Alquimia Política

La sociedad individual venezolana

El sociólogo alemán Ulrich Beck (1944-2015), fue uno de los buscadores de una nueva interpretación de la razón de ser de la sociedad moderna; Beck hace referencia en cuanto a que se está en la época de la "sociedad del riesgo", es decir, en un segundo tipo de sociedad moderna, la cual tiene como antecesora la sociedad industrial, con diferentes tamices e intereses, y bajo la figura de nuevas normas que regulan la convivencia humana; expresa Beck que la "…sociedad es más sólida mientras menos espacio para la diferenciación individual haya..." Lo que se explica a través del ejercicio de la autoridad que detona la fragilidad institucional de las propuestas democráticas. Se piensa que las sociedades modernas tienen democracias débiles y fracturadas, pero el problema no radica en la composición de ese sentido democrático empañado por la corrupción y un liderazgo incongruente y falso, sino por la "histeria colectiva" de no sentirse seguros en el medio social donde se desenvuelve. Beck destaca que hay una creciente presencia de lo individual en la vida social que como proceso, Beck califica de "proceso de individualización", establece distancia en el entorno inmediato y se dan clases y subclases sociales, con posturas radicales en cuanto a la convivencia y tolerancia, creándose vacíos de identidades donde prevalece la experiencia individual convertida en la único confiable para el devenir histórico.

La individualización de la sociedad moderna ha traído consigo, expreso Beck, un cambio drástico en el comportamiento del hombre de la sociedad industrial. Beck, ya al final de su existencia, a comienzo del siglo XXI, abordó este punto de vista de la sociedad de riesgo en el ámbito de la aldea global. Buscó construir el concepto de cosmopolitismo, como percepción de una sociedad en la que el Estado-Nación ya no era capaz de mantener las condiciones básicas de convivencia y seguridad, viéndose con la necesidad, ante el vacío de contenido, de reconocer la diversidad y enfrentar los retos de la sociedad desde la lógica planetaria de la vinculación del hombre ya no con su entorno local, sino con su cosmovisión universal-transnacional.

En este aspecto el también sociólogo Zygmunt Bauman (1925-2017), destacó la importancia de la propuesta de Beck, pero fue un poco más allá, destacando que de lo que se trata es que la sociedad industrial agotó su modelo sólido de respuesta a las necesidades de la sociedad. Para describir esta realidad Bauman se sitúa en un nuevo concepto, el de "modernidad liquida", esta es una figura del cambio y de la transitoriedad, donde, explica Bauman, "…los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen. Como la desregulación, la flexibilización o la liberalización de los mercados".

En un aspecto concreto, Bauman describe la sociedad líquida, o sociedad de riesgo según Back, desde la figura del individualismo, el cual marca las relaciones y las hace precarias, transitorias y volátiles. Hay un tránsito de una sociedad sólida, que aparentemente es estable y repetitiva, a una sociedad líquida la cual se caracteriza por ser flexible y voluble a los cambios del entorno, manteniéndose con fragilidad las instituciones creadas en dicha sociedad, no perdurando lo suficiente como para enraizarse y ejercer poder, sufriendo transformaciones y pérdidas en el marco de un imperio de la caducidad y la seducción en el que el verdadero ostentador de la dominación es el capital, renunciando a la memoria como condición de un tiempo post histórico; Bauman visualiza en la inestabilidad, relacionada con la desaparición de los referentes que habían permitido a la sociedad tener certeza de sus actos, el nuevo escenario de las luchas de clase, pero no de grupos de clases, sino de individualidades de clase, pequeños espacios protegidos y resguardados en lo más mínimo de estructuras de convivencia que hace inminente un volver a épocas medievales donde el Castillo o fuerte militar, congregaba modelos de existencia humana basados en códigos particulares de convivencia.

En referencia a esto, es de destacarse que lo que se ha descompuesto en la sociedad moderna son los vínculos humanos, dándosele supremacía a la incertidumbre con el debilitamiento de los sistemas de seguridad que protegían al individuo y la renuncia del hombre a seguir modelos racionales estructurales y cerrados; el hombre individualizado se va haciendo flexible, fragmentado, renuente de compromisos y lealtades, inmiscuido con una existencia donde el miedo es el agente activo que mueve las relaciones en sociedad.

