La transmodernidad afectual en la educación crítica

Intentar realizar la presente expresión interpretativa, lo más globalizadora posible pero sin pretensiones totalizantes, de una complejidad relacional como lo es la POTENCIALIDAD EMANCIPADORA DE LA AFECTUALIDAD TRANSMODERNA EN LA EDUCACIÓN, requiere enunciar los puntos o locus de observación sobre las observaciones –"observación de la observación"-- hechas por otros/as y por nosotros/as. Simplificando esa complejidad relacional sin desdibujarla, indicaremos tres puntos principales de articulación globalizadora para el abordaje crítico transmoderno de la educación escolarizada: LA RESISTENCIA DEL VITALISMO EXISTENCIAL, LOS CUERPOS SENTIPENSANTES Y LA AMBITALIZACIÓN AFECTUAL RESONADORA. Asimismo, procederemos a enunciar los locus derivados de éstos, a semejanza de tres fuentes hídricas que alimentan un manantial de veintiocho ideas-propuestas que, a su vez, se pueden desparramar en cursos de agua para abrevar y seguir muchos trayectos hacia la pluralidad de horizontes educativos.

Si bien los nombres no se relacionan con los de las teorías educativas tradicionales, al menos directamente, es porque tales teorías se consideran desfasadas de la realidad actual por depender de las ideas-fuerza de la Modernidad agotada históricamente, si tratan de ser significantes cargados semánticamente con poder de significación para impulsar una interpretación teórico-metódica transformadora alternativa al renombrar, resignificar y resentidizar lo real, como también lo consideró Freire (1997). No hay que olvidar que sin renombrar discursiva y consistentemente la insurgencia crítica de lo impugnador y recreador, esta no aparecerá ni ayudará en la construcción de la guía para cambiar lo dado.

Resistencia del vitalismo existencial

En primer lugar, destacamos la RESISTENCIA DEL VITALISMO EXISTENCIAL, desde una perspectiva biocéntrica y no antropocéntrica que tiene su origen en las cosmogonías de nuestros pueblos originarios. Opuesta ética, estética, económica, ecológica y políticamente --en tanto la política se conciba como inmanencia resistente de los cuerpos o de la sensibilidad de las multitudes y no instrumentalizadoramente por alguna burocracia o poder de turno--, a la depredación de la vida. Depredación que ha producido el modelo "civilizatorio" de la Modernidad agonizante por su autodestructivo metabolismo sistémico de la racionalidad instrumental que erosionó y pervirtió sus originarias ideas-fuerza (progreso, desarrollo, democracia, justicia, igualdad, etcétera) y sus variadas crisis estructurales.

Ello debido al afán irracional e instrumental de apropiación y explotación de los bienes naturales y humanos al concebirlos como objetos-recursos a fagocitar para el enriquecimiento privado de unos pocos en detrimento de todos y de todo, produciendo perversiones antihumanitarias como las migraciones de millones de seres humanos desarraigados que siguen siendo excluidos e indignificados donde llegan, y el calentamiento global con sus terribles consecuencias para los equilibrios vitales socio-naturales.

En el caso de los/as migrantes, hay que reconocer que exigen, con todo derecho, su acogimiento en aquellas naciones que expoliaron a sus ancestros y saquearon sus riquezas descapitalizándolas históricamente, y lo siguen haciendo, para beneficio de mejores condiciones de vida de sus élites y connacionales, impidiendo de ese modo disfrutar de esas mejores condiciones de vida de los migrantes en sus naciones de origen. Todos sabemos que el "desarrollo" de muchos países del norte, fue a costa del subdesarrollo, colonización y dependencia de los del Sur. Asimismo, ante la progresiva degradación ambiental, perjudicial desde todo punto de vista para la existencia de los seres vivos, se debe procurar y demandar ante quienes contaminan y depredan globalmente, la satisfacción de mejores condiciones de existencia o de calidad de vida, frenando la depredación y contaminación del planeta.

La resistencia vitalista se manifiesta en nosotros como vida personalizada que reflexiona críticamente observando y repensando lo ya pensado en torno a sí misma por cuanto se han derruido los viejos y caducos imaginarios referentes de la Modernidad colonizadora, quedando a la deriva entre los espasmos de su circularidad bulímica consumista, en el interregno del desamparo de la incertidumbre, y el desafío de superarla sin referentes estables desde el pensamiento de la Transmodernidad concebida como superación de la Modernidad.

Esto mediante la racionalidad sensible (Maffesoli, 1997), no la instrumental, de la vida personificada cuando se apertura interaccional e intersubjetivamente, a la diversidad y afectación de otros seres, las cosas mundanas y sus discursos hegemónicos, aproximándose así a su conocimiento crítico alternativo o contrahegemónico y, a la vez, constituyéndose a sí misma como autoconciencia de la experiencia a través de su inquietud de sí, su compromiso de ser y cuidado de sí en el mundo, su estar-siendo, al integrar la alteridad no conocida, lo otro diferente de sí, como parte del pluriverso alternativo e infinito por experimentar sentipensando otro mundo posible (Fals Borda, 2009).

La vida es la potencia sustentadora, resistente, voluntariosa, reproductora y recreadora trascendente de la existencia o presencia mundana de los cuerpos sociales y naturales que en la sociedad se hace consciente a través de la experiencia-de-sí-emancipadora, del sentir-se y pensar-se juntos/as en resonancia afectual, configurando su condición de vivientes o existentes, así como del con-ser.

Esa concepción de la vida conduce, desde la perspectiva de la resistencia del vitalismo existencial en tanto voluntad de vivir o fuerza existencial, a luchar por propiciar su sustentabilidad ecosófica (Guattari, 1998) enfrentando las lógicas y acciones que la depredan a niveles planetario, internacional, regional y local, así como produciendo, impulsando y defendiendo las propuestas y prácticas que conduzcan a transformar las relaciones sociales con los/as demás y la naturaleza al reconocer en todos los cuerpos vivos su alteridad y promuevan la empatía o afectualidad con ella; como es la relación afectual fratriarcalista o de hermandad superadora de los arquetipos antagónicos del patriarcalismo y el matriarcalismo. La resistencia debe fundamentalmente basarse en ello ya que solamente sustituyendo las relaciones de explotación, dominación y manipulación por relaciones sociales afectuales primordialmente, se alcanzará una sociedad radicalmente distinta para garantizar el bienestar negado de todos y todas, así como los re-equilibrios de los ecosistemas naturales depredados.

