Más sobre las declaraciones manipuladoras de Ratzinger en Brasil

Programa “De primera mano” en RNV 6:30 AM el 22 de mayo de 2007.

(transcripción libre de Mariela Sánchez Urdaneta). Especial para Aporrea.org

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Agregaré algunos comentarios a las declaraciones que hizo el papa Ratzinger en Brasil porque nos afectan como latinoamericanos y vale la pena retomar el tema además porque ahí hizo afirmaciones que vale la pena criticar y desmontar pues son mentiras increíbles. Me refiero al discurso del papa sobre el cristianismo y la religión indígena; un discurso verdaderamente insólito, asombroso. Escuchándolo uno se cree de vuelta a la Edad Media con un papa inquisitorial, de carácter genuinamente reaccionario. Por fortuna el papado ya no tiene poder militar ni Tribunales de Inquisición viéndose forzado entonces a utilizar un lenguaje más bien hipócrita, el lenguaje de la paz.

La Conquista -española, portuguesa, o sea, europea- de América en el siglo XVI habría sido un encuentro y no una imposición, no hubo alienación de las culturas americanas, continúa Ratzinger, y no se trató de la imposición de una cultura extraña (¡que es de una de las más insólitas barbaridades!). Según él, parece que los indios estaban esperando a Cristo y españoles y portugueses vinieron gentilmente a traérselo. Y así los indígenas recibieron ¡alborozados! la llegada de Cristo en las personas de españoles y portugueses. Pero eso es tan insólito que ¡ni siquiera en la época de los manuales más reaccionarios de defensa de la Conquista española o portuguesa, se atrevieron a sostener mentiras similares!

Lo que ocurre –según el papa Ratzinger- es que las culturas y religiones de los indígenas, simple y llanamente eran inferiores. Lo cual significa que los indígenas, las personas, también eran inferiores, incapaces de elaborar culturas o religiones comparables a las de los europeos. Basta recordar el asombro de los cronistas españoles, como Bernal Díaz del Castillo, cuando vio la ciudad de Tenochtitlán y los comentarios de los españoles acerca de la gran ciudad, impresionante, más grande y más bella que Venecia. Según esto, la cultura y las religiones de los indígenas eran inferiores, los propios indígenas también eran considerados inferiores por una supuesta limitación mental, limitación cultural y limitación como seres humanos, que les impedía llegar al cristianismo catolicismo por sí solos (desde la perspectiva del papa, la única y verdadera religión, por supuesto). En fin, que sus religiones eran toscos intentos de acercarse a Cristo.

De modo que los europeos vinieron a civilizarlos de forma pacífica, a traerles amorosamente la verdadera religión. Como dijo Ratzinger en una frase inolvidable: “Los europeos vinieron a fecundar y a purificar la cultura de los indios”. Dicho en otras palabras, las culturas indígenas eran infecundas e impuras... Aquí se dan la mano la mentira más cínica y el racismo más descarado, despreciable e injusto.

Recuerdo una afirmación insólita que critiqué hace años en uno de mis libros, “El continente prodigioso”, de Enrique de Gandía –historiador más hispano que argentino- que decía: “La Conquista fue una ola de amor que se extendió por el Nuevo Mundo”. Según esto, la Conquista fue una suerte de encuentro entre antropólogos pacíficos y simpáticos con una equilibrada visión multicultural y, en medio de ese congreso, los europeos convencieron a los indios de que la religión de ellos era superior, que abandonaran esas religiones infecundas e impuras, que dejaran esas culturas inferiores y que se dejaran fecundar y purificar por ellos. Esa es la visión que el papa pretende hacernos creer a los latinoamericanos, herederos de esa historia de sangre y de violencia que fue la Conquista: como si aquí no hubiera pasado y como si aquí hubiera una masa de seres inferiores que pueden tragarse semejante aberración. Según esto, durante la Conquista no hubo invasión, no hubo muerte ni genocidio ni violaciones ni saqueos ni destrucción de pueblos enteros ni destrucción de templos y culturas ni jamás los españoles empalaron a un indio o a una india ni jamás los apedrearon: todo fue amor, amor y más amor en nombre de Cristo.

Verdaderamente, uno se pregunta qué espera la Iglesia Católica para jubilar a este personaje que tristemente no es más que una vieja momia nazi.