Bauman destaca que en este nuevo modelo de sociedad, "…todo recae ahora sobre el individuo. Sólo a él le corresponde descubrir qué es capaz de hacer, ampliar esa capacidad al máximo y elegir los fines a los cuales aplicar esa capacidad … que le reduzcan mayor satisfacción y es por ello que debe permitir la fluidez de las posibilidades, estas no deben petrificarse en el tiempo, ya que de hacerlo las posibilidades que pueden suscitarse se reducen simplemente a una posibilidad de ser, la amplitud que ofrecen las posibilidades auguran éxito seguro y un margen mínimo de fracaso pues siempre hay nuevas oportunidades, además de ser libre y convertirse en alguien, ésta última sensación trae consigo un problema enraizado en la identidad puesto que el hecho de ser alguien indica el final de las posibilidades que parecen infinitas ya que no se es más libre cuando se ha alcanzado el propósito personal".

Bauman recurre al término distopía, que es opuesto a utopía, y que designa un tipo de mundo imaginario, recreado en la literatura o el cine, que se considera indeseable, para explicar las relaciones existentes en esta sociedad líquida moderna; porque "…la individualidad posibilita la elección personal de cada uno de los sujetos según su propia voluntad, sin embargo existen diversos sujetos que careciendo de seguridad necesitan ser orientados de manera constante por un modelo el cual les proporcione solidez en sus decisiones y estilo de vida, así puede ser ejemplo de estos modelos los que impulsen la dinámica social de los individuos, sin embargo quien ha encontrado comodidad en estas figuras a seguir no puede sino inclinarse cada vez más a necesitar de ellos y realizar en su propia existencia lo que estos modelos hacen con su ejemplo..."

A todas estas, en la sociedad industrial las necesidades se satisfacían con el consumo desproporcional y adictivo, era la realidad del llamado capitalismo pesado, hoy día la necesidad, ha sido reemplazada por el deseo, el cual tiene como propósito "…limitar la disposición del consumidor para comprar en tal medida que el productor considere el consumo de sus productos poco soportable por lo cual la compra se direcciona hacia aspectos como el anhelo y la fantasía del individuo y así la compra compulsiva/adictiva es siempre el ritual diurno destinado a exorcizar la horrenda aparición de la incertidumbre y la inseguridad que goza por las noches"; esta realidad, expresa Bauman, lleva a la conducta humana a consolidar hábitos de competencia, cooperación y solidaridad desde su individualidad, lo que va haciendo cada día más cerrada las posibilidades de convivencia y socialización de clases.

Recalcando lo anterior, desde la postura de Bauman en su escrito "Modernidad Líquida" del 2000, "…la individualización consiste en transformar la identidad humana de algo dado en una tarea, y en hacer responsables a los actores de la realización de esta tarea y de las consecuencias (así como de los efectos colaterales) de su desempeño. En otros términos, consiste en establecer una autonomía de jure (haya o no haya sido establecida también una autonomía de facto)…" Si extrapolamos esta descripción a la realidad sociopolítica venezolana, nos encontramos con que la individualización está presente en el contexto social, pero bajo el resguardo de una autonomía de jure (por derecho) sesgada y manipulada desde un discurso político populista que ha creado una nueva identidad social por la vía de las dádivas y manejo indiscriminado de recursos económicos. Esa nueva identidad se ha creado en contradicción con la institucionalidad vigente (fundada en la Constitución Nacional y demás leyes de la República), estableciéndose una cultura líquida que va más allá del control de la masa por parte del liderazgo político, porque se impone el deseo a la necesidad.

Habida cuentas, la sociedad líquida o sociedad de riesgo, tiene su mejor ejemplo en la sociedad venezolana; es una sociedad que se ha ido amoldando dócilmente a estructuras frágiles y temporales de dirección y liderazgo político, renunciando a cualquier escenario sólido-institucional. Es una sociedad sumisa por lo hiper-individualista en que se ha transformado, producto de las múltiples fracturas sociales y el estado de indefensión en que los ostentadores del poder político la han llevado en los últimos años. Esa sociedad individualizada no tiene condiciones para integrarse o vincularse, por lo tanto se impone el manejo de la identidad y el poder del capital, por encima de los valores republicanos y democráticos. La percepción de "sociedad sin sociedad" es abrupta pero real; no hay una conducta humana vinculante y por ende el liderazgo, que tampoco existe, deambula entre un pasado brillante (porque no hay que negar la influencia positiva del liderazgo de Hugo Chávez) y un presente incierto, temporal e inestable. Las situaciones por venir dirán si este daño a nuestra conducta social es irreversible o tendrá la posibilidad de un cambio que la devuelva a su estatus personal de sociedad en vía de desarrollo.



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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