La resistencia vitalista afirma la existencia desde la voluntad de vivir o convivir desarrollando dinámicas afectuales impulsoras de agenciamientos o ensamblajes que componen o re-componen relaciones entre elementos o estratos heterogéneos en los cuerpos para contener, rechazar y confrontar las fuerzas que pretenden reprimir, controlar y anular los deseos potenciadores de vitalidad autónoma y libertaria, cuando la vida se percata de sí misma por medio de la autoconciencia de su necesidad del cuidado de sí ética y estéticamente como aplicación de la voluntad de vivir a sí misma. Sin voluntad de vivir o resistir con pasión afectual, buscándose a sí misma en la convivencia, recomponiéndose como conjunto de cuerpos resonantes, solo se produce el vacío o la soledad del hastío y la depresión narcisista (producto psicopatológico de la perversión individualista de la individuación reconocedora de sí, o del yo, a través del reconocimiento de la alteridad existencial de los(as) demás.

Asimismo, la voluntad de vivir se manifiesta en los agenciamientos autopoiéticos que produce.

Partiendo por separado de la definición de ambos términos, autopoiesis y agenciamiento, se tiene que Maturana y Varela (2003), definen la autopoiesis como "el mecanismo que hace de los seres vivos sistemas autónomos" (p. 29), y Deleuze (1980) indica que agenciamiento "es el cofuncionamiento (…) Agenciar es eso: estar en el medio; en la línea de encuentro de un mundo interior y un mundo exterior" (Deleuze y Parnet, 1980, pp. 61-62). Por parte de sus autores ambos conceptos tienen su punto inicial de apoyo en el funcionamiento de la vida en la naturaleza.

Para los primeros, desde la biología y para el segundo desde la reflexión filosófica. En un texto producido por el compañero de ruta intelectual de Deleuze, Félix Guattari (1996), expresará respecto al concepto de autopoiesis de Maturana y Varela que puede ser utilizado en la investigación de los dispositivos maquínicos de la sociedad, "su noción de autopoiesis como capacidad de autorreproducción de una estructura o de un ecosistema, podría ser extendida con beneficio a las máquinas sociales, a las máquinas económicas e incluso a las máquinas incorporales de la lengua" (p. 115). Es de destacar que ambos conceptos son considerados como mecanismos o máquinas abstractas no-mecánicas.

Mientras que la autopoiesis en tanto sistema u organización, daría cuenta de las variaciones, modulaciones y transformaciones a través de acoplamientos de los organismos –según las investigaciones biológicas entre la interdependencia del metabolismo y estructura celular–, en su interacción con el medio poniendo en juego las determinaciones estructurales que los condicionan (Maturana y Varela, 2003), el agenciamiento es considerado como una dinámica compleja de la potencial efectuación de relaciones, vínculos o nexos productores entre componentes o estratos en la naturaleza y en los sujetos o acciones grupales en la sociedad. También se podría considerar como la mediación posibilitadora del acoplamiento estructural entre organismos u organismos y medio en atención a lo dicho anteriormente sobre la autopoiesis.

De allí que se proponga el concepto de agenciamiento autopoiético que de manera general se designa como una intermediación maquínica entre componentes o estratos en la naturaleza y la sociedad para producir de manera autodeterminada su autopoiesis.

Para Simondon (2009), la individuación de un ser o conjunto de seres, su aparición o manifestación como diferencialidad identificadora, es un proceso de agenciamiento inagotable de re-composición, a partir de su realidad o contexto de preindividuación cambiante sucesivamente en el tiempo y el espacio, en el que sufre transformaciones propiciadas por el motor dinamizador de su sistema energético de resonancia afectual interno, que activa su conciencia por medio de la capacidad interpretativa. De esa manera la conciencia realiza operaciones de autopoiesis para entender la diversidad existencial y la coexistencia mediante acciones de diferenciación y de integración parcial-global analizando y comprendiendo las discordancias vitales que emplazan a los cuerpos afectual e intelectivamente.

En la potenciación del agenciamiento afectual de la voluntad de vivir o convivir radica la posibilidad de la realización y trascendencia existencial individual y colectiva. Potencialidad existencial que es rodeada, capturada y reconducida, no sin resistencia de los cuerpos, por la red disuasora de los dispositivos de control y poder del régimen neoliberal.

La resistencia procede de esa voluntad de vivir en tanto facultad inmanente de los cuerpos para realizar autopoiesis o su regeneración, y para reflexionar con la doble flexión de reflejar y refractar las fuerzas que actúan sobre ellos, mediante su sentipensamiento, a semejanza de la reflexión que hace el planeta con los rayos solares para captar y procesar energéticamente de manera autopoiética.

Entre las variadas formas estratégicas de la resistencia del vitalismo existencial en las sociedades occidentales para realizar su autopoiesis a través de los cuerpos, surgió la educación para transferir y reconstruir saberes y quehaceres vinculados al trabajo de los talleres artesanales y oficios agropecuarios, --así como a la ideologización o adoctrinamiento religioso (enseñanza de la lectura de la biblia principalmente)--, sin escolarizarlos, creados culturalmente antes del desarrollo histórico del capitalismo por el mismo proceso reflexivo interactivo e intersubjetivo.

Siendo la educación interferida y redimensionada luego por los intereses, poderes, ideología, surgimiento del Estado y la apropiación reconvertida de saberes artesanales en conocimientos y prácticas hegemónicos sociohistóricamente por el capital con su racionalidad o lógica instrumental, y su división social de la producción, mediante la escolarización para su reproducción ideológica estatal, social, contracultural, tecnológica, política y económica. Sesgando así la autonomía y libertad de la autopoiesis sociocultural.

En las formas escolarizadas que adoptó la educación, sin que los intereses y poderes de quienes confrontaron al capital pudieran incidir en la configuración de una educación-otra, ha prevalecido el reflejo o la representación de la depredadora Modernidad liberal y neoliberal, lo que las ha llevado a sus reiteradas crisis estructurales o entropías institucionales, y no la refracción crítica o neguentropía para favorecer la autopoiesis transformadora a fin de superar sus propias crisis y los modos de existencia adversos a la vida misma, al reprimir y neutralizar las expresiones diversas de la resistencia biocéntrica y ecosófica en las instituciones escolares.