Pero para terminar el comentario, diré unas palabras sobre el genocidio americano. La masacre de los indígenas americanos, esa “ola de amor que se extendió por el Nuevo Mundo” según el papa y Enrique de Gandía, ha sido el genocidio más grande de toda la historia humana. En esto coinciden prácticamente todos los estudiosos de la historia y de la demografía americana: en un siglo desapareció entre 80% y 90% de la población indígena americana, es decir, casi toda la población. Se discute mucho la cifra de cuántos indígenas había, pero el porcentaje de la destrucción demográfica, poblacional, prácticamente es aceptado y oscila entre 80% (los cálculos más conservadores) y 90% (los más radicales).

La cifra poblacional total resulta difícil de calcular porque los censos eran malos y, todavía hoy, existen muchos intereses detrás. Sin embargo, se trata de una cifra enorme que oscila entre 50 y 80 millones de personas. Es decir, entre 50 y 80 millones de indígenas americanos murieron atrozmente durante ese siglo de la Conquista. Los cálculos realizados por los demógrafos históricos de la población mundial del siglo XVI oscilan entre 500 y 550 millones de personas, probablemente un poco menos a principios del siglo y un poco más hacia su término. De tal manera que la Conquista española y portuguesa exterminó aproximadamente a una décima parte -o quizás un poco más- de la población mundial.

¿Se imaginan actualmente un fenómeno demográfico –un genocidio directo o indirecto, lo veremos luego- que desaparezca la décima parte de la población mundial? Ello equivaldría (si somos 6.500 millones de habitantes) a que desaparezcan ¡650 millones de personas hoy!

Y, repito, esto se refiere exclusivamente al siglo XVI porque, si bien es cierto que la población indígena americana comenzó a recuperarse desde principios del siglo XVII y todo el XVIII, el genocidio indígena nunca terminó completamente. Algo que interesadamente se “olvida” siempre (y ya no es responsabilidad de españoles ni portugueses), es que el genocidio indígena aumentó después de la Independencia y que fueron nuestras Repúblicas criollas (dirigidas en buena parte por criollos mestizos) las que emprendieron el exterminio sistemático de las poblaciones indígenas y, particularmente en la segunda mitad del siglo XIX, imitando el modelo de Estados Unidos con su masacre permanente de los indígenas. Las élites criollas de nuestros países, sobre todo aquellas que se blanquearon más (pues ese era su sueño: los casos de Chile y Argentina, y en menor grado, México) fueron países donde sistemáticamente se persiguió y masacró a los indígenas en nombre del Progreso. Pero hoy me referiré solamente al genocidio de indígenas americanos durante la Conquista.

Ocurre que en el genocidio de esa Conquista está implicada Europa entera: españoles y portugueses pero también italianos, franceses y alemanes (no olvidemos a los “simpáticos amigos” Welser, cuyas masacres fueron tan terribles que horrorizaron a los propios genocidas españoles).

De tal manera que acerca de este crimen histórico contra la Humanidad, el genocidio más grande y más brutal de toda la Historia humana, tanto por las cifras como por la población mundial, como está implicada Europa entera -Europa que es la dueña de la cultura, de los manuales, de la historia, dueña de todos los mecanismos de información y manipulación y la creadora de las “grandes teorías” para comprender la realidad- esa Europa se ha dado la mano para evitar que en el terreno teórico se utilice el concepto de “genocidio”.

Primero que nada, los españoles y los portugueses niegan haber sido genocidas (¿ellos? ¿cuándo? ¡eso no lo haría jamás un español ni un portugués!) pero también los criollos que los heredaron, repito, que fueron todavía más genocidas porque se proponían abiertamente exterminar a los indígenas en nombre del Progreso y no temían en absoluto decirlo. Y, por favor, no dejemos afuera a los ingleses pues el genocidio más sistemático cometido dentro del gran genocidio general en América, fue el que cometieron los ingleses y sus herederos, los estadounidenses. La matanza sistemática de la población indígena de Estados Unidos, la inician y desarrollan los ingleses y la continúan sus herederos republicanos estadounidenses.

