Alquimia Política

Pinar del Río y la sustentabilidad rural


El Gobernador del estado Portuguesa, Wilmar Alfredo Castro Soteldo, en compañía de un selecto grupo de estudiantes del Doctorado en Ambiente y Desarrollo, participaron, a comienzo de agosto, en varios encuentros académicos en el Complejo Ecoturísticos Las Terrazas, de Pinar del Río, República de Cuba. La idea era compartir experiencias de investigación y crear condiciones para traer a Venezuela, en especial a la región de los Llanos Occidentales, toda esta vasta experiencia que en desarrollo sustentable y autogestión productiva, tiene la hermana nación cubana. Es profundizar el conocimiento académico y articularlo hacia el beneficio pleno de las comunidades. Es cierto que hacen falta recursos para mejorar la infraestructura agrícola, pero cómo invertir bien los recursos sino se tiene una idea clara de cuáles han de ser los nichos adecuados donde colocar las prioridades en el proceso productivo local.

En esta experiencia académica se ahondó en el tema de la sustentabilidad rural y en los procesos de beneficio del café. Se identifica una tipología básica, en la concepción del desarrollo rural sustentable: se entiende la sustentabilidad como una cuestión ambiental o ecológica, donde la preocupación fundamental que manifiestan está relacionada con la utilización y conservación de los recursos y el impacto sobre los sistemas contiguos a los agroecosistemas donde se realiza la producción. La sustentabilidad debe considerar además del ámbito ecológico, el socioeconómico (o social en sentido amplio); esto lleva a identificar una posición que entiende lo social como puente para resolver lo ambiental, preocupándose por la problemática social como la pobreza, en la medida que los pobres afectan el ambiente global, y cuando la situación socioeconómica obliga a los pobres a sobreexplotar recursos para poder sobrevivir y esa sobreexplotación del medio ambiente afecta a todos, inclusive a los ricos, allí se ponen en práctica acciones de desarrollo tendientes a resolver ese problema. Las acciones no es la pobreza en sí, la condición socioeconómica de los pobres, sino que se orientan a resolver el efecto que los pobres causan sobre el medio. Esto se aprecia en la postura de organizaciones internacionales como la ONU, FAO, Banco Mundial, etcétera.

A todas estas, los críticos del crecimiento + conservación, han planteado que el sistema capitalista debe ser corregido a los efectos de resolver las inequidades sociales y los problemas ambientales que provoca. Se identifica una corriente a la que hoy día se denomina “insustentabilidad” que entiende que la dinámica del sistema capitalista genera leyes que inexorablemente causan insustentabilidad.

En el ámbito agrícola, esa sustentabilidad está siendo atacada por la propuesta tecnológica de la revolución verde, la cual con utilización intensiva de capital, y la utilización intensiva de los recursos naturales, crea condiciones desfavorables en el medio ambiente, utilizando de manera masiva fertilizantes químicos que le den crecimiento y aumentado a los híbridos y la utilización de biocidas que impidan el crecimiento de plagas asociadas a los monocultivos; así como mecanizando los procesos de cultivo, motivando el desplazamiento de la fuerza de trabajo de manera abrumadora. Esto conforma y se consolida, a partir de la constatación de efectos socioeconómicos y ambientales evidentes y perversos de la revolución verde, generando discusión sobre la sustentabilidad de la agricultura desde el manejo indiscriminado de las nuevas tecnologías.

Ahora bien, cuál podría ser una primera conclusión de esta experiencia de trabajo, sin lugar a dudas, la concreción de la categoría sustentabilidad rural, entendida en el marco de una agricultura sustentable o sustentabilidad, que abarca varias aproximaciones ideológicas, incluyendo agricultura orgánica, agricultura biológica, agricultura alternativa, agricultura ecológica, agricultura de bajos insumos, agricultura biodinámica, agricultura regenerativa, permacultura y agroecología Existe una gran confusión terminológica cuando se profundiza en la temática relacionada con la sustentabilidad agrícola y rural. Este concepto se utiliza para designa todo lo que se percibe como bueno o benigno para la agricultura; junto con el concepto de agricultura alternativa, aparecen los de regenerativa, biológica, orgánica, ecológica; todas estas concepciones tienen en común ser diferentes de la agricultura tradicional o convencional y pueden ser englobadas en el paraguas conceptual de sustentable, que presenta como objetivos: mejorar la salud de los productores y los consumidores; mantener la estabilidad del medio ambiente (métodos biológicos de fertilización y control de plagas); asegurar lucros a largo plazo de los agricultores; y producir considerando las necesidades de las generaciones actuales y futuras.