Obturando además la opción de reinstitucionalizar transformadoramente las formaciones escolares como ámbitos afectuales de reconocimiento y de saberes, quehaceres, prácticas y de relaciones resonantes de resistencia del vitalismo existencial multiverso o pluriverso de la realidad contrario a la prevalencia de la simulación del metaverso digital-virtual de la hiperrealidad.

Entre esas opciones obturadas, está la Afectualidad Transmoderna. Un modo alternativo de la resistencia vitalista existencial comunitarista, ante el individualismo y la disociación neoliberales, de relacionarse socioculturalmente empáticamente con los/as demás y las diferentes alteridades en que se objetiva sin explotación, dominación y manipulación predominantes, a partir de propiciar el sentir, pensar y actuar juntos autopoiéticamente desde el biocentrismo y la ecosofía. De esta manera, si la voluntad de vivir, que es voluntad de poder también, en sentido nietzscheano, se vuelca reflexivamente sobre la búsqueda intelectiva de sí misma mediante la resonancia educativa e intersubjetiva afectuales que impulsa a la reflexión de la autoconciencia sobre lo que le inducen interrogantes emplazadoras y estimula la sensibilidad, tendrá mayores posibilidades de emanciparse de las sujeciones que la alienan.

Los cuerpos además de buscar la satisfacción de sus necesidades básicas, desean su realización existencial libertaria por vía de potenciar la sentidización de sus vidas, de la que no pueden escapar, y su voluntad racional-afectual, pese a las distintas formas de alienación mercantilistas que se le oponen, para buscar su compromiso de ser entre las opciones del existenciario de los modos socioculturales de vivir desalienantes. La resistencia vitalista arraiga como pulsión inconsciente en nuestros deseos pero la manipulación mediatizadora de los dispositivos e instituciones de poder y control socioculturales, como la escuela capitalista y los medios de "información y comunicación", inciden en la configuración del superyó de los cuerpos (imperativo legitimador de lo que el yo debe ser) para reprimir o bloquear sus expresiones y acciones.

De allí surge nuestro postulado fundamental transformador del ecosófico vitalismo existencial afectual como horizonte educativo esperanzador de significación, sentidización y voluntad de vivir en ámbitos de resonancia empática. Por ello, el sentido del ser, o el sentido de ser (sí mismo, self o yo), es pulsionalmente ser sentido o reconocido. Para ser sentido se requiere el reconocimiento empático o afectual de los/as otros/as. Es imprescindible la relacionalidad afectual como trascendencia del afecto o afectación entre los cuerpos (ontología relacional). Se es con los demás: el con-ser. Esta vitalización o energización conjunta de los vivientes constituye a los cuerpos como entes sensibles.

Desde la perspectiva afectual que considera las resonancias empáticas de las afectaciones en las interacciones entre los cuerpos vivos, sean estos alteridades u otredades sociales o naturales, lo social repercute en lo natural, y viceversa, esto es, se producen retroacciones que afectan a ambas dimensiones. Esa repercusión afectual/desafectual incide en los desequilibrios y re-equilibrios, entropías y neguentropías, en las esferas terrestres de las sociedades y la naturaleza, condicionando las formas o modos de reproducción de la vida, bajo un sistema hegemónico socio-ecológico que en la actualidad conlleva efectos e impactos depredadores y desequilibradores en ambas dimensiones mencionadas, que han puesto en riesgo la existencia de todas las especies planetarias.

La causa primordial de dichas depredaciones la ha provocado el imperio de la razón o racionalidad instrumental al querer convertir todo en instrumento, objeto, medio o recurso, para su explotación, dominio y manipulación mercantil, y que se expresa generalizadamente en su colonización de los mundos de vida étnicos y populares cuyos integrantes son cada vez más excluidos e indignificados y sometidos a mayores desigualdades e injusticias, ante lo cual el enfoque afectual ha reivindicado la razón sensible que considera en primer lugar la estimación ética y estética como seres vivos a todos los entes de la naturaleza y a los que habitan en las sociedades, defendiendo su existencia bajo relaciones empáticas en ámbitos afectuales. Asumiendo el relaciocinio ambital resonante ante el raciocinio objetivista o instrumental que está presupuesto en la fetichización jurídica de los solapadores, retóricos y eufemísticos derechos de vida en la sociedad y la naturaleza por cuanto los genocidios y las ecodepredaciones se han incrementado.

La depredación de la vida por parte de la racionalidad instrumental y su modelo industrialista y extractivista ha conducido a extremos que han puesto a la vida misma en riesgo de su extinción. Su afán por depredar ha llegado, por ejemplo, a la deforestación de grandes extensiones de territorio para apropiárselas provocando con ello muerte de especímenes necesarios en su ecosistema para la reproducción de otras especies, entre estas, la de microorganismos que allí tienen su hábitat que al alterar su cadena trófica obligándolos a alimentarse de tipos distintos a los acostumbrados, generan de ese modo cruces contaminantes de las especies que, al ser consumidos por la especie humana, el denominado salto zoonótico, producen enfermedades mortales como el COVIT-19. Esto sin mencionar las prácticas de guerra bacteriológica por parte de las naciones expansionistas. Ante ello urge producir paradigmas ecoprotectores inmunitarios de carácter comunitario por cuanto se han demostrado ineficaces e insuficiente las redes sanitarias institucionales y sus métodos sanitarios de prevención y cura.

Derivaciones y articulaciones en otros locus:

  1. Sustentabilidad de la resistencia vitalista y de la voluntad de vivir mediante la provisión de calidad de vida.

  2. Defensa de la dignidad de la vida humana, y del fratriarcalismo, más allá del fetichismo jurídico de los derechos humanos de las infancias, mujeres, de los migrantes y otros.

  3. Reducción de los grados del calentamiento global y de la contaminación ambiental.

  4. Impulso del Paradigma Ecoprotector Comunitario Inmunizador (PECI).

  5. Implantación de sistemas energéticos renovables no contaminantes.

  6. Impugnación de los intereses de la geopolítica imperial expansionista, neocolonialista, guerrerista y genocida.

  7. Equidad y justicia ante la inequidad de las condiciones vitales de la existencia.

  8. Defensa ecológica de la biodiversidad y los ecosistemas.

  9. Aceptación del decrecimiento en lugar del eufemístico "desarrollo sustentable".

  10. Producción económica no destructiva sino circular sustentable.

  11. Regulación de los mercados y creación de medios alternativos de intercambio.

  12. Contención de la creación de necesidades artificiales para el hiperconsumismo.

  13. Creación de tecnologías convivenciales y no depredadoras.

Los cuerpos sentipensantes

En segundo lugar, LOS CUERPOS SENTIPENSANTES. El cuerpo sensible y razonador es sede y vector de los impulsos afectuales y de sus resistencias desafectuales que propician los estados y las acciones corporales ante las experiencias que lo afectan en su exposición, por ejemplo, en las relaciones, los encuentros y las "fricciones de piel" con otros cuerpos, las cosas u objetos, la naturaleza, etcétera. Así como frente a las presiones y tensiones a que es sometido en su interacción con el entorno-mundo que comprometen su devenir como cuerpo sentipensante y actuante. Produciendo asimismo, sus excitaciones e inhibiciones a partir de las emanaciones captadas (Fontanille, 2018).