Entonces, justo, aprovechando las fallas o las insuficiencias de los censos (lo cual no es falso, no eran tan científicos como los de ahora), aprovechando que las cifras a veces tienen grandes márgenes de interpretación, se procura minimizar la matanza, minimizar el genocidio. Los hispanistas fundamentalmente -hipócritas minimalistas- han llegado a reducir las cifras de tal manera que casi lo han negado. Autores como Kroeber y como nuestro conocido Ángel Rosenblat, quien sin ser historiador sino más bien lingüista, se ha convertido en una referencia para las cifras de población americana antes de la Conquista y una de las referencias para reducir la matanza indígena al mínimo.

Quiero decir, si calculamos una población indígena muy baja cuando llegaron los europeos, la cifra por supuesto –aunque proporcionalmente no baja mucho puesto que desapareció la mayor parte de la población indígena- por lo menos en cifras absolutas sí baja. Croeber calcula que en la América completa había 8.4 millones de habitantes, lo cual es una barbaridad reductora de la población americana aborigen. Según él, esto era un continente prácticamente despoblado. Y Rosenblat -lingüista- habla de 13.3 millones, cifra también extremadamente baja.

Solamente estudios más sistemáticos de investigadores estadounidenses independientes no sujetos al colonialismo hispanista, a pesar de presentar algunos pequeños errores, han calculado cifras que parecen más reales. Autores como Bora, Cook, sobre todo, Dogwings, sustentados en estudios demográficos han desarrollado cálculos que suponen en América entre 80 y 120 millones de habitantes, cifras más confiables. Asimismo otros estudiosos han tendido a buscar soluciones intermedias, como el francés Paul Rivet y también XXX, que calculan entre 40 y 50 millones de habitantes la población completa indígena.

El hecho es que la población indígena americana probablemente osciló entre los 70 y los 90 millones de habitantes. Cuando extraemos el 80 ó 90% de esas cifras, da aproximadamente setenta millones y por eso sostuve antes que la población indígena americana era un octavo o un décimo de la población mundial. Y como lo que es bueno para el pavo es bueno para la pava, si los cálculos demográficos norteamericanos no son muy buenos, tampoco lo son los europeos; sólo la relación entre ambos puede equilibrar las cosas.

El hecho es que los europeos vinieron a este continente a explotar, a saquear, a dominar y a someter a los indios. No vinieron a matarlos a todos por lo que no se puede afirmar que hubo voluntad sistemática de exterminio y aquí entonces se comienza a manipular con la idea de que no fue un genocidio.

¿Por qué no los mataron a todos? porque realmente necesitaban a los indígenas como mano de obra; porque, como los europeos no vinieron a trabajar, necesitaban indios vivos para someterlos y que trabajaran para ellos. Es verdad. Sin embargo, sí mataron sistemáticamente a todas y todos los indígenas que se resistieron... y buena parte del mundo indígena se resistió.

De tal manera que sí hubo un genocidio directo con armas que exterminó una parte importante de la población indígena. Las descripciones son impactantes, terribles. Las he comentado en otras oportunidades. Pero también hubo un genocidio indirecto que se tradujo en humillación, en hambre, en violaciones, en esclavitud y, de esta forma, los resultados también fueron impactantes. En La Española (República Dominicana y Haití) en menos de medio siglo desapareció por completo la población indígena y fue reemplazada por esclavos africanos. En México y Perú las poblaciones indígenas se redujeron asimismo de forma alarmante. Bora calculó 25 millones de pobladores en México hacia 1517 cuando aparece Hernán Cortés; hacia 1605 –menos de un siglo- se había reducido a un (1) millón de indígenas. O sea, habían sido asesinados directa o indirectamente 24 millones de indígenas. Es decir, casi la totalidad de la población.

Los investigadores ¿?europeos¿? han introducido aquí otro tema, el de las enfermedades. Es cierto que éstas causaron muchas muertes, pero se han magnificado esas cifras para reducir la matanza causada por los europeos. Según esa óptica sí murieron muchísimos indígenas pero se acabaron porque no tenían inmunidad frente a la viruela, el sarampión, la lechina, la gripe, enfermedades para las cuales sí estaban inmunizados los españoles y los portugueses. En síntesis, las enfermedades fueron las que acabaron con los indios (como si españoles y portugueses hubieran venido a este continente a “besar” a los indios, les hubieran trasmitido los virus inocentemente y, “pacíficamente” inoculados, los indios murieron).

