Ruralidades

La colectivización y el Socialismo…

La colectivización y el Socialismo…

Pedro Méndez*

No han fracasado nunca. En todo caso, fracasarían unos cuantos hombres. El colectivo, que no recrimina sexo, se ha encargado de demostrarlo, a pesar de las voces agoreras que siempre apuesta al individualismo, lo que tampoco es nada nuevo. El egoísmo perverso bajó a la tierra con el santo rebelde (Santanas), el mismo que Dios tuvo que expulsar del cielo por su fobia, entre otras causas, contra las vírgenes del Coro Sacro. Disidente que, acá en la tierra, prefirió el infernal nombre de Diablo. Siendo que antes, en su primer viaje, había bajado el Creador con los hongos embrionarios de la humanidad, y por segunda vez, para asignarle a sus criaturas las tierras del Edén, que fue cuando les dijo: “Cuiden la tierra que es de todos. Desde el cielo yo les ayudare”. Esa fue la primera colectivización coordinada por el Creador.

Pero resulta que, al ausentarse Dios, confiado y para siempre, se presentó el hijo de Apolonia Segura, cual mandadero de Satanás, nombrado Salomón (ojo nada que ver con el hijo queridísimo de Betsabé) abrogándose un tercer viaje y dijo: “Yo soy Dios en la tierra. Hice a la mujer de la costilla del hombre, y como ustedes pecaron, yo condeno a la mujer a parir con horribles dolores…”. Dado que el dolor de parto es de naturaleza, Eva y las demás mujeres que lo habían padecido, pero con amor de madre, se aterrorizaron. Se fueron todas y todos de aquel paraíso terrenal, y el tal Salomón Segura, hijo “regado” de un hebreo, se quedó con las tierras del Eden y las aguas cristalinas del río Evila, con todo y el oro que por sus corrientes bajaba. Entonces el atrevido (de atrévete) que también era fóbico al femenino, con la inmensa riqueza usurpada, hizo comunicación al mundo, especialmente a los hebreos, para que lo reconocieran como el Dios (Yavé en hebreo) de toda la tierra. Se erigió en referencia del mal, por lo que sus “súbditos” se convirtieron en fariseos y se adueñaron de las tierras que florecían.

A controlar el despelote y a luchar contra los crímenes y la usurpación, “bajó” nuestro Redentor, el primer socialista del mundo; hijo de José y María. Los avaros hebreos e individualistas trataron de restarle méritos. Lo calumniaron, pero cada vez se sumaban más seguidores a su justa causa (el justo lo llamó la mujer de Pilato). Ejemplarizó la colectivización con la multiplicación de los panes. Pero como no pudieron detener su impulso revolucionario, ni siquiera con las malvadas intrigas, reforzaron la calumnia en la comprometida “palabra” de los ancianos judíos quienes pidieron sentencia. Lo mataron los cabecillas del Sanedrín bajo la dirección de Caifás. Se frustró así, la colectivización pregonada por Jesús.

Ahora, como los avaros individualistas, históricamente han desvirtuado los hechos, nos vienen con lo del “fracaso” de la colectivización y el socialismo del camarada Lenin. Pero no se atrven a reconocer públicamente que Vladimir Ulianov, Lenin, fue víctima de las intrigas internas, a lo Luis Miquilena en Venezuela. Es decir, dentro de la misma revolución bolchevique, como fueron las cizañas del arribista José Stalín. Cizañas ponzoñosas que agudizaron quebrantos de salud, en los que se incluyó el ex profeso maltrato a la fiel esposa y luchadora consecuente, la indoblegable Krupskaia. Maltrato del que fue enterado Lenin, ya postrado, a través de un emisario hipócrita enviado por el mismo Stalín.

He aquí pues el “fracaso” de la colectivización leninista. Una vez muerto Lenin, Stalín a cambio de un dudoso apoyo que le ofrecieron los bundistas (ojo: bundistas, simulacro del sionismo judío en Rusia) acabó con los Koljos, embrión de la colectivización agraria. Ya antes, el mismo Stalín hacía liquidar a los cooperativistas con los disidentes del ejército rojo, convertidos en sicarios de la muerte. Así que esa fue la causa del tal “fracaso”.

Por nuestra parte, no podemos concluir este pequeño relato sin un alerta a nuestros camaradas (su palabra valla adelante Presidente Chávez); hombres y mujeres y muy especialmente a nuestros muchachos y muchachas de esa vibrante y revolucionaria juventud que, hoy en día se incorpora con fuerza a la lucha por redimir el campo venezolano, dos preguntas: ¿no les parece, camaradas, que la colectivización es uno de los pilares fundamentales del socialismo y su actualización? Y que lo contrario ¿sería la continuidad absurda y retrograda del individualismo?

No negamos muchachos y muchachas que hay que luchar con ahínco contra el latifundio, lo que no quiere decir decomisar. Pero sí convencer; negociar que no es transigir. La tierra debe ser para quien la trabaja y hay centenares de miles de compatriotas en los portones de PDVSA en busca de un trabajo imposible, en cambio la colectivización en el agro si será, ratificamos, la puerta abierta al pleno empleo. Amen de lo más importante: nos abastecerá de lo que nos comemos; en nuestro caso, del surco a la boca.

pedromendez_bna@yahoo.es



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