Para la semiótica el cuerpo sentipensante sería un cuerpo-actante por sus actos y predicados significantes que generan "huellas encarnadas" acumuladas en la memoria de su vida narrativa que se activan en su presente circunstancial o contingente bajo modalizaciones de significancia. Participando así, en la configuración de la experiencia sensible y de su imaginario como objeto de sentido, proporcionando, desde esta perspectiva, la objetivación de esquemas perceptivos, de pensamiento y acción, o hábitus (Bourdieu & Passeron, 1997), que los hacen inteligibles. Sin embargo, ante esta semiótica significante del cuerpo sensible, existe también una semiótica asignificante del mismo cuerpo (Guattari, 1996).

Una semiótica asignificante que no significa pero promueve y regula acciones de los cuerpos sensibles que por incitación del contexto y disposición corporal reactiva de sus flujos energéticos, transfigura lo registrado perceptivamente de modo reflejo, a través de los canales sensoriales de los sentidos (oído, tacto, olfato, gusto y vista), en estados de afectualidad, objetivados, para nuestros efectos, en ámbitos de resonancia captados o construidos, según sea su intensidad o nivel afectual.

Es de advertir que la sensorialidad, en este caso, no la asumimos como mera recepción fragmentada de estímulos por los órganos de los sentidos, sino como articulación y composición de haces o redes de sensaciones que se entrecruzan simultáneamente para envolver y estremecer a los cuerpos-sensibles, como ocurre con los ámbitos de resonancia que son percibidos o construidos primero por las sensaciones que se producen en el cuerpo, generando energía afectual, para ser luego, con atención y concentración, interpretados cuando haga falta.

Para Guattari (1996), tanto las semióticas significantes, conceptuales y sígnicas, como las semióticas asignificantes, simbólicas y afectivas, constituyen las subjetividades. Según su enfoque la sociedad capitalista tiene como propósito principal constituir a los individuos alienándolos desde la razón instrumental como piezas de una megamáquina social que tiende a reproducirse de esa manera. Una de las principales estrategias para lograr la alienación consiste en sobreponer las semióticas significantes sobre las asignificantes para direccionar la generación del sentido sociocultural de los cuerpos. Esto se hace por cuanto es menos complicado controlarlos por medio de imponerles las significaciones del entorno-mundo como verdades o "sentido común", por ejemplo, a través de la escuela y los dispositivos mediáticos, que regular su sensibilidad directamente.

Pero por más que hayan desarrollado dispositivos o mecanismos reproductores de sentidización ideológica y de suprasensibilidad mercantilista manipuladora de la sensibilidad auténtica que seducen a hombres y mujeres, entre otros aspectos, para ser adictos consumidores, bloqueando el despliegue de las auténticas sensibilidades y valoraciones subjetivas de naturaleza ético-estéticas como, por ejemplo, el desarrollo de la afectualidad, ya que esta es potencialmente cohesionadora de multitudes por su resonancia empatizadora que se podrían sobreponer a la inducida disociación individualista neoliberal y atentar contra ella. El hecho de que la mayoría no puede acceder al consumo de los productos-mercancías promocionados publicitariamente como distintivos de "éxito y realización social", propicia frustración, malestar y descontento.

Tendiendo esto a transformarse en contradicciones sociopolíticas que también pueden atentar contra la estabilidad del sistema capitalista, pese a que los dispositivos ideológicos defensivos y ofensivos del sistema actúan para hacer recaer la culpa del "fracaso", como el escolar, así como del fallo en el logro del éxito y del confort que se ofrece, en los propios sujetos por no ser resilientes. Esto es, por no convertir los impedimentos y las adversidades que produce estructuralmente la lógica reproductora del sistema, en "oportunidades" para integrarse y buscar su realización dentro de él apoyándose en la manipulada autoestima del superyo. Como si el sistema no estuviera diseñado tan solo para el beneficio de unos pocos.

La afectualidad que referimos tiene su asiento en una sensibilidad convivencial con los(as) otros(as), en la experiencia grupal y con lo otro (la naturaleza, por ejemplo). Pese a que esa experiencia sea en ocasiones afectivamente refractaria o desafectiva, aquí importa la relación misma por encima de su tipo. Sin obviar que la racionalidad instrumental neoliberal induce subjetivamente un orden de reparto jerárquico de lo sensible que deslegitima las valoraciones e identificaciones con determinadas alteridades, culturas, objetos, símbolos, lugares, espacios, tiempos, etcétera (Ranciére, 2014). Ante lo cual hay que propiciar acciones reconfiguradoras de lo sensible emancipador ante el monopolio mediático y contracultural alienante neoliberal de subjetivación de la sensibilidad.

Esa sensibilidad no se restringe a la capacidad sensorial de los individuos, de sus sentidos. Ella sobrepasa la condición de los órganos sensoriales y sus funciones en el cuerpo biológico como organismo, como ya indicamos. Es una capacidad principalmente de registro racional-sensible y actuación existencial vitalista de los cuerpos frente al entorno-mundo y a sí mismos. Desde esta posición racio-vitalista se reivindica la corporeidad considerada como un "cuerpo-sin-órganos", para resaltar la potencialidad integral de lo que puede hacer un cuerpo consigo mismo y con los otros cuerpos en su devenir, de lo que es capaz por las intensidades o fuerzas energéticas que lo conforman o afectan en su integralidad trascendente según sea su modo de reproducirse en la interacción sociocultural.

