Respecto de caso denunciado por Luis F. Damiani Bustillos

Pedagogía del acorralamiento/ pedagogía de la esperanza

 

La palabra claustro según el DRAE nos viene del latín “claustrum”, de “claudĕre” que significa cerrar.

Palabras más, palabras menos, esto ha sido y sigue siendo entre nosotros un claustro: un espacio cerrado, exclusivo, secreto, ora por sus integrantes reunir descollantes méritos, ora por pertenecer a un club de agasajados del sistema.

Leo la carta/ oficio contentivo del caso revelado —des-enclaustrado— recién por el ilustre profesor Luis F. Damiani Bustillos y uno queda como decía mi tía-bisabuela María Cristina: “en una sola pieza”. Un caso que, palabras más, palabras menos radica en esto:

El profesor Luis F. Damiani hace de su oficio una respuesta que llega a hacerse ensayo. Escrito el suyo digno, acabado, académico, respetuoso, de altura y acaso por ello mismo casi conmovedor.

El escrito se propone A) esquivar el sambenito de la manipulación “ideológica” cuajada por cierta derecha profesoral universitaria ucevista dirigida a descalificar cualquier argumento venido o rastrillado desde un ángulo de izquierdas y B) ansiar evitar que un claustro —en secreto— elija otro claustro —aun más exclusivo y cerrado y secreto todavía— para que este último se constituya en comité disciplinario consagrado a zaherir y escarmentar estudiantes. Especialmente aquellos alejados del deleite o personal filiación o fruición política de los demasiadamente conocidos componentes del susodicho comité.

Leo la carta enviada por en acreditado profesor universitario Damiani a este claustro casi que rogando su comprensión… y sin quererlo se me viene —de golpe— la imagen imborrable de ese otro golpe, esta vez de Estado, perpetrado en el 2.002. Asonada con la que esta misma derecha altanera, recalcitrante y vende-patrias sacó del palacio de gobierno al Presidente Constitucional de la República y luego destituyó de un plumazo y en menos de 48 horas al Presidente, al Vicepresidente, al Gabinete en pleno, a la Asamblea Nacional, a los Gobernadores, al Poder Ciudadano, al Poder Electoral y al Poder Judicial.

Nada más, nada menos.

La misma derecha que secuestró al presidente, que lo amenazó de muerte, que lo ruleteó por cuarteles y acantonamientos insulares, y por si fueren conchas de ajo, que lo persiguió e intentó corretear mientras se daba a la detallista y "didáctica" tarea de perseguir para lincharlos o “desaparecerlos” a diputados, gobernadores, ministros bolivarianos y hasta a la propia familia del Presidente Chávez.

Pues bien, esta misma fauna de hampones políticos quienes tan audaz y pulcramente persiguieron a los representantes del Estado venezolano democráticamente electos por el pueblo, una vez abortado el golpe, piadoso es recordar cómo se escabulleron muy sigilositos, prudentitos y mansitos a ocultarse —a enclaustrarse— tras empresas y fundaciones privadas —en buena parte costeadas por el Estado— pero también bajo el manto de las autonomías y claustros de institutos y universidades "privadas" (esto es, licenciadas para producir y difundir conocimiento, educación) y universidades estatales.

No por hado subrayó Marx en La ideología alemana (1845): “Las ideas de la clase dominante son en cada época las ideas dominantes, es decir, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo su poder espiritual dominante”.

Axioma análogo aplica a las instituciones académicas dominantes.

 

Justamente por ello Marx concluye: “La clase que dispone de los medios de producción material a su disposición, asume el control, al mismo tiempo sobre los medios de producción mental, de modo que por lo tanto, en términos generales, las ideas de quienes carecen de los medios de producción mental estén sujetas a ella. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas” La ideología alemana. (subrayado mío)

Sintetizando, lo que nos quiere decir Marx es que:

A tales poderes dominantes, tales claustros.

A tales claustros, tales instituciones y prácticas racistas, anti-clases-populares y anti-nacionales.

A tales instituciones y prácticas racistas, anti-clases-populares y antinacionales, tales lumpen-burgueses y lumpen-burguesías.

A tales lumpen-burgueses y lumpen-burguesías, tales lumpen-proletarios aburguesados y desclasados.

A tales lumpen-proletarios aburguesados y desclasados, tales sociedades, continentes y países merodeados, salteados y humillados.

Y a tales sociedades, continentes y países merodeados, salteados y humillados, tales claustros.

El círculo se hace así vicioso.

