El asesinato de Daniel no debe quedar impune

Daniel era un muchacho revolucionario y sin miedo, un periodista comunitario de esos que sólo producen los procesos transformadores. Y ser joven Revolucionario en Valencia, en donde parece existir una fortaleza escuálida y una especie de maldición mágica que mantiene la venda en los ojos de mucha gente que se cala la opresión, la humillación y la mala vida con estoicidad de monjes, repito, ser joven Revolucionario como Daniel, es una hazaña, aunque no es exclusiva, porque existe un nutrido grupo de jóvenes socialistas que están desarrollando allí el duro trabajo de desbrozar las conciencias que han sido obnubiladas por demasiado tiempo.

Los veo con sus barbitas, con sus melenas, con sus novias, con su conciencia alerta y su facilidad de expresión. Los veo con sus ganas de cambiar el mundo, de construir un espacio en el que merezca la pena vivir. Los veo respirar, pensar, crear....

Y quiero seguir viéndolos luchar y vencer.

Que vivan por un larguísimo tiempo, hasta que sean ancianos. Que puedan ver realizados sus sueños, que son los sueños colectivos de un pueblo que se niega a seguir sufriendo y que, en el medio del corazón aún palpitante del capitalismo, está sembrando los cigotos del Socialismo.

Pero Daniel no podrá ver nada de esto. Ese muchacho joven, soñador y resteado, el de Vive, el de la prensa comunitaria ya no respira porque unos asesinos, unos sicarios, probablemente paracos de los que lamentablemente abundan en Valencia, lo apuñalaron en la Avenida Bolívar y dejaron por muerto a su camarada, quien lo socorrió e intentó salvarlo. Pero en el hospital los escuálidos (son escuálidos metidos a médicos, porque los verdaderos profesionales de la medicina no dejan morir a nadie), esos escuálidos sin conciencia, a propósito lo dejaron morir. Por ser revolucionario.

Este crimen se une a muchos más, selectivos, implacables, que han sucedido y que la impunidad garantiza que sigan sucediendo. Se une al de los hermanos yucpas, atrapados entre los dos fuegos del paramilitarismo colombiano y las intrigas de las agencias de inteligencia yanquis y los funcionarios bandera roja que, inexplicablemente, tienen cargos importantes que les permiten crear conflictos. Se une al asesinato de los cientos de campesinos, las docenas de dirigentes obreros que han caído bajo la mano de los esbirros de la oligarquía, rodeados por el silencio, refrendados por la impunidad.

El hecho de que se haga justicia no va a devolvernos a Daniel ni a ninguno de los demás camaradas cuyas vidas han sido arrebatadas por los que tienen horror a la revolución, los que quieren que el pueblo siga pasando vainas y no tome el poder, porque cuando eso ocurra, ya no van a poder haciendo lo que les dá la gana contra el pueblo. Pero será un elemento coadyuvante para que esos hechos no se repitan.

Es públicamente conocido que el Ministro Tarek El Aisami está haciendo un esfuerzo enorme por eliminar la impunidad, pero no es suficiente intentarlo, sino lograrlo.

La inteligencia social en Valencia debe participar activamente para lograr que estos tipos no se vayan con nuestro muerto en su haber, sin pagarlo. Y debe aplicárseles el mayor peso que las leyes permitan. El terrorismo, el sicariato, no deben ser permitidos. No más. Ni en Valencia, ni en el campo, ni en las fronteras, ni en ninguna parte.

Y en cuanto a los médicos asesinos, tampoco deben quedar impunes. Hubo una complicidad entre los que le sacaron el cuerpo, la enfermera desnaturalizada que no le quiso poner oxígeno, y toda la fauna que impidió que se salvara Daniel.

Deben pagarlo, para que esos hechos no se repitan. El título de médico no puede ser una patente de corso para asesinar a la gente, ni una licencia para matar.

Ya no más.


andrea.coa@gmail.com


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Andrea Coa


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