El comunista y el carácter transformable del mundo

En la Deutsche Ideologie, Marx ofrece con una serie de "declaraciones de muerte" de la Filosofía. Lo pintoresco de la actitud de Marx es que sus actas de defunción del saber filosófico están escritas en el lenguaje mismo de la Filosofía, son ellas una verdadera Filosofía de la Praxis, no pueden ser otra cosa.

Marx teoriza sobre la acción revolucionaria, y lo hace por medio de esquemas y conceptos que proceden directamente de Fichte. El concepto de Tathandlung (acción productora) posee esa estirpe fichteana. En Marx es un asunto clave comprender la praxis transformadora, esto es, todo aquello que proyecta un yo que actúa sobre la realidad modificándola. La praxis no se identifica con un Yo entendido a la manera sustancial, una "mente" entre las cosas del mundo y que contempla las otras cosas del mundo y se contempla a sí misma. En absoluto: el Yo de Fichte, como el sujeto de la praxis marxiana es la acción modificadora sobre el objeto, y abarca tanto las secuencias de acción que parten del Yo como el propio no-Yo, a saber, el objeto que va recibiendo modificaciones. Por ello, Diego Fusaro en su importante obra Marx idealista [El Viejo Topo, Barcelona, 2020], no duda en situar a Fichte y a Marx en la misma línea: filosofía de la Praxis.
Marx no abandona la Filosofía en ningún momento de su vida, y el saber filosófico está presente a lo largo de toda su obra, incluso en aquellos textos de naturaleza más económica o de apariencia (sólo apariencia) exclusivamente científico-positiva. No hay corte (la coupure de Althusser) con fla Filosofía sino reinterpretación de la Filosofía. Esa reinterpretación va siempre, y de manera creciente, en la dirección de la Filosofía de la Praxis.
De otra parte, cuando Marx subraya su superación y abandono de la Filosofía, y presenta su trabajo como "científico" no se refiere nunca a la ciencia positivista del modelo anglosajón o al modo comteano, a saber, recopilación de hechos y generalización de leyes, sino que se refiere a la Ciencia Filosófica alemana, especialmente la Ciencia idealista de Fichte y Hegel. Y ¿qué "Ciencia" es esta? Pues es un saber acerca de la totalidad, la ciencia dialéctica.
La dialéctica marxista se presenta a menudo, gráficamente, como una "inversión": si la dialéctica fuese un hombre, y si el hombre estuviera con la cabeza en el suelo y los pies arriba (como decimos en español, "haciendo el pino"), la inversión consistiría en restaurar su posición normal, a saber, que el cuerpo repose en los pies y la cabeza esté en lo más alto. El materialismo de Marx no consistiría, pues, en un reduccionismo fisicalista, en un determinismo que explicara los fenómenos sociales por unas causas de orden físico-químico, biológico, etc., sino que su razón de ser consistiría en una restauración de lo que es "natural" frente al idealismo. Sin embargo, una inversión, conservando la perpendicularidad del "cuerpo" sólo es una de las múltiples transformaciones geométricas que se podrían haber aplicado al enfoque de Hegel: basta con "…aplicar la misma [dialéctica] a un objeto cognoscitivo radicalmente nuevo…" (Fusaro, p. 77). El hombre de nuestro ejemplo posee más opciones además de estar de pie o haciendo el pino: puede tumbarse, agacharse, caminar en una dirección o en otra, etc. Así, con la dialéctica de Hegel podemos hacer muchas más cosas aparte de "invertirla".
Los "momentos de la Historia" del idealismo se transforman en Marx en modos de producción. El objeto nuevo de investigación es el modo en que los hombres que viven en una formación social se las arreglan para dotarse de los medios de vida, para producir lo preciso de su existencia y garantizar su reproducción como sociedad. La dialéctica no es un método formal que se preserve puro e incólume según los objetos sobre los que recae.
La dialéctica hegeliana y marxista es, a un tiempo, una lógica, una ontología y una axiología. En el libro de Diego Fusaro, Marx Idealista, contamos con excelentes notas explicativas de su traductor, Joaquín Miras (vide nota 156, p. 77) para apreciar esto. La dialéctica no es método formal, neutro e inocente. Hay que luchar denodadamente contra los "metodologistas", que consideran que un método dialéctico es algo así como una varita mágica, con cuyo empleo todo queda resuelto. Esta es una pesada herencia del (neo)positivismo: un saber se convierte en ciencia si se aplica un cierto método (científico), dicen ellos, sin reparar en la petición de principio y en la ingenuidad -propia de su mentalidad tecnocrática ya nacida con Bacon. Y es esto así no sólo en Epistemología: el metodologismo ha hecho mucho daño en Educación. Se enseña bien, y se aprende mucho dependiendo únicamente de un cierto método, definido a su vez de manera puramente formal o tecnocrática. Error que vamos a pagar muy caro y que ha convertido a los pedagogos en individuos culpables de la ruina de nuestra civilización.
Pero en el marxismo no hay "metodología" que valga. El marxismo es un saber de la totalidad. No puede ser ninguna otra cosa.
