido en RNV. Participa en los foros del colectivo Patria Socialista

 vladac@cantv.net

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