Pero figurémonos sólo por no dejar de espumar el ejercicio de escenario político:

¿Qué tipo de purga (y no sólo académica) hubiese sido desenganchada (contra estudiantes, trabajadores administrativos y obreros y profesores pro socialistas) por este mismo tipo de cogollo o claustro académico, tal vez muy docto de la UCV —y de otras universidades muchas veces conducidos por cabezas mediocres/ derechizadas/ histerizadas— una vez los poderes fácticos decididos a dedo por Pedro Carmona Estanga.... perdón por Pérez Recao… perdón por los físicamente distantes jefes mafiosos extranjeros de Pérez Recao y su pandilla se declarasen nacionalmente sólidos y sus desmanes  fueren internacionalmente reconocidos?

¿Es que a alguien le cabe todavía alguna duda sobre talante y perfil encarnizado de la cacería?

La persecución y degollina que presenciamos hoy día en Honduras y sobre todo en Irak contra académicos, investigadores, intelectuales, artistas y toda ralea de intelectuales no deja margen de duda.

Cierto: Democracia y sobre todo, democracia socialista es el arte de no hacer caída y mesa limpia con el adversario político.

Democracia socialista es más bien el arte de hacer cotidiano y exigible el respeto a la dignidad humana. La individual y la colectiva, garantizando el efectivo disfrute de los derechos fundamentales (de primera, segunda y tercera generación) y el cumplimiento de los deberes patrios y universales de todas las partes.

Nada que ver con pelaje ninguno de dictadura. Ni con persecución de la disidencia ni con irrespeto a los derechos humanos, sociales, culturales o políticos de estos.

Pero no menos cierto es también que hacer política radica en no dejarse acorralar nunca entre un perro y un poste.

Un perro y un poste (enmascarados de académicos) que han estado ahí, intocables, pero envenenados de una suerte de peste bubónica (que solo muerde contra el pueblo) por mucho, por acaso demasiado tiempo.

Y para resolver esta peste y este acorralamiento la única clave parece ser inyectar la vacuna de más y mejor democracia, más y mejor transparencia, inteligencia política y más y mejor participación.

No pocos se preguntan: ¿cuándo será el día (revolucionario) en que una comunidad universitaria (conformada por estudiantes, ex/estudiantes, trabajadores y profesores e investigadores en ejercicio, jubilados y ¿por qué no?, vecinos de estas universidades) puedan elegir también en igualdad de condiciones a las autoridades y los claustros universitarios?

Mientras tal cosa acontece, vaya nuestro espaldarazo a la elegante y acaso y quijotesca (por solitaria) lucha librada por profesor Damiani.

Una cosa es tener el poder fugitivo del gobierno. Otra muy distinta tener el del sistema capitalista mundial con todo y finanzas, Estados, instituciones internacionales y medios masivos de propaganda, información y comunicación de su lado.

Damiani hace cruzada contra estas diríamos antediluvianas prácticas dominantes de un poder político-disciplinario de clase dominante.

Aparato voraz, herido, ensañado.

Aparato últimamente cada vez más sospechoso de estar afilando cuchillos contra todo ejemplo de auto-determinación en países del Sur.

Sobre todo en víspera electoral y de cara a una crisis ya multifacética del capitalismo. Una crisis que combina y retroalimenta peligrosamente las fisionomías financiera, energética, alimentaria y ecológica.

La cruzada de Damiani va encaminada a que no siempre se imponga la lógica de un poder dominante que impone la decisión e intereses de de los menos por sobre el de los más.

Poder precisamente para laurear a acólitos “ideológicos” pro-burgueses y vende-patrias; más también para hostigar a los sujetos pro-socialistas y patriotas a quienes juzgan como sus reales o potenciales enemigos.

En dos platos: lo mismo de siempre:

Poder disciplinario de una clase minoritaria (enclaustradora) contra la otra mayoritaria (enclaustrada).

Pero como la historia no ha sido sino la historia de la lucha de clases (Marx), y como "la tradición de los oprimidos nos enseña que el «estado de excepción» no es la excepción sino la regla." (Walter Benjamin, Tesis de Filosofía de la historia), cabe también esperar y sobre todo estimular un cambio humanista, neo-socialista, revolucionario de todo este estado semi-colonial que caracteriza a nuestro sistema institucional universitario.

No es mucho pero es al menos algo.

Damiani, los miles y miles de tracaleados y metódicamente vejados por esta suerte de agavillados agazapados bajo el manto de "claustros" estamos contigo.
 


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Luis Delgado Arria


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