Es de recordar históricamente que los quilombos, cumbes, cimarroneras, etcétera, fueron formas clandestinas de convivencia anticolonial de los esclavizados, sometidos y relegados que desafiaron y enfrentaron, por un lado, las regulaciones que les impusieron los esclavizadores europeos y su descendencia criolla, con las cuales presionaban la colonización de su ser, saber, saber-hacer y poder. Mientras que por otro lado, les liberaban sus cuerpos para ser o realizarse en libertad, y refundar, con base en la recuperación de anteriores formas convivenciales, --aunque con entronizaciones de formas coloniales de gubernamentalidad en algunos casos, como efectos perversos de la colonialidad--, nuevas relaciones sociales basadas en la afectualidad que era vivenciada, junto a las innovaciones en otros aspectos como el económico, político, cultural, etcétera, sobre los cuales incidía la afectualidad cohesionadora practicada con variaciones en los grados de intensidad.

Esas formas afectuales de resistencia anticoloniales fueron las primeras en cuestionar e impugnar en la praxis los modos de vida esclavizadores, racistas, excluyentes, patriarcales, etcétera, de la Modernidad colonial, en consecuencia, fueron formas transmodernas y no premodernas, que pese a las persecuciones y derrotas que sufrieron, son formas de relacionamiento dignificador que han perdurado, siendo sentidizadoras de los modos de vida étnicos y populares indoafrolatinoamericanos y caribeños.

Tales sentidizaciones culturales afectuales de los modos de vida étnico-populares se han hibridizado con las contraculturas de la Modernidad o modernización hegemonizante en Indoafrolatinoamérica y el Caribe, desfigurándolas perversamente. Por ello, es imprescindible decantar lo étnico y lo popular de esa mezcla con el propósito de su recuperación para la convivencia afectual sin descartar la revisión, readecuación y reconversión de las expresiones de la Modernidad que puedan ser pertinentes para el desarrollo del paradigma emancipador de la Transmodernidad (Dussel, 2004), por ejemplo, sus innovaciones tecnológicas y científicas.

La sensibilidad la consideramos como apertura corporal vitalista resonante a estar-en-el-mundo sintiéndolo en su repercusión que hace irreconciliables estética y éticamente a los cuerpos con la depredación de la vida; acompañada por la motivación que provocan las emociones y los sentimientos. Dicho de otra manera, la sensibilidad es la respuesta corporal dada por las pulsiones y la racionalidad sensible, la voluntad de vivir, ante las experiencias de afectación o repercusión por las que pasan los cuerpos frente a otros y el entorno-mundo.

Hoy se puede argumentar con relativa facilidad que existe una crisis de resonancia entre los cuerpos en el contexto de otras grandes crisis mundiales y regionales que han vuelto más caóticas a las sociedades, fragilizando sus instituciones y que exige transformaciones estructurales en todos los órdenes, debido al agotamiento y carencia de ecos empáticos entre ellos, pareciera que unos no pueden ponerse en lugar de los otros o "ponerse en los zapatos de los demás", para saber que piensan o sienten y comprenderse.

De allí se deriva una consecuencia muy grave para la convivencia de todos/as porque afecta alcanzar la posible cohesión deseada en auténticas comunidades ya que no hay verdaderas comunicaciones e identificaciones consistentes entre los cuerpos si no hay resonancia.

Al decir que no hay verdaderas comunicaciones aludimos a la prevalencia actual de las conectividades digitales meramente informativas; por cuanto en la comunicación se interpretan, comprenden y re-crean las informaciones, como lo reivindican las pedagogías críticas para la interacción del proceso de enseñanza-aprendizaje en contra de quienes creen que es transmisión de informaciones que los(as) "receptores(as)" deben repetir. En la comunicación auténtica hay auto-co-poiesis o re-creación y creación interactiva gracias a la interpretación o reinterpretación dialógica entre los intervinientes, docentes y estudiantes principalmente, al establecer un ámbito de resonancia.

Derivaciones y articulaciones en otros locus:

  1. Reconocimiento y resguardo de la dignidad de los cuerpos.

  2. Reivindicación de la Racionalidad Afectual Transmoderna como emancipadora.

  3. Impugnación del orden jerárquico y divisorio de lo sensible subjetivado: su distribución afectual de alteridades, lugares, espacios y tiempos.

  4. Reconocimiento de la diversidad sociocultural de los pueblos y cuerpos.

  5. Neutralización de la racionalidad funcional que los instrumentaliza como recursos.

  6. Reivindicación de las relaciones sociales empáticas transmodernas: Sentir y pensar juntos/as o comunitaristamente.

  7. Construcción de ámbitos públicos auténticamente democráticos, igualitarios y justicieros de los autónomos poderes populares, y de gobierno obediencial.

  8. Neutralización de la suprasensibilidad mediática mercantil alienante de la auténtica sensibilidad.

La ambitalización afectual resonadora

En tercer lugar, LA AMBITALIZACIÓN AFECTUAL RESONADORA. Un ámbito de resonancia afectual es la entificación, o conversión en una entidad acogedora, de una relación o encuentro de los cuerpos con una apelación o incitación contextual envolvente y transfiguradora de sus sensibilidades e inteligibilidades, para producir el acontecimiento creador de la valoración afectual o empática gratificante de ese encuentro agenciado o contingencial con la apelación incitante y emplazadora. Valoración gratificadora de los cuerpos que hace de ese agenciamiento y de esa contingencia una experiencia liberadora de ataduras contraambitales y pseudoambitales por inhospitalarias que los trasciende, estremeciéndolos para ser otros, principalmente en su relación desprivatizada con los(as) demás y antimercantilista para sentipensar y actuar mejor juntos(as).

La escuela si se reinstitucionalizara afectualmente pudiera ser un ámbito de resonancia empática de los cuerpos.

Los ámbitos de resonancia afectual se implican en un marco espacial o territorial vivificador más amplio o extenso que denominamos campos de sensibilidad simbólico-educativos. Son espacializaciones culturales con soporte en la existencia real e imaginaria de resonadores objetivos y virtuales articulados imaginariamente que configuran territorialidades o lugares simbólicos identificadores y de arraigo en los seres humanos, que pueden incidir por ello en la reconfiguración comunitaria de el imaginario social del espacio público. Los resonadores pueden ser objetivaciones sociales y naturales, o su imbricación, de carácter simbólico, como las expresiones étnico-populares que manifiestan legados y tradiciones de identidad; paisajes naturales que seducen estética e implicadoramente según la mirada que se promueva; las roturaciones agrícolas del suelo satisfactor de la alimentación y sustentable ecológicamente, pero también pueden ser marcaciones simbólicas desafectuales de la depredación extractivista de la tierra expoliada que apela o incita a la educación para su defensa y recuperación ecosófica, al propiciar el sentipensamiento que conlleva a dar testimonio de la presencia existencial de estar-en-el-mundo. Presencia que sustenta el modo de ser implicado en el reconocimiento de los otros o alteridades que conformará el co-estar o con-ser sentidizador existencial.