A todas estas, hay que precisar que alcanzar la sustentabilidad implica el logro de tres factores básicos: asimilar el concepto de sustentabilidad desde una concreción de metas múltiples y muchas veces conflictivas que no son claramente definidas en términos de parámetros medibles; buscar consenso sobre los parámetros que deben servir para la evaluación del grado de sustentabilidad en el uso de tierras y cómo la necesaria interrelación entre estos parámetros debe ser considerada; y saber explicar la complejidad de las interacciones entre sistemas sociales, económicos y ecológicos, que facilite en nuestros campos la predicción en cuanto a cuándo el uso de tierras debe ser cambiado para alcanzar un nivel deseado de sustentabilidad. La experiencia de Cuba está a la par con Venezuela en cuanto al criterio práctico de la sustentabilidad, donde estamos aún un tanto quedados en la vinculación de esa sustentabilidad con las características particulares de nuestro ecosistema agrícola, que a diferencia del cubano, acá hay mayor diversidad y variedad de cultivos.

Otro aspecto importante en este Foro Internacional, ha sido la dimensión social que la sustentabilidad ha de cubrir en su impacto en el medio ambiente; esta dimensión se relaciona con la satisfacción continua de las necesidades humanas básicas, alimentación, abrigo y la elevación del nivel de las necesidades sociales y culturales como seguridad, equidad, libertad, educación empleo y recreación; la dimensión social de la sustentabilidad se evalúa por indicadores que propician un conjunto de objetivos (el desarrollo humano, la calidad de vida, la ética, el empleo y el desarrollo local, la ciudadanía, la coherencia, etcétera) que se conjuntan en tres grandes componentes: la calidad de los productos y del territorio, los empleos y los servicios y la ética y el desarrollo humano. Crear estos indicadores para la realidad productiva venezolana, es un de las grandes tareas pendientes de la experiencia de Pinar del Río.

¿Qué se buscó con este intercambio académico? Crear las bases de una sustentabilidad económica que surja como resultado de la combinación de factores de producción, de las interacciones con el medio y de las prácticas productivas ejecutadas. Para enterarnos de este logro, se ha partir de cuatro referentes que siendo medibles hará posible un seguimiento y control a los procesos de transformación del modelo productivo capitalista, al modelo productivo socialista: la viabilidad económica, caracterizada por la eficacia económica de los sistemas agrícolas en el corto y medio plazos; la independencia económica y financiera; la transmisibilidad (capacidad de pasaje de la propiedad de una generación a otra), y la eficiencia del proceso productivo (permite evaluar la eficacia económica de los insumos utilizados, caracterizando la capacidad de los sistemas de valorizar sus propios recursos).

Sin duda, una vasta experiencia que contradice el concepto de “insustentabilidad” (que pone énfasis en el análisis socioeconómico), porque le da a la dimensión socioeconómica del desarrollo sustentable en el espacio rural, dotando de habilidades y destrezas técnicas, con conciencia conservacionista. Se orienta la competitividad mercantil hacia la dependencia, obviamente, de la productividad del trabajo del predio, donde la viabilidad económica (mercantil) de un predio, no depende solamente de la productividad del trabajo en dicho predio o en los sistemas en cuestión, sino de la productividad del trabajo de los competidores. Desde el punto de vista del mercado, si un sistema de producción aumenta su productividad del trabajo a una tasa de tres por ciento anual, mientras que el resto, partiendo del mismo nivel original, lo hace a una tasa de tres como cinco por ciento anual, el primero habrá, en lugar de aumentado, sufrido una caída de cero coma cinco por ciento en su productividad del trabajo; el valor, que es el reflejo mercantil de la producción del maíz, de leche, o de cualquier producto, no considera el resultado de cada productor, sino que “calcula” la productividad modal. El resultado es que cualquier mejora en un sistema de producción no impide que dicho sistema entre en competencia con el resto del mundo mercantil, y se someta, inevitablemente, a un proceso de diferenciación social. Si bien la diferenciación social es la tendencia central que debe ser considerada, a los efectos de ver la dinámica de los sistemas agropecuarios, es solamente una parte de la ecuación de la que resultará la realidad concreta en la cual los sistemas se inviabilizan o reproducen; la diferenciación social es una tendencia constante que opera sobre los sistemas de producción pero, en todo momento se presentan contratendencias, como pueden ser las políticas agrarias vigentes. En una palabra, el diálogo académico en Pinar del Río modela el nuevo hombre, citando a Stéphane Hessel: un “nuevo hombre…instruido por un mejor conocimiento de cómo funciona la naturaleza”.

*.-azócarramon1968@gmail.com


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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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