Ética y "Cachitismo"

Ofrecemos disculpas a los lingüistas, etimólogos, expertos en semántica y otros estudiosos del lenguaje, pues una vez más osamos utilizar un término inexistente, al cual debimos acudir para referirnos de alguna forma a la ínclita práctica de consumir los populares “cachitos” mientras se hace huelga de hambre (con costura labial incluida), o sea: el cachitismo

Justamente cuando en el ámbito universitario nacional e internacional se debate la necesaria transformación de los procesos, estructuras, propósitos, enfoques y concepciones curriculares a fin de contextualizar la academia con las necesidades del entorno y hacer más pertinente a la universidad como institución receptora del encargo de crear intelectualmente, vincularse a la comunidad y formar al talento humano requerido por la sociedad, nos encontramos con un grupito de jóvenes-viejos (manipulados por viejos-viejos), que hacen gala de la antiética discursiva más bochornosa jamás vista en la historia universitaria global.

Tan evidente es la falta de ética en estos jóvenes-viejos, y tan absurdamente contradictorio su discurso, que les resulta imposible alguna lucha ideológica sin antes satisfacer sus necesidades biológicas. Así pues juraban falsamente frente a las cámaras que no habían probado bocado en casi un mes, mientras engullían por turnos sus respectivas raciones de cachitos y “twuiteban” sus banalidades, demostrando con el mayor desparpajo que hacen lo contrario de lo que dicen, con lo cual muestran desapego a la ética del discurso causando así reiteradas decepciones entre sus seguidores virtuales. 

Lógicamente la carencia de ideales que orienten propósitos serios, le imposibilita a los héroes del cachitismo esgrimir argumentos válidos cuando les invitan a debatir seriamente sobre la transformación universitaria, aunque en predios internacionales fueron “vendidos” (por obra y gracia de la acción mediática), como los paladines de las “luchas estudiantiles contra el régimen y por una mejor universidad”. Es obvio que bajo la lógica del capital ellos son sólo una mercancía más, cuya venta genera plusvalía económica y política apropiable por los viejos-viejos que los utilizan.

Una vez más se evidencian dentro de la Universidad dos modelos cada vez más disímiles y forzosamente excluyentes entre sí, representados por dos polos irreconciliables: los que se aferran a mantener privilegios e imponen sus visiones de élite, utilizando a los jóvenes-viejos como carne de cañón para sus fines personalistas, y quienes estamos a disposición de los jóvenes-jóvenes, en apoyo de sus iniciativas y propuestas transformadoras, aupando sus sueños de buen vivir, sus ansias de libertad y su alegría por un futuro cada vez mejor.  

En el primer polo se “acumulan” desde reaccionarios radicales hasta “ex-progresistas”, pasando por los oportunistas “neo-revolucionarios” con su peculiar gatopardismo de proponer cambios para que todo siga igual. Esta última especie hasta vocifera en los pasillos que con sus “privilegios no se metan”, lo que no es sino una variante del cachitismo y, por supuesto, el reflejo de una gran carencia de la ética del discurso.

Necesario es asumir que la transformación universitaria no es cosa de juego, viveza criolla o mamadera de gallo. Es un tema que amerita de la mayor seriedad y consistencia discurso-praxis, fundamentada en la convicción de cambiar radicalmente lo existente hasta ahora, en procura de un modelo universitario distinto para beneficio de las generaciones que regirán en el futuro próximo los destinos de la Patria en reconstrucción, tal como lo encarga la sociedad a la institución universitaria.

Para lograrlo es indispensable trastocar las anquilosadas estructuras, procesos, propósitos, enfoques y concepciones, adoptando ideas novedosas que rompan substancialmente con lo tradicionalista. Es adherirse al momento histórico en correspondencia con el contexto político, social, económico, territorial, cultural y científico-tecnológico, dando respuestas a las problemáticas del país, así como al modelo de desarrollo endógeno planteado para la nueva sociedad.

En consecuencia hace falta una buena dosis de ética en el discurso, pues resulta incoherente y antiético hablar de transformación oponiéndose a los cambios, descalificando las propuestas nuevas porque no fue una idea propia, o afecta los intereses particulares-grupales, o porque proviene de quien nos cae mal. Se hace menester erradicar la práctica cuartorepublicana de la “cuadratura”, expresada en apoyar la transformación sólo si se recibe a cambio algún beneficio personal, pues de lo contrario se ataca cualquier planteamiento pese a lo útil que éste pueda ser para mejorar la universidad y dar cumplimiento al encargo social.

Sólo cuando dejemos de ver a la universidad sólo como fuente de estabilidad laboral, o como cliente de nuestros servicios profesionales, o como satisfactora de nuestras particulares necesidades e impulsemos con ética su transformación, habremos vencido al cachitismo. De no ser así, diremos muchas cosas, pero siempre haremos lo contrario… 

albanozam@yahoo.com



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Albano Zambrano

Economista Agrícola. Profesor de la UPT ?Argelia Laya?

 albanozam@hotmail.com

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