La exposición corporal a la experiencia convergente y entrecruzada de ámbitos resonantes diferentes generará la representación de un articulado tejido de mundos-otros que va a incidir en la constitución de los entramados en que se formarán, re-formarán y desenvolverán las subjetividades de los cuerpos de manera compleja. Rechazando espontáneamente desde la sensibilidad deseante a los contraámbitos o no-ámbitos que neutralizan las apelaciones incitadoras envolventes afectualmente, y jerarquizando a los ámbitos resonantes por encima de los paraámbitos o pseudoámbitos virtuales hiperreales o los metaversales, haciendo que los cuerpos asuman el cuidado ético-estético de sí, de los demás y de la alteridad de la naturaleza.

Ello en el marco transicional de la denominada sociedad-red, a la sociedad-plataforma. Las plataformas son mucho más que redes de conectividad. Son microsistemas operantes en ecosistemas digitales; ensambles sociotécnicos coaguladores de capital (informacional, monetizado, etcétera) y estructuras de control y poder con performatividad sobre los cuerpos (capacidad de provocar acciones y efectos simbólicos-semióticos) a partir del uso que le dan diferentes usuarios, que a su vez son modelados en su socialidad inconscientemente por la interactividad con las plataformas.

La relación pedagógica y didáctica en cuanto al aprendizaje significativo y re-creador de saberes, conocimientos y prácticas que conllevan a su vez valoraciones afectivas/desafectivas energizadoras, debe ser asumida igualmente en tanto interacción afectual con esas alteridades a inteligir reconstructivamente como ámbitos de resonancia cognitiva y afectiva en un contexto intercultural que relativice e impugne la neocolonialidad contracultural, reivindicando con pertinencia los saberes, conocimientos y prácticas de lo ancestral, étnico y popular, así como de lo moderno reconvertido.

Lo que resuene de esas alteridades, al revestirse pedagógicamente de resonadores para repercutir en los cuerpos reflexivamente desplegando su particularidad y singularidad sociocultural, reflejándolas y refractándolas, hay que reconducirlo didácticamente a partir del deseo de saber para propiciar la empatía crítica con ellas si es pertinente a través de la desconstrucción de su logocentrismo y resignificación libremente en el tiempo desde su agenciada producción auto-co-poiética en círculos o grupos intersubjetivos de re-enunciación (Lo Priore & Díaz, 2016).

Por logocentrismo se asume la correspondencia legitimada por los poderes de significación sociocultural entre los significantes y sus significados en torno a lo que designan en la realidad, donde cabe la posibilidad de que su legitimidad haya sido establecida arbitrariamente. En este sentido, hay que cuestionar y superar a través de la transcurricularidad desfronterizadora o transdisciplinaria, las clasificaciones y tipos de interacción disciplinadoras y normalizadoras, --desde la perspectiva foucaultiana--, entre las categorías o aspectos que regula el currículo: principalmente entre saberes, agentes, contextos, prácticas, relaciones sociopedagógicas y posicionamientos de poder jerarquizador y reproductor. Asimismo, para potenciar los cambios favorecedores de una educación liberadora, hay que diagnosticar y potenciar lo instituyente, lo nuevo que presiona por insurgir, frente a los instituido, la neguentropía ante la entropía, lo que impide u obstaculiza el surgimiento de lo nuevo instituyente o reinstituyente.

El principal obstáculo para que se desarrolle la formación o re-formación liberadora en ámbitos educativos de resonancia afectual no es la decadencia o postración entrópica institucional en que se encuentra la educación escolar que impide su reconocimiento de los potenciales ámbitos resonadores, cuyo aletargamiento inducido por lo instituido le ha restado el empuje transformador interno requerido para ello, --lo que en consecuencia, conlleva a pensar en la necesidad de articular con otras fuerzas socioculturales de cambio "externas" su transformación por vía de impulsar dinámicas instituyentes--, es primordialmente la prevalencia social, contracultural e ideológica en las sociedades de la suprasensibilidad o metasensibilidad instrumental-mercantil, que se imbrica con la metaversalidad, con el metaverso hiperreal.

La suprasensibilidad o metasensibilidad consiste en la alienación de la sensibilidad cuando es capturada y regulada por las relaciones o valoraciones mercantiles abstractas y generalizadas invasivas como sentidización de todo lo que hay en el mundo convertido en mercancías o valores de cambio, incluyendo la perversión de la valorización de los hombres y mujeres según sus características de conformidad con los patrones o modelos publicitados en el mercado equivalente de intercambio de personalidades artificiosas impuesto mediáticamente (estar a la moda; ofrecimiento de características individuales valorizables o intercambiables como "valor agregado", etcétera). La alienación puede exacerbarse hasta atribuirle a los objetos y cosas, en tanto mercancías, un aura de "estética mercantil" que seduce incitando su compra-venta para el insaciable consumismo, y que prevalece sobre la utilidad o valor de uso de las mercancías, y sobre la potencial liberación que produce la auténtica sensibilidad realizadora.

Sin duda, por lo expuesto, la metaversidad, o el metaverso, --que promete el consumo mercantil de pseudoámbitos-- es una extensión maquínica de tipo instrumental-tecnocrática de la racionalidad y metasensibilidad mercantil, por cuanto su esencia radica en la seducción y consumo virtual de la hiperrealidad y sus dispositivos. Contrapuesta al multiverso o pluriverso de los ámbitos de resonancia existentes y los potencialmente posibles a crear y re-crear por una verdadera sensibilidad que es, a su vez, resistencia reactiva ante el mundo real por su degradación, pero también por el requerimiento de su transformación emancipadora radical que enfrente su ecodepredación neoliberal y la uni-dimensionalidad, así como la uni-versalidad, de la alienación mercantil consumista del metaverso.

Multiverso de ámbitos resonantes infinitos, objetivados como bienes materiales y espirituales comunes trascendentes por vitales y gratificadores, que se irá desplegando articuladamente en un gran entramado de integración megaambital, o de relacionamientos ambitalizados diversos para rehabitar el mundo, que resistirá a los paraámbitos virtuales, contraponiendo lo trascendente por desalienante de la vida ambital a la alienación del valor de cambio de los pseudoámbitos hiperreales.

