Apagones y cuarentena/¿Vivas Santana?

—Aló, dígalo ahí

—Compita, cómo está

—Si estoy respondiendo es porque estoy vivo.

Que ya es bastante. Dígame cómo está usted.

Está haciendo la cuarenta.

—Sí hombre, guardado.

—Qué me cuenta.

—No mucho.

Entre la calima, los apagones y la alacena más flaca ahí vamos.

—Si hay algo más apretao que pasar hambre, es pasar hambre encerrao.

Porque si a uno le da hambre sale a la calle y a alguien se encuentra en la misma condición que uno.

Y de una vez se pone a hablar mal del gobierno, y así se le va olvidando el hambre.

Pero encerrao. Eso es muy bravo.

Uno mira para allá, camina para acá y esa barriga como un tambor.

Y si sale a la calle se puede contaminar y ahí si es verdad que la puso.

Esto está difícil para el pobre.

—Y cuándo ha estado fácil.

—Ahí si me echó las cuarentas.

Tiene razón.

—Además, del hambre ahora los apagones

La gente en el 23 está pasando roncha con los apagones.

—Como toda Venezuela.

Que vayan y pregunten por Falcón o en Maracaibo a ver cómo se vive sin luz.

En esos lados, ya tienen varios doctorados de cómo vivir sin luz.

Eso lo habíamos conversado antes y el caraqueño indiferente, porque tenía luz y gasolina.

Mire, el compadre Cristóbal tiene más de un mes con el camión parao, porque no hay gasolina y si la encuentra se la venden en dólares la pimpina.

Una carga perdió, porque no pudo mover el camión.

"Tenemos las mayores reservas de petróleo del mundo", dicen a cada rato.

Pero vaya a buscar una lata de gasolina, haber si la encuentra.

Las bombas están todas cerradas y no es por la cuarentena, ya eso venía de antes.

—Y con esos apagones ¿cómo irán a dar las clases a distancia?

—Vaya y se lo pregunta al ministro.

Pero eso sí, salga corriendo porque le pueden arriar una buena patada por estar preguntando cosas inoportunas.

Lo mejor que podrían hacer es dar las clases por mensaje de texto o whatsapp, la gente es experta en eso.

Usted ve a cuanto cristiano hay todo el día pegado al whatsapp, no levantan la cabeza.

Se la pasan todo el bendito día mirando la pantalla del teléfono.

Y cómo hace un muchacho para conectarse a internet si hay partes, y cuando dijo partes me refiero a casi toda Venezuela donde eso es un suplicio.

Eso lento y se cae a cada rato.

Y le agrega no solo los apagones de cuatro y cinco horas diarias. Es lo de menos.

Los bajones, esos son a cada rato y de diferente intensidad.

Los bajones son peor que los apagones, porque un apagón se dio y ya; pero el bajón va y viene. Eso no deja trabajar a nadie.

Vaya y le pregunta al ministro.

— Y ¿por qué no va usted?

—Para que me caiga a muela, porque para decir zarandajas si son bueno.

Además, esas maestras y mestros terminan resolviendo eso como puedan.

Algo harán, ya encontraran la manera.

Pero eso sí, sin pararle al gobierno porque ese no va a resolver ese asunto.

Porque cómo.

La gente va resolviendo el día a día, y eso lo ha hecho siempre.

—Eso sí es verdad.

La gente puso a funcionar la economía y el gobierno se quedó en la cuneta.

¿Y qué se sabe de Vivas Santana?

—Como usted lo acaba de decir así mismo es.

De ese muchacho no se sabe lo que se dice nada. Tratando que uno se olvide de ese cristiano.

Esa es la intención de muchos, que están mirando para los lados.

La conversa está buena, pero tengo que dejarlo.

No se ponga a salir, porque yo creo que usted no aguante a ese virus y de aquí a que lo lleven al hospital ya habrá estirado la pata.

Quédese guardado.

Y le dijo: Por ahora, apriete.



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Obed Delfín


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