"…no hay ciencia que pueda observar empíricamente la totalidad, precisamente porque ésta, por su naturaleza, es "sobre-empírica", escapa a toda observación y exige, invariablemente, los rendimientos teóricos de la filosofía" (Fusaro, p. 79).
Se podrá pensar que el término "ciencia" en Marx es polisémico, o ambiguo. La solución se encuentra en la distinción hegeliana Verstand/ Vernunft.
Verstand, en Hegel, se refiere al entendimiento abstracto que se dedica a la descomposición de la realidad. Es el término apropiado para referirse a la ciencia positivista. Por el contrario, Venunft significa la razón volcada a la totalidad: es la única facultad humana capaz de abarcar y comprender la totalidad metaempírica. Así pues, la concepción materialista de la historia, nos explica Fusaro "…permanece firmemente anclada en el terreno histórico-concreto" (p.178) lo que la diferencia del saber especulativo hegeliano, y en ese sentido, no es "metafísica", pero sigue poseyendo la vocación holística de la "ciencia" hegeliana. Se parte de datos empíricos, se observan cambios en las estructuras y superestructuras, se emprenden comparaciones entre formaciones sociales concretas, se busca la etiología del cambio, etc., pero el objeto de estudio es siempre la Totalidad social.
Como explica Fusaro en su obra Marx Idealista, hay diferencias notables (pese a la genealogía clarísima) entre la nueva "ciencia" que ya esboza Marx en la Deutsche Ideologie y la "ciencia filosófica" de Fichte y Hegel. La lengua española, al emplear únicamente el término "ciencia" no distinguiría suficientemente entre la ciencia empirista y positivista -science- propia, además, de especialistas que acumulan datos en categorías pre-definidas, hasta cierto punto, arbitrariamente (lo social, lo económico, lo político) y la ciencia "alemana", filosófico-idealista, esto es, la Wissenschaft (p. 90).
En la Deutsche Ideologie, dentro de un bosque de páginas destinadas a la pura y simple polémica (polémica ad hominem, en gran medida), se esconde esa pionera concepción materialista de la historia (Geschichtsauffassung) que consiste en atender a lo concreto, a lo empírico y a lo estructural, pero no partiendo de ello ni procesándolo atomísticamente, sino atender a esto que es lo concreto inmerso en la totalidad, comprendiéndolo como "momentos" (Hegel) de la totalidad dinámica. Hay que anclar esa "ciencia filosófica" (holista) en lo concreto. No una ciencia parcelada sino un conocimiento absoluto de la totalidad. Esta obra de Marx expresa ya una totalidad procesual, la totalidad de una sociedad dinámica (sujeta al cambio y sometida a tensiones dialécticas entre fuerzas productivas y relaciones de producción). Esa totalidad procesual (p. 91) no puede prescindir de lo empírico, al modo de los idealistas, sino que lo incluye y lo aborda, pero tampoco es reductible a lo empírico y concreto.
No habría inconveniente en llamar "idealista" a la filosofía de Marx, toda vez que el de Marx, como dice Fusaro siguiendo a C. Preve, es un "materialismo sin materia", es decir, un idealismo en el que "…la materia aparece sólo como una metáfora de algo que no tiene nada que ver con la materia tradicionalmente entendida" (Fusaro, nota nº 179, p. 91). No es un materialismo en cuanto que queda reducido todo lo espiritual y social (superestructuras) a la base (material o infraestructural). Es un materialismo metafórico, en el cual la totalidad social se ha de comprender bajo el eje del hacer humano (el hacer, praxis, es también teoría, y toda teoría forma parte de la praxis), el único eje que constituye la realidad efectiva. La realidad efectiva (Wirklichkeit), no es una cosa sólida ante los sujetos: la propia raíz del término alemán (Wirk) alude a la fuerza con efectividad, a la posibilidad de inducir transformaciones y resultados en el mundo, lo cual forma parte de la vida:
"Exponer el proceso activo de la vida [die tätige Lebensprozes darstellung]", ese el objetivo de la concepción materialista de la vida: "…la realidad efectiva (Wirklichkeit) es, en sí misma, actividad en movimiento, modelada por el hacer humano, que es siempre synolón o síntesis de teoría y praxis" (p. 93).
Existe toda una tradición de marxismo no materialista y, por ende, idealista (Korsch, Lukács, Bloch, Gramsci, Preve y Fusaro). El propio Diego Fusaro resalta el papel del idealista G. Gentile como uno de los autores que más certeramente intuyó el carácter idealista, no sólo hegeliano sino también fichteano, de Marx. Por otra parte, una filosofía materialista de la praxis sería una enorme contradicción. Si el eje ontológico es la praxis, sólo la praxis constituye una realidad efectiva, no tiene sentido un materialismo de la praxis.
