Por ahora y para siempre

El Comandante Hugo Chávez. Con un programa de “Socialismo del Siglo XXI”, fue reelegido en 2006 para un tercer mandato con el 63% de los votos. A pesar de los intentos de la Administración Bush de caracterizar Venezuela como una pseudodemocracia, una encuesta de ese mismo año mostró que el 57% de los venezolanos estaban satisfechos con el estado de su democracia, la tasa de aprobación más alta de toda de nuestra América después de Uruguay, donde la coalición de Izquierda Frente Amplio fue la ganadora de las elecciones y donde una serie de referendos bloquearon grandes privatizaciones. En otras palabras, en los estados de nuestra América donde los resultados electorales supusieron un desafío real al Consenso de Washington, el pueblo venezolano ha renovado su fe en el poder del socialismo de mejorar sus vidas. En marcado contraste con este entusiasmo, en países donde las políticas económicas no han cambiado a pesar de las promesas hechos durante las campañas, las encuestas muestran de manera consistentes una erosión de la fe en unos niveles de abstención cada vez más altos, en un profundo cinismo hacia los políticos y en el auge del fundamentalismo religioso.

En nuestra América, el Primer Laboratorio de la Escuela de Chicago, la reacción ha tomado una forma mucho más esperanzadora. No está dirigida contra los débiles o vulnerables sino que apunta directamente contra la ideología que es la base de la exclusión económica. Y a diferencia de la situación en otros países, existe un irreprimible entusiasmo por probar ideas que fueron subvertidas en el pasado. Este enfoque de red es lo que permitió al Comandante Chávez sobre vivir a intento de golpe de estado de 2002: cuando su revolución se vió amenazada, sus seguidores bajaron en masa de los barrios pobres que rodean Caracas para exigir su vuelta al poder, un tipo de movilización popular que no sucedió durante los golpes de los casi doscientos años.

En Venezuela, Chávez ha hecho de las cooperativas una prioridad política de primer orden, dándoles derecho a optar primero a los contratos del gobierno y ofreciéndoles incentivos económicos para que comercien entre ellos. Hacia 2006 había unas cien mil cooperativas en el país que daban trabajo a más de setecientos mil trabajadores. Muchas son parte de la infraestructura estatal —peajes, mantenimientos de autopistas, clínicas— que han sido entregadas a las comunidades para que las dirijan, es la lógica opuesta a la privatización de los servicios del gobierno. En lugar de subastar fragmentos del Estado entre las grandes empresas y perder el control democrático sobre ellas, el pueblo que usa los recursos recibe también el poder para gestionarlos, creando, al menos en teoría, tanto puestos de trabajo como servicio públicos más eficientes. Los anti-chávez se burlan de estas iniciativas y las consideran subsidios injustos, por supuesto. Sin embargo, en una época en que los contratistas (Halliburton) llevan varios años tratando al gobierno de Estados Unidos como si fuera su cajero automático personal, con retiradas de fondos de hasta 20.000 millones de dólares solo en contratos para Irak, rechaza contratar a trabajadores locales tanto en la Costa del Golfo como en Irak y luego expresa su gratitud a los contribuyentes de Estados Unidos trasladando su sede corporativa a Dubái (con todos los beneficios impositivos y legales que ello comporta), los subdios directos de Chávez a la gente corriente parecen algo significativamente menos radical.

La Alternativa, Bolivariana para las Américas (ALBA) es la respuesta del continente al Área de Libre Comercio de las Américas, el sueño corporativistas hoy enterrado de crear una zona de libre comercio que abarcase desde Alaska a Tierra del Fuego. Emir Sader, sociólogo residente en Brasil, describe lo que promete como “un ejemplo perfecto de auténtico comercio justo: cada país aporta lo que puede producir con mayor facilidad y a cambio recibe lo que más necesita, independientemente de los precios de mercados globales”. Así pues, Bolivia aporta gas a precios estables y reducidos; Venezuela ofrece petróleo a muy bajo precio a países más pobres y comparte su experiencia en crear reservas; y Cuba envía miles de doctores para que ofrezcan sanidad gratuita por todo el continente y forma a estudiantes de otros países en sus Facultades de Medicina. Es un modelo muy distinto del tipo de intercambio académico que empezó en la Universidad de Chicago a medios de los años cincuenta, cuando se enseñó a estudiantes de nuestra América una única e inflexible ideología y luego se les devolvió a casa para que la impusieran de forma uniforme en todo el continente. El principal beneficio es que ALBA es esencialmente un sistema basado en el trueque, en el que los países deciden por si mismos lo que vale un determinado servicio o bien, en lugar de dejar que sean otros en Nueva York, Chicago o Londres los fijen el precio por ellos. Eso hace que el comercio sea mucho menos vulnerable al tipo de fluctuaciones repentinas de precios que han devastado las economías de nuestra América de la globalización.

—La historia, pues, no estaba tan acabada como Fukuyama había declarado.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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