La educación, en este caso, implica la formación en la disposición corporal autónoma para la apertura de la receptividad activa a la resonancia de las apelaciones o incitaciones y registrar con sensibilidad e inteligibilidad los emplazamientos o encuentros preambitales de la necesidad de crear o re-crear ámbitos resonadores para rehabitar vivificadoramente el entorno y el planeta.

Esta disposición corporal emancipadora se diferencia radicalmente de la que originalmente le atribuyó la Ilustración y los incipientes Estados burgueses europeos a la recién creada educación escolarizada de formar sujetos voluntariosos, individuos con voluntad transformadora para impulsar el desarrollo histórico del capitalismo europeo, pero que luego de afianzado como régimen socioeconómico hegemónico, resultó inconveniente formarlos con un propósito transformador, y hubo que replantear ese propósito liberador revolucionario de la burguesía ante el feudalismo monárquico-religioso y revertirlo reproductoramente para la sujeción actual de hombres y mujeres.

¿Cómo se constituye y se educa en los cuerpos la disposición o inclinación sensible o afectual hacia la creación de ámbitos con los otros, el entorno, la naturaleza, el mundo? ¿Hay un orden u ordenamiento estandarizador y ritualizador de las acciones corporales según las clases sociales, grupos étnicos, sexuales, y otros, de la interacción, de la intersubjetividad, que las regula o norma, que reprime o libera sus tipos, y, por ende, regla o pauta las disposiciones afectivas, afectuales, empáticas, hacia lo que nos rodea o presenta, por ejemplo, la suprasensibilidad o metasensibilidad mercantil alienante que se sobrepone a la sensibilidad para bloquear la interacción constitutiva de ámbitos resonadores libertarios?

Las inclinaciones corporales afectuales pueden ser abordadas para su estudio con el concepto de habitus, junto al de campo y capital de Bourdieu & Passeron (1997), entendiendo al habitus (esquemas de percibir, sentir, hacer, pensar, etcétera) como un sistema de disposiciones duraderas y transferibles, por ejemplo, de padres y madres a hijos(as), en el que lo subjetivo e individual se entrelaza con las estructuras y lógicas sociales complejas dominantes del reparto o distribución de lo sensible, siendo estas incorporadas o encarnadas en los cuerpos como condiciones socioculturales de posibilidad mediante la incidencia de los contextos biográficos y de las experiencias de vida que inducen un sentido práctico o común.

Con base en ello, para el desarrollo educativo de la sensibilidad afectual de los cuerpos y sentir e inteligir los ámbitos, es necesario la restructuración y sustitución de los habitus que restringen la apertura corporal de su ambitalización generalizada, con base en la promoción de experiencias formadoras sentipensantes densas ante las apelaciones, incitaciones o emplazamientos de su sensibilidad ambitalizadora. El campo es una red de relaciones sociales en las que se posicionan y distribuyen los cuerpos según su capital acumulado de saberes, haceres, dinero, poder, y otros, en este caso, de disposiciones, inclinaciones o habitus de sensibilidad social de los cuerpos en su interacción ambitalizadora con otros(as) y lo otro (naturaleza, lugares, etcétera), que ponen en juego representaciones y valoraciones, codificadas por significantes, reguladas por las estructuras y lógicas jerárquicas dominantes impuestas de funcionamiento sociocultural en un determinado momento. Que pueden variar a través de las contingencias ambitales y el autoanálisis de sí por los cuerpos al tomar conciencia de su alienación y generar un sentido crítico al respecto.

Es de recordar que la afectualidad, o lo afectual, es una relación y disposición social de resonancia empática entre los cuerpos indistantes, cercanos o distantes, conocidos o desconocidos, transpersonal, así como con la naturaleza (su flora, su fauna, sus paisajes, su clima, sus montañas, sus amaneceres y ocasos, sus días y noches, sus brisas y vientos envolventes, etcétera), sin olvidar la naturaleza socializada que somos; implicando el desarrollo del afecto o afectación en un nivel de mayor intensidad y trascendencia que la mera afectividad acotada de forma interpersonal o de superficialidad apreciativa, para producir ámbitos resonantes.

El individualismo liberal es contrario a la disposición afectual hacia los demás ya que asocia discursivamente una libertad negativa, --por negadora del ser en común, ser-con-los-otros o con-ser-, a la prevalencia de la maximización del interés propio en la esfera privada que considera a los otros como extraños o rivales en la competitividad que promueve, enfrentando al espacio interactivo de la esfera pública o de asuntos convivenciales comunes que conciernen, vinculan y unen a todos o a las mayorías para propiciar ámbitos de resonancia empáticos, de modo semejante a la estrategia de "la liberación y ocupación de territorios o espacios", cuya variedad y articulación como megaámbitos puede propiciar el cambio relacional cualitativo de la sociedad emancipada afectual o ambitalmente.

Tomando en cuenta, de manera complementaria, el enfoque o perspectiva afectiva de Ricoeur (1996), la originaria receptividad sensorial corporal de la apertura al mundo, a sus seres y objetos, cuya principal característica radica precisamente en esa apertura, junto a la finitud práctica, limitación o estrechez de esa apertura, se genera la afectación (tipos y niveles de afecto en el encuentro/desencuentro con los cuerpos-otros con el fin de generar alteridades ambitales), apertura y limitación que es intervenida por la perspectiva o punto de vista que se asuma.

Desde este inicio empezará a mediar el deseo con respecto a los seres y objetos, también con relación a los modos de su apertura y de cierre o finitud según la afectación bajo la ambigüedad de la claridad y confusión del deseo. La confusión del deseo estriba en lo difuso e impreciso del "sentir-se" que escapa a la plena intencionalidad por parte de la voluntad de los cuerpos pero que puede clarificarse mediante la reflexión sobre sí mismos de los cuerpos, en su tránsito de conciencia-de-sí a conciencia-para-sí, asumiendo al "sí-mismo-como-otro", frase usada por Ricoeur (1996) en el título de uno de sus textos. Sentir-se en cuanto manifestación afectiva consciente de sí misma, un estado corporal situado contextualmente en la interacción con los(as) demás, el entorno, la naturaleza, el mundo. Expresión afectual que se concreta, entre otras concreciones posibles, en la edificación de relaciones ambitales resonantes.