Acabo de leer un artículo de un fascista español pro Aznar sosteniendo que “apenas murieron 4 millones por la violencia y los demás por las enfermedades”. Como para ellos los indios no valen mucho ni son seres humanos completos, piensan: “apenas 4 millones”.

Y por cierto ahora que menciono enfermedades, aprovecho para recordar que en Estados Unidos, los ingleses primero y luego los estadounidenses, usaron el método de regalarle a los indios -ya sometidos en reservas o en territorios controlados- cobijas contaminadas con viruela, desatando epidemias de viruela entre los indígenas en las que terminaron muriendo miles de indígenas norteamericanos a causa de ese método tan “pacífico y humanitario”...

El concepto con el cual los investigadores resuelven la situación para que la opinión europea dominante quede contenta es el de “catástrofe demográfica”: “hubo una catástrofe demográfica y la gente empezó a morirse de repente”, dicen. Eso suena bien. Y así nadie es responsable y, en consecuencia, no hubo genocidio.

Sucede que es cierto que durante la Conquista hubo un genocidio directo y hubo un genocidio indirecto combinado con enfermedades contagiosas traídas por los españoles y los portugueses y combinado con la destrucción sistemática de sus culturas, lo que condujo a que muchos indios se suicidaran, a que las mujeres no quisieran parir, prefieran abortar y todas las demás cosas terribles que forman la historia de una Conquista, embellecida al contarnos las hazañas de Cortés y de Pizarro (hazañas que no eran otra cosa que robo, saqueo y matanzas).

En síntesis, el resultado fue que casi desapareció la población indígena y entonces los europeos decidieron importar esclavos africanos.

Un detalle importante antes de terminar: resulta que el genocidio indígena -genocidio inmenso- se discute... Imagínense. ¡Se puede discutir, se puede hasta negar! Se ponen en duda las cifras, se analiza históricamente, se argumenta esto y aquello y hasta hay “negacionistas” como el papa Ratzinger que afirman que trajeron una ola de amor y que aquí no hubo ningún genocidio. Y no pasa nada o casi nada.

Y no tendría por qué pasar porque finalmente los temas históricos son para discutirlos y habrá reaccionarios y falsificadores, pero al final se van imponiendo las verdades, o lo más cercano a la verdad. Pero yo no puedo dejar de comparar este genocidio con el genocidio de los judíos ocurrido durante la II Guerra Mundial, que desde el punto de vista de sus cifras, fue mucho menor. Pero el judío es un genocidio “sagrado” y la cifra no se puede discutir: son seis millones. Si alguna investigación demuestra que fueron cuatro o que fueron cinco, inmediatamente es castigado, es penado por la Ley, como ocurre en diversos países europeos y, quien cometa el disparate enorme de negarlo va a la cárcel.

De tal manera que hay genocidios que valen y genocidios que no valen. El genocidio cometido contra los judíos es “sagrado”, hasta le pusieron un nombre sagrado: holocausto, el sacrificio de víctimas ante el Templo. Por ende, ese genocidio no se toca, nadie lo discute y el que lo niegue o lo limite, va preso en Europa. Pero el papa sí puede permitirse negar este genocidio monstruoso, que es muchísimo más grande en la cifra y que se caracterizó por barbaridades muy comparables a las cometidas por los nazis contra los judíos. ¡Ocurre simplemente para ellos que no valen lo mismo 60 ó 70 millones de indios que 5 ó 6 millones de judíos y, mucho menos, que 3 mil soldados estadounidenses!

Esas son justamente “las diferencias” que continúan operando en el planeta y resulta increíble que el papa Ratzinger, que espera presentarse como vocero del amor y de la fraternidad, niegue esta verdad de forma tan torpe. Verdaderamente es deplorable que la Iglesia Católica pueda estar dirigida por un personaje absolutamente rancio y reaccionario como este.

Ahora continuaré con otro tema. (...)


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Vladimir Acosta

Historiador y analista político. Moderador del programa "De Primera Mano" transmitido en RNV. Participa en los foros del colectivo Patria Socialista

 vladac@cantv.net

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