Los intentos "pluralistas" volcados a crear sistemas materialistas, como el de Gustavo Bueno, recogiendo, como recogen los traperos, todo cuanto de materia hay en el mundo, incluyendo los pensamientos y emociones humanas, bajo un género especial de materialidad (M2), pero a su vez reduciéndolos de inmediato a la Etología, están condenados al fracaso. En esos intentos de Bueno no hay sino un materialismo metafórico (como, en el estudio de la obra de Marx ya supieron ver filósofos como Balibar y Preve). La conducta social del hombre, su vida en el trabajo y en la comunidad, recogida bajo los embudos de la Etología o de una teoría general de "las operaciones", por muy sofisticada que esta teoría pretenda ser, para así huir de todo mentalismo, no es garantía de materialismo. Siempre habrá un uso polisémico, ambiguo y metafórico, de la palabra "materia" cuando el filósofo designa cosas tan dispares como una relación social entre personas, por un lado, o un comportamiento de las partículas, por otro. No está justificado designar cosas diversas con el mismo término, y por ende, no está fundamentada una idea ontológico general ni ontológico-especial (que no deja de ser idea genérica) de Materia. En los Ensayos Materialistas (1972), Gustavo Bueno habla de diversos "géneros de materialidad" inconmensurables entre sí, irreductibles unos a otros, así como de una "materia ontológico-general" que, precisamente en su generalidad, abarca todo cuanto hubo, hay y puede haber, incluyendo aquí todo cuanto se pensó, se piensa y se pueda pensar o imaginar. Es evidente que, a este nivel de generalidad ontológica, el materialismo (en Bueno y en cualquier otro que lo intente) es intercambiable por idealismo. Sería una mera cuestión de nombres, si queremos reconocer que la praxis ("operatoriedad", en la jerga de Bueno) es la que construye, constituye y modifica realidades, y esas realidades, que son siempre modificables en alguna escala o nivel, aun en grado cercano al cero, el nivel contemplativo, únicamente se comprenden como tales realidades ante y para los sujetos. En conclusión: idealismo. El sistema de Bueno, como tantos otros que en la historia de la filosofía han sido, es idealismo. Tan idealista como Marx.
Que reconozcamos en Marx un idealismo, y que su materialismo es un nombre equívoco o falso para su peculiar idealismo, no es una crítica al propio Marx como filósofo de la praxis. Solamente es una crítica a su autoconcepción. Señalar que, en él, como en cualquier hombre, hubo un cierto grado de mala autocomprensión, no es un problema. De otra parte, idealista o no, Marx también acertó a la hora de ver las diferencias entre su enfoque y el de su precedente, Fichte, sin dejar de ser por ello un fichteano inconfesado. Como escribe Fusaro:
"…por haber repudiado la objetividad del mundo exterior y del hombre como ‘entes naturales’ pero, al mismo tiempo, acaba presentando una concepción del hombre como entidad puramente activa, praxista, operante en el mundo, que termina por calcar la perspectiva fichteana de la Tätigkeit (…)" (p. 105).
Una y otra vez Marx pretende abolir y superar la Filosofía y una y otra vez la cultiva la practica "con obstinación" (p. 95). En sus críticas a Feuerbach (las famosas Thesen), resuena el eco de la Tathandlung (acción productiva), que es el eje de la ontología marxiana, una ontología nunca elaborada sistemática ni programáticamente, pero siempre "ejercida" sobre objetos prioritarios: la sustancia de la historia, las formaciones sociales, las relaciones capitalistas… Para Marx "…el hombre no se limita contemplar las realidades circundantes y a reflejarlas, sino que actúa, obra, transforma incesantemente lo real y, en esta acción constante, madura su propio pensamiento" (p. 119). No se trata del viejo realismo, donde el objeto era cosa inmóvil, rígida (Objekt), sino la realidad producto de la acción humana y, por ende, transformable, susceptible de ser trascendida (Gegenstand). El propio sistema capitalista, un modo de producción que se ha hecho mundial y dominante sobre todos los otros, es Gegenstand: es un objeto que no despierta en el comunista un sentimiento de fatalidad, resignación y parálisis. Lejos de ello, es una realidad no fetichizada para el comunista, una realidad sobre la cual se puede operar pese a que su apariencia es la del ser inexorable y envolvente. Dicha realidad envolvente se convierte en realidad operable con el comunismo, por la vía revolucionaria: la razón práctica del revolucionario no es una mera moral, sino que es razón transformadora y comunitaria. De ahí que el comunista actué no solamente por moralidad, como podría actuar cualquier persona humanista, la cual se indigna por la miseria o se inclina hacia gestos rebeldes, caritativos, etc., sino que actúa como parte del logos mismo transformador del mundo. El mundo incluye en su propia racionalidad que los sujetos, una parte de los sujetos enfrentada a otra parte de los sujetos (dialéctica) empujen la Historia por nuevos derroteros y remuevan los obstáculos hacia una mayor libertad y racionalidad.
"Para Marx, la actividad práctica tampoco coincide con la moral y con el abstracto Sollen. Deber ser de marca kantiana, sino con una actividad transformadora que obra sobre el mundo" (p 121).



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Carlos Javier Blanco

Doctor en Filosofía. Universidad de Oviedo. Profesor de Filosofía. España.

 carlosxblanco@yahoo.es

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