De allí la relevancia de la pregunta reflexiva inducida para evaluar la afectación en tanto acontecimiento: "¿cómo te sientes?". La evaluación reflexiva sobre sí mismos(as) con relación a algún acontecimiento respecto de los(as) otros(as), por ejemplo, puede producir la gratificación o satisfacción del deseo de reconocimiento empático como otro-igual en su alteridad y su intención de reiterarlo ambitalmente, según el tipo o nivel de afecto envuelto (dependiendo de su intensidad: afectivo o afectual), de estar con ellos(as), esto es, una disposición o inclinación duradera a satisfacerse gratificadoramente de sus relaciones sociales empáticas con ellos(as) en un contexto ambital de resonancia.

Una disposición empática que atiende al cuidado-de-sí, al cuidado-de-los(as)-otros(as) y de lo otro (la naturaleza), --que fundamenta también una ética en el compromiso-de-ser, o de con-ser, al asumir la responsabilidad del resguardo de los(as) otros(as) y del ambiente porque son la vida misma que induce en estos(as), a su vez, por la historicidad de los acontecimientos de solidaridad manifestados y las vivencias experimentadas, por ejemplo, la confianza de poder contar con los(as) demás--, que comienza con la sintonía afectiva entre los(as) hijos(as) recién nacidos(as) y las madres (Stern, 2005).

Sintonía afectiva que constituye el primer ámbito de resonancia, pero que luego es regulada o reprimida y manipulada por las prácticas institucionales represivas de la vigilancia panóptica en la escuela, por ejemplo. Por tanto, al producirse la inducción educativa o pedagógica del acontecimiento de la afectación mediante la propiciación de encuentros densos ambitalizadores de resonancia empática indistantes reales, entre estos los imaginativos, es indispensable incentivar la reflexión sobre sí mismos en las niñeces, adolescentes y jóvenes para consolidar la importancia o valoración de la satisfacción de este tipo de deseo, de encontrarse empáticamente con los demás y lo otro, y su expectativa de reiteración cuasi espontánea y autónoma de experimentarla en la vida cotidiana a través de las ambitalizaciones contrarrestantes de los no-ámbitos y los pseudoámbitos hiperreales.

Derivaciones y articulaciones en otros locus:

  1. Reinstitucionalización de las formaciones escolares como ámbitos de resonancia afectual de lo étnico-popular-transmoderno-desfronterizado.

  2. Reivindicación de la creación y recreación de campos de sensibilidad simbólico-educativos con resonadores del multiverso o pluriverso, que incidan en la reconfiguración simbólica del espacio público comunitario.

  3. Democratización institucional de la escuela bajo la forma de ámbitos públicos de gobernación-obedencial y resonancia decisional directa de todos/as los/as integrantes o participantes.

  4. Anteposición de los ámbitos del multiverso o pluriverso de lo real frente al metaverso de la tecnología digital-virtual o hiperreal seudoambital por simuladora con el cual deberá alternarse.

  5. Agenciamiento auto-co-poiético resignificador y desconstructor del logocentrismo de saberes, conocimientos, creencias, imaginarios y prácticas.

  6. Desarrollo de la pedagogía crítica transcurricular y desfronterizadora de disciplinas y ámbitos.

  7. Uso desalienado de la tecnología digital-vitualizadora mediante su alternancia con el metaverso haciendo prevalecer el multiverso o pluriverso en la formación escolarizada.

A modo de conclusión provisional

La necesaria y urgente reinvención de la educación por medio de la REINSTITUCIONALIZACIÓN DE LA ESCUELA demanda una nueva sustentación teórico-metódica de conformidad con la Transmodernidad por las razones expuestas, siendo esta sustentación, desde el enfoque emancipador, el sentipensar de la racionalidad afectual imbricada con la semiótica significante no logocéntrica. Además, está envuelta en la lucha por la hegemonía que es una lucha por el poder de significación y sentidización de la vida y del estar-siendo en el mundo. En esta dirección, se inscriben los tres principales locus o lugares de observación globalizadores propuestos junto con sus correspondientes veintiocho derivaciones y articulaciones referidas sin pretensiones totalizantes como se indicó al principio, con la finalidad de potenciar el tránsito hacia la Transmodernidad Afectual para la rehabitación de otro mundo posible.

Referencias.

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Deleuze, G. y Parnet, C. (1980) Diálogos. Valencia: Editorial Pre-textos.

Dussel, E. (2004). Transmodernidad e interculturalidad.

https://enriquedussel.com/txt/Textos_Articulos/347.2004_espa.pdf

Fals Borda, O. (2009). Una sociología sentipensante para América Latina (antología). Bogotá: CLACSO/Siglo del Hombre Editores.

Fontanille, J. (2017). Cuerpo y sentido. Lima: Fondo Editorial Universidad de Lima.

Freire, P. (1977). Pedagogía del oprimido. México: Editorial Siglo XXI.

Guattari, F. (1998). Las tres ecologías. Bogotá-Colombia: Ediciones Cuadernillos Para el TercerMilenio.
Guattari, F. (1996). Caosmosis. Buenos Aires: Editorial Manantial.

Lo Priore, I. & Díaz, J. (2022). La formación liberadora y los campos de sensibilidad simbólico-educativos.https://insurgenciamagisterial.com/la-formacion-liberadora-y-los-camposde-sensibilidad-simbolico-educativos/

Lo Priore, I. & Díaz, J. (2016). Agenciamiento Autopoiético y Colectivos de Enunciación. http://otrasvoceseneducación.org/archivos/177450

Maturana, H. & Valera, F. (2003) El árbol del conocimiento. Las bases biológicas del entendimiento humano. Buenos Aires: Lumen/Editorial Universitaria.

Maffesoli, M. (1997). Elogio de la razón sensible. Barcelona: Editorial Páidos.

Ranciére, J. (2014). El reparto de lo sensible. Buenos Aires: Editorial Prometeo.

Ricoeur, P. (2010). Sí mismo como otro. Madrid: Editorial Siglo XXI.

Simondon, G. (2009). La individuación. Buenos Aires: Editorial Cactus/La Cebra.

Stern, D. (2005). El mundo interpersonal del infante. Buenos Aires: Editorial Paidós.



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Jorge Díaz Piña

Doctor en Ciencias de la Educación (ULAC), Magister en Enseñanza de la Geografía (UPEL), Licenciado en Ciencias Sociales (UPEL). Profesor universitario de la UNESR

 diazjorge47@gmail.com

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