En la calle con el pueblo

Hay que aprender de la historia. Y de las revoluciones. Independiente del enfoque que tengamos acerca de la revolución rusa de 1917, el partido bolchevique creó un Estado moderno, consolidó y sostuvo durante 70 años una potencia mundial que sirvió de barrera de contención a la voracidad imperial, estuvo al lado de los países pobres, resistió la embestida del nazismo y logró vencerlo gracias al heroísmo del pueblo ruso que sufrió en esa contienda la pérdida de veinticinco millones de seres humanos.

Ese nuevo conglomerado humano derrotó el zarismo quienes eran reyezuelos que vivían en la opulencia mientras el pueblo moría de hambre. La naciente Unión Soviética debió enfrentar al acoso y a los sabotajes de los imperios de la época y en ese afán por sobrevivir debió negociar en condiciones de enormes dificultades demarcaciones fronterizas con sus adversarios pero sin abandonar los principios socialistas. Es lo que explica tratados como el de Brest Litovsk (1918) o los firmados por los cancilleres Ribbentrop y Mólotov, diez años más tarde, donde los soviéticos aplicaron la táctica leninista de un paso atrás y dos hacia adelante para ganar tiempo mientras se consolidaba el frente interior.

Traigo este ejemplo a colación ya que vivimos una etapa de afirmación y consolidación del Proyecto Socialista Simón Bolívar sin la presencia física y la conducción genial de Hugo Chávez Frías y nos toca a toda la dirigencia del Gran Polo Patriótico cerrar filas en torno al compañero Nicolás Maduro, reconocer su liderazgo, su legitimidad como gobernante y ante todo proclamar lealtad al proceso revolucionario y al Presidente Maduro. Son las condiciones fundamentales para avanzar en la refundación de la Patria, para enfrentar con éxito al oponente y para afianzar el Plan de la Patria.

En ese andar el compañero Nicolás Maduro ha demostrado dotes de estadista al lograr convocar vastos sectores sociales, ha escuchado, ha expuesto su punto de vista y juntos han establecido una hoja de ruta en áreas vitales como la seguridad y las divisas, logrando ante todo un reconocimiento a su investidura presidencial, a la legitimidad de su mandato, al reconocimiento del Gran Polo Patriótico como soporte y alianza del Gobierno Bolivariano y Socialista.

El Gobierno de Calle significa señales concretas que los venezolanos y venezolanas de todos los estamentos esperaban. Ante todo golpea el burocratismo y lo obliga a acelerar las decisiones y los trámites administrativos, es decir, permite ser eficiente.

Otro punto álgido que asumió con firme decisión ha sido el de las discusiones con gremios y sindicatos tanto de Guayana como de las Universidades Nacionales en un ambiente de voluntad política.

En el campo comunicacional que es donde el enemigo arremete con mayor violencia. Lo vemos en la descalificación al CNE, las interminables trapacerías leguleyas que interponen y los intentos de desestabilización que vivimos a diario. Las fuerzas imperiales obligan a la dirigencia colombiana a provocar al pueblo y gobierno de Venezuela. Los comportamientos del narco Uribe y de su antiguo ministro de la defensa son ilustrativos.

Sabe bien el imperio que poco a poco estamos consolidando el frente interno y es entonces que recurre a la artimaña de agredirnos en el frente externo. Ante estos ataques conviene prudencia y calma.

Al igual que en 1917 la unión de la vanguardia y del pueblo en torno a un liderazgo es esencial para seguir hacia adelante.


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Héctor Agüero


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