El desalojo forzoso de las residencias estudiantiles: un punto de inflexión en la base chavista

Muchas cosas graves ocurrieron antes del conflicto iniciado en las residencias estudiantiles Livia Gouverneur el lunes 20 de julio. Esa situación es en sí misma el punto final de problemas acumulados respecto a ese espacio. Graves en tanto evidencia de algo que, al día de hoy, es mucho más que un cúmulo de contradicciones.

El retroceso en las conquistas políticas de los sectores oprimidos venezolanos viene acelerándose desde hace algunos años, teniendo como uno de sus principales actores al mismo gobierno y su partido —o tal vez sería más preciso decir al partido y su gobierno— que ha impulsado una serie de políticas que atentan contra esas conquistas, o ha actuado por omisión, permitiendo el avance de los intereses del capital. Eso más que una contradicción es un antagonismo. Prueba de ello es el aniversario de la masacre de los seis campesinos en Barinas ocurrida el 28 de julio de 2019, en un contexto general que ha sido denunciado como "la restauración violenta del latifundio" por parte de algunos líderes de la Marcha Campesina. Días antes de aquellos asesinatos, el presidente del Instituto Nacional de Tierras se había referido a los campesinos de la marcha como "mafias", comentario respaldado directamente por Nicolás Maduro, declaraciones rechazadas inmediatamente por individualidades y organizaciones, entre lo dicho estuvo que era peligroso ese tipo de comentarios ya que podían "envalentonar" a los terratenientes y sus sicarios. El resto es historia. No es objeto de este texto hacer un decálogo de las múltiples situaciones acumuladas en los años recientes, sino establecer un punto claro: el desalojo arbitrario de las residencias Livia Gouverneur es un punto de inflexión dentro del chavismo, pero no es la situación más grave ocurrida en los últimos tiempos. El conjunto de otras situaciones forman parte de todo aquello que el desalojo evidenció.

Durante estos días se utilizó una palabra repetidas veces para describir la actitud de la dirección política del Psuv y el gobierno en general: soberbia. Cabría preguntarse, ¿no fue eso lo que hubo en aquella declaración del presidente del INTI?, ¿no es lo que hay en la respuesta a los reclamos de maestras y enfermeras? Este término está vinculado al sentimiento de superioridad y la arrogancia de quien se cree autosuficiente. De manera que cuando se utiliza para describir a una organización política, un partido o un gobierno, expresa una profunda desconexión entre esa dirección, que cree estar por encima de quienes son "gobernados" y además es independiente absolutamente de ellos. He ahí un problema de fondo, que tiene que ver con el deterioro en el tiempo de la dirección política que gobierna en Venezuela y los intereses que representa, todo lo cual conduce a las situaciones que han venido ocurriendo. Sin embargo, la soberbia de quien gobierna también es producto de la incapacidad de quienes lo eligen para establecer los contrapesos necesarios que permitan hacerle entender que esa independencia absoluta es una ilusión. Ningún gobierno es responsable de crear las instancias que lo obliguen a "mandar obedeciendo", eso se produce en otra parte.

De todo lo que evidencia el desalojo forzoso de los estudiantes, tras amenazas, atropellos y el arresto temporal de un grupo de solidaridad, la ausencia de cualquier cálculo político mínimo, que pudiera advertir las consecuencias de una acción como esta en la propia base chavista, evidencia todo lo planteado anteriormente. Aunque esa debiera ser la última razón —apartando las humanitarias y los principios— la dirección de la Jpsuv, de la alcaldía de Caracas y los ministerios correspondientes no fueron capaces de advertir los costos de una acción así. La soga acumula tensión hasta que se revienta por donde menos se espera, más si no hay la capacidad de medir cuánto se está jalando, corriendo el riesgo de caerse para atrás una vez ceda a la presión. En la medida en que el gobierno pueda hacer lo que le venga en gana, si una parte de la dirección política puede ejecutar acciones y políticas antipopulares —en función de pugnas y sus propios intereses— sin encontrar respuesta de los afectados, esa soberbia seguirá alimentándose.

Al día de hoy una serie de garantías respecto a las residencias han sido expresadas por parte de los actores políticos responsables. Sin embargo, la duda inicial expresa el agotamiento y la desconfianza entre quienes han venido viendo cómo poco a poco es privatizado el espacio público, anteriormente recuperado por el mismo gobierno, emergiendo numerosos locales cuyos dueños se desconocen. Pertinente es el caso de los espacios comerciales de las residencias, que en circunstancias similares a las actuales fueron entregados por los estudiantes bajo la promesa de que serían devueltos y hoy son locales privados de comida, además inaccesibles a la mayoría de la población y con los precios publicados en dólares en sus escaparates. De manera que la resistencia actual es consecuencia de la traición a la confianza y al mismo tiempo de no haber evitado que aquello ocurriera. Lo que está a la vista no necesita anteojos y el pueblo no es tonto, aunque sea en silencio entiende lo que promueve parte del gobierno. La dirección del Psuv es víctima de una politización que ha sido parte fundamental del proceso que la llevó a donde está.

A su vez, hay que decir que no se trata solo de que el espacio retorne a los estudiantes tras la coyuntura de pandemia, sino de que se respete el sistema de cogestión existente hasta el desalojo, garantizando la autonomía y la participación de los residentes en la toma de decisiones.

La defensa de los derechos y las conquistas sociales es una tarea permanente. El desalojo forzoso de las residencias Livia Gouverneur debe ser un punto de inflexión en el aglutinamiento de todas las fuerzas sociales de base para evitar el avance acelerado de la restauración conservadora en el país, venga de donde venga. La situación ocurrida en ese espacio es evidencia de que la pelea es peleando y de que los tiempos donde la prioridad era el diálogo con los afectados han terminado. Para que eso vuelva a ser así los afectados debemos ser una fuerza que no se pueda ignorar. La soberbia es frágil pero no cae por su propio peso.

 

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